Muchísimasaaas gracias por los reviews y el apoyooo!!!
A esta historia la tengo mucho cariño, porque no soy demasiado dramática escribiendo, y me esforcé por crear una trama como para llorar.
Espero que este segundo capítulo os guste mucho!!!! Me ha costado mucho escribirlo :)
...o0º0o...
Capítulo 2
"Claustrofobia: de claustro y fobia (miedo). Sensación de angustia en lugares cerrados. Sensación de angustia producida por la permanencia en lugares cerrados. Sensación morbosa de angustia producida por la permanencia en lugares cerrados."
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"A los verdugos se les reconoce siempre. Tienen cara de miedo." (Jean-Paul Sartre )
Una explosión de agua fría me despertó de golpe de un sueño sin sueños.
- Despierta, ratita...
Una voz me llegó desde la lejanía, incoherente y sin sentido para mí. En esos segundos en los que supe que seguía con vida, agradecí aquella agua que comenzaba a despertar mi cerebro embotado.
Noté cómo tenía los miembros agarrotados de la humedad y las corrientes de aire helado, sentía un suelo duro y frío bajo mi cuerpo, pero no podía ver nada.
Aún así me sentí libre.
- Tranquila pequeña perezosa, sólo es un hechizo de ceguera, se consumirá en unos segundos...
Seguía sin conseguir prestar demasiada atención a esa voz.
Contagiada...
Estaba contagiada.
Casi podía sentir en mi piel el alivio que eso me causaba. Saber que no eres la fuente de la epidemia, saber que eres uno más.
Estar en a misma situación que Ginny... Casi podía verla sonreír mientras nos cogemos de la mano cada una en una cama en San Mungo.
- ¡Despierta!
Un segundo cazo de agua helada impactó contra mi rostro alejando aquella imagen y trasladándome repentinamente al mundo real.
Intenté moverme y incorporarme del suelo pero descubrí que estaba atada de pies y manos. La ceguera comenzaba a disiparse, formándose ante mis ojos pequeñas manchas borrosas de luces sin forma ni color.
Una mano áspera me agarró de la barbilla y tiró fuertemente de mí hasta dejarme sentada sobre mis rodillas con la cara inclinada hacia arriba, donde un fío aliento acariciaba mis mejillas.
- Vaya vaya vaya... Creía que eras más fuerte que esto, Granger...
Ahora sí pude distinguir esas palabras.
Y ese tono de voz.
"Maldito hijo de perra"
- ...
No logré articular palabra. Tragué saliva.
- Tsss, ts, ts - pequeñas gotas de saliva cayeron sobre mi cara.- Ahorra esfuerzos, no queremos que te nos desmayes nuevamente...
Las sombras se hacían a cada momento más nítidas, hasta dejarme entrever el rostro que se hallaba ante mí, echándome su asqueroso aliento.
Lucius Malfoy.
¿Qué coño quería ese malnacido de mí?
No había llegado a comprender qué pasaba anoche hasta que estuve inconsciente y ya no pude pensar más, pero en ese momento todas las preguntas acudieron a mi mente como un torrente de fuego. ¿Dónde estaba¿Para qué me quería ahí Lucius Malfoy?
Intenté por segunda vez hacerme oír.
- A...
- ¿A...?- aquella pálida cara arqueó una de sus cejas
- Antes...- logré carraspear.
Lucius Malfoy sonrió levemente de medio lado, liberó mi barbilla de golpe y se levantó frente a mí, dejándome frente al negro de su túnica.
- Antes, estabas despidiéndote de tu pobre y triste vida, sangre-sucia.- dijo, apartándose de mi campo de visión y liberando ante mí la imagen de dónde me encontraba.
La luna, de una blancura y luz dañinas a mis ojos aún débiles, iluminaba un camino de piedra brillante y marmórea bajo mis pies. Mis ojos recorrieron el camino, que estaba flanqueado de oscuros y retorcidos setos, que casi parecían de ceniza debido a la blancura de la luz lunar.
