Advertencias: Lemon y "pedofilia".
Pareja/s: DenNor
Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen son propiedad de Himaruya Hidekazu, yo solo soy responsable de jugar con la inocencia de los niños 3:)
LA VIRGINIDAD DE NORUEGA
Capítulo 3
De repente el danés lo tomó del brazo y lo jaló hacia él para envolverlo con sus brazos. El noruego quedó inmóvil.
- No recuerdo que lucieras tan bien en ese traje, Norge – Le susurró con cariño y con una voz muy… ¿seductora?
La mente del menor se quedó en blanco cuando el mayor lo tomó de su mentón para robarle un beso.
El cuerpo del noruego se tensó y no puedo reaccionar de la sorpresa.
Pero… ¿Qué diablos estaba sucediendo? Sus piernas querían flaquear.
El danés lamió sus labios e intentó introducirse en su boca pero el pequeño noruego logró reaccionar a tiempo y se impulsó hacia atrás, cayendo sentado en la cama. Instintivamente se subió a esta y se alejó un poco aún algo aturdido por lo que acabó de pasar.
- ¿Por-por qué…? – Susurró nervioso. Sus mejillas estaban muy coloreadas.
- Jeje no te preocupes, sé que no tendrás la misma resistencia de siempre siendo más pequeño pero seré gentil contigo – El danés le sonrió en coquetería lo que el noruego le respondió con el ceño fruncido; no entendía nada de lo que estaba pasando.
- ¿De qué estás hablando? ¿Cuál es el problema con mi cuerpo? – Interrogó ya con algo de molestia. El danés notó esto pero solo se rió y el noruego empezó a creer que ese danés ya no estaba del todo bien de la cabeza. - ¿De qué te ríes? No le veo lo gracioso -
- Shhh – Lo calló posando un dedo sobre sus labios. – Está bien Noru, te haré disfrutar como siempre, solo espero que puedas resistirlo – El danés se arrimó a la cama y plantó un dulce beso en la frente del menor. Este se sonrojó y miró de reojo al danés.
Ese Dinamarca era muy extraño y le estaba dando un poco de miedo pero… realmente no lucía como si fuera a hacerle daño, al fin y al cabo eran amigos ¿no? Aunque algo extraño estaba pasando que no lograba entender del todo. ¿Era normal para él tratarlo de esa manera? ¿Dónde estaba el Noruega de ese tiempo?
- ¿Anko? – El pequeño noruego se alejó más de él hasta chocarse contra la pared que daba a la cama. Se sintió muy incómodo al observar que su amigo lo estaba devorándolo con los ojos, tan brillantes, llenos de devoción, una mirada celeste tan profunda que lo hacía sentir... raro. Sin embargo, su sonrisa relucía como cual niño a punto de cometer una travesura.
El danés se acercó a gatas y acarició su pelo con suma delicadeza, como si se tratase de una fina reliquia hecha de porcelana.
El menor se estremeció, no era la primera vez que Anko le acariciaba el cabello pero esa vez no se había sentido igual, nunca antes lo había intimidado de esa manera pero al mismo tiempo sentía que algo le atraía.
- Eres realmente lindo, Norge – Dijo con un dulce tono seductor.
El pequeño se sonrojó al instante muy abochornado, y hubo un pequeño revuelo en su interior. Estaba un poco inquieto por lo que no pudo mantener su mirada en la del danés. Las sensaciones eran tan extrañas que se quedó completamente mudo.
El danés bajó su mano hasta la barbilla del menor y acercó su rostro lentamente. El pequeño noruego lo miró sorprendido, prediciendo lo que vendría. Su corazón se aceleró repentinamente y una vez más… no reaccionó.
Danmark lo volvió a besar en sus pequeños labios con mucha ternura, los movió dulcemente, los saboreó y los sintió tan delicados y frágiles que debió recordarse a sí mismo de no tratarlo con mucho salvajismo como estaba acostumbrado a hacer cuando ese maravilloso cuerpo noruego le hacía perder la cordura. Ese día deberá hacer un esfuerzo realmente sobrehumano para no hacerlo. ¡Es que lucía increíblemente lindo!
Norge terminó cediendo ante el danés y empezó a mover sus labios tímidamente. Como anteriormente nunca había besado alguien no sabía cómo hacerlo, así que intentó seguir los mismos movimientos que hacía el danés.
