S v/s S
A la hora de la cena se encontraban los cinco despotricando contra Snape.
-¿Y qué si la poción me salió naranja?- decía un enfadado Ron- no era peor que la de Goyle que era de un azul imposible y a el no le bajo 50 puntos!
-Por lo menos no se la ha cargado personalmente contigo. Continuaba krum.
-Que te dijo a ti?- pregunto Hermione
- Que hacia pociones tan bien como lo era mi desempeño debajo de una escoba- contestó apesadumbrado - ¡Tengo una lesión por Merlín! No debería burlarse de eso, por eso es que cojeo.
- Que va! Dijo Hermione, solo está celoso porque eres mas guapo y popular de lo que él nunca fue.
-Bueno-se adelantó Harry al ver la cara de sonrojo de su amiga y la de furia de Ron- por lo menos tiene carne de cañón nueva para rato, lo que me deja un rato de paz a mi, y de todas formas ya hay alguien que le ha contestado satisfactoriamente.
Susan se dio por aludida. – ya, pero bien caro me ha salido, mi primer día y ya estoy con detención! Creo que hice record.
La verdad es que si- dijo Hermione- pero mejor te apresuras porque Snape ya ha salido y no es bueno hacerlo esperar.
Me trae sin cuidado. Dijo que después de la cena, yo aun no termino y nunca dijo que fuera después de SU cena.
Vaya chica, ¡que agallas tienes!- acotó un asombrado Ron.
20 minutos después alguien tocaba a la puerta de su despacho. Ya imaginaba quien era.
-Adelante-dijo monótonamente. Veo que no ha aprendido mucho, señorita. Insiste con sus retrasos.
Pues vera señor- dijo ella altaneramente.-usted dijo después de la cena. Y yo acabo de terminar la mía.
No se esfuerce en pensar mas allá de mis instrucciones.- sus ojos le calaban profundamente- Verá que en este juego yo soy quien pone las reglas.
Y soy yo quien decide si juega o no, profesor. Recuerde que los juegos son de dos. Y verá de que de esa manera son mas…entretenidos.
En un día normal y por supuesto que con una estudiante normal, el viejo profesor hubiese hervido en rabia y hubiese descontado una cantidad descomunal de puntos a la casa del dueño de esas palabras. Pero todo con esa niña no era nada más alejado de lo ordinario.
-No se equivoque, señorita Lombard- dijo un calmado Snape- está en mi territorio ahora. Por lo menos creo que tengo el placer de elegir con quien jugar. Y como podrá imaginar, usted no está dentro de mi lista.
Al ver con delicia que ella no decía nada se apresuró a darle su trabajo.- Ordene los ingredientes de aquel estante- le dijo volviendo a sus pergaminos- Ah! y sin magia.
Sabía que esa mirada de furia que le había lanzado no hacía mas que rebotar en él pero que bien se sentía.
Que risa le causaban esas miradas de niña con pucheros. Le resultaba interesante esta chica a pesar de todo.
Susan no era muy diestra sin su varita, lo que no pasaba desapercibido a su profesor, quien aprovechaba cada error para burlarse cruelmente de ella. Lo estaba disfrutando sin duda. Ella había decidido ignorarlo para así salir lo antes posible de ahí pero tenía sus límites.
-¡Suficiente!- dijo la chica. Sus ojos llameaban peligrosamente- No se qué carajo le he hecho yo a usted pero insiste en hacerme la vida imposible, he tenido más encuentros con usted de los que hubiese querido para una vida completa y sólo es mi primer día! ¡Castígueme cuanto quiera pero solo déjeme en paz!
Snape se tragó su sorpresa. Nunca ningún alumno se había atrevido…
- ¡Desde que puso un pie sobre este colegio se ha dedicado a faltarme el respeto, Srta. Lombard! ¡No espere que mi trato con Ud. sea grato!
-¡Y en cuanto puse ese pie Ud. se encargó de pisarlo! ¿Que esperaba?
Esta chica se estaba pasando, Snape ya no contenía su furia. Pero tenía algo de razón, él había comenzado.
-¡Olvide eso de una vez por todas! Dijo parándose súbitamente y apoyando sus manos sobre al escritorio. Súbitamente sus músculos se relajaron y volvió a tomar asiento frente a una extrañada alumna.
