Capítulo beteado por: Xarito Herondale, Beta FFAD
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Persecución.
Edward Cullen, no había escuchado nunca ese nombre, ¿quién era? Tenía un extraño presentimiento, algo iba a ocurrir, no sabía decir qué pasaba, pero por mi cuerpo pasaba una sensación extraña.
Un silencio nos envolvió por completo, solo se escuchaba el pequeño ruido que producía el motor al ir subiendo la velocidad.
—Maldita sea, ¿es que no vais a decir nada? —nos preguntó Jake.
—Bueno, Jake, la verdad no sé qué decirte, no tengo ni la más mínima idea de quién es Edward Cullen —le contesté a mi amigo—. La verdad es que no creo haber oído jamás ese nombre —continué. Miré por el espejo retrovisor; sí, aún los teníamos detrás.
—Bien, no sé en qué planeta vives, pero ese hombre es uno de los más poderosos, a nivel mundial. Bella, ¿entiendes lo que significa a nivel mundial? —me contestó Jake—. Además, se le conoce por ser una bestia en los negocios, una máquina que jamás acepta perder. Con él siempre viaja otro coche, son sus guardaespaldas, Bella, ¿cómo vais a despistar a dos coches? —me preguntó Jake. Su estado de ansiedad era palpable, incluso no estando presente, como sucedía en esos momentos.
—Además los Vulturi estarán a punto de hacer su aparición; habéis perdido mucho tiempo en ese club hablando con el señor McCarty —esto lo dijo con un odio palpable en su voz, como si le hubiera molestado. Jake no conocía de nada a Emmett; veía injusto el odio con el que había dicho su nombre, Emmett no le había hecho nada, pero no era un buen momento para defender lo que me parecía justo o no.
—Joder, chucho, no nos van a coger, ni los guardaespaldas ni ese tal Cullen, y mucho menos los Vulturi. De todas maneras, tú nos estás jodiendo el maldito viaje con tus tonterías y tus celos de mierda —le dijo Rosalie. Al oír sus palabras mi nivel de ansiedad se disparó. Joder, Rosalie nunca medía sus palabras; si había una persona clara y directa en este mundo, su nombre era Rosalie Hale.
—De acuerdo, recordar preguntar por Emily una vez estéis en el aeropuerto, es importante que nadie os siga en ese momento, de lo contrario os volverán a encontrar en seguida. —Con esas palabras Jake cortó la llamada. Ne sentía un poco mal por lo que Rosalie le había dicho.
Aunque a Jake no parecía haberlo ofendido en lo más mínimo.
—Bueno, ¿cuál es el plan? —preguntó Alice.
Yo no paraba de adelantar coches, iba de carril en carril, pero el Mercedes me seguía los pasos. Me fijé en los coches de alrededor, intentando descubrir si nos seguía algún vehículo más, pero no veía ninguno sospechoso.
—Seguiremos con el mismo plan que al principio, lo único que cambia es que es probable que nos sigan dos coches más aparte de los Vulturi, así que habrá que despistarlos a ellos también —Rosalie había contestado a Alice, y me había dicho lo que teníamos que hacer de forma indirecta, pero igual de eficaz que si se hubiera dirigido a mí.
—Bella, puedes hacerlo. Vamos, enséñanos cuánto alcanza esta preciosidad, que ni siquiera puedan seguir el polvo que levante —me dijo Alice. Nos conocíamos demasiado bien, mi pequeña amiga me estaba intentando dar ánimos. No, no podía acobardarme ahora, tenía que ser fuerte, así que desvié un momento la mirada para ver los ojos de mi amiga.
—Haré todo lo posible —se lo dije a Alice mirándola a los ojos, para que pudiera ver que no había ningún punto de miedo ni temor en mis ojos.
—Bien, cuando todo esto acabe saldremos a cenar, nos emborracharemos, y yo, por mi parte, espero levantarme en la habitación de un hotel, con un hombre que no conozca y no tenga que volver a ver —dijo Rose. Bien, nuestro estado de ánimo había mejorado, o por lo menos el de Rosalie, pensé. Ya estaba hablando con Alice de a qué lugares podríamos salir a divertirnos una vez en Nueva York.
Rosalie no podía haber elegido vehículo mejor. Miré por el espejo y ahí estaba el maldito Mercedes, lo llevábamos pegado, bien. Empecé acelerar el vehículo, había alcanzado los doscientos cuarenta kilómetros por hora. Ja, a ver qué hacía ahora el Mercedes. Volví a mirar, ¡mierda!, me seguía los pasos.