El menor nunca se había imaginado una experiencia así con su amigo (¡Y mucho menos con su versión futura!) pero era una experiencia tan extraña que su cuerpo estaba despertando algo dentro de él que lo inquietaba. Su corazón lo golpeaba con fuerza y un deseo incómodo lo estaba impulsando a seguir experimentado más de eso.
De repente, una mano en su cintura llamó su atención. Esta lo atrajo más a su cuerpo y se desplazó lentamente por su espalda tallando cada parte de él sobre su ropa. Lukas se estremeció y tuvo que apoyar sus manos en el pecho del mayor de los constantes empujones en su espalda para atraerlo más y más hacia él hasta tenerlo bien aferrado a su cuerpo.
El danés había probado esa dulce miel de los labios noruegos en tantas ocasiones, pero ese beso tenía un toque diferente más allá del tamaño del noruego. Notó su nerviosismo y eso lo hacía lucir aún más tierno, pero supuso que se debía a la diferencia del sentir de un menor de edad con el de un adulto; ahora todas las sensaciones del noruego eran mucho más intensas.
Degustando de esa idea, el mayor quiso profundizar más en ese pequeño mundo de sensaciones. Con ayuda de su otra mano en la nuca del noruego, su lengua comenzó a saborear lo más profundo que había podido hasta ese entonces, invadió la garganta del menor, provocando que este soltara su primer gemido. Y para goce del mayor, el noruego comenzó a imitar sus movimientos, juntó su humedad con la de él en señal de aprobación.
Mathias sonrió con malicia entre el beso. Ya no había vuelta atrás, ya podían juzgarlo de pedófilo porque realmente estaba disfrutando de corromper impúdicamente a ese pequeño cuerpo, y lo peor, que recién estaba empezando.
El danés bajó ambas manos y comenzó a acariciar las nalgas del menor, apretujándolos con un poco de fuerza. Esta vez Noruega gimió fuerte y empujo al danés con todas sus fuerzas.
- ¡N-No hagas eso! – Exigió casi sin aliento, con un rayo de lucidez de lo que estaba pasando.
- Norge, eres tan suave y blando donde sea que te toque, no puedo evitarlo, luces exquisito – El noruego se sorprendió, totalmente avergonzado. Ese danés estaba comportándose realmente extraño y decía cosas de las más vergonzosas sin siquiera titubear. Al principio fue algo lindo pero ahora estaba siendo tan pervertido, vulgar, y lo hacía sentir tan… extraño, confundido y...
Con una sonrisa, Danmark lo tomó de las muñecas y lo tumbó en la cama con ayuda de su peso y atacó su garganta a mordiscos y chupetones.
El menor exclamó y tensó su espalda. Ya estaba bastante avergonzado y las manos del danés no dejaban de acariciarle por de bajo de su túnica, por encima de esa tela blanca que se aferraba perfectamente bien a sus piernas.
El menor lo sujetó de sus hombros e intentó apartarlo pero no podía contra el peso del mayor. Sus sentidos se habían agudizado tanto que su cuerpo sentía cada movimiento y presión sobre su piel y sobre su ropa, cada rose lo estaba debilitando y sus piernas no dejaban de temblarle.
- Tranquilo, solo relájate. – Le susurró su amigo en el oído. – Te amo, Noru -
El corazón del menor se detuvo abruptamente cuando esas últimas palabras resonaron en su mente una y otra vez.
Por un momento se desprendió de la realidad sin poder creer lo había escuchado. Estaba muy sorprendido, confundido… ¿Qué no se supone que solo lo quería como amigo? ¿Todas las veces que le había dicho que lo quería no era solo porque eran amigos? ¿Lo quería como amante? Pero él era un hombre. ¿En qué momento había ocurrido eso?
Todo eso ya no importaba, ese danés quería algo más que amistad con él. Era por eso que le estaba tratando de esa manera.
Las sensaciones en su pecho volvieron a cambiar. Tenía que decir algo pero no sabía qué. ¿Qué era lo que él sentía por el danés? Lo quería a pesar de lo molesto que podía ser en algunas ocasiones, lo respetaba a pesar de que a veces tomaba decisiones estúpidas, admiraba su fuerza a pesar de no ser el más fuerte, le gustaba su sonrisa en tiempos difíciles pero también cuando lloraba por tonterías, apreciaba su compañía a pesar de que a veces lo hacía enojar. Era su amigo y compañero, compartieron y compartían casi toda su historia.
Sí, lo quería… y mucho, pero… ¿Amor?
