CAPITULO III

En un palacio derrumbado, ya no se ve mas la magnificencia de sus gárgolas o las finas maderas con el que fue adornado por los astros, yacía caído el palacio del Dios Pan el dios que habría cobrado una factura a los humanos por haber destruido su amada naturaleza, donde una vez los fieles caballeros habían arriesgado sus vidas lucharon junto a su Diosa, por que los humanos tuvieran una segunda oportunidad.

¿Por qué el hombre? Destruye todo lo hermoso que hay en su alrededor, eso mismo se pregunto el Dios Pan y vio con tristeza como el hombre día con día acaba con sus bosques, destruye a la naturaleza.

Los humanos no son dignos de vivir en aquel hermoso paraíso, fue su proclamación cuando inicio esta guerra Santa.

Atenea había intentado hablar con el, pero él no la escucharía, no más, Los humanos son muy avíales para hacer caer a los demás en sus mentiras, todo por una nueva oportunidad que desperdiciarían.

- No hemos encontrado aun a Afrodita.-expresa Mu de Aries a unas sombras que se encontraban bajo la lluvia...el cielo parecía que se vendría abajo en cualquier momento.

-Debe estar muerto.-dijo con desden Mascara Mortal, quien se encontraba herido.-Mejor larguémonos de este lugar, que apesta a sangre.

-Y yo que pensé que te gustas estar en lugares como estos, ya que tu templo siempre apestaba a sangre y cuerpos en descomposición.-dijo Milo de Escorpión.

-Si, cuando yo soy el que me encargo de eso, no cuando otros hacen el trabajo por mi.-expreso Mascara de la Mortal pateando un cuerpo.

-Aun falta encontrar a Afrodita, Saga y Kannon.-dice Aioria de Leo, quien llegaba.

-Vamonos.-dijo Mascara de la Mortal

-Si quieres tu lárgate, nosotros nos quedaremos aquí.-expreso despectivo Milo.

-Husmeando entre cadáveres no creo que encuentre mucho.-y se va Mascara Mortal…

-Mu.-se oyó una voz que reflejaba dolor.

-¡ALDEBARAN!-corrieron todos…

-¿Te encuentras bien?-pregunto Milo, quien junto con Aioria levantaron al guardián de la segunda casa.

-Si, este hombre no se rinde tan fácilmente.-afirmo Aldebaran.-Aun tiene fuerzas para romper algunos cráneos.

-Tenemos que llevarte a un lugar seguro, lo más probable es que los que hicieron esto…vuelvan de nuevo, no estamos en condiciones de pelar contra ellos.-dijo Mu.

-Si, yo puedo solo gracias.-dijo Aldebaran levantándose, mostrando una vez más por que era el guardián de la casa de Tauro, una vida más, su compañero de batalla estaba con ellos, los demás no podían estar muertos, los encontrarían.

-Continuaremos buscándolos.-dijo Shaka que regresaba de inspeccionar otra parte de aquel lugar.

-Váyanse ustedes, no queremos que Aldebaran se quede sin su cena.-dijo Shura, quien se uniría a la búsqueda con Shaka.

Se llevaron a Aldebaran de ese lugar, que estaba manchando de sangre y olor a muerte.

EN OTRA PARTE

A ciento de kilómetros, se encontraba un rancho donde la cosecha las cosechas comenzarían, y la luz de la luna comenzaba iluminar aquel lugar dándole una belleza exquisita a la que tenia, en una habitación.

-¿Dónde estoy?-pregunta el caballero de Piscis envuelto en sudor, su cuerpo reflejaba los estragos de la batalla.

-Ha despertado señor.-dijo Caroline, era un mujer de cabello rojo y pecosa, quien se encontró a su lado.

-¿Dónde estoy?-preguntaba Afrodita…

-Esta en el rancho el lucero, ha tenido fiebre todos estos días, es mejor que descanse.-dijo Carolina.

-¿En un rancho? ¿Cuánto tiempo llevo en este lugar?-cuestión el hombre sintiéndose mal, era un milagro que no estuviera muerto, ella se sentó a un lado de él.

-Si señor, lleva tres semanas señor.-le dice y toca su frente para ver si ya bajo su temperatura, en esa habitación en su cabecera tenia un Cristo crucificado, unas cuantas rosas blancas en un jarrón, las paredes estaba pintadas de un color durazno, observo cada centímetro de ese lugar, el piso era de madera, sus sabanas no olían a sangre, ni a cadáver, ese olor que es capaz de volver loco a cualquiera, al contrario olían a fresco y a un perfume delicado de rosas.

-¿Cómo te llamas?-le pregunto a la joven, siempre admirado por su belleza digna de competir con la de la misma Diosa del Amor, todos la alababan y la maldecían, a demás de que nadie conocía la historia del caballero de Phycis, hace tanto no sentía otras manos sobre su piel, tan extraño sentimiento le causo.

