XVI. De cómo el amor no sólo trata del amor.
Helga necesitaba un plan, pronto. Se le estaba acabando la salud mental y ya era demasiado tarde para echarse atrás. Así que tenía que apurarse o terminaría encerrada en un manicomio y sin haber dicho lo que tenía que decir. No muy heroico y para nada como ella esperaba ser recordada.
Aunque, si podía ser sincera consigo misma, lo único que estaba buscando eran excusas. No era fácil sincerarse. Se había pasado toda una vida defendiéndose del mundo con el cinismo. Y no, no era exactamente por un estúpido (¡gran!) amor de toda la vida. La verdad era que no sabía. Se pasaba imaginando romances de película y de grandes obras, se pasaba imaginando escenarios y lugares que había leído o visto en pinturas, en libros, en la televisión y hasta en comerciales. El amor, así, siempre le había sido un gran desconocido. No tenía cómo entenderlo y sus referentes (¡oh, sus referentes!) más cercanos parecían un poco ineptos en la materia. Bastante ineptos, en realidad. No quería creer que las relaciones, todas ellas, eran como las de Bob y Miriam. No quería creer que un día, después de prometerte eternidad, amanecías en una cárcel insoportable. Los culpaba y no los culpaba, era una creciente contradicción, pero era todo lo que conocía. Quizá tener hijos, para sus padres, había sido algo que nada tenía que ver con el amor. Quizá Olga había sido suficiente, para fingir, para intentar reunirse. Y ni siquiera Olga, porque los días que ella no estaba cada uno volvía a vivir como mejor podían hacerlo. Ignorándose. El amor no podía ser tan horrible enfrentado a la realidad. No podía ser tan decepcionante. Daba vergüenza, sí, pero más que vergüenza daba miedo. Si no podía tener un amor gentil, ¿en qué podía creer entonces?
Una gran contradicción, eso era, obligarse a revelar algo que estaba protegiendo con todas sus fuerzas. Se tuvo que convencer, sin embargo, porque las cosas que no se movían terminaban por corromperse.
Y porque la de idea de Lila y Arnold juntos la sacaba de quicio.
XVII. De cómo se realizan los planes.
—¡Oye Arnold! —Soltó en un chillido que terminó por delatar lo nerviosa que se sentía. Que se formara un silencio expectante justo después, tampoco estaba ayudando—. Hola.
Arnold, que había estado conversando con Gerald, también la miró como si le hubiese salido una cabeza extra.
Enano estúpido.
Como no le salía la sonrisa que había planeado dedicar, se conformó con alzar su mano derecha en el aire y agitarla muy rápido antes de volver a dejarla en su lugar. Le parecía tremendamente idiota y redundante tener que saludar en un gesto cuando ya había saludado en voz alta, pero no se le ocurría qué más hacer para que su punto se evidenciara.
—Buenos días, Helga. —Saludó Arnold y su Gerald esbozó una sonrisa burlona.
Era ese momento el que más odiaba. La tensión y la sorpresa y toda la maldita clase mirando como si nadie tuviese nada mejor que hacer con sus vidas. Sí, quizá hubiese decidido hacer un poco más públicos sus verdaderos sentimientos, pero eso no quería decir que se sintiera a gusto con todo el proceso.
—Eh, sí. ¿Te viene bien hoy después de clases? —Tosió—. ¿Estás libre?
Podría haber jurado que Nadine soltó un Ay mi madre, pero cuando volteó a mirarla Rhonda había puesto una mano sobre su boca y aunque la actitud era sospechosa no había nada ahí que pudiera reclamar. Decidió cruzarse de brazos y volver su atención a su objetivo inicial.
—Er… de hecho, Helga, tengo reunión con mi grupo de laboratorio. —Contestó verdaderamente contrariado—. Pero, ¿podemos encontrarnos después? No creo que demore mucho.
Helga podía entender la repentina sorpresa que se había apoderado de las expresiones del resto de sus compañeros. Ella misma estaba sorprendida de su suerte y de esa amabilidad simpática con la que Arnold trataba al resto. Una historia completamente diferente era que se sintiera con humor de tolerarla.
