Actualización. ~ espero esté siendo disfrutable la historia, de ser así -incluso si es lo opuesto- me gustaría saberlo. Nos leemos abajo. ;^
Miró dubitativo hacia la pequeña caja envuelta con fines decorativos, luciendo un diseño sencillo de colores lisos con un moño abultado en la parte superior. Encima de esta estaba como parte adicional una única flor. Un girasol de tallo ancho con sus pétalos amarillentos bien extendidos.
La sujetaba con ambas manos, esto sin lograr convencerse de que fuera una idea que valiera la pena ser llevada a cabo, pero Moegi había insistido en que era un detalle que hablaba por si mismo, reflejando en este el esfuerzo que ponía para llegar al rubio, buscando decir sin meras palabras que le importaba y quería obsequiarle algo que materializara ese sentimiento. Ella había considerado que se ajustaba a la perfección para Konohamaru y su inexperiencia a la hora de dejar en el exterior lo que sentía por otros.
Un regalo a quien te gusta es una elección básica para hacerse notar, después de todo.
Aún así... no estaba seguro. ¿Realmente se interpretaría como eso?
Para personas como su amiga era mucho menos complejo ver más allá de las cosas para captar su verdadera esencia, su trasfondo, tenía mucha más sensibilidad que él, de modo que si se hablaba de regalar ella se llevaba todas las de ganar, pero él no.
Venían preguntas que intervenían con su tranquilidad, entre ellas estaban si lo que le daba fuera algo que pudiera agradarle, si el gesto era de mal gusto o si a final de cuentas sería algo que ignoraría, dejando de lado la cajita festiva al lado de las otras decenas que solían regalarle admiradores de toda la aldea. Porque ese era otro punto, no era el único que hacía eso de mostrar gratitud o algo más por medio de obsequios, tenía como competencia a tantos que le faltarían más dedos en las manos y pies para poder contarlos.
Sopló agachando sus hombros desganado al estar frente a la puerta de la casa de Naruto, a punto de llamar.
¿Y si era alérgico a los girasoles?
En serio pensaba que añadir esto era excesivo, nunca había regalado flores y ver esta encima de la caja lo ponía nervioso, también estaba por encima lo que le costó escoger una que se adecuara al rubio. Era todo un desastre, si no tocaba la puerta de una vez jamás se decidiría.
Se mordió los labios con una expresión intranquila, desajustando el agarre de su bufanda al cuello.
Muy bien, estaba listo, no quería ni imaginarse como acabaría pero iba a por ello. Tampoco tenía idea de lo que iba a decirle, seguro como era un idiota tan sólo le diría "ten" y empujaría la caja contra él para despedirse, dando media vuelta.
En fin, debía hacer algo mejor que ello.
"Tocas, saludas, dices que quieres darle un regalo, sonríes, explicas que se te hace tarde y te vas. Tocas, saludas, dices que quieres darle un regalo, sonríes, explicas que se te hace tarde y te vas". Se repitió pronto e incesante en su cabeza, formando un trabalenguas que con suerte evitaría que metiera la pata en este asunto.
Levantó el puño para dar toquidos sobre la puerta que se había ajado con el tiempo. Estuvo a punto de hacer sonar sus nudillos contra la madera cuando una voz cercana acompañada de otras lo hizo frenarse en seco.
Se exaltó, quedándose frío en su lugar como si hubiera sido paralizado.
Reconocía esa voz, era Sakura nee-chan, subiendo por las escaleras para llegar al piso de Naruto. Había otras dos personas con ella, probablemente amigos del mayor también.
Sus movimientos calificaron como autómatas, viendo primero hacia el envoltorio de la caja y a la flor que estaba ahí para hacer las cosas todavía más enrevesadas como complicadas de explicar.
Estaba solo, sosteniendo ese par de cosas. ¿Qué explicación daría? Si el regalo tenía una etiqueta con sus iniciales, además de que no tenía ni el tiempo ni el ingenio para embrollarse con una historia sin perderse en medio de esta al idear detalles que no concuerden.
Rápido, debía repasar las alternativas que tenía. No era capaz de realizar técnicas para desaparecer o moldearse a su entorno y el camuflaje barato ya no formaba parte de su "registro".
Los pasos eran cada vez más próximos así como sus oportunidades de salvarse de dar aclaraciones se iban resbalando veloces, pareciendo granos de arena en un reloj.
