San valentín.

Desde aquel "accidente" como le gusta llamarle Eren a lo que sucedió con Levi... ya ha pasado algo así como un mes y unos cuantos días. Sin embargo, para su terrible desgracia y agónica suerte, no ha evitado del todo uno que otro pequeño "accidente" más.

No, no ha vuelto a tocar a "satanás" de una manera inapropiada como aquella vez pero... uno que otro beso, permitirlo entre sus brazos, saborear su boca por lo que le parecen horas y quizás lo son...

Quizás eso sí lo permite suavemente.

–Mi vida está acabada...–se dijo Eren al pensar en los sucesos pasados, cayendo dramáticamente de rodillas al suelo. Cuyo golpe se evitó un poco en sus rodillas porque había decidido mandarse la escena dramática en la increíblemente cómoda alfombra nueva.

Ya bastante daño le hacía Levi psicológicamente, no dejaría que lo arruinara de forma física también.

–No puedo...–

Sí, no podía seguir con ello, pero lo hacía. Hay días en que se engaña a sí mismo por horas, pensando que los húmedos y deliciosos besos de aquel adolescente no eran nada grave, que un par de besos no lo condenaban y que sólo se los estaba ofreciendo a ese malvado niño para que no planeara algo peor mientras se distraía.

Sin embargo, a pesar de que sólo besaba al chico y nada más mientras lo mantenía entre sus brazos... cada vez le costaba más no ponerse duro al rodear esa deliciosa y estrecha cadera mientras le besa el cuello y devora esos rojizos y carnosos labios.

Y bueno; Levi también se ponía duro. Antes de que los besos pasarán a mayores, Eren se levantaba aunque Levi jugara miles de jugarretas contra su mente e intentara tentarlo como sólo un malvado adolescente de trece años como él podía hacerlo.

Sin embargo, todo aquello pasaba a segundo plano cuando pensaba en qué día era hoy.

Sí, el día de hoy era uno que presagiaba su muerte. Más cuando vio a ese chico prepararse "secretamente" -en realidad lo hacía frente a sus narices- para aquella festividad. Llevaba una semana haciendo recortes extraños de colores con gamas similares al rojo.

Color rosado, color vino, color piel y muchos recortes rojos también. Era claro que ese hijo de Satán se estaba preparando para San Valentín.

Eren tenía imágenes mentales horribles sobre las cosas que podría hacer ese chico. Quizás esparramar espeso y delicioso chocolate con leche que le gusta mucho sobre todo su pequeño y delicado cuerpo. Quizás, llenar la cama de pétalos como si de una noche de bodas se tratara. Quizás, tenía miles de cosas que regalarle que lo harían sentir mal -lo más probable- y terminaría "compensando" el esfuerzo del muchacho.

Pero aún tenía miedo de la "recompensa " que el chico le pediría. Ya que ahora aquellos besos que tanto le rogaban hace un tiempo eran pan de cada día. Y sin embargo... es una línea importante que Eren no podía cruzar.

Por eso estaba allí, arrodillado de una manera que merecía un Óscar incluso mucho más que la actuación de Leonardo DCaprio. Sasha le miraba desde arriba, estaban en la parte trasera del campus. Mikasa se acababa de ir, asintiendo a la propuesta de Eren siempre y cuando fueran con esos fines tan "éticos" que aquel castaño declaró y que sin embargo, no dio mayores detalles de ellos.

Además, sabía que Sasha no la engañaría. Ninguna persona en su sano juicio le sería infiel a un Ackerman de la familia de Mikasa.

La castaña suspiró y miró hacia ambos lados con algo de duda de cómo decirle sutilmente que "no" a Eren. Son amigos y todo, podría fingir con facilidad que no le gustan los duraznos pero...

–Verás, Eren...–

–Por favor...–se tiró al suelo, echando toda la parte superior de su cuerpo de manera agónica sobre el frío concreto.

Eren debió ser actor.

La muchacha miró a ambos lados, aún más nerviosa, se le estaba haciendo realmente difícil decirle que no a Eren. La chica terminó por suspirar, poniendo sus manos en su cadera.

