Hola mis lectoras! Perdonen tanta demora, pero el estudio, la vida, mi locura, no me ha dejado tiempo de poder seguir estar historia que pienso terminar, ya que fue obra de una apuesta y yo soy una mujer de palabra. Espero que les guste, simplemente eso, y aunque en este capítulo no aparecen los protagonistas de la historia, sé que les agradará… así podrás comprender cómo será la temática de este fanfic.

Sin mucho más… espero que les guste y que los disfruten :D

Disclaimer: Beyblade no me pertenece, pertenece a Takao Aoki, yo solo uso sus personajes.

Advertencias: Lemon únicamente jiji

Dedicado: dedicado a Cloy Jubilee (perdona mi tardanza, espero que lo puedas leer prontamente amiga)

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Mundial de Rusia de 2018

Capítulo II

Primera noche juntos, parte I

Los copos de nieve caían lentamente y chocaban contra el vidrio de la ventana, con la misma lentitud se deslizaban por el mismo y desembocaban en la parte baja de la ventana. Haciendo el recorrido más largo dado que el cristal ocupaba la pared que daba directamente hacia el exterior, careciendo los departamentos de balcón. Pero poseyendo generalmente un televisor de pantalla de plasma, y al menos dos espejos uno a cada lado de la cama sobre las mesas de luz. Cada detalle de los mismos, es decir, de los espejos estaban hechos de manera artesanal, cada uno podría valer millones. Sin embargo, lo que muy pocos veían eran los espejos o las pinturas especialmente hechas para los cuartos del hotel, los televisores de plasma de alta definición encastrados en la pared y uno que otro artículo tecnológico que pudiera llamar la atención de los ocupantes, era lo que más despertaba la fascinación de los ocupantes de los mismo.

Sin embargo, algunos de los que visitaban el hotel Lotte sí se molestaban en contemplar dichos objetos tan caros y tan refinados a los ojos de quienes realmente comprendían del tema. Este era el caso de uno de los habitantes de las habitaciones del sector A, también conocido como el sector más VIP del hotel. El ocupante de la A23, quien había crecido en el seno de una familia adinerada por lo que su ojo estaba entrenado para ser tan detallista en cuanto al valor real de las cosas, en especial objetos como espejos o muebles. Pese a su carácter aparentemente serio y sus gustos banales, comprendía el verdadero valor dado por la antigüedad de cualquier mueble o inmueble.

El joven de 25 años contemplaba los objetos con una seriedad y una admiración dado que no imaginaba que en un hotel como ese encontraría muebles de alto valor dado por su antigüedad y hechos a mano. Pensaba que encontraría la tecnología de primera categoría, no le llamaba la atención que tuvieran tantos artefactos automáticos y esos televisores último modelo, pero sí le llamaba la atención ese par de espejos. Lamentablemente su compañero de habitación, de unos 21 años cumplidos hacía unos meses, no le había llamado la atención ese tipo de cosas. Para el muchacho era mejor contemplar los copos de nieve caer y chocar contra el gran ventanal de su habitación. Una leve y nostálgica sonrisa se formó en su rostro mientras apoyaba la mano en el cristal y contemplaba su reflejo. A través de este último vio como el otro hombre dejaba de lado el espejo y se le acercaba.

— ¿Dejaste de ver esos espejos extraños? —comentó Johnny mientras observaba a Robert a través del reflejo de la ventana.

—No son extraños, ¿qué tiene de emocionante ver la nieve? —preguntó el otro mientras lo abrazaba por la espalda y depositaba un beso en el hombro del menor.

—Simplemente me gusta, ¿qué tiene de emocionante un par de espejos antiguos? —contestó mientras ladeaba la cabeza para mirarlo de reojo.

Los dos compartieron una sonrisa y acercaron sus labios para depositar un beso en los mismos. De a poco el beso se tornó más apasionado, sus lenguas danzaron dentro de la boca ajena y se enroscaron en un juego que a ambos les divertía. Con sutileza Robert rodeó mejor el cuerpo del menor para voltearlo y que lo abrazara también, cosa que Johnny hizo gustoso y dejando de lado la ventana para aferrarse al cuello de su ser amado. Desde hacía un tiempo que no se habían visto y ya necesitaban verse nuevamente, sabían perfectamente que abajo del hotel, aprovechando que ninguno había corrido la cortina del ventanal, estarían muchos paparazis sacando fotos de ellos dos besándose, mas eso no les puso algún problema.