Hace poco correspondió su beso, ya le sacó sus sandalias, y estaba en su cama dejando que tocara sus piernas en ese mismo momento…
- A-Anko… yo… - El noruego susurró sin poder completar su frase. Estaba en confusión con sus propios sentimientos: se sentía muy inquieto, feliz, avergonzado, atemorizado, feliz, emocionado, débil, feliz…
¿Feliz?
El noruego no tuvo tiempo a terminar su respuesta cuando los labios daneses no pudieron aguantar la tentación de volver a saborear los labios del noruego, y una vez más, volvió a corresponderle.
¿Por qué?
Se sentía bien, tantas emociones lo sofocaban y le hacían perder la cordura. Solo seguía el ritmo que el danés le marcaba, se dejaba llevar por su seducción y sus afectos. ¿Cómo podía permitirse eso con alguien a quien consideraba su amigo? ¿Por qué no sentía asco y repulsión? Tal vez si no fuera su amigo quien le estuviera haciendo eso, desde el principio no se hubiera atrevido a seguirle la corriente.
Ambos chicos no dejaban de deleitarse con la boca ajena. El joven noruego estaba perdiendo el aliento por lo que su respiración se aceleró y no dejaban de emitir pequeños gemidos.
Porque… lo quiero.
El danés se estaba entusiasmando demasiado con su chico y clavó sus uñas en la fina tela blancuzca, la cual desgarró con desesperación.
- ¡Mnn!– Se quejó el menor con un sonido nasal sin interrumpir el beso, gemido que fue como un canto para los oídos del danés.
Esta vez volvió a subir sus manos para estimular su hombría por encima de su prenda íntima, la cual ya estaba semi erguida. El pequeño noruego sintió un calor recorrerle su espalda y se tensó rápidamente.
El menor quiso rechistar pero el danés no dejaba de invadir su boca, por lo que solo se removió debajo de él. El calor de su cuerpo estaba aumentando y su ropa comenzaba a incomodarle.
Como si le leyera la mente, el mayor dejó levantó su falda azul y cortó el beso, dejando al noruego reponer su aliento.
- ¿Quieres que te toque un poco más? – Susurró el danés juguetonamente en su oído. Sin esperar que le respondiera, le bajó su ropa interior y comenzó a masturbarlo.
- ¡Agh! ¡No! ¡Anko! - El menor se sacudió repentinamente con el tacto y puso sus manos en el pecho del danés como para apartarlo pero no ejerció mucha fuerza. – ¡No toques ahí! – El danés aprovechó que su cuello quedó expuesto para volver a saborear su delicada piel. – ¡Aahg! -
El menor acumuló unas pequeñas lágrimas en sus ojos, las emociones eran muy fuertes y se sentía muy vulnerable. Pero su corazón palpitaba con mucho entusiasmo y la vergüenza se estaba volviendo un factor excitante.
- Eres hermoso, Norge – Susurró con cariño antes de volver a besar sus labios.
Conmovido por esas palabras, el menor estiró sus brazos y envolvió al mayor para evitar que se alejara; ya no podía contenerse, le gustaba lo que sentía. No podía detenerse ni detener a su amigo, su cuerpo y su mente ya estaban sumidos en un agobiante placer que lo estaban enloqueciendo.
¿En verdad solo lo quiero?
La mano del mayor estaba trabajando en su hombría para hacerlo sentir muy complacido, y al mismo tiempo le decía cosas dulces y lo trataba con tanto cariño.
- ¡ANKO! ¡NO! ¡PARA! ¡AAAGH!– Gritó con desesperación. Cerró los ojos con fuerza e intentó callar sus gemidos con su puño.
Finalmente, su cintura se movió en unos espasmos hasta correrse en la mano de su amigo, liberando sus fluidos en su propia túnica.
Dinamarca lo observó complacido ya que la vista que tenía era mucho más hermosa de lo que debería ser a su juicio.
El tierno rostro del pequeño noruego era una mezcla entre placer y cansancio. Su pecho subía y bajaba del cansancio. Sus ojos brillaban por su humedad y sus mejillas estaban muy coloreadas.
El danés se quitó la camisa y la tiró a un lado. Esta vez, fue él quien perdió la cordura y no iba a aguantar más tiempo…
De repente le introdujo sus dedos en su pequeña boca. Aun estando un poco aturdido por el orgasmo, el pequeño noruego no ofreció resistencia y dificultosamente acarició con su lengua los tres dedos que llenaban su boca.
