Capítulo 3

Sulfus

Cuando la reunión acabó, los ángeles y los demonios se fueron a sus respectivas alas de la escuela, pero yo no lo hice, no podía, tenía más dudas y necesitaba más respuestas que las que Bree había revelado en la Sala de Reuniones. Cuando ella salió y los demás ya se habían alejado, me acerqué a ella.

-Bree.

La muchacha se detuvo, su cuerpo temblaba, pero apretó los puños, oí un suspiro y se giró. En su expresión se notaban las ganas de llorar.

-¿Si?-dijo, forzando una sonrisa.

No pude evitar fijarme en sus alas negras, más grandes que la de cualquier ángel o demonio. Oscuras y hermosas, como su portadora. Ese pensamiento pasó fugazmente por mi cabeza y me obligué a arrancarlo, a pensar en Raf, en su cabello rubio, en sus brillantes ojos azules y en ese carácter que había hecho que me enamorara de ella.

Sacudí la cabeza para centrarme en el presente y miré a Bree.

-¿Puedo hablar contigo un momento?

La muchacha abrió la boca ligeramente, no supe si asombrada o asustada. Bajó la mirada un momento y cuando volvió a mirarme sonrió.

-Claro, pero no aquí, no me gusta quedarme quieta en medio de un pasillo. Ven conmigo.

Yo asentí y seguí a Bree por los pasillos de la Escuela Golden. Se me antojó extraño ya que la visitante en realidad era ella, no yo. Pero cuando llegamos a un entramado de pasillos que no conocía me di cuenta de que Bree sabía más de la escuela que yo.

-Ya hemos llegado-dijo la joven.

Nos habíamos detenido frente a una puerta enorme, como la de la Sala de los Retratos. Habían escritos diferentes grabados que hablaban de la historia de los inmortales. Unas palabras me llamaron la atención: Sala de los Retratos Inmortales.

Bree abrió las puertas de par en par y me hizo un gesto con la cabeza para que le siguiera. La sala a la que accedimos era circular, no muy grande, iluminada con enormes antorchas. En un lado de la habitación había una puerta negra, y las antorchas era de fuego negro, mientras que en el otro lado, había una puerta blanca y el fuego era blanco. En la pared contraria a la puerta de entrada había un cuadro enorme, representando a cuatro demonios, tres ángeles y un Ángel Oscuro, Bree. Había un hueco vacío entre los ángeles y Bree, como si faltara una persona.

Bree cerró las puertas y se sentó a dos metros del cuadro. Dio unos golpecitos a su lado para que me sentara. Lo hice.

-Así que esta es la Sala de los Retratos Inmortales.

Bree asintió, sin mirarme, estaba ensimismada contemplando el cuadro.

-La entrada, por la puerta blanca se acceden a los retratos de los ángeles, por la negra a los de los demonios. Y, como ves, aquí estamos mis compañeros y yo. Supongo que te resultará fácil encontrar a tu gemelo.

Clavé la vista en el cuadro y no tardé en encontrar a Xavier. Era sorprendente: igualito a mí. Y, como había dicho Bree, la única diferencia eran los ojos, los suyos negros, los míos amarillos.

-Supongo que comprenderás la confusión-murmuró Bree.

-Es…como yo-musité.

Bree asintió.

-Le echo de menos, a él, a mis amigos. Quiero recuperarles pero no puedo.

Sentía lástima por ella.

-No me puedo imaginar lo horrible que tiene que ser estar hablando conmigo, convenciéndote de que no soy Xavier.

-No tienes ni idea-confesó, susurrando y bajando la mirada-En ese momento habría jurado que eras él, sin duda alguna, pero veo que me equivoqué, tal vez mi destino sea no encontrarle nunca.

La muchacha suspiró y una lágrima le cayó por la mejilla.

-Bueno-dijo enjugándose las lágrimas-¿Qué querías preguntarme?

-Varias cosas, la verdad-admití.

-Dispara-me instó con una sonrisa tranquilizadora.

-Dijiste que fueron las Bajas y Altas Esferas las que causaron los estragos que creíamos que eran el resultado de los sacrilegios. ¿Por qué lo hicieron?

-Por el control-contesté-Los ángeles y demonios de las Altas y Bajas Esferas buscan el control de las especies. Al saber de mi existencia decidieron que los demonios y los ángeles no podían engendrar hijos y crearon la norma de "no tocarse" para hacer creer que eso acarrearía unas graves consecuencias.

