ESCUADRÓN 8141
Conoceme
Una vez más, la mañana falsa llegaba a mi casa, me despertaba como una perezosa. Ya tenía la ropa perfecta colgada en las placas del cambiador. Al lado suyo tenía un calendario en el que estaba marcado el día de mi enlace. Faltaba tan solo una semana. En esa semana en la que aprendía convivir con un peón del 8141 fue que nunca debía tocarlo, ni acercarme. Nunca podía quitarle el casco, por lo que tampoco sabía cual era su rostro y sobre todo, no podía saber si quiera su nombre. Para mi, todo eso era ser de mala educación, pero al parecer, todavía no había aprendido la ley mas importante: nunca interesarme por todo el secretismo que llevaba con él.
He de admitir que no me gustaba llevar el papel de mujer delicada como flor, dependiente en muchos aspectos. Varias veces había soñado con arrancarme la parte baja del vestido, y salir corriendo, pasara lo que pasara, aunque luego me esperaran cientos de hombres apuntándome con rifles, yo estaba (y sigo estando) dispuesta a correr ese riesgo solo por dejar que mis pies tocaran suelo, notar que el viento no salia de paredes y el sol existía, brillando en el firmamento. ¿Como seria autenticas noches de luna llena?
- Mi señor, no más...- Se escuchó en todo el pasillo
- ¡VIGILA A MI HIJA Y NO PIENSES, MALDITA HADA!
Hice que la sirvienta me anunciara antes de que la cosa se pusiera fea. No sabia que era una hada, hasta que finalmente relacione los números 8141 ... ¿Era un hada?
- Lucinda... Deberías estar con tu profesora
- Hoy no venia porque debía probarme el nuevo vestido traído por la madre de mi futuro marido...
- Es verdad... Ahora iré a ver que te ha traído la señora. Ve a probártelo y te espero en el salón.
Solo cuando dejo de golpear, me tranquilice. No sabia porque, ni que falla había tenido, pero realmente no podía merecerse tanto dolor. Finalmente me fui a probar ese vestido. Era tan preciosa como las otras, eso no podía negarse, e incluso la petreria puesta de forma asimétrica le daba un toque más elegante. Los zapatos me dolían, pero de eso no debía preocuparme, ya que las ceremonias entre Neo era algo mas especial. La tradición mandaba la ceremonia empezaba con la llegada del novio con una vela blanca en la mano derecha, y la novia entraría cuando este la pusiera en el candil de nupcias. Yo entraría escoltada por mi padre, que me tendría que llevar en brazos pero sentada sin tocar los pies en una silla cargada por el caballero que (en mi caso el hada desconocida) tendría la obligación de velar que la familia tuviera un hijo varón (si era fémina, si el padre quisiera, el caballero podía matarlo) para seguir con el apellido. El velo es muy importante, ya que el blanco indicaba que no era una separada o viuda, mostrar una auténtica virgen idiota al mundo. A diferencia de la suya, mi vela seria negra y estaría apagada, porque tenia que encenderse con la suya. Daríamos nuestros votos, nos daríamos los colgantes de las nupcias: El mío seria una cerradura y el suyo una llave. Lo importante era que encajaran y que estuvieran a vista de todos. Los anillos solo servían para dar promesas pero la cerradura siempre será parte nuestra. Finalmente me daría el primer beso y me debía llevar en brazos hasta la salida, donde nos esperaría el carro hacia nuestro nuevo hogar conjunto para la noche donde intentaría tener mis primeras...relaciones. Hasta me costaba decir esas palabras porque no me hacía la idea de tener que ver
- Bien, señorita, déjame ver cual es esta vez.
Salí de las capas para enseñarle a todos los presentes cada uno de mis pliegues del vestido. Este me gustaba mas que los anteriores, aunque era bastante espesa. La sonrisa de mi padre significaba que ese iba a ser el vestido definitivo. Sabía que le iba a gustar a mi futuro marido, pero a mi me importaba poco. Después de ello pude salir y acompañada de unas criadas y del soldado al patio interior para poder descansar un poco. Pedí a las criadas que se marcharan, pero por mala suerte me quede a solas con el peón, que no sabía a donde estaba mirando ya que el casco lo tenía de frente. Quise escribir, pero con él al lado, tenía que arriesgarme a pedirlo si o si
- ¿Eras feliz fuera de estos muros?- No contesto- ¿Como es estar fuera?
- Estar fuera es... es algo indescriptible- se atrevió a decir finalmente- Perdón por hablar.
- No me temas... solo... quiero huir de aquí. Enséñame tu rostro
- Pero señorita... la puedo contagiar
- Si con eso me libro del matrimonio, haré lo que sea. Dime tu nombre.
- Natsu, señorita, y ansió la libertad tanto como usted, pero... no puedo enseñarle quien soy
Me quedé con las ganas, pero el soldado pudo hablarme que el mundo que reflejaba cada uno de los murales era casi cierto, aseguraba que habían malos días, lluvia insoportable, pero ese mundo también era libre y donde realmente quería estar. Quería salir.
Necesitaba salir.
-Me ha encantado conocerte, Natsu
chao~