Siempre acostumbrado a sentir que nadie era digno para poderlo tocar y esa mujer lo hacia, ¿Le reclamaría? Aun cuando esa persona no lo conocía y lo estuvo cuidando durante días, ¿Pero por qué demonios hacer algo así? Si no vas a obtener ningún beneficio para ti, nadie en esta vida hace nada sin obtener nada a cambio.

-Mi nombres es Caroline, le traeré algo de comer.-ella baja a la cocina, se queda solo con sus pensamientos.

Tardo poco tiempo en llegar la joven, que en un pequeño banco coloco la charola de comida.

-Tengo poco apetito, comeré después.-expreso Afrodita viendo a la ventana.

-Debe de hacer el esfuerzo de comer un poco, si no se repondrá.-dice Carolina acercándole un plato de caldo de pollo.

-Te he dicho que no tengo apetito, me gustaría permanecer solo.-le dice a la joven tirando el plato de caldo sobre ella que estaba caliente y arrojándole la charola también, la mujer comenzó a recoger, mientras Afrodita solamente veía el horizonte.

-Señor.-solamente expreso continuando con su labor, ella había pensado que después de tantos días en sin probar bocado, tendría mucha, pero no fue así y ese fue su error, como se le ocurría molestarlo.

-¿Era demasiada comida? Crees que soy un cerdo o que para que comiera esa cantidad.-le dice sin ningún miramiento.

-Le traeré algo de fruta cuando lo desee.-le dice la mujer con la mirada baja.

-Retírate, no tengo deseo de hablar con nadie en este momento.-le ordena, ella sale de la habitación

SANTUARIO DE HADES

En el frió y lugrube palacio de Hades, tres de los sirvientes mas protegidos de Hades se encontraban teniendo una conversación.

-Hace ya más de 15 años que la señora Perséfone ha subido a la tierra.-se murmuraba.

-No debemos decirle nada de esto a la señorita Pandora, ella no debe saber que Perséfone no se encuentra en este Santuario, pues mandaría buscar y estaríamos interfiriendo con el destino.-dice Atropo.

-Si lo estamos haciendo desde la perspectiva que nosotros encubrimos a la señora del inframundo, aun recuerdo como fue que ella llego aquí.-dice Cloto

-Ella lloraba todas las noches, añorando regresar a su amado mundo luz, con su madre y cuanto daño causo a los mortales su ausencia.-dice Atropo.

Una triste melodía de lira, se escuchaba por fuera de la alcoba del rey del inframundo, la puerta era custodiada por los poderosos espectros de Hades amo y señor de aquel lugar.

-Hades-sama por favor déjeme regresar.-suplicaba una dulce voz, una jovencita de cabello corto negro, vestida con una túnica de oro y cubierta de de collares de perlas.

-No comprendes, ¿Qué en este lugar lo tienes todo?-le pregunto, la recamara estaba llena de finas telas, zafiros, esmeraldas, los más exquisitos perfumes, ropa hermosa para la emperatriz.

-No es cierto.-le responde en voz muy baja apenas parecía un susurro.

-Orfeo tocara en la cena.-le dice el hombre.-Espero que te apetezca ir a la cena y la disfrutes.

-¡QUIERO VER A MI MADRE!-le grito y pronto se tapo la boca, sintió que por este acto será fuertemente castigada ya que nadie, le hablaba así al señor de los muertos.

-Te quedaras aquí esta bien, te disculpare con Pandora y los jueces.-abre la puerta y se marcha de esa habitación, ya había elegido a la persona que lo acompañaría toda la eternidad, como lo hechizo cuando la vio en aquel jardín, su bella voz, él ¿Se enamoro? Una mujer de largo cabello negro lo esperaba a fuera de esa habitación, se inclino a sus pies.

-Hades-sama ¿Cómo permite que le hable de esa manera?-dijo la mujer con desesperación.

-Pandora ¿Te atreves a cuestionarme por mis acciones?-se giro Hades para verla, ella sintió un fuerte temor, ella no era nadie para cuestionar a su señor, no era nada simplemente era una sirviente más que en cualquier momento podrían prescindir de ella, eso no lo soportaría Hades-sama era lo único para ella, pero para ella su mundo comenzaba y terminaba en su señor en el dios de los muertos.

-No Hades-sama-de rodillas.

Uno de los tres jueces de inframundo…se encontraba de pie mirando esa escena….la que estaba de rodillas….era la mujer que mas amaba…

-Mama…te extraño….Hades-sama me llena de lujos y me susurra palabras de amor, pero yo quiero regresar contigo, al mundo de la luz, escuchar el cantar de los pájaros, el agua correr, el fresco viento tocando mis mejillas, pero sobre todo quiero estar a tu lado mama.-dijo llorando una diosa, que en estos momentos era más débil que cualquier humano.