-A menos…-dijo lentamente, disfrutando de sus palabras- que le haya gustado mucho aquel primer encuentro… señorita.
¿Esto se estaba poniendo interesante o era ella? O solo intentaba disminuirla de otra forma ya que lo anterior no había resultado,. Este hombre era más astuto de lo que suponía.
Hora de responder.
-A decir verdad… profesor, he tenido mejores.- dijo con indiferencia. La cual descolocó a Snape por una milésima de segundo, le estaban poniendo reglas en su propio juego.
-Entonces, señorita, intentaremos remediar eso y me dará una segunda oportunidad cuando venga mañana a las 8 a una nueva detención.
¡Me la hizo!
-Bien señor, pero debo decirle que tendrá que esforzarse.- Sonrió, tomó su mochila y se alejó, dejando tras de si a un divertido e interesado Snape.
-¡Estúpido engreído! ¡Otra detención! Si la quería molestar lo estaba logrando, pero ella nunca cedería, por muy profesor que fuera. De todas formas eso de los puntos era una bobada que no le interesaba. Era interesante todo eso de provocarse con palabras, pero las detenciones era otro cuento! Él estaba poniendo mucho esfuerzo en fastidiarla, pero no lo conseguiría. No a ella. Ya lo había dicho, un juego era de dos.
-Juguemos entonces Severus Snape. Dijo maliciosamente.
-¿A que cosa quiere jugar conmigo señorita Lombard?- dijo un calmado y divertido profesor de pociones en su oído.
-¡Mierda! - No se había dado cuenta de su presencia, tan ensimismada que estaba apoyada en la ventana de la lechuceria y mucho menos notó que había hablado en voz alta.
Lejos de amilanarse le contestó mirándole a los ojos:
A la alumna y el profesor, señor. A que más.
Snape ya no se lo creía, pero lejos de enojarse, pues por el carácter de la chica sabía que eso no le llevaría a ninguna parte, esbozó una sonrisa de autocomplacencia y dijo
Ya sabia yo que no le pasaba inadvertido, señorita.
Esto le superaba, ¿que pretendía Snape? Como si le fuera a pasar inadvertido un mugroso murciélago humano. Lo miraba incrédula a través de sus almendrados ojos, más frustrada que otra cosa, pues este hombre era de fierro y estaba disfrutando de sus respuestas lejos de sacarlo de sus casillas como tenía pensado. Nada tenía que responder frente a lo que el le había dicho así que rápidamente salió de ahí. Pero antes de abrir la puerta este dijo:
-ah! Y 10 puntos menos a su casa por no anteponer "profesor" A mi nombre, aun cuando sean oraciones que yo no debería haber oído.
Siquiera volteó la chica. Se alejó pensando en la ruma de deberes que tenía. Ya pensaría en su pequeño jueguito con el profesor.
Se encontró con Hermione en la biblioteca y comenzaron a avanzar. Pronto se les unieron Viktor, Ron y Harry pero de ahí no consiguieron mucho más y fueron a cenar.
Desde la mesa de los profesores sentía una mirada penetrante. Ya la había sentido antes y no tenía al necesidad de constatar a quien pertenecía. Ciertamente le provocaba cierto placer la atención que conseguía de Snape. Sonrío para sí y se enfrascó en la conversación con los chicos.
-¡Joder! Eran las ocho. Debía correr a las mazmorras.
Adelante- escucho decir con parsimonia al otro lado de la puerta cuando hubo tocado.
-Esta vez siento el atraso señor, dijo Susan.- Me había olvidado.
Y en realidad si que lo sentía, no quería darle mas excusas para tener mas castigos… ¿ o si?
- Ya es habitual en usted hacerme esperar señorita Lombard. Y eso no me gusta. Pero ya habrá tiempo para que me lo rectifique.
Ella le miro desconfiada.
Snape hizo caso omiso a eso y la invito a tomar asiento frente a el en su escritorio.
-Hoy me ayudará a agrupar estos trabajos- y volvió a lo suyo.
Pasaron largos minutos de silencio hasta que él preguntó: - ¿puedo suponer que ya pertenece al trío dorado de Gryffindor?
¿Qué coño estaba hablando? ¿De qué trío dorado le hablaba?
-¿Señor?
Sus amiguitos Gryffindor claro. Aunque ahora ya son un quinteto con el señor Krum y usted.