Se sentía tan sucio, atrevido, acalorado, resabiado… y le gustaba. Se sentía libre de romper toda regla moral solo para su disfrute. Posó sus tiernos ojos azules en los celestes del danés y le reflejó sus deseos más impúdicos, dispuestos a experimentar más de él, quien lo estaba mostrando un mundo nuevo lleno de placeres inimaginables.
El danés lo observó encantado y se mordió el labio; ya no veía la hora de hacerlo suyo. Separó las piernas del pequeño noruego y posó uno de sus dedos ensalivados en su entrada, lo acarició en círculos para humedecerlo.
- Anko – Susurró el menor, con temor a lo que vendría.
Escuchar ese tono miedoso hizo recordarle al danés que debía controlarse.
- Tranquilo, lo haré despacio, pero debes relajarte todo lo posible –
Sin embargo, esas palabras lo alarmaron más. Cuando sintió la presión sobre su entrada.
- ¡Agh! ¡No! – Su cuerpo se volvió a tensar y cerró sus ojos con fuerza por la molestia que se introducía en él.
El danés se agachó y dejó caer su saliva para lubricarlo más y comenzar a dilatar su entrada con pequeños movimientos. El menor se volvió a contraer y gimoteó adolorido.
- Relájate Noru, si sigues tensándote así va a dolerte –
El menor dudó un poco en creerle pero confió en él y lo obedeció lo más que pudo. De a poco, relajó sus piernas y cintura, dejando que el intruso se moviera con más facilidad dentro de él.
- Buen chico – Susurró el danés mientras le acariciaba sus muslos.
Introdujo un segundo dedo y continuó moviéndolo hasta en su interior hasta dilatarlo lo suficiente para introducir el tercer dedo.
El pequeño noruego movió sus caderas lo menos posible, su entrada se estaba sintiendo mucho más extraña que en el principio. Los tres dedos se movían sin parar, acariciando su interior de diferentes maneras hasta que una placentera corriente recorrió toda su espalda y le arrancó un fuerte gemido.
- Lo encontré – Susurró el danés.
El noruego no supo a qué se refería hasta que empezó a sentir esa misma corriente muchas más veces; había un punto en su interior que era muy placentero y lo hacía gemir casi involuntariamente.
Siguió gimiendo y moviéndose sin querer. Esos dedos se sentían mucho mejor que antes, otra vez estaba siendo atrapado por esa sensación placentera que venía desde su interior.
¿Cómo es que el danés sabía tanto de su cuerpo? Sabía donde tocarle y cómo… como si le hubiera hecho antes más veces. Sin embargo, su mente no podía concentrarse en ese momento.
De a poco el pequeño noruego gemía con más ganas y comenzó a mover más y más su cintura, su entrada le estaba exigiendo más contacto, más invasión por esos dedos. De esta manera, el danés supo que era suficiente y sacó sus dedos.
El noruego se removió con vergüenza y luego miró de reojo a su amigo con desconcierto al ver que no hacía nada más con él. Hasta que observó el miembro viril de su amigo erguido y totalmente expuesto para su contemple.
El noruego lo miró entre sorprendido y curioso, no esperaba ver esa gran diferencia entre ese danés y el de su época.
El mayor se arrimó al noruego y depositó un beso en su mejilla y otro en sus labios.
- Te amo – Volvió a recordarle, a lo que extrañamente, el pequeño rubio pudo relajarse un poco. - Recuerda relájate todo lo posible -
El danés le posicionó entre las piernas del menor y levantó sus caderas apoyando su erección en la entrada del menor.
- A-Anko – Susurró con miedo.
- Aquí voy, Noru. -
- ¡AAGH! ¡NO!– El danés presionó con fuerza la pequeña entrada del menor mientras sostenía su cintura con firmeza y luego se introdujo en su cuerpo lentamente. - ¡Aaaahg! – El joven noruego sintió una corriente recorrer su espalda y se curvo casi involuntariamente bajo el danés. Se sujetó y jaloneo de las sábanas con fuerza mientras unas lagrimitas humedecían sus brillantes ojos.
El danés soltó un fuerte gemido. – E-Eres endemoniadamente estrecho, Norge – Dijo con dificultad al sentir cómo su miembro erguido cabía deliciosamente apretado.
- ¡An-ko!... ¡D-Duele! - El menor cerró sus ojos con fuerza mientras intentaba soportar el repentino intruso que invadía su cuerpo.
- Norge… - Gimió ronco su nombre sin dejar de empujarlo a fondo, sosteniéndolo de su cintura. – no lo tenses más -
El noruego gimió rápidamente intentando obedecer al mayor. Las sensaciones eran mucho más fuertes que con los dedos; no había podido controlarse.