Ninguno se molestaba en ocultar el gran amor que entre ellos abundaba, tampoco les importaba ocultarse cuando se veían, porque se veían pocas veces y cada vez que lo hacían la pasión afloraba. La vida de cada uno la sabían gracias a los mensajes de texto, a los whatsApp y los chats y cámaras del Facebook, la tecnología y las redes sociales habían hecho que no perdieran completamente la comunicación. De esa manera su relación no solo se había tornado a distancia, sino abierta, por cuanto ninguno de los dos podía aguantar sin tener algo con otra persona, pero entre ellos subsistía la promesa de solo sentir amor mutuo. Muchos periodistas, colegas, familiares, inclusive gente desconocida para ellos, los habían criticado y habían afirmado que ese tipo de relación no prosperaría, pero ellos demostraron que sí se podía mantener y que su amor era más fuerte que un simple encuentro sexual.

De esta manera los dos se alejaron de la ventana después de haberle dado un buen espectáculo para que filmara o fotografiaran los paparazis. Johnny se dejó conducir por su novio hacia la cama con una lentitud que lo hacía natural, mientras los brazos de Robert se ceñían más al cuerpo del más pequeño. Con la misma sutileza fue el mayor quien se dejó caer y llevó consigo a su pareja, quien terminó sobre el cuerpo musculoso del más grande de ambos. Los dos se miraron con una sonrisa mientras acariciaban con sutileza y delicadeza el cuerpo ajeno, no hablaban ni hacían movimientos bruscos, solo estaban uno con el otro y disfrutaban de la compañía ajena. Hasta que la temperatura, por tanta cercanía comenzaba a subir y obviamente sus cuerpo reclamaban por más.

— ¿A qué hora comenzaremos la grabación mañana? —preguntó el pelirrojo con una sonrisa juguetona.

—No muy temprano, ¿por qué la pregunta? —dijo el otro con la misma sonrisa y apretándolo más contra su cuerpo para que sintiera el bulto que se comenzaba a formar entre sus piernas.

—Porque creo que quiero jugar contigo —respondió el muchacho riendo y besándole los labios. — ¿Quieres jugar conmigo?

Inmediatamente después de decir esa pregunta, el de cabello morado empujó al menor, de manera tal que quedara colocado debajo de él y le besó en los labios con una tranquilidad que bien podría confundirse con el deseo. Una vez que se separaron se miraron con la misma picardía y Robert se movió un poco para hacer sentir al otro su excitación y también para palpar como estaba la excitación de su novio.

—Siempre quiero jugar contigo —contestó finalmente y las ropas comenzaron a ser regadas por la habitación.

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Junto a dicha habitación, en la número A25, se encontraban compartiendo dos personajes casi completamente opuestos. Uno de ellos era un muchacho ruso con un cuerpo bastante imponente y cuya mente abierta le había hecho posible seguir siendo amigo de su ex pareja y había aceptado bastante bien el hecho de que su mejor amigo saliera con su ex pareja y que ambos fueran felices juntos. Eso solo dejaba ver que no sólo poseía una mente liberal, sino que carecía de un egoísmo que muchos le atribuían sin conocerlo realmente. Sin embargo, él se molestaba en ocultar ese lado sensible y no egoísta, ese momento en que él se dedicaba a dar a cambio de nada, por el simple hecho de que su orgullo y su fama de "chico malo" se lo impedían.

Aunque detrás de ese armatoste de frialdad se escondiera un ser mucho más cariñoso y amable, algo que sí era por dentro y exteriorizaba era su fascinación por las poses sensuales y sus deseos que rozaban lo pervertido. Sin embargo, en esta ocasión sería la primera vez que realmente hiciera algo productivo con su forma tan singular de ver la anatomía masculina y femenina, porque aunque era homosexual apreciaba la figura femenina. Ser fotógrafo de tan importante emisión de PlayGirl era uno de sus más grandes sueños que se estaba cumpliendo rápidamente, se sentía algo nervioso por el hecho de que fotografiaría esta vez y no sería modelo, pero confiaba en que Aleksandra Sherba le ayudaría con las dificultades.

Mientras Bryan contemplaba su computadora con imágenes de otras tapas de revistas para el público femenino de otros países, sentado sobre la cama de la habitación; su compañero de habitación salía del baño que ambos compartían. Una toalla rodeaba su cintura y su cabello aún mojado se dejaba caer sobre sus hombros y más. De origen chino el joven era quizá demasiado puritano como para ser partícipe de una producción de fotos eróticas. Su sonrisa denotaba cierta inocencia que lo hacía un factor importante a la hora de la toma de imágenes, eso sumado a su facilidad para sonrojarse. Un muchacho que parecía un niño en el cuerpo de un hombre, dado que sus 22 años lo denotaban así, sin embargo su carácter bastante serio lo hacía casi contradictorio con su forma de comportarse.

