Cotidiano

II

Para cuando ocurrió la primera vez que Judy fue vista en ropa interior por Nick la coneja ya había planeado en su mente incontables escenarios y estaba segura que diversas variables estarían a su favor para, no solo sobrellevar aquel momento, sino salir completamente triunfal y tener una historia con la cual enorgullecerse por varios años por venir.

La primera seria la fecha, donde esperaba que hubiesen pasado meses o inclusive años desde que se hubiesen mudado juntos para que este evento ocurriese. Todavía tan temprano en su vida juntos muchas veces se topaban con el otro en la sala o camino a sus cuartos y no podían evitar sentirse extrañados con su presencia, además de que cosas tan simples como lavar la ropa del otro y compartir el baño todavía no se habían hecho del todo costumbre. Cuando llegase el momento se conocerían tan bien que ni lo notarían.

La segunda seria su estado mental. Tenía fe que aquel inevitable suceso ocurriese luego de alguna actividad placentera como un baño de agua caliente luego de un buen día de trabajo, donde tendría una actitud indiferente que le permitiese salir triunfal por la madurez con la que lo enfrentaría.

La tercera seria su aspecto físico. Orgullosa de ser sencilla y practica, eso nunca le quito a Judy el preocuparse por su aspecto y, dándole crédito, nunca se dio el lujo de andar desaliñada y descuidada en el apartamento de Nick. Más aun, podía decirse a sí misma con orgullo (pues realmente aun no tenía el valor para decirlo a nadie más) que en más de una ocasión Nick se quedaba mirándola mientras movía la cola, cosa que sería más agradable de recordar si no fuera porque al final el zorro siempre se encogía de hombros y continuaba su camino como si observarla tan descaradamente fuese lo mas común del mundo (No está mal, para una coneja llego a escuchar un par de veces). Cuando llegara el momento y estuviese en todo su esplendor se tomaría ese punto como una pequeña venganza, mas aun porque las prendas intimas que tendría no podrían ser más perfectas ni porque lo hubiese planeado el día completo.

Finalmente, la cuarta seria lo que haría cuando Nick la contemplara aquel primer momento, donde la rutina de verla día a día le bajarían la defensa, sus prendas serian exquisitas y su actitud tan inesperada que lo único que el zorro podría hacer seria intentar decir algún comentario gracioso, tropezar sobre sus propias palabras, y cerrar la boca mientras Judy lo mirase de arriba a abajo, le diese una mirada de desaprobación, y le lanzaría un genial comentario más o menos como "Que te pasa Nick, ves algo que te gusta?" que sería el broche de oro para aquel hito en su vida juntos. Después de ahí no habría nada que la tomaría por sorpresa bajo aquel techo.

Y a todo esto, al final de todo Judy no había planeado todo aquello por vanidad, sino porque sentía que era su deber, pues debía hacer lo posible porque las cosas no fueran incomodas para ellos. Desde que paso la primera noche en el apartamento de Nick ambos se dieron cuenta que muchas cosas no eran tan perfectas como esperaban y tomaría tiempo acostumbrarse, por lo que ella se tomo la tarea, sin decirle a su compañero, de mantenerse siempre alerta para no molestarlo y vivir en constante asecho. Era estresante pero era un sacrifico que ella se había tomado.

Sin embargo, como muchas veces en la vida, no valió tanto planear pues las cosas no salieron como ella esperaba, y algunos podrían decir que realmente no pudieron ser peor cuando ambos estuvieron frente al otro en el pasillo del apartamento mientras salían de sus cuartos sin acordarse, precisamente ese día, que ahora vivían acompañados.

Primero que todo no habían pasado ni un par de semanas cuando ocurrió, y si todavía era incomodo encontrarse con el otro mientras se lavaban los dientes, no había palabras para describir lo extraño que se sentían los ojos de Nick sobre su cuerpo descubierto. Segundo, aquella mañana no pudo haber sido más caliente y, cubiertos de pelaje al fin, ninguno de los dos se había levantado con el mejor aspecto u actitud posible. Jadeante, despeinada y con mechones de pelo pegajosos por el sudor, era difícil reconocer la pulcra y acicalada oficial Hopps que todos acostumbraban. Lo tercero fueron las practicas, pero para nada (para nada!) halagadoras prendas que Judy decidió ponerse aquella mañana, las cuales adoraba pero preferiría morirse antes de que alguien se las viera (opción que, en aquel momento, ya no tenía).