–No puedo, Eren...–

–¡Mikasa dijo que estaba bien!–gritó casi histérico. –Sólo fingiremos.–

La muchacha miró a ambos lados con un sigilo de detective. Se llevó una mano a la cabeza y se agachó hasta Eren. –Eren... todas las chicas a quienes has invitado a salir te han dicho que no... ¿Verdad?–

–Sé que no soy tan guapo, pero últimamente hasta me tienen miedo... ¿Tan horroroso, soy?–

–Eren, eres guapo. Y eso es mucho considerando mi elevada tendencia homosexual. Pero he de decirte que jamás convencerás a esas chicas.–

–¿Eh? ¿Todas en mi sección tienen novio? ¿Es en serio?–

–No, tampoco es eso, tonto.–suspiró.–¿Recuerdas ese día en que te llamó el decano?–

–Algo así...–mencionó dudando.

–Después de eso nadie te aceptó... ¿Verdad? Y las posibles citas se corrieron...–

–¿A qué quieres llegar?–abrió los ojos levantándose junto a la chica.

–Unos hombres extraños entraron al salón cuando fuiste llamado a rectoría.–comentó recordando el evento.–Mikasa también fue llamada... el punto es que... se le advirtió a cada chica y chico que nadie, NADIE podía salir con Eren Yeager.–

–¿¡Qué...!?–gritó de forma escandalosa.

–Y también amenazaron que quien te contara el por qué moriría.–

–¡QUÉ!–

–Shhhhh, no tan alto idioma. Por esta información me debes dos salidas al colosal con "todo lo que puedas comer"–

–Dios santo.–confesó con horror.

–Iría contigo, la verdad, no les tengo tanto miedo pero… Mikasa tampoco sabe. Creo que ella conoce a parte de "los extraños hombres". No te puedo acompañar por el simple hecho de que eso significaría que podría arriesgar a que Mikasa tenga un problema con ello...–

–Yo...–susurró Eren.–Tienes razón.–Agachó la cabeza, mientras suspiraba de manera pesada.

–Vamos Eren, un san Valentín sin parejas no te va a matar ¿No?–

Eren rió desanimado, asintiéndole a la muchacha. Su vida estaba acabada.

Eran las ocho y media cuando Eren llegó a su casa. Fue un poco más tarde de lo normal porque unos cuantos amigos -también solterones- decidieron invitarlo a tomar unas cuantas copas. Después de mucha, mucha insistencia... Eren terminó por aceptar una lata, pero no más que eso. Tenía que volver con Levi en sus cabales.

Y volvió con Levi... y tomó solo una lata.

Sin embargo, esa lata parecía que había sido hecha por el diablo. ¿Cuántos grados de alcohol tenía? Nada bueno podía salir de eso. Maldito pony... si el pobre tipo se hubiera conseguido una "potranca" para ese día, nada malo hubiera sucedido.

Miró sus llaves con pesar cuando entró a la casa de Levi. Iba a gritar que había llegado, pero antes de que pudiera hacerlo, Levi le abrazó al entrar, aferrado a su abdomen por lo bajo que era.

–¿L...Levi?–

–Feliz san Valentín, Eren. Estaba seguro que vendrías...–

–¿Cómo estabas tan seguro? si solo iba a venir si no tenía nov...–

Los ojos de Eren se abrieron recordando "Mikasa tampoco sabe. Creo que ella conoce a parte de los extraños hombres."

Mikasa los conoce... o sea, están relacionados con su familia. Levi es parte de ella... Levi tiene un extraño sujeto que "vela" entre comillas de él... y ese sujeto es un extraño hombre sacado de la mafia que atendía todos los caprichos de ese niño.

La comprensión llegó a él más potente que cualquier orgasmo que haya llegado a tener en su vida. Levi fue quien lo hizo todo.

Él era la mente maestra y malvada en la historia y el la pobre víctima.

–Feliz san Valentín...–comentó Levi con un pequeño sonrojo, mirando hacia otro lado.

–Sí... feliz...–trató de sentenciar con la voz muerta, pasando de Levi y buscando auxilio en el cómodo sillón que se abría ante el con su esponjosa contextura.

–Eren... yo...–el mayor alzó la vista, apretando las cejas con algo de nerviosismo.

¿Acaso sería el alcohol?

Tragó grueso al mirar al menor. No... no estaba vestido de nada provocativo aquel día... sin embargo, usaba aquello a lo que Eren era débil y que quizás el menor ya se había dado cuenta de lo que era.

La ternura.

Levi sonrojado con sus deditos jugando entre sí mientras trata de decir una oración cursi que quizás ha practicado por horas frente al espejo era algo que simplemente calaba hondo en el mayor sin poder evitarlo.