El chino caminó lentamente, pasando junto al ruso hasta detenerse en el ventanal, para admirar un rato la nieve caer. Hacía bastante que no veía ese paisaje, hecho que le lo ponía bastante nostálgico y que lo llevó a esbozar una leve sonrisa mientras apretaba fuertemente los puños. A veces no comprendía cómo había acabado todo, pero para su buena suerte las cosas entre él y su ex pareja estaban calmadas, había quedado una relación de amistad bastante buena. A pesar de ello, el mayor podía ver el ligero malestar en el chino.

—Rei —le llamó haciendo que chino se volteara, — ¿hace cuánto que no volvías a Rusia?

—Desde una semana antes de terminar mi relación con Kai —respondió con una cierta monotonía, mientras se sentaba en la cama de junto e intercambiaba miradas con el joven ruso.

Los ojos dorados se enfrentaron un par de orbes verdes que dejaban traslucir un destello de deseo que fue percibido rápidamente y causando un sonrojo en las mejillas trigueñas del chino. De inmediato frunció el seño y le dedicó a Bryan una mirada de enfado, sintiéndose ofendido con mirada impúdica del otro sobre su cuerpo y provocando una risilla de parte del otro. El de cabellos lavandas se volteó para darle privacidad a su compañero para que se vistiera moderadamente.

—Listo —avisó de mala gana el chino ya con un bóxer puesto; entre risas el ruso se giró para verlo, sin poder evitar mirar el cuerpo escultural del otro. Por ello, y para molestarlo, una gota de saliva corrió por su labio inferior, ganándose una queja del chino y que le arrojara una almohada con la suficiente fuerza como para hacerlo caer de espaldas.

—… ¡Debiste ver tu cara! —gritaba Kuznetsov mientras se reía a carcajadas.

— ¡Eres un asco! ¿Cómo Kai puede ser amigo tuyo? —gritaba Kon mientras estaba rojo de ira y de vergüenza.

—Nos conocemos desde pequeños —se justificó el ruso devolviéndose la almohada.

Hubo un silencio para nada incómodo al tiempo que ambos muchachos se arropaban con las frazadas para dormir; ya una vez que se quedaron arropados y cubiertos por las frazadas, notaron algo que se les había olvidado: apagar la lámpara de noche.

Cuando los dos entraron esa mañana a su habitación, se encontraron con las mesas de luz colocadas a cada lado de las camas, sin embargo había algo que a ninguno le gustaba. Acomodaron la alcoba a su manera, la colocaron de cabeza prácticamente; los dos se habían hecho bastante compinches en ese sentido, dado que sus gustos eran similares pese a sus caracteres prácticamente opuestos. En medio de esa ajetreada decoración, una de las lámparas de noche terminó siendo colocada en medio de las dos camas y la otra terminó junto a la puerta, lugar poco conveniente pero que a ellos no les importó. De esta manera, cuando se acostaron la lámpara quedó prendida en medio de las camas.

Los dos se miraron y Rei fue el primero en estirar la mano para apagar la lámpara, sin lograrlo por el estar el objeto muy lejos de su alcance. Acto seguido, Bryan intentó lo mismo, obteniendo le mismo resultado. Volvieron a mirarse y rieron levemente, sin poder creer que ninguno llegase.

—Apágala Rei —dijo el ruso con cierto grado de autoridad en su voz.

—Hazlo tú, Kuznetsov —respondió el chino sin un atisbo de ganas de hacer lo que le decía.

Ninguno seguía órdenes de nadie y los dos se miraron irritados. Odiaban que otros los mandaran y les dijeran qué hacer, pero también debían admitir que no podían dormir con la maldita luz prendida. No obstante, ninguno iba a levantarse de la cama para apagar la dichosa luz, por eso mismo se siguieron contemplando enojados y se cruzaron de brazos, era un pelea silenciosa digna de la guerra fría, pero con un motivo tan minúsculo que no hubiera valido la pena tanto alarde. Pero ellos no iban a detenerse a pensar en eso, simplemente no estaban pensando en lo que hacían.