Los ojos de Konohamaru bailaban de un lado a otro desesperados, desarrollando un plan en los últimos segundos que se le habían brindado como un conveniente agasajo de parte de quien sabe qué dios.
Y todo culminó de pronto con los dedos de Konohamaru marcando un sello, creando sonido gaseoso y una densa cortina nubosa, que por su evanescencia se deshizo para dejar a la vista el resultado.
A la orilla del pasillo se asomó el pequeño grupo. No se había equivocado al pensar que era Sakura, ahora veía que también estaba acompañándola Ino -si no recordaba mal su nombre-, y junto con ellas pero no con más presencia, estaba Sai. Escuchando su conversación sin contribuir demasiado.
Konohamaru no supo bien como actuar, quería reírse de los nervios al notar que los tres se habían detenido para verle, tratando de comprender de dónde había surgido él, si es que se le podía seguir llamando con ese pronombre. En un intento de desviar la atención, apretó contra su pecho la caja y la flor con cuidado de no dañarla, esperando a que las preguntas llegaran para responder no más de lo necesario.
Si Naruto se enteraba de lo que estaría por suceder, lo iba a matar, era lo más probable, pero debía salir del aprieto o saldría peor.
Sakura era quien se veía más extrañada con su presencia, escudriñando minuciosamente las prendas y la apariencia de quien desconocía, tratando de averiguar algo por medio de estas. Eso había dejado alarmado a Konohamaru, ¿qué pasaba si a pesar de todo le descubría? Ella no era tan sencilla de engañar, ¿o si?
—¿También vienes con Naruto? —sus brazos se cruzaron, expectante a la respuesta de la otra. Los ojos de la chica fueron a parar encima de las cosas que cargaba.
No sólo los de ella, los tres indagaban sobre qué estaba cargando.
Aquel honorable nieto, que parecía haber perdido todo rastro de honorabilidad, se limitó a asentir, pasando tímidamente un mechón de cabello detrás de su oreja. Parecía que el plan podía mantenerse en pie por si mismo, estaba satisfecho y más que nada, aliviado, si ese era el caso. Aunque el sentido de advertencia nunca lo abandonaba, ni lo haría hasta que tuviera que dejar de traer puesta esa fachada femenina.
—Nunca te había visto, aunque me pareces familiar… —su cabeza se ladeó, avanzando hacia la chica que parecía indispuesta a moverse de su sitio.
Ino no tardó en seguirla, mucho más suelta y confiada, dirigiéndose sin rodeos hacia aquello que quiso evitar el mayor tiempo que pudo. Ondeó su cabello a un lado haciendo gala de su brillo y anchura con gracilidad. En sus ojos se veía una pizca de malicia que hizo al más chico -o chica- encogerse en sus hombros, resistiendo lo mucho que había logrado intimidarle la rubia en años pasados.
Deseaba que ambas fueran como Sai, analizando en silencio desde una posición mesurada y prudente.
—Así que eres una de sus admiradoras, últimamente se ha vuelto muy popular ¿no crees? Tienes agallas para venir a su propia casa y entregárselo tu —inquirió inspeccionando de arriba abajo, caminando un poco a su alrededor como si acechara a una criatura indefensa, extraviada en un sitio peligroso—. Aunque ¿cómo sabes donde vive?
—Yo… —Konohamaru quiso apurarse a corregir, más bien, explicar cómo es que tenía conocimiento de tal cosa, pero no le dieron permiso de acabar cuando ya estaba hablando de nuevo la rubia.
—Te gusta tanto que hasta te has puesto a investigarlo —se cubrió la boca en fingida sorpresa.
La verdad es que Ino no era posesiva ni "territorial" con sus amistades ni nada por el estilo, menos con Uzumaki. Simplemente le llenaba de una curiosa diversión picar a una chica en apuros cuando se trataba de amor y eso es lo que hacía con la ahora fémina de Konohamaru, molestarla un poco sin intentar ser grosera o cruzar límites con sus bromas.
Por parte del nieto del tercero, no tenía idea de cómo salirse de tan chusca situación. Ahora se cuestionaba verdaderamente usar el "jutsu sexy" era la opción más asequible para salirse de engorros, pero la poca efectividad que le estaba dando dicha jugada le antojaba no haber sido tan preocupado y haberse inventado que era un regalo atrasado de cumpleaños.
Pero no, se había desviado a ese camino, teniendo que estructurar datos bajo presión, como su edad o su nombre, o qué relación tenía en realidad con el héroe de la aldea.