Iba adelantando vehículos, cambiando de carril sin ningún tipo de sentido, pero el maldito Mercedes me alcanzaba; lo que llamó mi atención fue que él no cambiaba de carril.
Un coche negro se situó a mi lado, al incorporarse en la autopista.
— ¿Pero qué hace? —grité; Alice y Rosalie terminaron con su conversación al oír mi grito. El coche negro me estaba echando de mi carril, para que volviera al carril derecho, o cambiaba de carril o nos embestía, asegurándonos un buen accidente.
Cambié al carril derecho, ya volvía a tener al Mercedes detrás pisándome los talones, y el nuevo vehículo se puso a mi altura, no me dejaba adelantarlo, se mantenía a mi lado, se estaba asegurando de que no cambiara de carril.
— ¿Qué pasa, Bella? —me preguntó Rosalie.
—No puedo adelantarlo, ni me deja salir de este carril, y llevamos al Mercedes pegado detrás —le contesté.
—Bien, entonces ya sabemos qué coche es el que acompaña al Mercedes. —Rosalie lo había dicho con un hilo de voz, como la que se lo estaba pensando y no lo tenía del todo claro.
No podía girar la cabeza y mirar el conductor del coche negro, iba demasiado deprisa, como para perder de vista la carretera. Miré el marcador de velocidad, había subido a doscientos sesenta. ¿Qué iba a hacer? No se me ocurría nada para poder salir de esta situación. ¿Nos habían encerrado?
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por la voz de Alice.
—Hay que hacer algo, chicas —dijo Alice—. Acabamos de pasar la señal donde te indica el desvío a Seattle a la zona industrial —siguió diciendo.
—No me jodas que nos están llevando a una zona industrial a esta hora, por esas calles solo hay fabricas cerradas, es una zona peligrosa —dijo Rosalie, demostrando su miedo, estaba empezando a acobardarse, la voz le había salido entrecortada, sabía que su mente se había ido al pasado.
—Alice,¿dónde está Rosalie?
—Aro se la ha llevado, decía que iba a ser un regalo genial, no creo que tarde en llegar —me había dicho mi pequeña amiga.
Habían pasado tres horas, y todavía no sabía nada de Rosalie; nos estábamos poniendo el pijama, cuando apareció Aro.
—Qué hacéis vestidas todavía. —No era una pregunta, sino una afirmación. Su tono de voz no había subido de nivel, pero el desprecio con el que nos miraba decía más que sus labios.
— ¿Dónde está Rose, Aro? —No sé de dónde saqué el valor para hacerle esa pregunta.
Se acerco a mí, me cogió con una mano la cara y me apretó, me estaba haciendo daño, entonces el muy cínico me soltó, me había dejado sus dedos marcados, y de repente una bofetada me hizo girar la cara por completo. Los oídos me pitaban, la cara me ardía y un sabor a hierro inundó mi boca, me había partido el labio.
—Rosalie no va a venir, vuestro amiguita se ha permitido hacer unas pequeñas vacaciones, poneros el maldito pijama y a dormir.
Apreté el volante con rabia, mi cerebro había viajado al pasado sin previo aviso. Teníamos que hacer algo y mi mente empezaba a trabajar al máximo de su capacidad, faltaban seis kilómetros para llegar al desvío, hacía la zona industrial de Seattle.
—Esto es lo que vamos hacer —la voz de Alice había cambiado, no sabría encontrar en qué, pero su tono sereno y tranquilo me produjo un estado de ansiedad muy alto— voy a disparar al vehículo que no nos permite cambiar de carril, a las ruedas, tú frena de golpe, así ganaremos unos segundos en los que es de vital importancia que cambies de carril. —Alice ya estaba abriendo la ventana para disparar. Maldita sea, ¿de dónde había sacado una pistola?
—¡Espera, espera! —le grité.
—Mira, yo frenaré de golpe, y dios quiera que el tal Cullen tenga buenos reflejos y no nos embista. El coche de sus guardaespaldas no podría prevenir nuestro movimiento, así que su frenazo será tarde, tendré tiempo suficiente para cambiar de carril, no es necesario que dispares a nada ni a nadie, no quiero sumar otro delito, eso nos podría traer problemas más tarde. —Alice se había quedado pensativa, seguramente estaba estudiando las palabras que le acababa de decir.
—Bien, creo que tienes razón —terminó diciendo Alice.
—Sujetaros fuerte. Tres, dos, uno… —Frené de golpe, escuché cómo Rosalie impactaba con algo y maldecía entre susurros. Enseguida se abrió un hueco por el cual podía cambiar de carril, pero el maldito Mercedes me lo impidió. Maldito, eso había sido muy inteligente por su parte, en vez de frenar, el muy canalla, había cambiado de carril. Mo podía hacer nada, ya podía ver el desvío, el cual me vi obligada a tomar; podría detener el coche, algo que no tenía ninguna intención de hacer o estrellarme contra el Mercedes, eso no era una opción.
