One Piece no me pertenece, es obra y creación del gran Eiichiro Oda.


Dicho y hecho, Luffy fue a hablar con Law al día siguiente, y también los que estaban después de ése. Ya era viernes y Trafalgar comenzaba a pensar que la semana no acabaría nunca. Pero era el último día de ésta y aquello le reconfortaba. Quizás, durante el fin de semana el chico olvidaría esa extraña necesidad de hablarle y tratar de ser su amigo.

Había tratado de que el menor se fuera de allí unas cuantas veces más, pero el otro sólo seguía, seguía y seguía hablando. Se encontró preguntándose a sí mismo un par de veces cómo era que no se cansaba de soltar tanta palabra junta. Tampoco le importaba, no prestaba mucha atención a lo que decía. Tal vez si lo hubiera hecho, podría haber prevenido lo que sucedería en un futuro próximo. Pero Law prefería aparentar que leía algún libro.

Y entonces, ese día ocurrió que inconscientemente lanzó una pregunta al aire. Una que había estado rondando por su cabeza sin que él mismo se diera cuenta.

— ¿No tienes que ir a la escuela, o algo? —preguntó. El otro chico calló abruptamente, desviando al mirada.

— Tengo, sí —respondió. Extraño, pensó el de ojos amarillos—. Pero la odio. Han intentado muchas veces que vaya, pero no ha funcionado. Nami probó hacerme ir a cambio de comida, y aún así… sólo me la pasaba durmiendo.

— Es decir: eres un vago —acotó el mayor, bajando su libro mientras lo miraba de soslayo.

— Hum, supongo. Eso siempre dicen Zoro y Ace —articuló algo más lento de lo que normalmente hacía, casi arrastrando las palabras, mientras dirigía su vista otra vez hacia Law. Se topó con los ojos éste y, por alguna razón, no pudo sostenerle la mirada, así que brincó del banco en el que estaban sentados, dándole la espalda a Trafalgar, y se sacudió como perro que sale del agua. Law levantó una ceja mientras volvía su vista al libro, no entendiendo bien qué hacía el otro—. ¡Pero yo quiero ser bombero! —expresó, recobrando su tono alegre de siempre.

— De todas formas deberías ir. A la escuela, digo. No porque te enseñen millones de cosas que jamás utilizarás normalmente. Deberías ir porque te ayudan a mantener un sentido de responsabilidad que claramente no tienes y ciertamente necesitarás en la vida real —Trafalgar se sorprendió a sí mismo al haber dicho eso, pero le restó importancia. Y el de la cicatriz, por su parte, tenía una sonrisa más grande de lo usual, que el otro no notó. Torao le había hablado. Habían mantenido una conversación real. Se giró y, como nunca, no supo qué más decir. Entonces pensó que su futuro amigo tenía razón, y recogió su mochila junto a su almuerzo, comenzando a correr hacía la escuela, no sin antes soltar un "¡Gracias, tienes razón! ¡Nos vemos el lunes, Torao!"

Y Law se preguntó quién rayos era ese tal Torao.