El modo que abría suavemente su boca sin alcanzar a decir nada, mojando sus pequeños e indecentes labios con la saliva que se junta en vano tratando de hablar. Su pecho subiendo y bajando cada vez más agitado. Sus pequeños pero filosos ojos observándole desde abajo mientras desviaba la mirada hacia el piso y a sus ojos intermitentemente...

Era una combinación que rayaba en lo obsceno. El cómo una figura tan mal hablada y diabólica que hace todo para salirse con la suya pudiera llegar a ser tan devastadoramente tierno. Era obsceno el cómo… un niño de tan sólo trece años podía calentarlo de esa manera,

Eren deseó que ese chico quisiera besarlo en ese mismo instante. Quería que se subiera entre sus piernas de manera inocente, anhelaba ver su erección dura comprimirse bajo el peso de esas redondas nalgas.

Como deseaba entrar en su ano...

–No...–se maldijo con rabia, se estaba pudriendo. Ese niño lo estaba pudriendo.

El pálido muchachito se dio valor, yendo hasta la mesa y sacando una cajita torpemente envuelta. Levi podría ser talentoso en muchas cosas... pero sus dotes artísticos dejaban que desear.

Estiró sus manos mientras Yeager alzaba una ceja, y volvía a fruncirlas. Tendría que comer algo preparado por Levi... ahora el besarlo y dejar los dulces de lado era algo que realmente lo tentaba. Al menos con los besos solo podría quedar preso por pedofilia, pero si comía esos dulces quizás ni siquiera podría contarlo.

El mayor apretó el ceño, recibiendo con duda la cajita. La abrió encontrando varios dibujos de lo que suponía eran él y Levi. No podía distinguirlo del todo... cuando él tenía seis años ya dibujaba mejor que los intentos de ese adolescente.

Aún así sonrió, sintiendo una cálida sensación en el estómago producto de la ternura.

–¿Puedo... sentarme en tus piernas y dártelos en la boca?–

–¿Eh...?–el mayor abrió los ojos.–¿De qué tipo de novela romántica has sacado eso?–

–¡Sólo quiero hacer eso y ya, imbécil!–respondió apretando esas finas cejas junto a sus labios fruncidos.

El universitario suspiró, mientras otra vez ese regocijante calor empezaba a acumularse en su cuerpo. Era tan extraño como Levi cambiaba cuando de esas cosas se trataba… o quizás siempre es así y sólo aparenta verse más adulto para ser…

Amado.

–Bien…–susurró mientras levantaba las manos y le dejaba un espacio en sus piernas al menor, pero para que éste se sentara sobre estas, no entremedio.

Eren quería evitar cualquier peligro, más con ese alcohol aún confundiendo su mente.

El muchacho asintió mientras iba despacito hasta el regazo del mayor. Se sentó suavemente, mientras miraba a ese universitario algo molesto, porque incluso en sus piernas no podía igualar del todo sus alturas o superarlo, que debería ser lo normal.

Aquel Ackerman suspiró, cerrando los ojos y apretando la cajita de chocolates entre sus manos. Estaba nervioso, estúpidamente nervioso. Tomó uno tratando de mantener la serenidad, pero el simple roce de su hombro en el cuerpo del mayor… su fragancia…

Sentir su cálido aliento tan cerca y una de sus manos en su cintura… deseaba tanto pertenecerle y que Eren aceptara… pero unos simples años se lo impiden.

Si él fuera un poco más grande… él podría ser completamente amado por Eren. Frunció sus cejas, con el rostro suavemente rojo. Miró a Eren con chocolate en mano, mientras llevaba el caramelo de forma extraña a la boca del mayor.

Eren abrió los labios sutilmente, tomando en su boca el chocolate, dudando de su sabor. Un pequeño escalofrió lo recorrió al dar la primera probada… era increíblemente…

Bueno.

Tanto que asustaba al pobre castaño.

Tomó el dulce con más confianza, lamiendo y dando pequeñas mordidas. Los dedos de Levi temblaban cada vez que la mojada lengua pasaba por sus dedos, sacándole suaves suspiros.

El muchacho apartó sus manos con vergüenza, con el chocolate aún a medio comer, manchándose parte de las mejillas y el labio sin querer mientras escurría un poco de chocolate de sus manos.

El universitario le miró, sintiendo una extraña ansiedad devorarle. Ese niño… Levi… lucía increíblemente apetitoso.

Quería lamerlo.

Comerlo.