Finalmente, el danés terminó de introducirse en él y se detuvo un rato esperando que su pequeño noruego pudiera relajarse más. Hizo unos pequeños movimientos con su cintura, algo que podría aguantar con facilidad y su entrada se dilatase más rápido.
El menor gemía con entrecortadamente mientras se acostumbraba a su nueva experiencia. Mientras que el danés, estaba ansioso de continuar. Esa entrada estaba más estrecha de lo que pensaba que sería, el solo pensarlo su cuerpo se movía ligeramente. No pudo aguantar más y le dio más ritmo a sus movimientos.
Noruega volvió a gemir con más entusiasmo, todo su cuerpo se movía al compás del vaivén y las sensaciones volvían a maravillarlo. Finalmente lo había conseguido, como dijo el danés, solo debía relajar su cuerpo; La incomodidad otra vez se había vuelto placentera.
Lo miró a los ojos a pesar de la vergüenza que sentía y entre gemidos dijo lo que el danés esperaba escuchar. – Y-Ya no me duele -
Dinamarca resopló con alegre, gustoso de lo que vendría.
Lo invistió con un poco de fuerza hasta llegar hasta lo más profundo del pequeño, lo que sacó otro llanto del menor.
- ¡Ahg! ¡N-No!… despacio – Reclamó entre gemidos.
El danés obedeció, pero no se detuvo en ningún momento. Continuó el vaivén a un ritmo mayor que al de antes pero ahora podía disfrutar mejor el rose.
Al pequeño noruego no dejaba de gimotear irregularmente. Intentaba mantenerse relajado pero ese gran invasor en su interior no se lo permitía, cada movimiento hacía que tensara más su cuerpo.
Su ropa volvió a incomodarle terriblemente, estaba empezando a levantar mucho calor como para tener tantas prendas encima, además como su miembro ya estaba duro, no dejaba de mancharse. Hubiera deseado que el danés se las arrebatara pero ahora estaba muy ocupado presionando insistentemente su interior. No se quejaba, pero el danés tenía su torso al descubierto, que por cierto ahora podía contemplar más de cerca y tenía que admitir que tenía un hermoso físico, estaba perfectamente marcado, los músculos de sus brazos resaltaban por el trabajo físico y ese abdomen estaba tan duro como su pene en ese momento. Ver todos esos músculos en acción, otorgándole tanto placer… era fascinante.
Con un suspiro, el danés lo levantó de sus nalgas y volvió a acomodar al menor en su entrepierna y, entre las primeras envestidas, logró golpear un punto mucha más sensible en él.
- ¡A-Ahí! – Gimió con desesperación. Ese era el punto el que había tocado anteriormente en él y que tanto le había gustado, ese que le hacía sentir fuera de sí.
- Perfecto – Susurró para sí con una sonrisa sádica. Ahora sí conocería el pequeño paraíso noruego.
- ¡AAAGH! ¡NO!... ¡ANKOO! - Comenzó a embestirlo desmedidamente, con movimientos mucho más rápidos y dispuestos a hacerlo gozar al máximo. El rubio gimió desesperadamente con cada golpe que sacudía todo su cuerpo. Las olas de calor pasaban por todo su cuerpo a través de su espalda, sus piernas empezaron a temblarle de tanto placer placer.
El danés nunca se había imaginado que cada uno de esos movimientos que ejercía con salvajismo estuvieran arrebatándole la virginidad a su noruego.
- ¡Agh! ¡Aagh! ¡Anko!... - Pero para él, cada movimiento era mejor que el otro, cada vez su cuerpo se deleitara más. Su boquita jadeaba débilmente pero cada sonido era arrancado con fuerza desde su garganta. Su mirada se estaba perdiendo, estaba enloqueciendo de nuevo…
De repente, Dinamarca volvió a tomarlo de la cintura y con fuerza lo levantó de la cama para cargarlo sobre su regazo y besarle con hambre. El menor no se hizo esperar para envolverlo en sus brazos y corresponder el beso con necesidad, sus labios eran realmente exquisitos. Desesperados buscaron el néctar del otro como si les jugara la vida en ellos.
El danés lo sujetaba firmemente de las nalgas y no dejaba de moverlo de arriba abajo para seguir con el ritmo de la penetración.
El menor derramó una pequeña lágrima, las sensaciones eran demasiado fuertes para él.