Y al final del camino, a muchos metros de donde me encontraba yo, y precedido de una larga escalera de oscuros peldaños, se alzaba un imponente edificio, coronado por puntiagudas torres, cuya negrura competía con la del cielo nocturno.
El viento impactó contra mi cara trayendo consigo hojas del bosque que rodeaba a la terrorífica mansión, y el hombre tras de mí me agarró por los hombros, incorporándome hasta dejarme de pié frente aquella pesadilla.
- Anora, te doy la bienvenida...
Su susurro me estremeció.
Tragué saliva.
- ...a Malfoy Manor.
Y las gigantescas puertas se abrieron ante mí.
ººº
Fui conducida con un hechizo levitador al interior de la casa por Lucius Malfoy y un par de enjutos hombres cubiertos por túnicas negras que yo relacioné tontamente con mortífagos. Por la manera en la que Lucius comenzó a impartirles órdenes una vez estábamos en el vestíbulo y me dejaron de pié en el suelo, comprendí que no eran más que criados.
"Así que esto es el hogar de los Malfoy"
Siempre me ha podido la curiosidad...
Mientras lograba entrar un poco en calor (todo lo que se podía dentro de esa fría casa) y recuperaba toda la movilidad de mi cuerpo, observé mi alrededor, quedándome estupefacta.
Ese vestíbulo era igual de grande que el salón comedor de Hogwarts. Poseía unos techos increíblemente altos, metros y metros de paredes limpias estaban alumbradas por pequeños candelabros plateados cuya luz no llegaba a alumbrar toda la estancia. Esto, unido a que el suelo era de mármol negro y las paredes de un oscuro tapiz cuyo dibujo no llegaba a distinguir, le la daba al lugar un aspecto terriblemente lúgubre. Y en medio de la estancia, en el suelo, justo delante de una amplia escalera e iluminado por un fuerte rayo de luz de luna que caía desde una altísima bóveda, se hallaba el escudo de Slytherin, tallado en brillante plata y purísimo mármol verdoso.
"Cómo no..."
No pude evitar sentirme impresionada ante las magnitudes y la suntuosidad de aquella estancia. Rezumaba estilo gótico por todas los poros, y, olvidándome por un instante de mi situación, me pregunté cuántos años tendría esa mansión.
- ¿Impresionada, Granger?
- Vagamente. - me crucé de brazos. -¿Dónde está mi varita?¿Qué hago aquí, Malfoy?- le pregunté, girándome hacia él.
Obviamente tenía algún motivo. Había pensado en la posibilidad de acabar en esta situación, siendo apresada por los Malfoy como moneda de cambio y extorsionar a Harry, claro que cuando todo el terror de los mortífagos hubo acabado, pensé que había pasado el peligro.
Era obvio que no.
Pero ya no había razones por las que capturarme, no era ninguna amenaza; desde que empezó la epidemia no había hecho nada en contra de ellos.
Bueno, en realidad no había hecho nada que no fuera centrarme en la BMB con todas mis fuerzas.
Al recordar esto me di cuenta de que estaba perdiendo el tiempo en ese lugar, debía regresar junto a Ginny, debía estar en San Mungo, debía morir junto a ella. Y Lucius Malfoy ya no era un enemigo peligroso para mí.
- ¡¿Qué hago aquí?!- grité de nuevo.
No obtuve respuesta, únicamente una media sonrisa misteriosa.
- Sígueme- y con sus palabras las ataduras de mis tobillos desaparecieron.
- Que se lo ha creído- espeté cuando pasó ante mí dirigiéndose hacia las escaleras. En un momento de lucidez, decidí jugar la baza maestra - ¿Acaso quieren que les contagie?
Lucius se paró de repente en el primer escalón.
- No está contagiada- dijo sin volverse.
Mucha gente estaría aliviada en estos días de que un médico les dijese eso. Pero Lucius no era ningún médico, y yo ya no temía a la muerte.
- Conozco bien los síntomas, créame, he visto innumerables casos y la manera en la que me desperté antes...
- No eran más que los efectos del encantamiento aturdidor que te arrojé frente a tu casa, estúpida. - seguía de espaldas a mí. -Aunque he de admitir que me sobrepasé con la fuerza de mi hechizo, te habrás fijado que ya te puedes mover sin dificultad y de que tu cerebrito funciona perfectamente...