Un par de besos no estaban prohibidos, o al menos los había permitido hasta ahora. ¿Así que por qué no podía probar un poco de ese indecente pecado?

Un poco de alcohol doblegó su moral… y su deseo hizo el resto.

Eren lamió sutilmente la mejilla y el contorno del labio del pequeño, mientras sentía como éste empezaba a suspirar con fuerza emitiendo jadeos cada vez más fuertes y prolongados. Eren sintió como se perdía, exhorto en la deliciosa imagen, en el cómo quería escuchar más de esos bellos jadeitos en su oreja. Su mano se deslizó por la fina cadera llegando al borde de la camisa del pequeño, subiéndola suavemente.

–E-Eren…–susurró bajito, con los ojos entrecerrados mientras los dedos contorneaban su piel expuesta.

–Levi…–susurró. –¿Por qué…? Porque demonios te encuentro tan…-gruñó, mientras sus dedos llegaron a las duras tetillas del menor, quien se erizó por lo increíblemente sensibles que estaban por las caricias. –Están tan duras Levi. Mira… cuando te las toco cierras tus piernas… te sonrojas… me tientas… me vuelves loco. –susurró ido por el placer y el deseo, frotando con el pulgar el sensible pedacito de carne rozado.

-Cá-cállate…-se removió el menor, de lado a lado mientras sentía como comenzaba a dolerle allí abajo. Por cada apretón o roce sentía suaves tirones en su pene.

Comenzaba a palpitar, a arder. Incluso su ano empezaba a contraerse, buscando atención que jamás nadie le ha dado.–P-Por favor…–gruñó el pequeño. –Házmelo, ma-maldita sea…–pidió mientras trataba de sacar las manos de sus abusados pezones.

Eren abrió suavemente sus ojos, nublados en deseo, al sentir como el pequeño llevaba a duras penas mientras se contraía y temblaba su mano hasta su entrepierna. Eren abrió los ojos, totalmente consternado cuando el pequeño comenzó a abrir sus piernas suavemente mientras jadeaba y gemía acalorado.

–Levi…–susurró Eren, con su mano sobre el pequeño bulto en los pantalones del menor.

El mayor pasó el dedo sobre éste, sintiendo como el menor doblaba y arqueaba su cuerpo sólo con un delicado toque. La prenda del menor estaba mojándose, el castaño incluso delineó con su dedo índice la parte que comenzaba a mojarse. Era una escena extremadamente obscena.

Eren sintió como su pene empezaba a latir con más fuerza. Endureciéndose de forma dolorosa en sus pantalones cuando tiró el cierre del pantalón del menor y bajando la prenda hasta sus rodillas, mostrando unos pequeños calzoncillos de color plomo y tirantes negros.

–Estás empapado… y sólo he tocado tus tetillas…–comentó Eren, mientras mordía el cuello del menor y metía con delicadeza su mano entre los húmedos calzoncillos.

–N-no mires… b-bastardo… tú…–gruñó, haciendo un pequeño e inútil forcejeo.

–¿No mires…?–susurró Eren, mientras sus ojos se entrecerraban en deseo y anhelo cuando empezó a mover su mano sobre la erección del menor quien empezaba a retorcerse y a jadear sobre su cuerpo. –Tú me quieres mostrar esto… tú me quieres tentar a esto…–comentó con la voz ida, cargada en un suave y pequeño sufrimiento.

Eren no podía más.

Toda cordura iba abandonando su cuerpo.

–E-Eren…–gruñó el pequeño, mientras tímidamente volvía a abrir las piernas tirándose un poco para atrás para dejar más accesible la zona.

Eren deslizó los húmedos calzoncillos hasta las rodillas del menor, junto a sus pantalones, admirando el pequeño miembro erguido debajo suyo, esas piernas temblando, la piel tan blanca enrojecida en ciertas partes. Pudo verlo todo. El rostro jadeando del menor y la esperma cayendo de su erguido miembro. Eren comenzó a empujar suavemente las caderas sobre el trasero descubierto del mayor, sintiendo como el roce comenzaba a enloquecerlo.

Levantó un poco al niño, mientras liberaba su dura erección. El niño miró hacia abajo, jadeando al sentir su piel rozar contra algo caliente que empezaba a empujar entre sus nalgas mientras era masturbado sin tregua, no podía hablar, las palabras salían entrecortados de sus labios que el menor comenzó nuevamente a lamer y besar insistentemente creando más húmedos y morbosos sonidos.