-Me esperaría eso de los demonios pero, ¿de los ángeles?

Bree sonrió burlonamente.

-Os han comido la cabeza a todos haciéndoos creer que los ángeles no mienten, no hieren, no hacen cosas malas, pero eso es mentira. Tanto los demonios como los ángeles han llegado a mentir, engañar, traicionar y matar, pero las Bajas y Altas Esferas buscan una supuesta paz a base de mentiras y control, un control del que no sois conscientes.

Bajé la mirada, pensativo. ¿De verdad era todo falso? ¿De verdad el beso que nos dimos Raf y yo era completamente inofensivo? Entonces volví a mirar al cuadro, y me sorprendí al reconocer a una de las dos demonios allí presentes: era igual que Jennifer, la humana de Cabiria y Urié.

-¿Quién es ella?-inquirí, señalando la diablesa pelirroja de ojos naranjas.

-Se llama Kelly-musitó Bree con una sonrisa-Es mi mejor amiga, me animó en los malos momentos que pasé después de descubrir quién era yo en realidad.

-¿Kelly?-estaba sorprendido, primero, el tal Xavier es igualito a mí, luego, una demonio llamada Kelly es clavada a la humana de Cabiria, Jennifer.

-¿Por?-inquirió Bree, extrañada.

-Hay una humana, Jennifer, es igual que ella.

Bree frunció el ceño y siguió contemplando el cuadro.

-Esto ya son demasiadas casualidades.

Volví a mirar el cuadro, y entonces me entró la curiosidad de saber quiénes eran los otros dos demonios y los tres ángeles.

-¿Quiénes son los demás?

-La otra demonio se llama Rosemary, Romy para los amigos, es la prima de Xavier. Cuando la conocí pensaba que era la típica psicópata, pero luego comprendí que ella también tenía sentimientos.

Bree soltó una risita en voz baja.

-Se nota el parecido-admití contemplando la pálida piel de la muchacha, el rizado cabello negro y sus ojos verdes oscuro en un rostro serio.

-El otro demonio es Cameron, o Cam. Siempre fue reservado, nunca hablaba con nadie salvo con Xavier, fue su confidente.

Este era de piel oscura, como sus ojos y su cabello. Su mirada, más que seriedad, mostraba indiferencia.

-El ángel es Héctor. El típico chico que siempre cumple las normas y hace todo lo que le ordenan. Llegó un momento en el que pensé que era un robot.

No pude contener la risa, ambos compartimos una risa burlona por aquel extraño chico. Era de cabello pajizo anaranjado y ojos verdes, complexión fuerte y el más alto del grupo.

-La ángel rubia es Taylor. Todo lo contrario a Héctor, una rebelde, inconformista y respondona, a veces creo que hubo una equivocación y que ella debía haber sido un demonio, no un ángel.

Esta chica era de cabello rubio platino, lacio, brillantes ojos azul claro y piel morena.

-Y la otra ángel es Galatea, o Gala. Es tímida, a veces un poco cobarde pero sincera y una persona en la que se puede confiar.

Era la más baja de los miembros del grupo, después de Kelly. Tenía la piel más oscura que Taylor, pero menos que Cameron, de ojos verde claro y cabello castaño, corto y con un flequillo que casi le cubre los ojos.

-Luego… estaba Jayden-había tristeza en su voz-Era un ángel, simpático, inteligente… pero demasiado inocente. Es irónico que muriera a manos de su madre.

-¿Charlotte era su madre?-dije sorprendido.

Bree asintió.

-La razón por la que hay un hueco en el cuadro: como Jayden está muerto, su ser desaparece del cuadro. Y eso a la vez significa que mis amigos siguen vivos, todos los presentes en este cuadro, y debo encontrarlos, algún día…

Los demonios nunca hacen nada bueno, no hacen cumplidos, y menos animan a la gente, pero sentí el impulso de hacerlo.

-Confío en que lo logres.

Bree pareció sorprendida, pero pronto sonrió.

-Gracias. Creía que los demonios de hoy en día no animaban a la gente.

-Supongo que me he dado cuenta de la verdad de tus palabras-admití-Ese control que tienen sobre nosotros… son normas, y lo que sí tengo claro es que no me gustan las normas.

Breeanna esbozó una sonrisa triste y volvió a mirar el cuadro una vez más.

-Eres igual que él, no solo en el aspecto.