El Mercedes entró en mi campo visual pocos segundos después, había tomado el desvío también, aunque no había rastro del coche negro. Estábamos metidas en un buen lío; yo no conocía esta zona industrial, pero no hay que ser muy inteligente para saber que muchas calles no tendrían salida. Nos habían atrapado, era casi imposible escaparnos de esta situación.
Empecé a dar vueltas por una manzana, sin saber muy bien qué dirección tomar; si cogía un desvío correcto podría intentar llegar hasta la parte donde estaban los comercios en Seattle, pero si me equivocaba también podía terminar en un callejón sin salida.
— ¿Por qué carretera voy? No puedo seguir dando vueltas alrededor de estas fabrica todo el tiempo —les pregunté a las chicas, que hasta ahora habían estado muy calladas.
—Hazlo a suerte y que se lo que dios quiera —me dijo Alice—. Rosalie está en estado de shock. —Busqué a Rosalie por el espejo retrovisor, mi amiga estaba pálida, le temblaban los labios, estaba aterrada—. Tranquila Rose, nadie te tocara, te lo juro —sentenció Alice.
Entré por la carretera que tenía a mano derecha, se podía apreciar una carretera recta y bastante larga; bien, eso tenía que ser bueno, a lo mejor nos llevaba hasta el centro de Seattle. Mis esperanzas cayeron al suelo cuando vi que al final de la carretera había una empresa de transporte. Genial, nunca jamás había tenido suerte, ¿qué fue lo que me hizo pensar que en esta ocasión sería diferente? Tonta, Bella, tonta, me dije para mí misma.
Al mirar por el retrovisor todo mi cuerpo se irguió, el Mercedes nos seguía de cerca, nos había cazado.
Frené de golpe, utilizando también el freno de mano, el coche se puso en dirección horizontal, maniobré y puse el coche recto para intentar escapar por donde habíamos venido, pero el Mercedes ya se había situado delante de nosotras y nos cerraba el paso.
Escuché cómo el motor del Mercedes se apagaba, segundos más tarde la puerta del copiloto se habría. Del interior salió un hombre muy elegante, tenía el cabello del color del oro y su cara era de sorpresa; no, de sorpresa no, juraría que era una cara de alivio. Sus ojos eran de un marrón oscuro, sus facciones eran finas, era un hombre bastante guapo, aunque no era mi tipo.
—Me casaré con él —dijo Alice de repente. ¡¿Qué?! Bien, ahora ya empezaba a ser consciente de la gravedad de la situación. Alice se había vuelto loca, sí, eso había pasado, no sé decir cuándo sucedió, pero mi amiga se había vuelto loca de remate.
El hombre avanzaba en nuestra dirección, y su cara fue cambiando a medida que se acercaba. Sí, estaba cabreado, su cabreo era palpable; si lo mirabas con atención podías ver cómo caminaba cerrando los puños, eso no era una buena señal, aunque era completamente compresible, seguro debía ser el propietario del coche que habíamos robado, lo que no me esperaba era la jugada de Alice.
Alice abrió la puerta del coche y salió al encuentro de ese hombre.
—Espera —intenté decirle para retenerla, pero ya era oficial, estaba completa mente loca; ya había salido del coche y se había expuesto a la vista de todos, con su vestido y esos taconazos de cristal que llevaba. Era una situación surrealista, se veía tan pequeña ahí a la vista de todos, tan indefensa. Mi mente se fue a minutos atrás y recordé que había mencionado una pistola. Bien, de indefensa nada, Bella, me dije a mi misma.
La cara del hombre cambió completamente cuando vio a mi impulsiva amiga, la expresión de cabreo que mostraba su cara instantes atrás había sido sustituida, sus ojos no paraban de mirarla de arriba abajo, de abajo arriba, la estaba devorando con los ojos.
—Llevo mucho tiempo esperándote —le soltó Alice mientas el hombre se dirigía hacia ella. Madre mía, loca no, lo siguiente pensé.
— ¿Qué coño hace? —me preguntó Rosalie, yo me limité a encogerme de hombres, pero en mi cabeza se formulaba la misma pregunta que me había hecho Rose: ¿qué estaba haciendo?
—Lo lamento mucho, señorita —le contestó el hombre rubio a mi amiga. Vale, eso sí que no me lo esperaba… ¿Qué?, ¿le estaba besando la mano? Por el amor de dios, ¿en qué mundo de locos vivimos?