Así se insultaron durante un tiempo, como dos niños, para después enojarse el uno con el otro y voltearse, de manera que le dieran la espalda a la lámpara y a su compañero. Los brazos de ambos estaban cruzados y con el seño fruncido. Eran muy parecidos en cuanto a que mantenían un orgullo bastante elevado, pese a que sus caracteres eran totalmente opuestos, sus comportamientos eran dentro de todo similares. Mas si había algo que no hacían los dos, era sobrepasar el límite de terquedad, por ese simple motivo y, con la extraña casualidad de que los dos realizaron el mismo acto a la vez, se voltearon y sus miradas se chocaron. Se sorprendieron de haber coincidido en el momento exacto, pero lo ignoraron rápidamente, dado que la risa les atacó.

No podían comprender el motivo de semejante actuación infantil, pero había sido una simple reacción, no lo habían podido evitar. Por ello estallaron en risa, una risa bajita y que podría ser compartida nada más que por amigos íntimos, cosa que ellos no eran pero que habían sido casi íntimos por cuanto los dos conocían a Kai. Hiwatari había contado a Bryan sobre Rei y a Rei sobre Bryan, por ese motivo ambos sentían que se conocían cuando en realidad nunca se habían visto hasta ese momento. Una vez que la risa se calmó, un silencio entre tranquilo e incómodo los atacó, haciendo que nada más el ruido de los autos se hiciera escuchar.

—Rei —habló finalmente el muchacho de cabellos lavandas, rompiendo el silencio. Dentro de su mente siempre había rondado una pregunta, una duda, un hecho que quería saber por el simple hecho de que nunca le quedó ciento por ciento claro y quién mejor que el protagonista para saberlo. — ¿Por qué terminaste con Kai?

— ¿Él te dijo que yo terminé la relación? —inquirió Rei mientras lo miraba con los ojos muy abiertos, sorprendiéndose de que su ex pareja realmente dijera eso a alguien más, dado que suponía que su orgullo se vería afectado.

—Más bien me lo dio a entender, sabes como es de orgulloso —dijo entre risas el de cabellos lavandas haciendo que el otro también riera. La verdad era que el chino no se equivocaba nunca en cuanto a las actitudes del bicolor, ya lo conocía tanto que sus reacciones le eran fáciles de adivinar. —Ahora dime qué pasó entre ustedes, que eso no me lo quiso decir —comentó retomando el tema por el que había comenzado la conversación.

—Había cosas que ya no soportaba, yo no tengo un carácter fuerte como tú o como Yuriy, a mí Kai a veces me parecía demasiado autoritario e incluso amenazante —habló el otro joven mientas colocaba su vista fija en el techo y recordaba con una nostalgia extraña lo que había vivido con Hiwatari. Habían sido muchos momentos hermosos a decir verdad, momentos donde se había sentido protegido y feliz de que ese hombre estuviese a su lado; pero en ese momento también las peleas se le pasaban por el frente de sus ojos como si fuera una película de cine. En esos instantes, que también habían sido varios, se había sentido lastimado, solo e inclusive había sentido miedo, motivos por los que se separaron.

Bryan se sobresaltó y no lo pudo ocultar debidamente, puesto que de inmediato se volteó nuevamente y le contempló con cierta preocupación. No podía creer que su amigo se comportara de aquella manera, reconocía que era una persona con un temperamento importante, pero hacerle daño a su novio era algo que nunca iba a permitir. Si resultaba que eso era verdad, y que sus pensamientos estaban en lo correcto, tendría que hablar seriamente con su amigo. Si bien la amistad había peligrado en cierta manera cuando su ex novio comenzó a salir con su mejor amigo, podría acabarse si se enteraba de que lastimaba físicamente a su ex novio cuando era su novio –por más que suene un juego de palabras–.

— ¿Kai te lastimaba? —dijo Bryan sin siquiera pensar mucho lo que le estaba diciendo, simplemente la preocupación por ese joven que conocía apenas se había despertado dentro de él sin un motivo aparente más que la simpatía que le despertaba.

Rei se volteó y lo miró fijamente, no pudiendo creer que le muchacho ruso le haya preguntado eso. Sus miradas se cruzaron y por un momento los dos se sonrojaron, no entendiendo realmente el motivo de ese sonrojo. Sin embargo, una leve sonrisa se dibujó en los labios del chino, lo que había trasmitido el tono de voz de su compañero de cuarto era algo que hacía mucho tiempo no escuchaba: preocupación.