—Está bien, tengo que ir a la biblioteca de todas maneras, ¿nos encontramos en la entrada? —Contestó como mejor pudo y tratando de que no se le saliera lo Pataki.
—De acuerdo.
La conversación ya no tenía que seguir y como se sentía bastante más confiada ahora que había pasado lo peor, le prestó más atención a las miradas curiosas. Una a una, mientras pasaba de largo y se sentaba. Una a una, con paciencia y algo de sadismo. Una a una, observando con profundidad y como si pudiera arrancarles el alma si esperaba lo suficiente. Una a una, hasta que parpadeaban o esquivaban con rapidez. Una a una y dejando claro el mensaje que quería darles.
Ni se te ocurra.
XVIII. De cómo es mejor no enojar a Helga G. Pataki.
—Así que… Phoebe, mmm… ¿tienes mucho qué hacer hoy? —Rhonda se miraba las uñas y trataba de parecer casual.
—No, no mucho. Sólo tengo que entregar un libro en la biblioteca y estaré libre. —Se acomodó las gafas—. ¿Podría saber el motivo de tu pregunta?
—Oh, no, no es nada serio. —Agitó la mano restándole importancia—. Nada más quería saber si… ya sabes, si ibas a acompañar a Helga.
—¿A Helga?
—Sí, como siempre están juntas… —Lanzó una risita—. Seguro que oíste cuando citó a Arnold hoy en la maña-
—Espera, Rhonda. —Phoebe alzó su palma y se aclaró la garganta. No solía interrumpir a la gente, pero a veces tenía que hacerlo—. Espera un momento… creo que sé a dónde quieres llegar y mi sugerencia es que no lo hagas.
—¿Perdón?
—Helga es una persona un poco irritable y no verá bien que quieran entrometerse. No puedo decir mucho más de lo que tú seguramente ya conoces, pero sus reacciones son inesperadas. Te recomiendo que no la provoques, aún si crees que eres capaz de vivir con las consecuencias.
Había algo críptico en el tono con el que Phoebe se demoró en decir consecuencias. Por si las dudas y porque su curiosidad no era mayor a su instinto de supervivencia, Rhonda decidió que era mejor dejar en paz las cosas. Ya se enteraría al día siguiente, seguramente.
XIX. De cómo tonight I'm loving you (o algo así).
A buena hambre no hay panduro.
No hay pan duro, precisamente, porque si quería ponerse estrictamente romántica y toda la cosa, la secundaria tendría que estarle pasando en Paris, Francia. La confesión, además, tendría que ser en lo alto de la torre Eiffel y con las luces que se prendían a las nueve de la noche y en temporada de verano para no congelarse la cara. Así, estrictamente hablando, tendría que ser el ambiente en el que podría sentirse segura. Con la altura, pensó sarcástica.
Le saldría más natural y menos ensayado. Le saldría más Helga que Pataki. Le saldría perfecto y con esos besos de película que hablaban de la metafísica y se ponían cursilones con una frase que la humanidad prostituiría en la posteridad. Le saldría como una novela, mini serie, serie y película en 3D con los actores de moda. Le saldría, mejor dicho.
Mientras tanto tenía las escaleras de la entrada, una tarde un poco fría y el trasero entumecido de tanto esperar sentada. Sentía que en algún punto su dignidad estaba suicidándose dramáticamente frente a un abismo, pero el amor no era sobre dignidad parecida al orgullo. El amor era de valientes y excéntricos y gente totalmente desquiciada. Sí, se sentía un poco desquiciada. Se sentía un poco todo porque el inútil cabeza de balón se demoraba la vida en salir y eso de hacer monólogos en tercera persona era lo primero que se le ocurría hacer con el silencio.
Algún día tendría su propia obra de teatro. En Broadway, seguro.
Lo peor era que cada pequeña distracción se convertía en una razón más que le sugería muy fuertemente que todo eso que estaba haciendo era una pésima idea. Que si se veía los pies y veía las zapatillas sucias y de pronto eran la gran señal de que la suciedad iba a destruirlo todo. Que si alzaba la mirada y veía una pareja tomándose de la mano y se parecían más bien a una pareja totalmente normal y… sí… y ella sabía que jamás sería normal. Que si se enojaba y se levantaba (porque el trasero le dolía) y de pronto escuchaba una melodía estúpida y con letra estúpida y de pronto todo alcanzaba un nivel de ridiculez inimaginable.