Pero lo peor de aquella terrible mañana fue la cuarta variable, pues estuvo compuesta de dos calamidades. La primera fue su compañero zorro, también en ropa interior quien, al tener frente a si aquella coneja con cara arrugada, pelaje mojado y ropa interior que debió haber estado de moda diez años atrás, hiso todo menos cualquiera de las mil cosas que pasó por sus escenarios mentales.

Nada.

No estalló en risas, no le brotaron los ojos ante la escena, no tomó su celular para tirarle una foto, no dijo ningún comentario sarcástico, no la alagó, no la insultó, no esbozo una sonrisa, no movió la cola... nada. Su mano se detuvo a medio rascar de su pecho desnudo y solamente sus ojos se movían, observando con medida precisión a Judy quien, todavía, aun con TODO aquello, aun estuvo a tiempo de rescatar la situación si no fuese por la segunda calamidad: Por más que intentaba no podía moverse.

Allí, descubierta, indefensa y con la mente hecha un desorden, ningún musculo de Judy parecía responder. Sus piernas no la sacaban de aquel lugar a toda marcha ni sus brazos se levantaban para cubrirle el cuerpo. Mientras sentía su pecho apretar y el aire a su alrededor desaparecer por completo solo pudo sentir sus orejas caer mientras veía las pupilas de Nick recorrerla sin reflejar la mas mínima emoción. Ríete Nick, por favor. Búrlate, apúntame, deléitate con el despojo mental que tienes frente a ti pero reacciona de alguna forma y acaba con mi sufrimiento gritaba su cerebro mientras sentía sus ojos llenarse de lagrimas por la frustración.

Y como un milagro del cielo Nick pareció escuchar las suplicas de Judy pues, cuando finalmente las miradas de ambos se cruzaron respiro profundamente y, como el astuto zorro que era, desarrollo en menos de un segundo la mejor estrategia que alguien pudiese hacer en aquel momento: Levantó el mentón, infló el pecho, flexionó los brazos y le guiño un ojo mientras le preguntaba con exuberante confianza -Que te pasa Zanahorias, ves algo que te gusta?

Lo que sucedió después fue uno de los momentos que Nick mas disfrutaría en su vida pero que por desgracia nunca podría contar (y aunque lo hiciera estaba seguro que nadie le creería) en donde Judy, al observar aquel escuálido y flaco zorro flexionando sus patéticos brazos a fin de mostrar una musculatura inexistente, estalló en risas con tal intensidad que tuvo que apoyarse de una pared para no colapsar en el suelo. Impermeable a la burla, Nick se mantuvo con la cabeza en alto y la postura fija hasta que finalmente Judy empezó a calmarse, sujetándose de sus rodillas para recuperar el aliento.

-Nick, que rayos estás haciendo? -Preguntó finalmente entre jadeos y risitas.

-Te estoy dando el regalo divino llamado "Nick Wilde posando en ropa interior" Zanahorias. -Dijo él, poniendo las patas en la cintura. -Después de todo, era la vergüenza de pedirme directamente que posara para ti lo que te dejó petrificada, vulnerable y sin palabras hace un momento, verdad? Cualquiera diría que ese era el motivo por el que te levantaste hoy.

Judy abrió la boca y alzo las cejas ante lo atrevido del comentario. -Disculpa?! Déjame decirte Nick, que entre las cosas que necesitaba ver en mi vida tu enclenque anatomía no era una de ellas.

Nick mofó con altanería. -La envidia es un sentimiento muy feo Zanahorias. Creí que eras mejor de eso.

Aquello fue suficiente para que Judy se propusiera a detener al zorro en seco. Arqueando una ceja colocó una pata en la cintura mientras flexionaba un brazo, mostrándole el entonado y definido cuerpo que pocos sabían que tenia -Ves esto que tienes frente a ti Nick? Se llama "Mejor cadete de la academia", o como es mejor conocido, "mejor oficial de toda Zootopia". Esto es lo que tu mente dice que tienes cuando se miente a sí misma como lo está haciendo ahora -Dijo con orgullo, satisfecha al ver como los labios de Nick se retorcían en una traviesa sonrisa y su cola golpeaba la pared de forma incontrolable, lo que le permitió llevarse un premio de consolación al decir sus siguientes palabras -Y que hay de ti, vez algo que te guste?

Y aquello hubiese sido el mejor momento de su vida si no hubiese sido porque no calculó que el zorro daría un paso adelante y respondería con una confiada risa -Sabes qué? Realmente sí.

-...Qué? -Fue lo único que salió de la boca de Judy cuando aquella respuesta se registró en su cerebro. Miró el rostro entretenido de Nick mientras daba un nuevo paso y sus orejas se levantaron en alerta. -Nick, que estás haciendo? -Preguntó aterrorizada, dando un paso atrás -. Nick?! Nick, te juro! No te atrevas!

