2- Primer Día
Ya de camino al nuevo instituto podía ver a lo lejos algún que otro alumno corriendo hacia mí mismo destino. Yo no llevaba prisa, al ser nueva en la cuidad y por lo tanto nueva en el centro, el director le había comunicado a mi padre que las dos primeras horas no asistiera a clase, así podía ir a su despacho para que me diese toda la información acerca de las normas y horario y bla bla bla. Una vez llegué, diez minutos después de que la campana sonase, me encaminé hacia una ventanilla que había en el pasillo principal a preguntar.
-Disculpe…¿El despacho del director?-Una mujer ya no muy joven, de pelo rizado y gruesas gafas negras alzó la mirada, con un gesto un tanto…no sé, ¿de asco?
-Sigue este pasillo y tuerce a la izquierda. Hay una indicación en la misma puerta, no tiene pérdida. – Y sin malgastar más tiempo en mí, volvió su cara otra vez hacia el papeleo que tenía sobre la mesa.
Wow, qué simpatía, señora.
Ya en frente de la puerta que me había indicado, toqué con los nudillos la oscura madera de roble, hasta que escuché un Adelante. Nada más abrir la puerta, me sorprendió la imagen de un chico alto y fuerte, de tez pálida y castaños rizos. Mis ojos volaron hacia los numerosos tatuajes que adornaban sus brazos, y su rostro –ahora adornado con una mueca de desagrado, que me resultaba bastante graciosa- miraba hacia un hombre de avanzada edad que vestía con un típico traje de empresario.
-No quiero que se vuelva a ocurrir, ¿queda claro? Nada más empezar el primer día y ya tienes que ir atormentando a todo el mundo. – Aquel señor, con la vista cansada y canoso pelo, se cruzaba de brazos en frente de su escritorio, esperando a que el chico dijera algo.
-Mira, te vuelvo a repetir que no ha sido culpa mía. Si ese niño mimado se hubiese callado, no habría ahora ningún problema. Como tú dices, es el primer día, así que supongo que a su majestad no le importará que vuelva a clases, ¿o sí? – Miró con gesto desafiante al que ya supuse que debía ser el director, el cual se veía bastante harto de la situación.
-Vete a clase, ahora. Como me vuelva a enterar de que le faltas al respeto a alguien más, lo cual no creo que tarde en pasar, nos volveremos a ver. Largo.- Y volviéndose a sentar en la acolchada silla del escritorio, se dirigió hacia mí. – Vaya, debe ser usted la señorita Roberts, ¿me equivoco?
-Eh…n-no. – Tartamudeé. – Me había dicho que me pasase por aquí cuando llegase. – Inmóvil por los escalofríos que me inspiraba ese chico me quedé quieta en el marco de la puerta, y me aparté rápidamente cuando sus ojos esmeralda chocaron contra los míos.
-Aparta.- Y echándome hacia un lado, salió por la puerta. No me di cuenta de que le seguía con la mirada, apreciando cómo se acomodaba el gorro negro de lana, hasta que escuché un carraspeo.
-Bueno, ¿quiere sentarse, señorita Roberts? – Asentí con la cabeza, sonrojándome un poco y bajando la mirada al haberme visto en tal situación. Bien, _, primera hora de clase y el mismo director te pilla devorando con la mirada al que posiblemente sea el chico más problemático del instituto.
-Por lo que tengo registrado, viene de Irlanda y se ha trasladado con su familia aquí hace apenas unos días. –Dijo mientras leía en la pantalla de su ordenador.
-Sí, vine con mi padre. Sobre el horario…-Pero me interrumpió con una suave risa.
-¿Ya tiene tantas ganas de empezar? Espere un poco, primero tenemos que pasar por unos sencillos trámites, para ver qué optativas elige y ver qué clase le corresponde. – Volví a asentir, ya sentándome más cómoda en la silla, y aguantando un largo suspiro por el ratazo que me esperaba en ese despacho.
Después de una larga hora de papeles, papeles y más malditos papeles, pude salir hacia el patio a despejarme un poco. Esa ''charla'' había terminado un poco después del comienzo de la segunda clase, así que me quedaban unos 45 minutos para entrar a la siguiente.
Me percaté de los numerosos árboles que decoraban todo el exterior del instituto, y busqué uno al que le diera el sol -el frío seguía calándome los huesos, maldito tiempo-. No tardé en divisar uno de copa frondosa, me parecía perfecto. Pero claro, demasiado perfecto, pues nada más llegar pude ver a aquel chico de ojos verdes, el cual no tardó en girarse hacia mí con el ceño fruncido.
-¿Se te ha perdido algo? – No podía quitar mis ojos de los suyos, me parecían demasiado increíbles. - ¿Hola? ¿Me escuchas, niña?
-¿Eh? ¿Qué? Ah, yo…Eh…Estaba…buscando un sitio, para sentarme – Maldita sea, _, para de tartamudear, pareces anormal.
-¿Y qué problema de vista tienes? Ya estoy yo aquí, fuera. – Vale, muy guapo y arrebatador el chico ese, pero joder qué mal me está cayendo.
-Tampoco hace falta que te pongas así, pedazo de animal. Ale, ya me voy. – Y nada más volverme hacia atrás, no me di cuenta de las muchas raíces del árbol y tropecé. Aquel chico soltó una risa amarga, sin apartar la mirada de mí. Yo seguía en el suelo, me empezaba a doler la rodilla.
-¿Estás bien? Qué patosa eres, deberías mirar por donde pisas. – Y se levantó de su sitio, acercándose a mí. Me iba a estallar el corazón de latir tan rápido. _ Roberts, reacciona, este estúpido sin modales te acaba de echar y llamar patosa, y ahora viene a ayudarte a que te levantes, ¿a qué juega?
Y al estar ya más próximo, nuestras manos se rozaron, contrastando mi gélida piel con el calor que él desprendía, tomándome así fuertemente la mano.
…
-¡La estamos perdiendo! ¡Necesitamos un donante de sangre! ¡Urgente!
…
Ya de pié, me hice de todas mis fuerzas para agradecerle y alejarme de ahí lo más rápido posible. En un instante me volví para darme cuenta de que ahí seguía ese chicho de pelo rizado, mirándome con una sonrisa socarrona en el rostro. Volví mi cara hacia mi camino rápidamente, como si de ese modo me fuese a sentir menos nerviosa.
Joder, joder, joder. Y no se me ocurrió siquiera preguntarle el nombre.
Encontré rápidamente otro árbol a la luz del sol, y enseguida saqué mi bloc de dibujo y empecé a dibujar cualquier tontería.
Nada más terminarlo, me di cuenta de que sólo faltaban 5 minutos para la siguiente clase. Literatura. Bueno, ya era hora de conocer a mis compañeros.
Y como quien no quiere la cosa, me surgió la duda de si aquel chico misterioso estaría aunque sea en mi curso.