I know you want me I made it obvious that I want you too
So put it on me
Let's remove the space between me and you
Now rock your body
El universo se estaba burlando descaradamente de ella. Le parecía una falta de respeto suprema que previa a la confesión de su vida (o algo así) estuviera sonando una canción de Enrique Iglesias. En serio, ¿qué carajos?, al menos se merecía un soundtrack más decente. Buscó con los ojos, pero no era capaz de encontrar la fuente y el nerviosismo sólo lograba que se sintiera más y más ultrajada a cada segundo. Tiró su mochila en una de las gradas y dio un gran salto hasta que estuvo en la acera. Damn I like the way that you move, se tensó en su lugar y cuando descubrió que la música venía de uno de los edificios a su derecha, se preparó para lanzar una roca al pobre desafortunado.
—¿Helga?
So give it to me.
La letra. El corito estúpido y el inoportuno de Arnold que se aparecía como ninja en lo alto de las escaleras y la miraba lleno de sospecha.
—¿Arnold? —Repitió un poco sacada de sí misma, pero se corrigió al instante—. Hey… uh, no has tardado mucho.
¿Qué rayos le pasa a mi cerebro?
Here's the situation been to every nation
Nobody's ever made me feel the way that you do
You know my motivation give in my reputation
Please excuse me, I don't mean to be rude
—Eh, sí, lo siento. —Tenía una mano en la nuca y parecía avergonzado—. La reunión demoró un poco más porque tuvimos que programar los avances de la siguiente semana.
—Sí, eh, seguro. —Dijo tratando de parecer despreocupada, pero su tensión era más que evidente. Además, la letra de la canción la estaba distrayendo, podía jurar incluso que habían subido el volumen de la música—. Yo sólo quería… no es importante. ¡No, espera!, sí es importante pero… er… no es urgente, je, es decir, ¡podía esperar!
But tonight I'm loving you
Estúpido coro.
—¿Sí? —Arnold recogió su mochila del suelo y se sentó en una de las gradas—. Gracias por esperarme, de todas formas. ¿No quieres sentarte?, pareces cansada.
Helga se acercó para corresponder su invitación.
You're so damn pretty
If I had a type then baby it would be you
Pero decidió mejor quedarse de pie.
—N-no… estoy bien así. —Se aclaró la garganta—. No estoy cansada, cabeza de balón.
Arnold se encogió de hombros y le sonrió, esperando.
I know you're ready
If I never lied then baby you'd be the truth
—Hay algo que he querido decirte desde, eh, hace algún tiempo. Arnoldo. —Se cruzó de brazos y trató de concentrarse en el muchacho que la veía con mucha atención y no en la inconveniencia de la voz de Enrique Iglesias—. Yo… no estoy segura si este es el momento adecuado, pero uno nunca puede estar seguro sobre estas cosas, ¿verdad?
Arnold asintió, inseguro, pero Helga no tenía tiempo de comprobar si todo lo que estaba diciendo tenía sentido o no.
Tonight I'm gonna do everything that I want with you
Everything that you need
Everything that you want
I'm gonna, honey, I wanna stunt with you
—Lo que quiero decir es que…
From the window to the wall
Gotta give you my all
Winter and summertime
When we get to the spring I will make you fall
—Lo que estoy tratando de decir es que…
You got that body
That make me wanna get on the boat
Helga se sonrojó.
Just to see you dance
And I love the way you shake that ass
—¿Sí?
Turn around and let me see them pants
—¡Ag!, ¡no me puedo concentrar! —Gritó con las manos en la cabeza—. ¡Estúpida canción y estúpida música!, ¿qué demonios pasa con el puto universo?, ¿es que nunca voy a poder decirlo?, ¡estoy harta y espero que el idiota que esté escuchando esta estúpida canción se ahogue en sus pesadillas!, ¡lo odio, Arnold!, ¿entiendes?, ¡lo odio!
Arnold no sabía si Helga se había puesto roja por haber gritado sin respirar o por los sentimientos que estaba expresando, pero se veían tan peligrosamente inestable que no atrevió a preguntárselo.