Eren quería devorar a ese niño… quería meterlo en ese pequeño y arrugado orificio.

–Levi…–susurró Eren al oído del menor, separando sus labios de esa húmeda y rojiza boca que respiraba agitada y enloquecida. –No tengo regalo para San Valentín…–susurró en su oído, mientras volvía a comprimir el miembro del menor en su mano, arrancándole un fuerte jadeo. –¿Qué puedo darte…?–

El muchacho bajó la vista, entrecerrando los ojos suavemente lagrimosos ante el placer. Miró a Eren aún con los ojos entrecerrados, llevando su pequeña manito más abajo que donde comenzaban sus testículos ignorando el perineo. Abrió un poquitito más sus pierna de lo ya abiertas que estaban, mientras la esperma se deslizaba de manera obscena por la entrada arrugada y rosada que se exponía ante el mayor. El pequeño tocó allí con sus deditos, de forma indecisa, mientras trataba de separar un poco su apertura y enseñárselo con más claridad al universitario.

–Allí…–susurró…–Te quiero allí…–gruñó, mientras abría un poco más con su dedo que se humedecía, insertándose con suavidad ese pequeño dedo y temblando al contacto. –Mnnn… yo…–

–Levi…–susurró mientras acariciaba una vez más el miembro de aquel adolecente, empapando su dedo índice y corazón con la espesa sustancia que empezaba a salir de los genitales del más pequeño.

Eren dio pequeñas mordidas en el cuello del menor, mientras bajaba y acariciaba los testículos deteniéndose a frotar el perineo, sintiendo los pequeño jadeitos del menor quien entrecerraba de vez en cuando las piernas.

–¿Aquí…?–respondió por fin el universitario, tocando la entrada al elástico esfínter del menor.

El chico se arqueó y gimió doloroso cuando sintió el dedo lubricado entrar en él. Aferró con fuerza la ropa de la camisa del mayor que estaba a su alcance mientras abría la boca de manera obscena y aspiraba y exhalaba tratando de calmarse.

–¿Duele…?–

–N-no…–gruñó bajito.

–Levi…–susurró preocupado.

–¡Que no! –casi gritó, molesto.

Eren entrecerró los ojos, asintiendo mientras volvía a acariciar la zona entre el ano y los testículos del más bajo mientras hundía el dedo en esas estrechas y húmedas paredes. Le encantaba el sonido pecaminoso de succión que comenzaba a resonar suavemente mientras más movía su dedo para dentro y para afuera.

El pequeño de trece años no podía dejar de jadear y gemir, mientras levantaba las caderas cada vez que el dedo recorría su anillado agujero, indicándole a Eren que era correcto meter otro.

Eren obedeció, mientras se acercaba a los labios del menor, lamiéndolos y besándolos, suprimiendo nuevamente el gemido doloroso que el pequeño seguramente emitiría cuando el segundo dedo entró en él.

Estaba tan apretado… ese chico no se tocaba muy a menudo allí. Costaba mucho deslizar sus dedos, incluso gritaba sonoramente temblando en su cuerpo cuando empezó a entreabrir sus dedos en su agujero.

Virgen.

–Levi yo…–susurró en su oreja, mientras empezaba a frotar su erección en la nívea piel del menor.

La virginidad debería darse…

–Te voy a…–continuó suavemente, sintiendo como el menos se apretaba alrededor de sus dedos.

A quien realmente se ama.

–Eren…–gimió profundo el menor, al sentir un tercer dedo dentro suyo. El pequeño abrió los ojos con fuerza y su boquita se abría mientras comenzaba a removerse de forma dolorosa.

Sin embargo, poco después suprimió sus jadeos y pequeños gritos. Apretando con fuerza sus labios en sus dientes. Eren repasó nuevamente en el menor. Abrió los ojos comprendiendo lo que hacía. Aquello… lo que estaba a punto de hacer… apoyando la punta de su erección en el cuerpo de ese adolecente…

No a un simple momento de placer.

–Levi…–susurró, riéndose un poco con la voz suavemente rota, mientras la garganta comenzaba a dolerle.

El muchacho abrió los ojos y jadeó, sintiendo como los dedos abandonaron su interior para luego sentir un suave beso en su nuca. Eren se odio, realmente se odio. Estuvo tan cerca de quitarle a ese pequeño algo que no se podría recuperar nunca en la vida.

–¿E-Eren..? ¿Qu-é…?–apenas murmuró.

