Prompt: 003. Taste
Entre los dientes
(Eto & Touka)
Hay un cosquilleo en su paladar.
(es como de mil palabras prohibidas que han salido a la luz tras años de fomentar el escándalo, o como palabras extraviadas en diccionarios repletos de polvo ubicados en lo más alto de un librero).
Es como–
Como ser leído por otra persona. Por ella. Sí.
(como que Takatsuki se la coma enterita, desde los talones hasta los hombros menudos de flor aplastada que no tuvo oportunidad de florecer nunca. En un hambre atroz. Hambre de selva y plantas exóticas, deleitables a la vista aunque peligrosas al tacto.
—Y es que con plantas así es mejor mantenerse lejos y ser prudente pero—).
(pero)
Touka prefiere aventar por la ventana más próxima al sentido del peligro y al común asimismo. Ya que Takatsuki es preciosa y atrayente y muy sabia, comparada con ella, una mera chica —analfabeta— sin nada que ofrecerle además de su boca contra la suya y una sesión de lectura semanal en donde debaten de las obras de Sen con un ahínco casi doloroso.
(como si Takatsuki le clavase los dientes en las muñecas y arrancase pedazo por pedazo su alma oceánica y húmeda, murmurándole: Touka-san, las letras-lunares que tienes impresas en la espalda son de una caligrafía exquisita).
— Déjame hurtártelas y esclavizarlas en mis textos ¿sí?
Sabiendo de antemano que su respuesta será afirmativa, únicamente porque se trata de ella. (y porque le ha pasado la punta de un bolígrafo en sus cicatrices de raíl plasmando historias grotescas pero hermosas que sólo Touka conocerá, y porque tiene ojos de aceituna increíblemente verdes que la devoran y la alimentan a su vez, y porque no le reprocha si estando juntas Touka pierde un poco los estribos y se deja llevar y le muerde en las tentaciones y estalla un sabor único en su lengua, casi asfixiándose en éste–).
—y es un sabor único y confuso, que la desorienta y la hace añorar más—.
El sabor del conocimiento, de la añoranza por las palabras bonitas, de él (que se fue, se fue, se fue), de algo con textura de terciopelo, algo maduro y con rocíos de agua primaveral.
A manzana. Takatsuki le sabe a manzana
—a fruto prohibido—,
que en cuanto le da un bocado la arrastra al fondo de un abismo sin salida.
(ahí donde tus prosas me vuelven terrible, Touka-san).
Y donde los brazos de Takatsuki se envuelven como las ramas de un árbol en torno a su cuerpo. Aprisionándola en esos barrotes de carne-madera, que sangran poesías y frases capaces de hacerla temblar.
Por ello Takatsuki la resguarda y le da besos carnívoros con sabia en la punta de su lengua. Y Touka los recibe sin pedir nada a cambio.
—más todo en ella destila ese sabor aún así y Touka cree que se ha extraviado en la fiebre más despiadada y mortal que existe—. Continúa probándolo y degustándolo, pese a todo. Pues es adictivo. Es veneno. (Es un cariño amorfo). Y porque cuando la extraña, sus ramas se vuelven pequeñitas.