—¡Estoy cansada!, ¡si no es la puta música son nuestros estúpidos compañeros de clase!, ¿hasta cuándo, Arnold?, ¡dime!, ¿hasta cuándo?
Quería contestar, de verdad, pero no tenía ni la más miserable idea de lo que Helga estaba diciendo.
—¿Sabes lo que haré?, ¡los mataré a todos!, ¡los mataré y ya no tendrán cómo meterse!, ¡ja!, con mi suerte no sería novedad que el apocalipsis zombie ocurriera con el sólo propósito de interrumpirme. —Caminaba de un lado a otro, alternando sus manos de la cabeza a la cintura y de vuelta a la cabeza. Estaba frenética y la gente comenzaba a mirarlos con curiosidad.
—Eh… ¿Helga? —Llamó con cuidado.
—¡No! —Replicó molesta—. ¡No te atrevas a defenderlos porque te juro que…!
—Yo no… Helga… no… olvídalo.
—¡Estoy harta de todo este teatro! —Soltó con las manos en el aire.
Algunos de los curiosos que se habían detenido a observarla comenzaron a aplaudir, pero Helga les lanzó tal mirada de muerte que prefirieron retomar su camino.
Arnold, sin querer, comenzó a reírse. Él ni siquiera notó la mirada de muerte que le dedicó la rubia.
—Cállate, Arnoldo. —Siseó, enojada.
El rubio intentó parar, pero la situación todavía era demasiado absurda para lograr la proeza. Helga soltó un largo suspiro y, renuente, comenzó a sonreír.
—L-lo siento, Helga, de verdad. —Dijo cuando pudo comenzar a calmarse, se estaba secando una lágrima solitaria de la comisura de su ojo derecho—. Pero es que… no te molestes, pero no te entendí nada.
—Es porque eres un cerebro de pez. —Contestó un poco resentida—. Olvídalo, no te lo diré. No ahora.
—Pero tienes que decirme. —Alzó una ceja—. Has intentado decírmelo tantas veces que ahora quiero saberlo.
—No puedo, se perdió el momento.
—¿El momento?
Helga se jaló el cuello de la camiseta, sintió mucho calor de repente.
—Seamos amigos. —Soltó de pronto y se arrepintió al momento. Siempre tenía que acobardarse en el último segundo—. Listo, eso es.
Arnold le lanzó una mirada extraña que no terminó de entender, pero le contestó con la voz divertida.
—¿Amigos?, ¿tú y yo?, ¿eso era lo que querías decir?
—Sí, ¿por qué?, ¿no quieres? —Dijo, a la defensiva.
—Así que desde hoy… —Dijo, ignorándola—. Desde hoy, Helga Pataki quiere ser mi amiga.
—¿Sí?
—¿Sí o no?
—Te lo acabo de decir, melenudo.
—Seamos amigos, entonces. —Soltó una risita.
—¿Qué te pasa?
—Has estado siendo agradable la última semana porque querías ser mi amiga, ¿es así?
—Sal de tu mundo feliz, Arnoldo. No eres el único al que se lo he pedido. —Mintió enojada—. Simplemente quiero establecer lazos con todos los zoque… compañeros con los que he compartido la secundaria, viendo que ya se acaba y todo eso.
—¿En serio?
—Sí. Además, Phoebe lo sugirió. —Agregó como si eso le diera validez a su excusa.
—Bien. Me alegro por ti. —Dijo simpático y Helga evitó mirarlo directamente—. ¿Esto quiere decir que ya no me lanzarás bolitas de papel?
—¿Te las he lanzado esta semana?
—No.
—Ahí lo tienes. —Contestó magnánima y se acercó a recoger su mochila—. Bueno, cabeza de balón, nos vemos.
—Sé que estás mintiendo, Helga. —Sonrió enigmático—. Pero me alegra que quieras que seamos amigos.
Helga lo miró sorprendida, pero antes de que pudiera contestarle Arnold ya se había levantado.
—Te veo el martes, entonces. —Se despidió—. Te acompañaría a tu casa, pero prometí reunirme con Gerald.
—¿Qué? —Dijo confundida—. Sí, sí, lo que sea Arnoldo. No tienes que contarme tu vida, rayos. Sólo vete, me estás molestando.