Eren le sonrió, mientras lo tomaba delicadamente entre sus manos y lo depositaba sobre el sillón, sacándose su chaleco y cubriéndolo con él, incapaz de enfrentarlo directamente.

–Perdón Levi… esto… no puede seguir. No así, no de esta manera…–susurró, tratando de conservar la calma. –No negaré lo que ha pasado… ya no lo haré. –se explicó con suavidad, desviando su mirada hacia el suelo. –Pero tú y yo sabemos que a esto no se le puede llamar amor, Levi. Personas que no se aman como nosotros… no pueden hacer esto sólo por placer…–concluyó, sintiendo el ardor de sus palabras.

El pequeño abrió sus aún entrecerrados ojos, confundido. –E-Eren yo…–susurró el pequeño, con una voz extraña quizás producto de lo que vivió su cuerpo. –¿Po-Por qué vienes co-con esa mierda ahora? Yo sí te quiero… yo quiero pasar mi vida… con-…–

–¿Quién sabe Levi…?–susurró el mayor elevando la voz, impidiendo que el pequeño prosiguiera. –Aún así… no es el momento para que ninguno de nosotros dos lo pueda decidir. –

Eren bajó la cabeza, volteándose y avanzando. Sintió como el niño empezaba a llamarlo cada vez más fuerte por cada paso que daba… pero no volteó, no podía permitírselo.

...Limpieza (눈‸눈) Limpieza…

Eren llegó a esa habitación en la que dormía a veces cuando se quedaba en esa casa, estaba a oscuras. Sintió como los ojos se le humedecían en frustración. Estuvo a punto de tomar la primera vez de Levi… estuvo a punto de quitarle algo realmente preciado… y ni siquiera sabía lo que sentía por ese niño ni tampoco podía asegurar que los sentimientos del menor no fueran un capricho.

¿Entonces por qué no quiso verlo? ¿Por qué sintió que no podría aguantar el rostro que ese pequeño muchacho podría tener?

Prendió con suavidad la luz, encontrándose con un escenario que no esperó del todo. Porque Levi jamás fue talentoso en aquellas cosas… pero aún así Eren no pudo evitar pensar que aquello… lo que un simple chico malvado y promiscuo de trece años había hecho, era lo más hermoso que ha recibido en toda su vida.

Su pieza estaba decorada con miles de dibujos, notas y fotografías de ambos. Planes a futuros dignos de telenovelas… y corazones algo deformes.

"Nos casaremos" "No te enamores de alguien más" "Eres MI idiota" "¡Deja de tratarme como un puto niño!" "Algún día espero… que mi beso de buenas noches sea en la boca… y junto a ti a mi lado" "Feliz San Valentín…"

"Te quiero Idiota…"

"Te quiero imbécil…"

"Te quiero estúpido…"

"Te amo… Eren…"

–Levi…–susurró mientras caía en la cuenta de aquello.

Ese dolor en su pecho al leer cada frase en su muro… esas ansias de volver a él y abrazarlo y acunarlo entre sus brazos… disculpándose por todo lo que acababa de decir. Esas ganas que de alguna forma estúpida e irrealista el hecho de que si intentara algo con aquel pequeño ambos podrían tener un final feliz…

Todo eso, todo ese dolor, esas lagrimas que corrían a través de sus mejillas le hacían darse cuenta de algo esencial. –L-Levi…–

Se estaba enamorando de él. De ese pequeño…

Y mientras Eren se lamentó en silencio mirando quedamente al piso… su celular vibraba anunciándole algo que quizás podría acabar con todo aquello, pero tal vez no de la mejor manera.

Habían aceptado la primera etapa en la revisión de su "Cuento de titanes".

Y quizás… podrías llegar a publicarse…

Con un éxito en ventas que sería devastador.

N.A: Hasta aquí les dejo el capítulo… ¿Les gustó? Sólo nos quedan dos capítulos, "Publicación" y "Final malo". Si me pueden dejar un comentario opinando qué les pareció el capítulo sería genial :333

Les dejo un pequeño adelante del siguiente capítulo:

"Eren pasó cada vez menos tiempo a su lado, y Levi inevitablemente comenzó a darse cuenta. La publicación había sido un éxito que no se había visto en esa vieja ciudad en más de cien años. El pequeño se dio cuenta que a Eren lo llamaron a otra ciudad… que ahora tenía el dinero suficiente para deshacerse de ese tonto y estúpido trabajo… desligarse de su obligación de cuidarlo y con ello, de él..."