- Eres increíble, Norge – Susurró el danés entre cortando el beso, luego atacó su cuello y movió sus manos más arriba para acariciar su espalda y rasgarle con sus uñas con desesperación.
Otro gemido salió con viveza desde la garganta del noruego. Su cuerpo quería liberarse de eso que lo ahogaba dulcemente, estaba fuera de sí. Se había dejado llevar por tantas sensaciones que se hallaba perdido en su propio cuerpo.
Finalmente, el mayor le propinó otro beso, mucho más pequeño que el anterior y lo volvió a recostar en la cama. Rápidamente lo acomodó y lo volvió a follar con locura, con movimientos torpes y brutos, olvidándose totalmente de la fragilidad de su cuerpo.
Y sin embargo…
El pequeño noruego amaba cómo se movía, amaba cómo lo besaba, cómo lo tocaba, cómo posicionaba su cuerpo de un lado a otro tan desvergonzadamente, amaba cómo lo hacía sentir único, cómo lograba hacerle gritar y gemir de esa manera… amaba todas esas sensaciones que despertó en él ese día… algo que nunca olvidaría.
¿Qué es este sentimiento?
Noruega ya no podía resistir más tiempo todo eso, estaba por explotar. El calor se estaba volviendo insoportable y todos los movimientos de su cuerpo estaban descontrolados, solo correspondían acorde con los deseos del danés.
- ¡A-An-ko! – Logró pronunciar entre tantos gemidos. – ¡No-No… agh… puedo… más! –
Sus mejillas estaban fuertemente coloreadas y su boca estaba entre abierta intentando desesperadamente recuperar el oxígeno entre cada fuerte sacudida que lo deleitaba.
- C-Córrete… cuando quieras… amor – Dijo con dificultas, sin dejar de embestirlo, más bien se movió con más precisión, dispuesto a hacerlo terminar. Él también estaba a punto de hacerlo, su Norge era demasiado estrecho como para aguantar más.
- ¡ANKO! ¡ANKO! ¡AAAGH! - El pequeño noruego comenzó a gemir con fuerza y su cuerpo comenzó temblar cuando se corrió una vez más sobre sí. Su entrada se contrajo de y provocó que el danés llegara a su límite. Gimió entre dientes dándole unas últimas envestidas con mucha fuerza y dejó que su semen se liberara en el interior del menor.
Este soltó un último alarido mientras el danés se corría en él y dejaba su entrada sumamente empapada de sus fluidos.
El noruego estaba más que exhausto, no tenía energías y esa última liberación había sido mucho más fuerte que la anterior, este lo había dejado totalmente aturdido, sin poder mover un músculo.
Volvió a la realidad cuando el mayor le arrancó un débil gemido al salir de su interior. Muy agitado lo observó y se dio cuenta de que ambos tenían la mirada puesta en las de el otro.
El danés le sonrió y se acostó a su lado para luego depositar un beso en sus labios. Él la correspondió. Era un beso tierno, dulce, cariñoso, no era salvaje como cuando se estaba apoderando de su cuerpo. Era un beso diferente, tan intenso… sintió que se estaba derritiendo por dentro.
- Te amo, Noru – Le susurró el danés con cariño, mientras le dedicaba una sonrisa.
El noruego se avergonzó de nuevo, hace rato estaba totalmente perdido en el placer pero ahora estaba volviendo a sentir la misma vergüenza que en el principio… aunque con la pequeña diferencia de que ahora no le incomodaba tanto.
Sonrió y por primera vez fue él quien, colocando su mano en la mejilla del danés, le depositó un tímido beso en sus labios, el cual fue correspondido con gusto.
… Me gusta.
El joven noruego se dejó llevar una vez más por una extraña sensación que le transmitió ese pequeño gesto. Un simple beso que sintió más dulce que todos los demás, un beso más profundo. De repente, un sentimiento floreció en él, el cual lo conmovió al instante. El danés cortó el beso y se apartó un instante para cubrirlo con las finas sábanas, las cuales era cálidas y suaves al tacto. Le depositó un beso en su frente y lentamente lo acogió entre sus brazos.
El noruego no se resistió ya que estaba muy cansado y ese abrazo se sentía muy bien. Era cálido y confortante, así que se acorrucó en su pecho y cerró sus ojos.
Él… me gusta.
Ambos quedaron dormidos rápidamente debido al cansancio...
Ya después el danés hablaría con su pequeño noruego de su maravillosa idea para esa noche.
Los dos habían disfrutado una buena noche de amantes (lo que el noruego menor no sabía). Incluso estuvieron tan concentrados en la compañía del otro que ninguno de los dos notó la presencia de alguien que los espiaba del otro lado de la puerta.