No podía admitirme a mí misma que tenía razón cuando comencé a mover los dedos de mis pies por dentro de las zapatillas uno por uno.
Mi corazón comenzó a latir más fuerte y las lágrimas acudieron a mis ojos.
No.
Estaba contagiada. Seguro.
Tenía que estarlo... Tenía que morir junto a Ginny... Tenía...
Podía sentir mi cerebro palpitar de la rabia contenida. Me agarré la cabeza. Creía que me explotaría de un momento a otro.
- ... No pongas esa cara, ratita. Creo que debería ser una buena noticia, al menos para la mayoría de nosotros...
No...
No podía seguir ilesa después de lo mucho que me había arriesgado en la brigada, exponiéndome a la infección una y otra vez.
- ... Además, si estuvieras enferma...- Malfoy volvió su cara hacia mí, y al mirarme, pude ver que en esa mueca que era su cara, brillaba en sus ojos una intensa luz de rabia, maldad y... ¿desesperación?
Mis lágrimas cesaron de pronto.
- ... Si estuvieras enferma, te habría matado aquí mismo.
Por un momento creí oír un lamento lejano que rebotaba por todas las paredes del amplio vestíbulo.
Lucius seguía mirándome con fría determinación.
Aguanté su mirada con el corazón todavía retumbándome en el pecho, preguntándome qué podía pasar para que Lucius Malfoy se sintiese tan desesperado. Y entonces me fijé en que su pelo estaba más blanco de lo que lo recordaba, más encanecido y demacrado. Sus ojos estaban enrojecidos y dos profundas ojeras marcaban su piel bajo los ojos.
Sé lo que estáis pensando.
No, no estaba contagiado. Yo sabía perfectamente que las fístulas cutáneas eran un síntoma común en todos los afectados, y no había rastro de ellas en la piel de Lucius Malfoy. Sin embargo, el aspecto de éste era enfermizo... como si estuviera mortalmente agotado.
- Ahora sígueme- volvió a seguir su camino por las escaleras- si no quieres que vuelva a tener que hacerte levitar, y te aseguro que no prestaré atención si te golpeas con los marcos de las puertas.
No sé lo que me impulsó a seguir a Lucius Malfoy por aquellas enormes escaleras obedeciendo lo que él pedía. Sólo sé que esos ojos fríos que me habían mirado reflejaron más de lo que su dueño estaría dispuesto a reconocer jamás. Sentí, aunque sólo fuera por instinto, que me encontraba en ese momento y en ese lugar por voluntad de Lucius y no de otra persona, y que era por razones más allá de hacer daño a Harry, o hacerme daño a mí. Razones que Lucius Malfoy conocía bien, y que le afectaban de tal manera que no había sido capaz de ocultar su implicación personal. No me judgéis si fui una imprudente. Como ya he dicho, me puede la curiosidad.
Paseamos en silencio a través de largos y amplios pasillos, todos del mismo aspecto sobrio y tenebroso que el vestíbulo. Nuestros pasos eran amortiguados de vez en cuando por largas alfombras de intrincados dibujos, cuya suavidad se podía notar incluso bajo mis zapatos. De vez en cuando, quedaba cegada al girar una esquina debido a la cantidad de blanca luz de luna que entraba por amplios ventanales, o una de las paredes de un corredor me sorprendía con un bello y elaborado retrato de los que debían de haber sido los antepasados Malfoy. No podía pararme a admirar la hermosura de aquellos lienzos puesto que caminaba tras de Lucius y éste no se detenía.
Pese a que no podía decirse que estuviese siendo un anfitrión muy amable o elocuente, me sorprendió que guardase desde el principio una distancia formal para conmigo, dado que nunca había recibido de él más que insultos y amenazas. Y sin embargo, ahí estaba caminando delante de mí como si yo no existiera, y eso era ya un milagro.
Podría ser porque mis pensamientos me distrajeron, pero solo sé que al cabo de 10 minutos, no era capaz de recordar el camino de vuelta a aquellas enormes escaleras.
