Título: Poderes y personalidades
Claim: Kaburagi Kaede, Keith Goodman
Notas: Spoilers (?.
Rating: T
Género: Friendship/Family
Tabla de retos: Abecedario
Tema: 53. Nube
Siempre pensó que Sky High era un tipo divertido, de esa clase de adultos con los que puedes bromear sin que te miren como a un tonto o te regañen, un tipo diferente de alegría a la de su padre, que era más torpe, pero no por eso menos genuina. Cuando Kaede lo conoció en persona, no le sorprendió el hecho de que sus predicciones fueran acertadas y de alguna manera se sintió orgullosa a la vez que avergonzada de algunos pósters que tenía de él en casa, mismos que habían sido doblados y guardados para que los de Barnaby ocuparan su lugar.
—¿Es divertido volar? —pregunta ella, la última tarde antes de su arribo a Oriental Town, donde su abuela seguramente está esperándola con una regañina.
—¡Claro que sí! —exclama el hombre y sus ojos se iluminan como los de un niño pequeño, al mismo tiempo que alza los brazos como si se dispusiera a despegar—. ¡¿Quieres probar? ¿Puedo, Kotetsu-san?
Los héroes están reunidos en el apartamento lleno de cajas a medio llenar de Wild Tiger, quien ha decidido quedarse a proteger la ciudad y de vez en cuando se queja de la ardua tarea que supone volver a acomodar todo en su lugar, para lo cual Antonio se ha ofrecido a ayudarle. Kotetsu asiente con la cabeza, sonrisa en los labios, como si fuera él mismo quien estuviera a punto de probar dicha habilidad, aunque en realidad su alegría proviene de ver que su hija ha podido incorporarse a su mundo, un mundo que siempre mantuvo en secreto por pura costumbre.
—¡Gracias, y de nuevo, muchas gracias! —Keith le ofrece su mano a la jovencita como si de un príncipe se tratase y Nathan no puede evitar exclamar sus celos, disimulados por una sonrisa, que parece extenderse por toda la habitación. Al parecer todos recuerdan esos primeros días, de cuando eran pequeños, la sensación de euforia al saberse poseedor de un poder único e inigualable.
Pasados unos segundos el cuerpo de Kaede brilla con tonos azulados, similares a los del vasto cielo en un día soleado y puro, anhelante de libertad. Sólo una vez antes ha probado el poder de Keith y esa misma sensación de vértigo que experimentó la primera vez se repite, dejándola soltar un grito angustiado cuando su cuerpo se eleva escasos 30 centímetros, ante la atenta mirada de todos.
—¡No tengas miedo! —exclama el hombre de nuevo, emocionado de poder transmitir un poco de su saber a otra persona, de compartir esa sensación inimaginable de adrenalina y control, el suave viento acariciando su rostro en los primeros días, ahora cubierto por una máscara—. ¡Ya sé, probemos a ir afuera! ¡Podemos dar una vuelta por el vecindario!
Kaede no sabe si podrá soportar la vista de la ciudad a sus pies, profunda como una boca de lobo. Si pierde el control podría llegar a morir, no, más bien, moriría. Y aún así nadie parece preocuparse cuando el hombre, seguido de todos los demás curiosos espectadores, que parecen tan niños pequeños como él, la lleva hacia la terraza, dispuesto a comenzar la siguiente fase del aprendizaje.
—¿Esto está bien, papá? —pregunta ella, en el borde del balcón, lo único que la separa de una muerte segura y dolorosa. Quiere que él le diga que no porque tiene un poco de miedo, porque sabe que no posee el temple del superhéroe, siempre tan animoso y despreocupado.
Por desgracia, su padre no capta su indirecta y le hace una señal con la cabeza para que vaya saliendo, pues Keith ya la espera en los aires, dando algunas vueltas y haciendo malabares dignos de un experto. La niña suspira, tendrá que hacerlo. Siente como el suelo de mosaico se despega de sus pies y el aire golpeando su rostro, al principio molesto, después dulce. Se levanta unos cuantos metros sin mirar hacia abajo, se levanta aún más como si quisiera llegar a tocar esa nube que le hace guiños en la distancia, que quiere opacar al sol en esa tarde despejada.
Keith, a su lado, hace todo tipo de observaciones, entre consejos y preguntas emocionadas, que de ninguna manera logran borrar su sonrisa de su rostro, simpre expectante al menor indicio de que todo pueda fallar. Kaede se da cuenta de esto sólo después de que dan una vuelta por el vecindario, con la atenta mirada del resto de los compañeros de su padre encima. Puede que Sky High parezca despreocupado a veces o extrañamente optimista, pero sabe que se toma en serio su trabajo y la seguridad de los ciudadanos con el sólo hecho de no perder ni un sólo centímetro de Sternbild de vista, ayudado con ese poder tan maravilloso que tiene y del cual le hará un gran relato a la abuela en cuanto llegue, preguntándole en dónde ha dejado sus pósters de Sky High.