—No, él nunca me levantó ni la mano ni el tono de voz, su tono de voz ya es autoritario —comentó riendo, calmando un poco al otro chico. —Él asumía que yo podía soportar muchas cosas, asumía que soportaba sus largas ausencias y el mal humor que traía a veces cuando nos encontrábamos. Nunca me maltrataba, pero sí daba órdenes que yo no quería seguir y al momento en que no las seguía, se molestaba conmigo —se quedó callado un momento, como si recordara nuevamente, Bryan lo notó y lo dejó seguir pensando, no quería incomodarlo. —Yuriy Ivanov parece que tiene más carácter para afrontar eso, yo me enojaba con él y fingía ser fuerte… pero en el fondo todo eso me lastimaba —siguió hablando mirándolo a los ojos. —Por ello no aguanté más y terminé con él.

Bryan se quedó callado unos minutos, como si su cerebro procesara toda la información que había recibido. Hasta que finalmente sonrió, se puso de pie, ante la mirada extrañada del otro joven, y apagó la dichosa lámpara que los había llevado a tener esa conversación. Una vez apagada la luz y reinando la oscuridad, Rei miró la sombra del ruso como se movía un poco más y se acercaba a él, sintió un ligero aliento cerca de su rostro, pero la oscuridad no le dejaba ver qué era exactamente. Lo siguiente que sintió fue un beso, un suave beso en su mejilla que rozaba la comisura de sus labios. Se sonrojó fuertemente y no supo como reaccionar, nada más se quedo quieto y sintió nuevamente un aliento cerca de su oído.

—Si te sientes solo o si simplemente quieres hablar, o necesitas a alguien… cuenta conmigo "gatito chino" —esas fueron las palabras que escuchó siento susurradas en sus oídos, esas simples palabras bastaron para hacerle sentir esa emoción en el pecho que no sentía desde que terminó con el ruso-japonés.

Mientras veía como la sombra de su compañero de habitación regresaba y se recostaba en su cama, una sonrisa se dibujó en su rostro.

—Gracias —dijo y cerró los ojos, sin saber que en la otra cama una gran sonrisa se dejaba traslucir en un rostro que hacía mucho tiempo que no sonreía como lo estaba haciendo en ese momento.

– – –

En frente de la habitación del chino y el ruso, donde ambos estaban durmiendo plácidamente y con una sonrisa que ni ellos mismo podían explicar en sus caras, se encontraba la número A26. Donde el ambiente era muy distinto a lo que podría estar ocurriendo en los otros cuartos. Los miembros de la misma estaban sumidos cada uno en algo más que sus pensamientos y se estaban dejando llevar de una manera que para ellos era el mejor momento de su vida. Hacía tanto tiempo que ninguno se veía que los recuerdos de sus últimos encuentros eran escasos y necesitaban con urgencia verse y recorrerse de nuevo. El trabajo los separaba cada dos por tres y las ansias de encontrarse eran tan fuertes que les hacían protagonistas de encuentros clandestinos que las revistas y los paparazis nunca publicaban por los sobornos que ellos mismo les daban.

La ropa de Brooklyn y Hitoshi estaba aún en las maletas, el itinerario de la semana había quedado olvidado en un rincón del mueble que albergaba al televisor, la cortina del gran ventanal estaba corrida de manera tal que no permitía que nada se filtrara por la misma, ni siquiera los flashes de los paparazis y demás reporteros apostados justo en ese lado del imponente edificio. Además de ello, las luces estaban apagadas, salvo la de una de las mesas de luz de una de las camas, la que pertenecería al inglés para ser exactos. Un poco de música se hacía notar, era movida y estaba en cierta manera fuerte, solo para poder ocultar mejor el sonido que salía de las gargantas de los jóvenes. La música provenía la computadora portátil del japonés, quien estaba consciente de lo que ocurriría y había también colocado el despertador a la hora correcta para que ambos se bañaran rápidamente y pudieran hacer la sesión correspondiente del día siguiente.

Si bien solo algunas prendas de las que llevaban puestas estaban en el suelo, no necesitaban de estar completamente desnudos para conocerse. Ellos ya se conocía perfectamente y se eran exclusivos uno del otro. Lo que había surgido entre ellos era algo que nunca les había ocurrido con alguien más y se podría decir que era un noviazgo a distancia lo que mantenía esa relación tan candente y tan apasionada como lo era en esos momentos. La distancia les permitía extrañarse mutuamente y los mensajes les hacían saber el destino del otro en esos precisos momentos, la confianza era algo que se había mantenido entre los dos a costa de los hechos. Al principio les costaba confiar el uno en el otro, pero mientras más pasaba el tiempo mejor se llevaban y mejor se conocían, hasta que a esa altura de su vida estaban tan listos para asumir su noviazgo públicamente como para aparecer juntos en las tapas de revistas.