Su estatura era la misma, el cabello también conservaba el color a pesar de ser más largo y ondulado. Pocas cosas habían cambiado, conservando toda la esencia del joven con ese aire jovial y carismático. El matiz de sus ojos permaneció intacto así como el tono de su piel. La verdadera transformación estuvo en su anatomía, haciéndole ver bajo ese uniforme con chaleco una figura que dejaba a la imaginación, pero evidenciaba lo suficiente que estaba formada justo como había entrenado ese jutsu. Caderas anchas, cintura angosta y para rematar como cereza del pastel un busto de tamaño considerable.
Esta vez se había moderado al dejarse vestida.
—No hagas caso a Ino —intervino la compañera de equipo de Naruto, alzando una mano en ademán de restar importancia al diálogo de su amiga que bien sabía iba en plan de importunarle los planes a la "admiradora"—. De todos modos…¿Cómo te llamas?
—Konam —inventó rápido, tratando de sonreír con naturalidad sin fracasar en el intento. Por fin había surgido el sacrosanto momento en el que pudo hablar sin ser interrumpido o sin notar que tenía encima un par de miradas que husmeaban con detenimiento—. Yo solo vine a dejarle esto a Naruto, pero lo haré después, perdón por molestar. Con su permiso —se inclinó con levedad, a punto de abortar su misión que, desde un inicio, parecía tener pinta de acabar con una ocurrencia como esta.
—Eres su novia, ¿verdad?
Oh no, tan sólo quería irse ya y olvidarse de esa tarde por un rato. ¡¿Por qué?!
Sai había hablado, mostrando una de esas expresiones que dan la sensación de ser plásticas y enlatadas, dejando ver una sonrisa leve con sus ojos rasgados a medio cerrar.
Las dos chicas exclamaron, discutiendo de inmediato a Sai lo que había preguntando, reclamando en primera que eso no era posible, secundando con que sólo estaba molestando a la chica y que debería dejarle en paz, evitando esas preguntas que hasta podían ser de mal gusto.
Konohamaru lo pensó un poco más, deseando que su situación fuera justo como se la planteaba el compañero de su enamorado.
Su novia… ni siquiera deseaba ir tan lejos, alcanzando el mayor ideal para aquel que ama en sentido emocional y carnal, tan sólo añoraba con fuerza desde su interior que sus sentimientos fueran aceptados por más simples que fueran. No debía haber una justificación para ellos, él sentía con todo su brío aquello que había confesado al héroe de la aldea, a su propio héroe. No había rastro de mentira, entregaba todo lo que tenía que dar, a pesar de que no fuera mucho.
¿Y si sólo por ese día él mismo se permitía rodearse de ese escenario donde había sido recibido, aceptado y se sentía pleno porque su sentir no era negado?
Construiría una ilusión inocua donde esas palabras eran realizables, solo hasta que cayera la tarde, de ahí en fuera dejaría a un lado esa negación y recobraría el sentido de la realidad donde todavía tenía que luchar por alcanzar su objetivo, el ser validado por Naruto y ya después obtener una respuesta de rechazo o de oportunidad.
—Si, soy su novia —admitió en voz baja, sintiendo un cosquilleo en el estómago al envolverse en su propia mentira no tan casta.
Tomó coraje apretando el agarre de sus dedos al obsequio, enfrentando las miradas atónitas de quienes le rodeaban. Konohamaru sabía que su respuesta pudo ser totalmente equívoca a oídos de los tres, pues estos también conocían a Naruto y sabían si lo que contaba el castaño era verídico o no, al menos podrían deducir.
No obstante el gesto avergonzado de Ino por las anteriores molestias, la sorpresa de Sakura y la seriedad de Sai, decidieron que hablarían antes que ellos. Sus caras eran invaluables por lo impactados que estaban de escuchar la noticia de que su amigo se había conseguido una novia -y vaya novia-. Esto hacía sentir a Konohamaru que por un momento había tomado control de la situación, ahora era cuando repetía su oración antes dicha y se despedía para deshacerse del apuro.
—Perdón por repetirme e irme tan de repente, pero no quise molestar —dijo tratando de mantenerse con la mayor clase y educación posible, aguantando que no salieran de su boca los 'kore' hasta casi estallar. Si se mantenía con esa personalidad amable y apacible, a pesar de que a Sakura le pareciera conocida la sensación de su chakra, no daría con él. Eso le gustaba pensar.