Arnold rodó los ojos, pero se despidió agitando la mano de todas formas.
Oh, oh, you know
that tonight I'm loving you
XX. De cómo morirse de celos y otros impulsos idiotas.
—A ver, explícame, ¿cómo es que me volteo y estos dos retrasados ya están coqueteándose? —Susurró Helga irritada mientras clavaba su tenedor en el pedazo de milanesa que había comprado. Era la hora del almuerzo y es una de las mesas a la izquierda, Lila y Arnold charlaban animadamente. Phoebe, a su derecha, terminó de masticar antes de contestarle.
—Eh… no creo que estén coqueteándose. Gerald me dijo que el profesor de geografía asignó a Arnold y a Lila para una presentación en clase. —Explicó como mejor pudo.
—¡Eso no es geografía! —Exclamó irritada—. Eso es aprovecharse de una circunstancia para asquear a todo el comedor, ¿por qué demonios no comen?
Phoebe, sabiamente, se quedó callada.
—Los odio, Phoebe. Esto es mi culpa, dime, ¿por qué me tiene que gustar Arnold? —Apretó el tenedor que tenía en su mano y machacó su comida con pasión—. Es un idiota, lo odio. ¿Por qué no me puede gustar nadie más, eh?, nunca lo he intentado. Quizá sólo debo intentarlo.
—Pero, er, Helga… ¿no dijiste que querías decírselo?
—¡Sí!, pero esto es insoportable. —Gruñó cuando la risita de Lila sonó muy cantarina—. Estos dos me están tocando los nervios. Es obvio que al melenudo cabeza de ladrillos idiota todavía le gusta Lila. Y parece que no es tan unilateral como cuando teníamos nueve, ¿qué haré si me rechaza?, ¿eh?, no quiero. No quiero.
—Helga…
—¡No, Phoebe!, ¡tiene que haber otra solución!, si no he podido decírselo hasta ahora debe ser porque el universo no quiere que se lo diga.
—No creo que…
—Lo que necesito es enamorarme de alguien más.
—Helga, realmente, no creo que…
—¡Eso haré!
—Pero Helga…
—A ver, ¿de quién me puedo enamorar?
Phoebe soltó un largo suspiro y se resignó a lo que viniera. Sabía que la decisión de Helga era tonta, pero los celos sacaban lo peor de su carácter. La verdad es que Arnold y Lila comenzaban a irritarla también a ella. Supuso que dejar que Helga se distrajera con un proyecto que jamás llegaría a su fin sería mejor que seguir oyéndola torturarse por algo que no se podía evitar.
Lo que Phoebe no había calculado era que Helga era más intrépida que lógica y que, a veces, actuaba sin pensar.
—¡Hey Stinky! —Escuchó que llamaba en medio del ruido del comedor—. ¡Ven aquí!
Phoebe se tensó.
—Hola Helga, hola Phoebe. —Saludó aburrido—. ¿Me llamabas?
—¡Sí! —Exclamó la rubia—. ¿Qué tal andan las cosas entre tú y Gloria?
—Creo que ese no es tu asunto, Helga. —Dijo Stinky, incómodo. Cuando Helga le gruñó decidió continuar—. Pero, para que lo sepas, terminamos hace un par de meses.
—Perfecto. —Contestó alegre y Stinky arrugó el ceño, pero no dijo nada—. Lo que quiero decir es que, ¿estás disponible, verdad?
—¿Sí?
—¿Y qué me dices de salir conmigo, eh? —Dijo relajada—. Con la gran Helga G. Pataki.
—Me temo que no te comprendo, Helga. —Dijo sorprendido—. ¿Qué estás diciendo?
—Te estoy invitando a salir, memo. —Explicó exasperada—. ¿Cuál es tu respuesta?
Stinky parpadeó confundido mientras que Phoebe intentaba pensar en cómo se iba a solucionar el desastre al mismo tiempo que le buscaba algún tipo de lógica al actuar de su mejor amiga.
—Helga, ¿me estás preguntando por las mismas razones por las que me preguntas cuando estábamos en cuarto?
—¿Qué? —Graznó—. ¡No, esto no tiene nada que ver con eso!, ¡espero que no anden comentando el tema por ahí!, te mataré si lo haces.