Pero el zorro continuó su caminar inmutado -Tu y yo sabemos que la culpa es tuya Zanahorias. Debiste pensar mejor antes de hacer esa pregunta.

Antes de que Judy pudiese protestar el zorro se lanzó rápidamente hacia ella, tomándola por la cintura y elevándola del piso. El contacto de sus mojados pelajes y la forma en la que Nick la apretara hicieron que Judy gritara de sorpresa a la vez que se llevaba las patas al rostro para ocultarlas. Se mantuvo rígida mientras escuchaba las carcajadas del zorro, quien daba vueltas mientras caminaba por la sala con una petrificada coneja entre sus brazos.

-Nick te odio tanto ahora mismo! Te voy a matar! -Gritaba Judy desde detrás de su patas, partes iguales histérica y entretenida: Por mucho que quisiera ocultarlo se escapaban risas de entre sus dedos. Todo dejo de tener sentido aquella mañana. No le quedaba de otra más que reírse.

-Por cargarte y apretujarte mientras estamos semidesnudos y cubiertos de sudor, o por alguna otra cosa?

Un gruñido de frustración fue lo único que la coneja respondió. Decidió espera a que Nick se cansara y la soltara para volarle encima y sacudir todo su flacucho ser, pero el zorro mostro estarse entreteniendo más de lo que debía, su energía lejos de terminarse. No fue sino hasta después de unos largos y agonizantes segundos que las vueltas se tornaron lentas.

-Zanahorias, lamento que las cosas hayan pasado así.

Por primera vez desde que Nick la había alzado el cuerpo de Judy se relajó al escuchar aquellas palabras, lentas y suaves, muy diferentes a las de hace unos momentos.

-Te conozco lo suficiente como para haberme dado cuenta que esto era algo importante para ti, por tonto que fuera realmente. Sé que no todo ha sido cien por ciento fácil desde que compartimos techo pero sabes que siempre quiero hacerte sentir cómoda a mi lado, verdad?

Judy se descubrió el rostro y puso las patas en los hombros de Nick. Le sonrió con melancolía mientras entrecerraba los ojos y afrontaba la realidad.

-Lo sé Nick, y créeme que agradezco lo bueno que eres improvisando en la marcha, aun cuando eso signifique que me den ganas de matarte como ahora. -Dijo, sin poder evitar reírse -. Es solo que toda cosa que hacemos frente al otro algunas veces se siente tan...

-Nueva, extraña? -Terminó el zorro.

-Exacto, y no puedo evitar querer que las cosas salgan bien a la primera, que no sean incomodas. Sé que no es bueno forzar las cosas pero a veces quiero hacerlo con tal de que estemos bien.

-Zanahorias, no importa que tan mal fracasemos en nuestros planes, de una u otra forma nos saldremos con la nuestra. La historia ya lo ha demostrado. Solo mira lo adorable que estamos ahora mismo.

En ese momento Nick se detuvo y soltó a Judy. Ambos se miraron por un segundo, semidesnudos y desaliñados, y esta vez solo pudieron encogerse de hombros y resoplar; ya no tenía importancia ahora.

-Además -Empezó el zorro, apuntándose a si y después a Judy -Creo que ahora mismo no podemos caer más bajo. -Extendió una pata y le dedico una sonrisa a su compañera -Así que, ahora que literalmente no tenemos nada que ocultar, te gustaría sentarnos y conocernos un poco mejor? Sera mas fácil planear para el otro si ambos estamos en la misma página cuanto menos. Vamos a ayudarnos como siempre, si? Desde el inicio! -Levanto el mentón y su rostro mostro una serenidad y dignidad poco común para alguien en ropa interior. -Nick Wilde, un placer compañera. Te gustaría charlar?

La coneja estrecho con fuerza la pata, sus ojos radiantes de felicidad. -Judy Hopps. Me encantaría!

Ambos se sentaron donde mismo estaban en aquella sala y comenzaron a hablar, hablar y hablar. No llegaron a decirse todo lo que querían aquella mañana pero descubrieron una que otra cosa que, para ser sinceros el uno con el otro, nunca hubiesen confesado si les hubiese quedado alguna pisca de dignidad que mantener. Como muchas veces otro día pasó sin que las cosas salieran como planeasen pero al menos uno ayudo al otro a sobrellevarlo lo mejor posible. Eso siempre era suficiente, sobre todo por el hecho de que no sería la última vez que se verían en paños menores. Por mucho.

Fin.