—Mi nombre es Alice Brandon —le dijo Alice—, y ellas son… —Estaba a punto de terminar la frase cuando una muy cabreada Rosalie salió del coche dando un portazo que me hizo dar un brinco en mi sitio.
—Cállate, no le digas nuestros nombres —le dijo Rosalie—. ¿Qué va mal contigo, Alice? ¡¿Es que te has vuelto completamente loca?! Ya tenemos suficientes problemas para que tú nos sumes más. Maldita sea, aléjate de él, podría hacerte daño, es que tú nunca piensas con la cabeza —continuó Rosalie. Tenía miedo, es más, juraría que mucho miedo, pero así era ella, si algo le daba miedo, en vez de esconderse como haría yo, ella sacaba las uñas y atacaba, así era Rosalie,y yo por eso la admiraba.
—Oh, vamos, Rose, podemos confiar en él —le contestó Alice.
— ¿Te has vuelto loca de remate? Pero si no lo conocemos —le respondió Rosalie que estaba empezando a subir el volumen de su voz.
—Si digo que podemos confiar en él, es que podemos, Rose.
— ¿Cómo lo sabes? —la desafió Rosalie.
—Porque lo sé y punto —le dijo Alice sacándole la lengua a la rubia. Yo, por mi parte, puse los ojos en blanco, Alice a veces podía ser muy infantil e irritante si se lo proponía.
—No le voy hacer daño a la señorita —dijo de repente el hombre. Su acento era del sur, ¿de dónde sería? Y sus modales eran excelentes, parecía todo un caballero, pero claro, nosotras ya habíamos vivido muchas desgraciadas como para que con dos frases nos pudieran engañar. ¿Qué pretendía? Le acabábamos de robar, él era el hombre que había descrito Rosalie, así que tenía que ser el dueño del Porsche.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por la voz del hombre.
—Mi nombre es Jasper Whitlock, no os voy hacer daño, solo quiero recuperar lo que es mío —terminó de decir el hombre.
De repente la puerta del conductor del Mercedes se abrió y un hombre alto salió del… Espera, ¿eso era un hombre? Yo más bien lo definiría como un dios griego, madre mía.
Sus andares eran completamente seguros y elegantes, con una mezcla de agresividad. Levanté la mirada poco a poco; iba vestido con un traje negro, camisa negra y una corbata gris, su cuerpo era delgado, aunque se podía ver que también era musculoso, no tanto como Emmett, que parecía un levantador de pesas.
Seguí subiendo la mirada, su mandíbula era cuadrada varonil, su nariz era perfecta, me recordaba a la de Rosalie, y sus ojos eran todo un espectáculo, de un color verde intenso, parecían las piedras de jade. Jamás había visto unos ojos como los de ese hombre, su mirada era muy intensa, su cabello era algo extraño, de un color castaño claro, su peinado… mm, bueno, lo cierto es que parecía que no se hubiera peinado. Su presencia transmitía respeto y poder, daba la sensación que era la clase de persona que no te gustaría tenerla como enemiga.
Se colocó a la altura de su amigo, sus facciones eran completamente masculinas, y por cómo apretaba la mandíbula apostaba que estaba bastante enfadado.
— ¿Vuestro amigo no va a dar la cara? —preguntó el hombre que acababa de llegar. Mi cara se puso de un color rojo púrpura, sus ojos estaban fijos en el Porsche, estaba esperando que saliera.
Bajé la mirada avergonzada por como lo había mirado y di gracias a dios de que donde había situado el Porsche no había ningún tipo de iluminación, así que no podía verme, y mucho menos darse cuenta de que lo había devorado con la mirada como instantes atrás había hecho su amigo con Alice. La única diferencia había sido que, mientras yo podía verlos a ellos perfectamente gracias a las farolas que a esta hora ya estaban encendidas iluminando parte de la calzada, ellos no podían ver nada del interior del vehículo donde yo me encontraba.
Estaba a punto de salir cuando un Jeep entró en mi campo visual. ¿De dónde había salido ese coche? ¿Vendría con ellos también? A lo mejor se había equivocado y se disponía dar media vuelta. Sí, tendría que ser eso, yo no lo había visto por la autopista y un coche tan grande como ese no me hubiera pasado desapercibido, llamaba demasiado la atención como para no haberlo visto.
— ¿Es que no vas a salir nunca de ahí? Te advierto que no soy un hombre paciente. —Esta vez el hombre no se había dirigido a mis amigas, sino a mí.
Su amenaza junto con el tono que empleó me puso la piel de gallina, y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Apagué el motor que hasta ahora había permanecido encendido.