Por fin, estaba libre, podría volver otro día a entregar el regalo y explayarse todo lo que quisiera al no sentir que venían a visitarlo dentro de poco. Mientras debía abandonar de la forma más cauta posible, por ello repitió una despedida corta para girarse sobre sus pies y comenzar a andar para bajar del edificio e irse corriendo a cualquier paradero donde no se hablara de Naruto, así podría relajarse y por qué no mandar a volar esa flor por los aires también. Sonaba bien, ¿no?
—¿Cuánto tiempo llevan hablando sin mi afuera de mi casa, ttebayo? Nadie me dijo de esta reunión —se asomó desde su puerta, torciendo la boca en una mueca incomprendida.
Mal-di-ción.
En una casa pequeña como la del rubio era imposible no percatarse de las cosas que acontecían fuera de esta.
Konohamaru debió saberlo. Esto era entera y totalmente injusto, estaba por irse, todo ese alivio que sintió abordar su cuerpo para deshacer el momento tensó volvió como una potente ola espumosa de agua helada, todo con tal de ahogarlo hasta la muerte en medio de esa situación comprometedora.
Sus ojos se cruzaron con los del rubio, rogando con ímpetu a través de estos que comprendiera esa insólita situación, aunque fuera un poco. Las cosas no estaban bien, eso no era un secreto para ninguno, pero debía mantenerse todo encubierto, en orden, calmado…
—Oh, ¿qué haces aquí y para empezar por qué estás usando ese jutsu? Kona…
—¡Konam, kore! —gritoneó llamando la atención de todos. Se cubrió la boca con ambas manos, a punto de pintarse en la cara un gesto de enfado consigo mismo por su bendita imprudencia.
¡Había dicho que las cosas debían ir calmadas!
—Me gusta que me digas sólo Konam, cariño.
Así está mucho mejor.
—¿Eh? ¿Cariño? —susurró sintiéndose totalmente desubicado. No comprendía, para iniciar, por qué Konohamaru estaba utilizando ese jutsu ahora, frente a sus amigos. Tampoco se explicaba ese comportamiento antinatural, él decía que le gustaba, pero decirle cariño es algo que no se había atrevido antes.
Antes de que siguiera navegando en sus pensamientos, perdido en el desconcierto absoluto, Sakura le dio una zarandeada a la cabeza, acercando al rubio por medio de un estirón de pelo que lo hizo quejarse en voz alta.
—Ay ay, ¡ya! ¿qué hice Sakura? —renegó dolorido, tratando de librarse de los fieros dedos de su amiga.
—¿Que si qué hiciste? —farfulló todavía sin poder creerlo.
—¿Por qué no nos dijiste que tenias novia? —prosiguió Ino, otra a quien la idea no le terminaba de entrar en la cabeza.
—Yo le pedí que no le dijera a nadie.
Todas las miradas se posaron sobre Konohamaru por quien sabe cuánta vez, de nuevo había participado en la conversación llevándose las últimas palabras por momentos.
Cruzaba los dedos, deseando que con eso los hubiera salvado un poco, evadiendo la lluvia de interrogantes que estaba por venir a alguien que ni siquiera sabía lo que le preguntaban.
Sakura suspiró, dejando escapar al confundido de Naruto, aplacando su impulso.
—Comprendo, de todos modos Naruto no es así, se le hubiera escapado decirlo, ya me parecía extraño —pensó relajando sus gestos.
El joven de los Sarutobi buscó comunicarse con Naruto por medio de lenguaje corporal, haciendo apenas unas pequeñas señas de que lo sentía.
Parece que había comprendido un poco mejor. O a medias, pero un avance podía ser considerado. Se preguntaba si ese enmascaramiento de la novia seria algo que lo enfadaría profundamente o sólo lo dejaría sin hallarse, en busca de que atendieran su necesidad de ser explicado.
—Ah no pasa nada —repuso Ino encogiendo sus hombros, quitándole hierro al asunto con entusiasmo—. Una cabeza más siempre viene mejor en el karaoke. ¿Vienes Konam? Nos están esperando desde hace rato, Naruto, sólo faltan ustedes.
—Oh, si.
Su contestación parecía ida, reparando su mirada encima de Konohamaru.
El resto les estaban esperando entonces. Que más podía hacer, el plan había quedado y debía continuar llevando las riendas del asunto, aunque fuera todo esto muy extraño.
—Vamos, Konam —invitó con un tono que pocas veces se escuchaba en él. Era… inesperadamente tranquilo, casi hasta tritón.