Veo que ha estado pendiente de mí, señor Snape- le respondió la chica- Lo cual no deja de halagarme.
Terminó de decir aquello con una sutil sonrisa en sus labios y siguió su trabajo. Pero no dejo de notar la incredulidad y asombro en los ojos del hombre mayor.
Punto para ella.
Lamento sacarla de su ensoñación, pero usted no es de mis favoritas.- ¿Qué rayos había sido eso?¿ Como cuernos había dicho semejante estupidez? Ya no le estaba gustando el efecto de la chica sobre él.
Ya veré si hay forma de cambiar eso, profesor- le contestó la alumna mirándolo fijamente.- No le habia gustado jugar? No se podía echar atrás ahora que ella llevaba la ventaja.
Cambio en el sentir
Snape paseaba atónito por su despacho. ¿Qué había sido todo aquello? ¿Qué habia pasado en esta detención? Por que mierda no podía concentrarse en nada mas que no fuera la alumna nueva… Sí severus, alumna. No, solo se divertía con ella. Eso era. Aunque ella respondía impresionantemente bien a sus palabras, eso le divertía. Y asombraba. Pero ahora se preocupaba del efecto de tales jugarretas. Nunca pensó que ella se atreviera…
Llevaba tantos año y ninguna alumna… ninguna como ella. Una adolescente que en realidad no lo parecía, era muy buena en todas las asignaturas, podría ser popular pero estaba claro que a ella eso el importaba un cuesco y no tenia esos aires de sabelotodo de Granger aunque fuese mucho más lista o la arrogancia de su nuevo amiguito Potter. Sin dejar de mencionar que era muy guapa, su frescura de niña, casi mujer, lozana y llena de esa vitalidad y madurez de quien ha vivido mucho. Le gustaba verla ensimismada mirando por las ventanas o pasear solitariamente por el lago, enfrascada en conversaciones y riendo con sus amigos, pero disfrutaba aun mas con sus discusiones, peleando por quién tenía un comentario más mordaz que lanzarle al otro, eso le demostraba su rapidez de pensamiento.
Se sorprendió esbozando una sonrisa.
Mientras, no ocurria algo muy diferente en los dormitorios de 6to año de Griffindor.
Le gustaba su mirada, estaba claro. Era profunda y misteriosa, algo arrogante a veces, pero a veces descubría fugaces muestras de sentimientos en ellos. Especialmente cuando ella le hablaba. Aunque solo fuera para sacarle de quicio.
-Susan, voy a la biblioteca. Vienes?
Es cierto, se acercaban los exámenes finales, por eso todo el mundo parecía estar ausente. Mejor. Quería pensar.
-No Herm, adelántate- le dijo con una sonrisa.
Bajó a la sala común y se dio cuenta de que estaba vacía. Ya no necesitaba pensar más. Fue a dar una vuelta al lago como de costumbre. No necesitaba estudiar, había sido muy aplicada en las clases y en sus deberes por lo que eso seria suficiente. Ya era tarde pero no sentía ganas de entrar aun, se sentó bajo un árbol y aprovechando esa calurosa tarde de verano se quedó dormida. Vino a despertar mucho más tarde. ¿Que hora seria? Mas de las 10 seguramente. Si la encontraban merodeando por los pasillos seria detención segura. Se apresuró a entrar y con el máximo sigilo comenzó a caminar. Ya faltaba poco… un par de escaleras más y… paf! Maldito escalón falso! Ahora tenia la pierna atorada y ni hablar de lo mucho que le dolía! No podía salir de allí sola y para más joder su varita habia caído unos cuantos metros mas allá. Atrapada. Atrapada hasta que llegara alguien y la sacara sólo para castigarla. Solo esperaba que no fuera el sádico ese del celador que la miraba incluso con lujuria…
Que agradable sorpresa- escucho a alguien decir. Una voz tan inconfundible como sus negros ojos.
Donde mierda estaba Filch ahora- pensaba-ahora si que la situación se ponía color de hormiga. Pero por Merlín cuanto dolor tenia en la pierna.
-Profesor yo…- pero no pudo continuar, tenia la voz ahogada por el dolor.