—Hitoshi… te extrañaba —comentaba la voz entre aniñada y seductora del menor de la pareja. —No tienes idea de cuánto te extrañaba.

—Yo también Brooklyn —respondió el otro con una sonrisa en su rostro mientras le acariciaba el cabello. —Te he extrañado horrores.

Los dos compartieron miradas y se sonrieron. Aunque ambos se habían extrañado por el simple hecho de no poder verse o tocarse o simplemente escuchar la voz no distorsionada gracias al teléfono celular, se miraron con la picardía de verse y hablarse en la situación y la posición en la que estaban.

El muchacho de cabellos de zanahoria estaba arrodillado en el piso, justo frente a su pareja, o más bien colocado entre las piernas del mismo. El de cabellos azules estaba sentado en la cama, con las piernas abiertas y mirando a su amado muchacho con una ternura y una excitación que nada más él le provocaba. Brooklyn se había tomado el trabajo de quitar el pantalón de su novio y de acariciarlo inclusive por sobre la ropa interior, mientras el otro se deleitaba con las manos de su pareja que hacía ya mucho tiempo que no lo sentía pero que no había olvidado como se sentía. Los sonidos de la boca del mayor no se hicieron esperar, al igual que las palabras tan melosas y sucias que sólo su pareja había escuchado. No faltó tiempo para que se dejara quitar el bóxer y se dejara complacer abiertamente, disfrutando de las caricias de la lengua del menor.

Los besos repartidos por toda la longitud de su miembro y las caricias propinadas con las manos del joven le hacían retorcer de puro placer, arquear la espalda mientras los gemidos ahogados se escapaban de entre sus labios. Si bien su orgullo le hacía trasmitir una cierta frialdad a la hora del acto sexual más apasionado, con Masafield era todo muy distinto dado que no se contenía en dejar salir los pocos gemidos que de su garganta se filtraban y en un tono tan bajo que solo su acompañante y amor podría escucharlos. Las manos del mayor se apretaban fuertemente al sentir como era succionado por el inglés con una fuerza que le hacía sentir como su miembro era apretado por su garganta. A ese punto sus gemidos eran más fuertes que lo anteriormente escuchado y mientras le menor se deleitaba con el sabor entre amargo y, a su propia consideración quizá por el cariño y el amor que posee, dulce de líquido pre-seminal, entendiendo que muy pronto terminaría. Fue en ese instante que le interrumpió y le miró a los ojos, los orbes celestes contrastaron con los amarronados y hubo un momento de conexión en que el mayor impuso su voluntad, demostrándole que era él quien realmente debería tomar el control de la situación.

Con rapidez tomó al muchacho por los hombros y lo casi sentó sobre sus piernas para poder tomar sus labios entre los suyos y saborear por unos momentos su propio néctar, mas para sentir después la saliva de su amor mezclarse con la propia. Sus lenguas se entrelazaron de una manera casi única y se degustaron con una parsimonia que solo ellos podían compartir, ninguna otra boca tendría ese sabor, ninguna otra lengua tendría esa misma agilidad, ningunos otros labios les brindarían y les trasmitirían tanto amor, sólo la del otro. Estaban perdidos en el éxtasis de esos labios que muy pronto los llevó a abrazarse con sutileza y a recorrer la espalda del contrario metiendo las manos debajo de las ropas. Fue Hitoshi quien quitó primero la remera que el menor tenía colocada y Brooklyn le siguió el juego, contemplando con ansiedad la espalda morena del mayor.

Sin notarlo, por el simple hecho de estar perdido en los ojos de su pareja, éste introdujo sus manos dentro del pantalón y posteriormente dentro del bóxer del menor. Sus manos recorrieron su trasero perfectamente formado por el entrenamiento y sin poder soportarlo apretó sus nalgas, obteniendo un fuete gemido por parte del contrario. Era el primer gemido fuerte que había escuchado en la noche y no iba a ser el único. A raíz de ello, la blanca piel de las mejillas del joven se tiñeron de un rojo que parecía inclusive más fuerte que su cabello naranja; siempre se sonrojaba mucho por el hecho de gemir tan agudamente casi llegando a un tono femenino. De un solo movimiento y con una agilidad que únicamente le había otorgado la experiencia, quitó el pantalón y el bóxer del menor solo con que éste levantara un poco su cadera y apoyara sus manos en sus hombros.