Su mano se extendió en dirección a la susodicha, que en el fondo, sin dejar de ser Konohamaru, contempló como se la ofrecían con el amargo recordatorio de que se trataba de una actuación. Esa mano que se tendía para que él la tomara era casi un compromiso, no un deseo propio que el rubio seguía.
Era solo cosa de seguir la corriente de engañar a otros.
Pero justo por eso, porque el otro no lo hacía por mero interés personal, la tomó con fuerza entre la suya. Enredó los dedos de ambos, dejando a cargo su piel para transmitir lo tenaz que seguía siendo aunque por apariencia hubiera dejado de ser él, Konohamaru Sarutobi. Todavía seguía empecinado en demostrar a Naruto que no se rendía fácil y que no descansaría hasta hacer entender al otro que lo quería. Poco importaba lo mucho que le costara o el tiempo que le fuera a tomar.
Por eso decidió ponerlo todo al tomarse de las manos.
Acto tan monótono, tan tonto para algunos, pero esperanzador para él de alguna manera.
Entregó el regalo sin añadir ninguna palabra, solo dejando que el otro lo recibiera y lo dejara en casa por mientras antes de partir.
—Vamos —sonrió la identidad femenina de Konohamaru, avanzando detrás de los otros en dirección a ese nuevo plan por la tarde. El supuesto karaoke ya estaba lleno de más amigos de Naruto. Y pensar que otra vez tendría que meter a ambos en aprietos con historias elaboradas en respuesta a las preguntas que ya sabía le caerían encima.
Como se había dicho a si mismo momentos atrás, sólo ahora se envolvería en esa mentira y gozaría un poco sede sentir al otro cercano, sentirlo sólo para él.
En la cabeza de Naruto las cosas iban de aquí para allá sin orden aparente. Ahora se enfocaba en encontrar un sentido, armando las cosas por si mismo con la esperanza de haber sido acertado. Se sorprendió, debía admitir, e intentó mantener la calma, no sólo por cómo habían acabado las cosas ahora que iban rumbo al karaoke, sino también por los regalos de Konohamaru que luego se daría tiempo de apreciar bien. Su pregunta era, ¿qué tan lejos iría su pupilo y amigo con eso de su confesión?
Caminaban por la calle con libertad de poder ir juntos, unos pasos atrás de los otros que conversaban o más bien cuchicheaban acerca de lo recién ocurrido.
El castaño dirigía miradas ocasionales al rubio, quien brillaba ante sus ojos ese día. Se veía atractivo, pensó sonriente, recargando la cabeza sobre su hombro. Por dentro se sentía cálido, de nuevo olía bien y de nuevo la tela de su ropa era suave. Ahora que era "su novia" podía tener eso en exclusiva para él, poder acceder a esas cosas cuando lo deseara, poder reclamarlo si se lo arrebataban. El sentimiento egoísta e iluso de poder atesorar esos detalles para si mismo le invadió el cuerpo como un veneno siendo inyectado por una jeringa.
Oh, tan sólo si pudiera.
El que era nombrado héroe de la aldea y de la guerra también, resbaló la vista hacia la ahora chica que disfrutaba de su tacto, encontrando ternura en esta imagen así como un inquietante "algo más" que se movía en su interior.
"Pero a Hinata le gusta Naruto, ¿no?". "Yo creí que a Naruto le gustaba Sasuke".
Y si tan solo pudiera hacerse sordo ante lo que comentaban enfrente los amigos de quien quería y admiraba tanto.
—Cuando acabemos hoy debo decirte algo, Konohamaru.
Cuando hablaba en voz baja su voz se escuchaba más grave, más serio, aunque lo suficiente para oscilar entre ser frío o tajante.
Se preguntaba qué sería, aunque podía presentir qué, le gustara o no.
—Lo sé, Naruto nii-chan, yo también hay algo que quiero preguntarte.
Estaban por llegar al local. Importaba poco este, ahora sabía que lo que de verdad era relevante venía después.
En el siguiente capítulo me pondré algo explícita. Ya pudimos ver que Kono puede ser tierno, pero también hay más~, este cap sirvió como introducción para llegar a ello (jeje, lo siento) por eso el contenido tan... insustancial (?), nos leemos y una disculpa por los errores o las vueltas, espero que a pesar de eso a los escasos que les guste la pareja puedan pasar buen rato. Cuídense. Ya me puse al corriente con los que tenía seguido en la otra página. Suelo actualizar los martes.
