¿LA DISTANCIA IMPORTA? (3)

A la mañana siguiente Zelda despertaba en su habitación de la Academia de Caballeros, en Altárea. Esa fue la última noche que pasaría arriba, pues ese día tenía previsto colocarlo todo en su nueva casa y empezar a adaptarse a su nueva vida.

-Bueno… al fin llegó el día. –dijo Zelda mientras estiraba los músculos después de someterlos a un descanso de diez horas.

De repente llamaron a la puerta.

-¿Quién debe ser? –se preguntó la chica.

Zelda fue a abrir. La sorpresa fue suya al ver a Link allí delante.

-Buenos días. –saludó él con una sonrisa.

-H-hola… No te esperaba…

-¿Puedo pasar? Es importante…

-¡Claro! Pasa.

Link entró para adentro. Se sentó en la cama. Zelda cerró la puerta y se sentó a su lado.

-Perdona este desorden. Me acabo de levantar y ni me he arreglado ni nada. –justificó ella.

-No pasa nada, Zel. Yo quería decirte que… Grusi me lo ha contado todo. –empezó Link.

-¿E-el qué todo?

-Eso de que… t-te gusto.

Zelda se sonrojó a más no poder. Se puso las manos en la cara, intentándosela tapar.

-Zelda… ¿Es cierto?

-S… Sí. Lo siento mucho… Yo no puedo decidir a quién querer. Perdóname. –dijo mostrando su rostro, mirando fijamente al chico.- sé que no me puedes corresponder pero…

-No pasa nada. –interrumpió él.

-¿C-cómo? –dijo ella sorprendida.

-Zelda… Des del día del Torneo Celeste, cuando pasó todo, hasta hoy, no me ha cabido en la cabeza la posibilidad de rendirme. He pasado bosques, volcanes, desiertos, estatuas ancestrales, Grahim, dragones, portales… por ti. Quería decirte que me gustas des del día en que empezó todo. El premio de la salvación del mundo, para mí, era secundario comparado con el premio de tenerte a ti, a mi lado.

-L-Link… no sé qué decir…

-No digas nada.

La distancia que había entre ellos empezó a disminuir. Zelda estaba muy confusa, pero Link sabía perfectamente lo que iba a hacer. Ya notaban sus alientos, cuando de repente ambos labios se unieron, dejando nacer una multitud de emociones y sentimientos, tanto en Zelda como en Link. La falta de aire les jugó una mala pasada y fue lo que los separó.

-L-Link, yo…

-Zelda. ¿Quieres salir conmigo? –preguntó Link mirando a los ojos de la chica.

Zelda no pudo aguantar más y se lanzó a los hombros de Link a desembocar esas lágrimas que le torturaban la garganta des de que el chico entró por esa puerta. Link la abrazó y sonrió, mientras sentía como la chica lo cogía fuerte.

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Eran las doce ya… En las tierras inferiores estaba Gracielle mirando el reloj de pulsera que llevaba.

-¿Dónde se habrá metido Zelda? Hace media hora que le espero para ayudarla a colocarlo todo…

En ese momento llegó ese pelícaro azul celeste con la chica encima montada y las últimas cosas por bajar.

-¡Tía! ¡¿Dónde estabas?! –gritó Gracielle.

-Con Link… ¿Le dijiste que yo…?

-S-sí… Lo sien…

Zelda le pegó un achuchón interrumpiendo a su amiga.

-¿Qué pasa? –se preguntó la pelirroja.

-¡Estamos juntos! Gracias Grusi…

-¡¿Sí?!

Gracielle flipaba, pues lo demostró poniéndose las manos en la cara mirando al cielo. Zelda le empezó a contar lo que había pasado y cuando acabó Gracielle empezó a preguntar.

-¿Pero los estudios qué?

-Él ya se informó y al tener clases por las mañanas tiene las tardes libres y no llenas de faena como imaginamos.

-¿Lo del trabajo del padre de Paula?

-Link, después de hablar contigo se fue disparado a hablar con el padre de Paula y le dijo que tenía a un candidato perfecto para que le haga de ayudante.

-¿Qué es…?

-Gruyo… el chaval quiere trabajar, ¿sabes? –dijo Zelda contenta.

Después de eso aterrizó un pelícaro rojo. Era Link. Bajó de su ave y se dirigió dónde estaban las chicas.

-¡Hola! ¿Qué hacéis?

-¡Hola guapo! –reaccionó Zelda.

Link agarró a Zelda de la barbilla y la giró para besarla. Gracielle sonrió al ver esa escena…

-Aquí Zelda me estaba agradeciendo lo que he hecho por vosotros y… bueno al fin y al cabo fuiste tú Link quien me ayudó con lo de Coocker. Estamos en paz, ¿no? –dijo sin que la sonrisa se le borrara de la cara.

-Jajajaja tienes razón… bueno, Zel, acabamos de poner las cosas, ¿no? A ver si hay sitio para los dos en esta casa… -propuso el muchacho.

-¿Te trasladas tú también? –se sorprendió la pelirroja.

-¡Claro! ¡Después de esto no me iba a quedar arriba! –contestó Link.

Entre las risas, Zelda miró una vez más al cielo. Al fin todo volvería a empezar tal y como ella siempre había querido.