"Un laberinto"
En cuanto me asaltó la peculiar pero certera idea, empecé a darme cuenta del número de corredores que dejábamos de lado para adentrarnos en otro, en un orden y dirección completamente aleatorios, sin que ninguna señal o referencia indicara el camino que Lucius estaba siguiendo. Sin embargo, seguíamos en el primer piso, mi mente no llegaba a atisbar las magnitudes de aquella casa.
Me invadió el pánico y la claustrofobia.
- Gran idea- dije.
Sabía que me estaba tomando ciertas libertades en mi comportamiento para con Lucius Malfoy, pero decidí en un segundo que, puesto que él no tenía intenciones a corto plazo de hacerme daño, me comportaría de forma natural y claramente indiferente, aunque por dentro ardiera en deseos de salir de allí. Aparentaría docilidad hasta saber qué quería de mí, y mientras pudiera acabar aquella pesadilla de una forma civilizada quizás, llegando a algún tipo de acuerdo, mantendría una aparente calma.
- Gran idea- repetí más alto.
- ¿A qué se refiere?
- Al laberinto. Es útil, en el caso de que alguien indeseado quiera acceder al segundo piso. Apuesto a que las varitas de poco sirven en esta planta.
Pude oír como una risa seca salía de su garganta.
- Eres realmente una rata lista.
- ¿Su hijo nunca se lo dijo?- respondí en forma de sarcasmo.
Lucius Malfoy se paró en seco, y casi tropecé contra su espalda.
Durante unos segundos él permaneció quieto, e incluso me pareció más erguido y tenso que antes. Empecé a pensar en qué había dicho o hecho cuando de repente me di cuenta de mi alrededor y vi que habíamos llegado al pie de otras escaleras, negras, brillantes e increíblemente suntuosas como las de la entrada.
- ¿El segundo piso?- aventuré.
Malfoy no me respondió.
Seguía muy rígido.
A sus espaldas pude ver cómo sus manos se apretaban en puños fuertemente, hasta casi dejar los nudillos en blanco.
- ¡GERTRUDE!
Me sobresalté por el grito.
Al momento, estando Malfoy todavía de espaldas a mí, una chica vestida de sirvienta bajaba las escaleras hacia nosotros. Era una muchacha bonita, con la cara llena de pecas y un pelo pelirrojo recogido bajo la cofia negra. Cuando llegó hasta el pié de las escaleras comprobé que le sacaba un poco de altura.
Dios, cómo me recordaba a Ginny...
Se me encogió el pecho de dolor, y por un momento, no pude casi respirar.
- ¿Llamaba, mi señor?- preguntó la muchacha a Malfoy con una grave inclinación.
- Comprueba que la alcoba de invitados del ala Sur esté preparada para la señorita Granger.
Todavía con el corazón en un puño, vi como la pelirroja me lanzaba una fugaz mirada, volvía a inclinarse ante el hombre de espadas a mí y subía rápidamente las escaleras por donde había venido.
"Ojos marrones" pensé.
Si la muchacha hubiera llegado a tenerlos verdes, mi autocontrol podría haberse venido abajo.
Aún con dificultades, intenté mantener mi actitud indiferente hacia la situación cuando Malfoy me hizo una seña para que le siguiera.
Recordé lo que le había ordenado a la chica cuando comencé a caminar.
- ¿Una habitación?- pregunté por lo bajo, casi para mí misma.
- Sí, Granger. - Volvía a hablarme, al parecer, aunque todavía caminaba de espaldas a mí - ¿O acaso prefiere quedarse en los calabozos?
- No. - No tenía ninguna duda de que ese lugar poseyese calabozos. Y de los peores.
- Entonces sígueme.
Seguí caminando tras de él por el laberinto de pasillos.
¿Iba a quedarme allí¿Me había traído para ser su huésped a la fuerza en Malfoy Manor? La claustrofobia aumentó.
- ¿Sabe, Granger? Nunca imaginé que alguna vez le permitiría entrar en esta casa a alguien como usted.
- ¿Alguien como yo?- pregunté intentando respirar con regularidad.