De a poco esta se abrió y dejó ver a un sonrojado noruego viendo al danés durmiendo solo en la cama.
Noruega había observado gran parte de lo que había ocurrido en esa habitación. Desde hace tiempo sabía lo que iba a pasar ahí ya que… bueno, era él mismo quien hizo todo eso. Recordaba todo lo que pasó en aquel momento (lo que técnicamente había pasado ese mismo día) a la perfección, lo único que no logró recordar fue la fecha en específico.
El noruego se acercó despacio al danés, quien dormía placidamente y no se había dado cuenta de que el joven noruego ya había desaparecido de su lado.
- Anko… - Le llamó en un susurro, mientras le molestaba tocándole la mejilla repetidas veces, pero este siguió sin responder. – Pervertido – Le acusó con el ceño algo fruncido.
Le observó un rato y de repente recordó algo. Buscó con su mirada por todo el cuarto hasta que se encontró con aquello que el danés le había quitado: su ropa interior. Se encogió de hombros y apartó la vista. Después de tanto tiempo por fin los recuperaba… Vaya que era torpe de joven.
Suspiró y volvió a concentrar su vista en el danés.
Luego le diría que lo del otro día fue una broma y que en verdad sí fue él quien le quitó su virginidad, eso sería lo mejor. A veces era bueno guardar secretos...
Le depositó un beso en la frente y comenzó a quitarse la ropa, luego se metió bajo las sábanas y se acurrucó al lado del danés.
- Yo también te amo – Le respondió con una pequeña sonrisa antes de conciliar el sueño.
Mientras tanto, quinientos años atrás…
Alguien caminaba desesperadamente entre medio del bosque cubriéndose de la lluvia con una capa, iluminando su camino en medio de la oscuridad con una lámpara. Su respiración era agitada ya que hace tiempo que andaba de un lado a otro.
- ¡Norgeee! – Gritó en medio de la oscuridad, esperando que su llamado sea respondido pero no se escuchaba más que el ruido de la lluvia. – ¡Norgeee! – Insistió en vano. Sus llamados eran opacados por la lluvia y no podía escuchar nada a la distancia.
Maldijo su suerte y siguió andando.
Siguió caminando pero no encontraba a nadie ni nada hasta que finalmente se topó con la sombra de alguien que se dirigía hacia el.
- ¡Tanska! – Le llamó.
- ¡¿Encontraste algo?! – Elevó la voz para que se pudieran escuchar entre el ruido de la lluvia.
- ¡No, lo siento! ¡Ni siquiera hay rastros, la lluvia lo tapa todo! -
- ¡Demonios! – El danés siguió su camino.
- ¡Tanska! ¡Espera! – Lo detiene sujetándole del brazo. – ¡No tiene sentido buscar así! ¡Tenemos que regresar! ¡Necesitamos los caballos! -
- ¡En esta oscuridad no nos servirán de nada! -
- ¡Esperemos a que amanezca! ¡Es peligroso andar por aquí sin rumbo alguno! -
- ¡Olvídalo! – Se zafó de su agarra bruscamente. -¡No salió hace mucho! ¡No pudo haber ido muy lejos! ¡Debe estar cerca! -
- ¡Tanska! -
Sin escuchar a su amigo, el danés siguió adentrándose en el medio del bosque. Hace tiempo que su amigo noruego había desaparecido del refugio. Él noruego no estaría loco como para cruzar el mar con ese temporal, lo único que le quedaba era revisar en el bosque. Pero lo que no entendía era el porqué. ¿Por qué querría irse? ¿Por qué se alejaría de ellos? De parte del sueco no le extrañaría, él ya estaba mostrando mucha rebeldía y estaba al tanto de su disconformidad con él, pero nunca lo había esperado del noruego. Él, su hermano, su mano derecha, su mejor amigo.
No, no iba a aceptarlo.
- ¡Norgeee! -
¿Pero entonces… qué otra explicación habría? ¿En verdad el noruego lo odiaba detrás de sus frías palabras que a veces le dedicaba? ¿Lo odiaba tanto como para alejarse de él? ¿O es que en verdad le había pasado algo malo?
- ¡Norgeee! – Siguió gritando sin recibir respuesta.
Estaba frustrado ¿Qué debía hacer? Nada podía ser peor que perderlo, no después de todo lo que pasaron juntos. Tenía que encontrarlo y pedirle una explicación, no iba a permitir que lo abandonase así como así.