Brooklyn podía sentir la firme y palpitante erección del mayor contra su trasero, frotarse contra sus nalgas mientras sus manos las abrían y las separaba apenas para que la punta de su pene pudiera encontrar la entrada del joven. Sus ojos estaban fijos en los del otro y su respiración estaba muy agitada, más por sentir como su entrada era lubricada por el líquido pre-seminal y como algunos de los dedos del joven de cabellos azules se adentraba con sutileza en su interior. Los gemidos que brotaban de su garganta era más que fuertes, dado que él no tenía problemas para gemir, por más que le avergonzara su tono de voz no se contenía, sabiendo que a su pareja le gustaba escucharlo.

— ¿Amor… ahora? —le susurró la oído a la vez que le propinaba un suave mordisco en la oreja, conteniendo las ganas de marcarle el cuello por el hecho de tener la sesión de fotos al día siguiente.

—Si, mi vida... no aguanto más… te quiero adentro —respondió el otro de manera entrecortada por el simple hecho de que no podía aguantar los gemidos que brotaban tanto como el deseo.

Con la delicadeza con la que siempre lo había tratado Hitorshi fue introduciendo su miembro en el ano del menor, haciendo que el otro diera gritos de puro placer y arqueara la espalda al sentir como prácticamente se sentaba sobre el mayor. Como una reacción ante las ligeras punzadas que le atacaban, enredó sus piernas en la cintura del otro y se abrazó a su cuello con una fuerza tal que le llevó a tener leves marcas de los dedos en sus hombros, cuello y espalda, por suerte se borrarían al día siguiente. Una vez que tuvo todo su miembro adentro las embestidas comenzaron una rapidez que le hicieron gritar aún más fuerte, para su gracia la música había sido aumentada hacía un tiempo por Hitoshi que conocía lo escandaloso que podía ser su amado.

Brooklyn rebotaba y gritaba en las piernas de su pareja, mientras éste gemía y suspiraba en su oído, sonidos y gestos que no hacían más que encender y elevar aún más la temperatura del contrario. Las caderas de ambos chocaban de manera desenfrenada y sus cuerpos sudaban a mares, las gotas de sudor que caían sobre las sábanas hacían notar lo mucho que se estaban moviendo, la desesperación y la pasión que ese par de cuerpos en el vaivén del sexo desprendían, pero que sin embargo sus ojos denotaban el amor que se profesaban el uno al otro. Sus ojos se chocaron una vez más, ya perdidos en el placer de la llegada al orgasmo de uno y la necesidad que éste tenía por hacer llegar a su pareja también. Por esa simple razón se dejó caer sobre la cama, dándole plena libertad al otro de moverse y tomar las riendas en ese momento.

Él lo sabía, lo había entendido hacía un tiempo y es que siempre descubría algo nuevo cuando de su pareja se trata. Al muchacho inglés le gustaba esa posición, le gustaba tener algo de control aunque le encantaba más que el mayor se lo cediera voluntariamente, puesto que eso le demostraba la confianza que le tenía. Era un joven muy seguro y con un carácter muy fuerte, tanto que muchas veces únicamente Hitoshi podía controlarlo solo con la mirada y ese hecho era lo que lo había enamorado en un principio, pero tener la capacidad de ceder el control era lo que lo había hecho entender que lo amaba realmente. La confianza, la entrega, el hecho, el amor… todo eso se mezclaba en su cabeza mientras arqueaba la espalda en el frenesí del orgasmo y la satisfacción de escuchar un último suspiro, señal de que ambos habían llegado al clímax. Fue Brooklyn quien se corrió primero sobre el pecho de su amando para sentir posteriormente como el semen de Hitoshi se adentraba en su ano y le brindaba el mayor placer que pudiera sentir.

Rendidos, agotados, cansados, sudados y pegajosos, los dos se relajaron y el menor se dejó caer sobre le pecho del japonés. Los dos se miraron un rato y de a poco y con un cierto cuidado éste último quitó su miembro del interior de chico y lo miró a los ojos antes de plantar un suave beso en los labios del chico en señal de que le había hecho el amor y no simplemente tenido sexo. Una leve sonrisa se dibujó en ambos hasta que el de cabellos naranjas se levantó de golpe, mientras una mueca de asco se dejaba ver en su cara. El gesto del de cabellos celestes solo denotó la confusión que tenía en su cabeza.

— ¿Ahora qué bicho te picó? —comentó Kinomiya mirando como su pareja estaba parado a su lado y parecía tratar de quitarse algo del cuerpo sin mucho éxito aparente.

— ¡Que asco! —le gritó sin darle respuesta a la pregunta, en ese momento su lado más histérico y afeminado salía a flote. Si bien era homosexual eso no le daba derecho a comportarse así.