- Exacto. Una sangresucia que no ha hecho más que interponerse en mi vida y en la de mis allegados.
- Yo tampoco exploto de alegría al estar aquí.
Una risa seca resonó por el pasillo.
- Como si alguna vez en estos últimos meses hubiese sentido ese tipo de alegría.
- Usted no sabe nada de mi vida- repliqué, intentando que mi mente no se diese cuenta de lo que decía era verdad.
- Claro que lo sé. Vives para y por la Brigada Mágica Biológica, y por tu amiga Ginevra Weasley... - su capa siseaba frente a mi mientras hablaba, sus palabras arañaban mis oídos- ...devoras más libros al día que en toda tu vida junta, apenas duermes, apenas comes... Apenas vives.
- ¿Acaso me ha estado espiando?- mis ojos comenzaban a humedecerse.
- Era necesario. Pero nunca pensé que llegaría a verla convertida en un muerto en vida...
- ¡Cállese!
Malfoy se paró frente a mí.
No deseaba haberle gritado, pues la máscara de indiferencia había caído y ahora me sentía más vulnerable.
Pero todo lo que había dicho, cada una de las cosas que había descrito formaban parte de la desolación y negrura en la que había convertido mi actual vida. Negarme esa realidad es una cosa. Oírla de manos del enemigo es muy diferente.
Con un elegante giro de su capa, se dio media vuelta hasta quedar frente a mí. Su mueca de desprecio no llegaba a ocultar el rostro cansado que me miró fijamente.
- ... de modo que, no somos tan diferentes después de todo- dijo.
Y sin dejar de mirarme, alzó su mano derecha y con un leve empujón, abrió la puerta que había quedado su lado en el pasillo. Una puerta igual que otras muchas que había alrededor y por todos aquellos laberínticos pasillos.
Pero no era una puerta cualquiera, porque en cuanto la abrió ante nosotros, una luz blanca cegadora iluminó todo el pasillo.
Alcé la mano para proteger mis ojos.
- Entra- dijo, y con un gesto demasiado gentil, me condujo dentro de la habitación.
Accedí temerosa, sin saber qué me encontraría en el interior.
Dí tres cortos pasos a ciegas dentro de la blancura hasta que mis ojos se acostumbraron a la cantidad de luz.
Tras de mi oí los pasos seguros de Malfoy y una puerta cerrarse.
- Día 9 de Junio, un paciente con extraños síntomas parecidos a una fiebre corriente pero persistente ingresa en el Hospital San Mungo...
Oía a Lucius hablar mientras a mi alrededor comenzaban a distinguirse mesas de cristal, sillas, tubos de ensayo, innumerables montañas de papel, ordenadores...Todo de una blancura inmaculada.
" 17 de Junio. Ocho días después el paciente, con los síntomas de una enfermedad desconocida ya desarrollados y ante la ineptitud e ineficacia de los medimagos para encontrar una cura, abandona San Mungo. Cuatro días después, el paciente "02" es internada con los mismos síntomas..."
"Ginny"
La habitación parecía no tener fin. No llegaba a ver hasta donde llegaban las interminables paredes. Tenía altos techos de los que pendían mágicamente numerosos libros e instrumentos, y me di cuenta que entre todos aquellos utensilios de investigación biológica, química y física, había docenas de personas de batas blancas y gruesas gafas, enfrascadas cada uno en una labor concreta. Un laboratorio.
Malfoy seguía hablando.
" Día 15 de Julio, se declara el estado de alerta mágica con más de un millar de casos por toda Inglaterra. Únicamente magos y brujas."
Con una mano me conducía hacia lo que parecía unos ventanales que daban a una galería.
"Hoy en día, más del 79 de la población mágica inglesa está afectada. El paciente "0", tras 84 días desde que se le diagnosticara, permanece actualmente en un estado muy avanzado de la enfermedad pero medianamente lúcido."
- Imposible- murmuré - Ginny lleva menos tiempo infectada y hace casi un mes que no recobra la consciencia.
- Es real, gracias a las pociones transgénicas que se le administran.