- ¡Norgeeee! -
Nada.
Siguió caminando, su luz era escasa y tenía que andar de un lado a otro a ciegas. No encontraba nada, ni a nadie, la desesperación estaba por invadirlo.
¿Y si no lo volvía a encontrar?
Agitó su cabeza de un lado a otro e intentó sacar esos pensamientos negativos de su cabeza.
Mientras andaba por el bosque, pudo encontrar algo que renovó sus esperanzas: una casa vieja de madera.
Bastante sorprendido y esperanzado con que el noruego se encontrase allí, intentó entrar en el recinto pero la puerta estaba cerrada y las ventanas selladas, golpeó la puerta y llamó por el noruego pero nadie respondió. Sin paciencia a seguir perdiendo el tiempo, derribó la puerta con su hacha y entró al extraño lugar.
Al entrar se encontró con unas velas que apenas iluminaban el lugar, no tuvo tiempo a examinarlo hasta que se encontró con los ojos de la persona que tanto estaba buscando tirado en el sueño. Estaba mirándolo con algo de confusión.
- ¿A-Anko? – Susurró el menor mientras le miraba algo desconcertado.
- ¡Norge! – Gritó mientras se abalanzaba a abrazar al menor con necesidad. - ¡Menos mal que te encontré! – Gritó desahogando sus miedos.
- ¿Qué… qué ocurre? –
- ¿Cómo que qué? ¿Por qué huiste? – Se apartó de él agarrándole de los hombros y mirándolo seriamente a los ojos.
- Yo… no huí… Solo… vine aquí por algo – Se excusó con duda. La verdad es que estaba un poco confundido por lo que había pasado pero no podía contarlo.
Casi al instante de escucharlo, el danés sintió que se le quitaba un gran peso de encima y el nudo en su pecho se deshacía con rapidez. No cabía en alegría en ese momento.
- ¡Ay Noruu! ¡Creí que te había pasado algo malo! – Lo volvió a abrazar con todo el cariño que nació en él y que tenía guardado para el noruego desde hace tiempo.
- No, yo… - En ese mismo momento pudo sentir un fluido que se escurría por su pierna. Se sonrojó fuertemente y tragó saliva nervioso, intentando aparentar lo más apacible posible. –… Estoy bien – Susurró.
- Creí… que habías intentado huir -
El noruego le miró algo perplejo.
- No, ya te dije que no fue eso… -
El joven danés lo abrazó con fuerza y estuvo un momento sin decir nada. Estaba disfrutando de ese momento. Sentía que algo dentro de él estaba naciendo en ese momento, nunca en su vida había sentido tanta alegría de verlo tan tranquilo como siempre.
Ese era su Noruega.
– Muchas gracias por permanecer a mi lado, Norge – Le susurró mucho más relajado que antes. - No sabes cuanto agradezco haberte conocido -
El corazón del noruego comenzó a latir muy rápido y quedó completamente inmóvil. Se sentía incómodo después de lo que pasó. Sin embargo…
Levantó sus brazos y correspondió el abrazo con mucho cariño y se acurrucó bien en su cuello.
Ese era su tonto danés, el que más le gustaba.
- Yo también… Anko -
Yo también...te amo.
Fin de la historia~
Al final lo hice más largo de lo que pensaba y me tardé la vida :v
Gigisu: HOLA! XD… ¿Me odias? ¿Me odias verdad? Yo sé que sí TuT Tuve un bloqueo y encima no me decidía en algunas cosas y ni modo! Tuve que hacer un capitulo extra en donde ponía lo que en este capítulo no pude hacer encajar de ninguna manera xD En verdad lo siento, no fue intencional u.u espero que este capítulo y el extra te gusten, son zukulentos :3 BESOOOOS!
Daap: Hola! :D Pues sí, tenía que ser Dan, no hay otra para mí xD ¡DENxNOR 4ever! Lml Espero que te guste este capitulo y el extra :D ¡Saludos y gracias por tu review n.n!
Ginney: El amor es DenNor :v el diccionario lo dice, yo sé que sí… o al menos el mío sí xD jajaja Espero que te guste este capítulo amoroso ;) ¡Saludos!
En unas horas tengo que viajar y yo sigo aquí y aun no preparé ni mis maletas lol
Es que los amo y no los quiero dejar tirados después de que prometí actualizar rápido TuT En verdad, lo siento, pero les tengo algo bueno…
¡Nos vemos en el capítulo extra! xD
Gracias por leer~