— ¿Eh? —fue lo único que atinó a comentarle el otro con una mueca que no se podía descifrar por la gran duda y enfado que se estaba acumulando en su mente. ¿Acaso le había dado asco tener sexo con él? ¿Desde cuándo él hablaba así?

— ¡Me corrí en tu pecho y me recosté sobre él! —gritó nuevamente con todo el histeriqueo que eso conllevaba. De inmediato el otro comenzó a reírse fuertemente, tanto que se le olvidó el cansancio de haber tenido sexo con su novio y del enojo que le había hecho tomar. Lástima que esa reacción sólo hizo que su novio se encolerizara y le gritara aún más fuerte. — ¿De qué carajo te ríes? ¡Es mí semen… es asqueroso!

— ¿El mío es asqueroso? —preguntó el otro con una mirada casi de incredulidad, dado que era fingido pues sabía la respuesta del inglés, mientras se sentaba en la cama y le miraba fijamente, elevando la cabeza porque el menor estaba de pie junto a la misma.

—Hitoshi el tuyo es delicioso —dijo el otro a modo de respuesta al ver la cara de decepción de su compañero, quien era tan buen actor que supo como fingir esa cara como para que Brooklyn le creyese. Sin embargo, buscando aumentar un poco la diversión de ambos, dado que la pasión de los dos era la actuación, Hitoshi bajó la cabeza y observó el piso unos segundos, haciendo notar que le había dolido el comentario anterior y que no había creído su respuesta.

Ante esa reacción de su pareja, el de cabellos de zanahoria se sintió bastante mal, no pensaba que le hubiera dolido de esa manera el simple comentario. Por esa razón decidió hacer alarde de su conocimiento de escenas para arreglar la situación. El inglés se arrodillo y buscó la mirada del otro con la propio, una vez que lo logró tomó la mano del mayor y le sonrió con una inocencia corrompida por el hecho de estar completamente desnudo y manchado de semen.

—El tuyo es un manjar, una delicia digna de que solo yo la beba… y lo hago con el mismo placer que me brindas con el solo hecho de permitirme esta cercanía contigo, por favor… perdona mi innecesario comentario —dijo con una voz tan seductora que hizo que le mismo Hitoshi se sonrojara levemente y le sonriera finalmente para después abrazarlo y provocar una sonrisa de felicidad en el otro.

—Felicidades —le dijo el japonés al oído después de morderle la oreja suavemente.

— ¡Ay! ¡¿Por qué?! —respondió el otro mientras se separaba para mirarlo a los ojos y con el seño fruncido, dado que le había dolido la mordida.

—Porque me ganaste en actuación —comentó el otro riendo de la reacción mientras elevaba la mano y le tocaba la nariz. Acto seguido, y antes de que su pareja reaccionara de la manera histérica que siempre reaccionaba, Kinomiya se puso de pie y caminó rápidamente hasta el baño, dejando a un muchacho arrodillado en el suelo y con los ojos bien abiertos.

— ¡Maldito hijo de tu perra madre! —gritó dejando salir el verdadero Brooklyn que se ocultaba detrás de la imagen de señorito inglés, ese era el verdadero Broo que solo el mayor conocía y del cual se había enamorado. — ¡Veras cuando te alcance, carajo! ¡¿Por qué mierda me haces esto?! —le seguía gritando mientras caminaba hacia el baño.

Una vez en el baño con un beso apasionado y una disculpa junto con una excusa, los dos se arreglarían. Si bien Masafield tenía características femeninas que lo hacían un típico homosexual, y junto con ello una forma de ser tan histérica y a veces hartante, al punto de que le pobre japonés de cabellos azules tenía que apagar el celular para dejar de recibir los mensajes que su dichoso novio le dedicaba con preguntas demasiado metidas y a las que él estaba cansado de responder, no era un joven al que el enojo le persiguiera por días. Brooklyn se podía enojar muchas veces en el mismo día, inclusive sentir enojo como mucho por unas horas, pero perdonaba muy seguido dependiendo de si el enojo fue por un chiste normal, como el de ahora, o una broma pesada, como cuando alguien le gritó "puto" en plena filmación de una película. Éste hecho le encolerizó de manera tal que el pobre actor de reparto tuvo que pedir disculpas públicas para que el joven lo dejara de insultar o de perseguir por los pasillos.

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Nota Final: Bien, con esto termina el capítulo dos la primera parte jajajaja espero les haya gustado y sé que tenían ganas de KaixYuriy , pero tendrán que esperar bastante más muejeje. Acepto sus críticas y sugerencias, los comentarios serán bien recibidos.