El Jeep se detuvo a nuestra altura, y me quedé helada cuando vi el hombre que salía de él. No podía ser cierto, era imposible, Emmett miraba a Alice fijamente, en sus ojos podías ver que no se esperaba para nada verla allí.
— ¿Qué ocurre aquí, Alice? ¿Vosotras robasteis el coche de Jasper?, ¿por qué? —Emmett formulaba las preguntas una detrás de la otra, sin dar opción a Alice que le respondiera—. Yo os habría llevado a donde sea que necesitarais ir —continuó diciendo Emmett. El pobre no se había percatado de la presencia de Rosalie y cuando la miró la devoró con los ojos, su descaro rozaba la mala educación, pero a Rosalie no pareció importarle, todo lo contrario, parecía encantada.
Emmett frunció el ceño, miró el coche y sus carcajadas empezaron a resonar por todo el lugar.
—Nunca pensé que nadie se atrevería a robar a Jasper —dijo entre risas—. Jasper me llamó para decirme dónde estaba y lo que ocurría, aseguraba que había sido obra de un profesional, que por la rapidez con la que conseguisteis robarle, la manera de conducir, incluso tuvo que pedir refuerzos a Edward.
Emmett no para de reír y una sensación de alivio recorrió mi cuerpo. Emmett no era un mal hombre, no lo conocía mucho, pero lo poco que pude hablar con él me demostró que era un hombre bueno, una buena persona, él no iba a permitir que sus dos amigos nos hicieran nada, me sentía un poco más segura con su presencia, pero aún seguía preocupada, teníamos que llegar al aeropuerto, aún había gente detrás de nosotras y no con las mejores intenciones.
— ¿Dónde está Bella? —le preguntó Emmett a Alice; ahora parecía un poco más serio, como si estuviera preocupado por no verme allí, recordé que él no podía verme dentro del coche y vi la oportunidad perfecta para salir del maldito vehículo.
Abrí la puerta, todo se quedó en silencio, yo no quería mirar al hombre de ojos verdes, me ponía nerviosa. Al salir al exterior me percaté de la temperatura que hacía fuera, dentro del coche la temperatura era agradable, mientras que fuera hacía un tremendo frío, y claro, la ropa que llevaba no ayudaba mucho. Empecé a caminar en la dirección donde se encontraban mis dos amigas, las cuales estaban completamente en silencio, levanté la mirada para hacer frente a todos, y unos brazos enormes me rodearon levantándome del suelo varios centímetros, era Emmett y me estaba abrazando, no supe por qué lo hice, pero le devolví el abrazo y empecé a sollozar contra su pecho como una niña pequeña. ¿Qué me estaba pasando? Yo no solía llorar con facilidad.
Ver la preocupación de Emmett por mí, que apenas me conocía, la presión que aguanté durante todo el maldito día, que parecía que nunca iba a acabar… Habían pasado demasiadas cosas en un período de tiempo demasiado corto para mí.
—Tranquila, Bella, nadie os hará daño, cálmate, sé lo que está pasando y te juro que no voy a permitir que se acerquen a vosotras, esos hijos de puta, me deben muchas cosas, nadie os tocará —me decía Emmett; yo no era capaz de levantar la cabeza de su pecho, y, maldita sea, le estaba poniendo la camisa perdida, pero a él no parecía importarle.
— ¿Qué sabes tú? —preguntó Alice. Jamás había oído ese tono de Alice, su voz era clara y fuerte.
—Cálmate, Alice, te lo explicaré todo, aunque creo que también merezco una explicación por vuestra parte, ¿no crees? —la desafió Emmett—. Vinieron a buscaros al club, creerme cuando te digo que lo destrozaron todo, juraban que os encontrabais ahí, yo salí en vuestra búsqueda cuando las circunstancias me lo permitieron, entonces recibí la llamada de Jasper explicándome lo que le había sucedido, y al ver que no os podría encontrar ni tenía manera de localizaros, vine al encuentro de mi amigo —terminó de explicarnos Emmett.
— ¿Por qué tendrías que ayudarnos? No nos conoces de nada. —Alice volvía al ataque, pero sus palabras eran tan ciertas, ¿por qué nos iba a ayudar?
La voz de Rosalie y el sonido que escuché detrás me hicieron entrar en un estado de terror, se me nubló la vista, los oídos me pitaban y lo último que alcancé a escuchar fue la voz de mi amiga.
—Suelta a Isabella o te vuelo la cabeza.
Sí había sido la voz de Rosalie, pero mucho más seria que de costumbre, aunque yo la escuché muy lejana… Perdí completamente el conocimiento.