—¿Estás segura?
—¡Sí!, demonios Stinko, si no quieres salir conmigo sólo tienes que decirlo no tienes que soltarme todas estas tonterías. —Se cruzó de brazos.
—Sólo quería estar seguro. —Explicó—. Pero siempre he creído que eres atractiva en tu estilo.
Helga se sonrojó y Phoebe abrió los ojos sorprendida.
—¿E-entonces?
—Acepto.
A la que sigue.
Mecanografiadas
Hoy me fui a la casa de Killa y decidí que era un buen día para hacer una pijamada y a ella no le quedó más remedio que aceptar. Aproveché que andábamos perdiendo el tiempo antes de la película para que me empezara a dictar, una cosa llevó a la otra y aquí está el nuevo capítulo. Genial, ¿no? Bueno, lo que tengo que decir es que no me esperaba PARA NADA este desarrollo y eso que Killa me hizo reescribir la última escena como tres veces. O sea, Stinky, o sea, ¿en serio? Le pregunté de qué iba pero no me quiso contar nada más y lo que sí me dijo que es que lo iba a acabar en dos capítulos más. O sea DOS, o sea, cree que en DOS capítulos más va a solucionar el desmadre que se mandó acá. REALLY?, por mi lado les aviso que la torturaré hasta que decida que dos capítulos no son suficientes. No sé ustedes.
Pues, vaya, gracias por mandarme saludos. Yo se los regreso y bueno, no, no me cuesta nada escribir cuando alguien dicta. Aunque Killa es un poco odiosa y me hace borrar páginas enteras cuando no le gusta cómo va. Listo, lo dije. Jajajaja, pero gracias sí, es divertido compartir esto en esta situación un poco rara.
Bueno, les hago llegar los quotes directos, Killa dice: "Me pica la pierna, la mano y no puedo rascarme porque estoy con las vendas en una y con el yeso en otra. Estoy un poco descuajeringada porque soy torpe y pisé un hoyo en el piso y luego me tropecé con una mochila. Para acabarla de joder ayer mientras me alistaba para la universidad pisé mal y por evitar caerme me raspé la rodilla y me doblé la muñeca herida. Soy un caso, lo sé. Mis queridos retoños, si no contesto sus reviews no es porque los haya olvidado, créanme que no. He recibido sus MP e incluso algunos correos, les agradezco de todo corazón por los ánimos y por las muestras de fidelidad. Me estoy muriendo por escribir yo y por contestarles, pero mi condición no me lo permite. Si no fuera por Ariel quizá ya me hubiese ahorcado de la impaciencia. Ténganme un poco más de paciencia, que ya volveré. Espero que la historia les esté gustado y no teman que terminaré todo. En realidad sólo estoy comenzando proyectos que tienen un fin planificado. Aish, hay tantas cosas que me gustaría contarles, pero les pondría un testamento. Sólo aviso que por culpa de Ariel comenzaré otro fanfic una vez que termine este y que será uno que presiento que les gustará mucho. He tomado todas las sugerencias para armar los siguientes capítulos y sí, serán sólo dos más. Para contestar dudas generales, sí, el yeso me da rasquera y casi me incrusto un lápiz de la desesperación. Soy un poco compulsiva, así que sí, reviso mucho antes de publicar, ¿rara yo?, no... para nada. Sobre Arnold... sí, es denso, pero que el título les de una pista. Como Ariel me anda presionando, supongo que el fanfic se acabará más pronto de lo que había planeado (es que Ariel tipea rapidísimo). Helga está en una situación extrema, por eso está haciendo tonterías, pero estoy cuidándome del OoC, avísenme si notan algo. Yo también quiero recuperarme ya :'D. ¡Gracias a todo por sus buenos deseos! y... mmm... gracias por apapacharme virtualmente :3 yo soy cursi y no saben lo me me encanta hacer sufrir a Ariel cuando le dicto mis cursiladas. ¡Los quiero a todos!"
Y siguió hablando, pero toda mecanógrafa tiene un límite. Bien, ¡por favor díganme que lo de Stinky fue un shock!, nos comentamos dentro de muy poco que yo no me quedo con la duda (y ustedes tampoco).
¡Chaito!