- ¿Qué pociones?- me giré hacia él todavía caminando-¿De qué me está hablando? No hay manera de frenarla, se ha probado de todo.
- ¿Qué cree que se investiga en este lugar, Granger? - comencé a ver todo aquel complejo laboratorio de otro modo, las probetas, los archivos... eran sobre la plaga - Todas estas personas son los mejores medimagos y expertos en genética mágica del planeta, e investigan las 24 horas al día las causas y porqués de la enfermedad que nos invade y, lo que es más importante, la cura.
Me ardía la cabeza de rabia.
- Pero si conoce un medio para frenar los síntomas... ¡¡¡debe conocerlo el resto de la gente!!!¡¡¡Debe informar a San Mungo!!!
- Los hallazgos en Malfoy Manor se quedan en Malfoy Manor.
-¿¿Por qué??!!!
Me detuve y le planté cara.
Jamas en mi vida había visto tamaña crueldad y egoísmo a costa de la vida de los demás.
A costa de la vida de Ginny.
Me quedé de pié allí, frente aquella galería cerrada de aquel gran laboratorio, mirando a Lucius Malfoy con una rabia tal que creí me estallaría el estómago.
Fuera, y golpeando los cristales del ventanal, comenzaba a llover.
- Es usted un maldito hijo de puta.
La sala pareció empequeñecerse. Yo sólo podía observar fijamente a ese hombre e intentar razonar el porqué de sus actos. Él sólo medio sonrió.
- Mis razones para investigar personalmente y mantener los avances bajo secreto son mayores que tú y mayores que tu amiguita pecosa.
- ¡¡¿Y mayores que el mundo mágico?!!
- El fin siempre justifica los medios, ratita.
- ¿¿¿Qué fin hay en negar esa poción al resto de los afectados???
- Hay cosas, Granger, cosas... que sólo pueden hacerse cuando una persona está realmente desesperada. Y la mayoría de la gente no lo entendería.
- ¡¡¡Por supuesto que no!!!¡¡¡Nadie podría entender que mantuviese bajo secreto una manera de mejorar las condiciones de toda esa gente!!!
- No me refiero a mantener esa poción bajo secreto. Me refiero a que no entenderían los medios empleados para conseguirla.
- El fin siempre justifica los medios.- dije con sorna, citándole a él mismo.
- ¿De veras lo cree?
Y antes de que pudiera responderle, Malfoy abrió los amplios ventanales dejando que la lluvia llegase hasta nosotros.
En ese momento, entreví extrañas formas entre la oscuridad frente a la balconada.
Me acerqué un par de pasos, con una extraña sensación en a boca del estómago.
Tragué saliva.
Avancé un paso más.
Una montaña.
No
Estaba demasiado cerca del balcón como para serlo.
Un relámpago repentino lo iluminó todo por un instante.
Un instante fue suficiente.
El acceso de náuseas me hizo caer de rodillas.
Bajé la mirada con mi cuerpo doblado por el dolor.
Noté cómo mis ojos se empapaban de algo más que de lluvia.
Un estúpido pensamiento cruzó por mi mente.
"Me prometí no llorar"
No podía ser...
Una mano se posó sobre mi cabeza.
No me importó.
- ¿Sigues pensando lo mismo... Hermione?
Y y me obligó a alzar la vista una vez más.
Y esta vez su varita lo iluminaba todo.
Me sentí morir.
Pues era una montaña.
Una montaña de cadáveres desnudos lo que se alzaba ante nosotros.
...
¨¨º0o.o0¨¨
¡¡¡Otro mar de gracias a quienes me leaaaan¡¡Y más gracias a los que me dejen un mensajitooouuu!!!¡¡¡Y gracias iggualmente a los que no lo dejen, se que da pereza a veces xDDD
Lamento mucho que no salga Draco xD pero trankis, no tardará!!!
¿Qué trama Lucius?¿Qué pinta ahí Hermione?¿Por´qué tanto interés de Lucius por hallar una cura?
¿Hay suspense? Parece todo tan obvio... xD
¡¡¡Gracias otra vez :DDD !!!!
:::Ibeth Cullen:::