El hombre se dio cuenta de la situación y no tardo en ayudarla a salir. Se agachó y la tomo con sumo cuidado. Al acercarse sintió su delicado aroma. Un aroma de mujer que hace mucho no sentía y su agitada respiración cerca de su cuello le hicieron sentir una suave sensación muy agradable. Se estremeció ante solo ese pequeño contacto.
Un gemido lo saco de sus pensamientos y notó la herida en su pierna. Nada que el no pudiera solucionar.- descuide señorita Lombard, en mi despacho tengo lo que necesito para curar eso, ¿puede sostenerse en pie?
E-Eso creo… ay!- la chica estuvo apunto de caer pero se encontró con unos fuertes brazos que la sujetaron por la cintura y el dueño de aquellos brazos se encontró con otros muy suaves que lo tomaban del pecho.
Gracias dijo ella tímidamente mirándole a los ojos.
Avanzaron hacia el despacho del profesor en las mazmorras lentamente, él ayudándola a sostenerse y ella sintiendo ese contacto y deseando que no cesara.
La puso en el sillón frente a un calido fuego, rodeado todo de penumbras, mientras el buscaba unas plantas para ponerlas en su pie. Ella seguía cada movimiento de su profesor, cada detalle. Maravillada de sus facciones y habilidad. Se detenía en los sonidos de su capa al ondear y en cómo ésta caía por sus hombros. Y él a veces le dirigía una mirada breve cuando ella no miraba y disfrutaba de su vulnerabilidad, ahí en su sillón, en su despacho. Con él.
-Esto servirá- y puso un ungüento sobre su piel esparciéndola con sus dedos. Que suave era, no se había dado cuenta cuanto anhelaba ese contacto, aun cuando hubiese una crema de por medio.
Se sentó junto a ella.- No podrá moverse en una media hora- Luego de eso la llevare a su torre.
Ella le miro y la pasión que evocaron esos ojos almendrados se coló por Snape sin permiso y arrebatándole todo el sentido común que tenia, pero su asombro no le permitía hacer realmente nada. Sentía un vacío y una calidez enormes. Un deseo que lo había consumido desde hace algunos días.
-Esos ojos. Pensaba ella- era demasiado.
Se encontró mirando sus finos labios, perdida totalmente en el deseo. Quería besarlo, tocarlo…
Abrazarla, poseerla, hacerla mía…
Iluminados solo por el fuego y el crepitar de las llamas…
-Señor -dijo ella con voz apenas audible. Intentó proseguir pero su boca no respondió, balbuceó un poco, flojamente. Y la volvió a cerrar. Estaba completamente perdida en esos ojos. Exhaló un poco de aire, embriagada con sus propios sentimientos, con el propio deseo de Snape. Estaban tan cerca el uno del otro que el pudo sentir su agitada respiración. Y se acercó un poco… esos labios… tan rojos, tan frescos, el cabello que caía grácil sobre su cuello, cuello que habría devorado en pocos segundos si ella le hubiese permitido…había pasado todo tan rápido. Del odio al amor un paso. Pero que diablos, eso no era amor. Simplemente le deseaba. Le deseaba como nunca había deseado a nadie. Pero era una niña, era una alumna. Era SU alumna… no podía, simplemente no podía.
Sus entrecortadas respiraciones se fundían en una sola llenando de calor sus labios. Él quedó a un centímetro de sus labios y su boca rozo la suya.
Pasaron interminables egundos de duda.
Con lo ultimo de sus fuerzas y sentido común la chica le tomó la mejilla y posó su frente sobre la de él. Era su forma de disculparse. Es que no podía. Se paró con dificultad pues el pie aun le dolía y salió de ahí. Por suerte no se encontró con Filch y llego sana y salva a su dormitorio. El hombre se quedó en su despacho en la misma posición, con los ojos cerrados y su mano puesta donde antes había estado la mano de la chica. En su mejilla. Había disfrutado de ese suave contacto y lo estaba intentando guardar. Pero no olvidaba que le había rechazado y ese beso nunca se llevó a cabo. Le habían dejado a él, a Severus Snape. Nunca nadie le había rechazado de esa forma. Pero lejos de sentirse enojado se sentía apenado. No podía creer lo que estuviera sintiendo. Sabia que no había jugado con el, por mucho que su orgullo le dijera lo contrario. Prefería escuchar a su corazón… una vez en su vida. Ella lo habia lamentado, sus ojos lo dijeron, sus movimientos lo hicieron. No podían.