-El señor Hades quedo tan enamorado de ella, ese amor quedo en un segundo plano cuando iniciaron las luchas contra Atenea, se sintió sola y busco refugio en los brazos de Adonis, quien era uno de los múltiples amantes de Afrodita, ella ya con tanto tiempo pasado en el inframundo se volvió fría y seca, difícilmente lograba expresar sus sentimientos, aun a pesar de todo amaba a Adonis, Hades sabia de la existencia de este pero estaba tan absorto en querer derrotar a Atenea que el, se lo pasaba, una noche esto llego a un punto critico.-Laquésis.

La historia continua, una noche se encontraron dos dioses, en medio de las penumbras de una de las prisiones del inframudo, donde el frió calaba hasta los huesos y torturaba tu alma, toda la eternidad penarías, donde se llevaría a cabo un complot, algo para que ambos obtuvieras un buen beneficio, ya que seres tan opuestos solamente pueden estar juntos por que ambos ocupan de ellos, los dioses no son tan diferentes a los humanos, ambos posen deseos de venganza, deseos de que los amen.

-¿Para que me has llamado Perséfone?-pregunto un voz masculina, quien estaba envuelto en una elegante armadura, su cabello parecían finas hebras de plata.

-Pensé que ya tendrías una idea, pero hablemos claro no tenemos tiempo que perder.-dijo la mujer de largo cabello negro, envuelta en una túnica negra.-Se trata de Adonis.

-¿Ese por quien dos diosa están peleando por él? Es todo una noticia, después de cuando te volviste esposa de Hades.-dice Ares.- ¿Y como va contra la consentida de Zeus?

-Bueno no te sorprende y eso es bueno, sabes que tu zorra es una de esas dos diosas.-le expreso burlonamente

-Afrodita nunca andaría detrás de un humano.-le responde.-Si tiene a los dioses a sus pies.

-¿No? Y dime cuantas veces te ha visitado en este tiempo, donde quedo el fuego de la pareja mas ardiente de Olimpio, que por cierto fue más noticia que mi boda, que hizo sufrir tanto al pobre cojo de Hefestos, casi provocas el suicidio de un dios, bueno si a eso se le puede llamar un Dios, tu zorra te ha cambiando.-dice Perséfone.

-Entonces dirás nos han cambiando, no y Hades, que opinan de que su amada esposa este envuelta en esto, oh recuerdo esta tan entretenido con Atenea que ni si quiera tiene tiempo para ti.-dice el, le divertía molestar a la señora de Hades, con ningún otros dios le causaba tanto placer hacerlo.

-Yo me encargo de Adonis, tú de tu zorra….-sonríe en ese bello rostro endurecido.

-Esta bien, pero si él se mete de nuevo con ella no tendré compasión.-dijo Ares caminado hacia ella y tomándola con fuerza.

-Quien podría creer que el dios de la guerra no seria capaz de satisfacer plenamente a la diosa del amor.-dijo cínicamente.

-Pero a mi no me sorprende que prefieran a la diosa del amor, que alguien frígido como tu, por lo que veo ni calentar su cama logras.-la toma de cuello, acerca sus rostro y le muerde el labio inferior.-Frígida.

-Bastado.-le responde.

Ya eran cercas de las tres de la tarde, estaba tirado en aquella cama, con el cuerpo adolorido, pero no se animaría a hablarle a esa mujer para que lo ayudara, el que tantas veces huyo del combate y fue cobarde ante los ojos de todos, tenia su propia filosofía de la vida no es humillación baja la cabeza ante el enemigo, ni pelear hasta la muerte, puedes humillarte una vez, pero tendrás una segunda oportunidad para intentarlo, no es malo es tan con quienes tienen el poder ni en el lado del más fuerte, ¿Por qué? Los podrás utilizar para conseguir lo que quieres.

Afrodita se levanto, miro por la ventana, abajo se encontraba la mujer de hace un rato, esa niña tonta tan desagradable a su vista, acostumbrado a estar rodeado de las personas más bellas, en las fiesta de Saga quien suplantaba al patriarca, ¿El sabia que era Saga? Si, ¿Por qué le servia? Tal vez contestaría esa pregunta después.

¿No tenia orgullo? O dignidad la trato con la punta del pie y aun así no se atrevió a defenderse, estaba loca esa era su casa y lo había ayudado, pero tendría que responderle si le llegara a decir eso o quizás ¿Se enamoro de él? Jajajja Era como todos admiraban su belleza y seria capaz de utilizar eso a su conveniencia, obtuvo mucho por esa belleza comprable con la de Adonis, ¿Por qué no obtener algo de esa mocosa? Algo como diversión.