Algún lugar al que pertenezca

Disclaimer: No soy dueña de Harry Potter, ni de sus personajes, ni de nada de lo relacionado con los libros; todos los derechos son propiedad de J.K. Rowling. El título del fan-fic, así como los nombres de los capítulos, están inspirados en la canción "Somwhere I Belong" del grupo Linkin Park. Fuera de eso, la idea es 100 mía.

Advertencias: No hay ninguna; es un fan-fic apto para todo público. POV de Severus Snape.

Sinopsis: La vida de Severus Snape, contada desde su punto de vista.

Capítulo III. Inside of me

"Pero todo el vacío que las palabras revelan es la única cosa real que me queda por sentir."

Esto comienza a cansarme... quisiera que terminara de una vez... este murmullo incesante... ¡Me anega el cerebro! ¡Quisiera que parara!

Ya no quiero pensar más... ya no quiero seguir recordando... pero ahí está... ahí está ese día en el que mi vida estuvo a punto de terminar de un forma atroz. Quién sabe... tal vez no habría sido peor que esto...

Aquél día estaba yo en la biblioteca cuando la última persona a la que quería ver en esos momentos, apareció por detrás de uno de los estantes.

-¡Snivellus! ¡Que sorpresa! –Dijo Black y entonces comencé a recoger mis cosas. No iba a liarme con él en un pleito en la biblioteca. En todo caso, esperaba que fuera tras de mí y entonces haría uso de alguna maldición. Salí de la biblioteca a toda prisa, pero Black me seguía muy de serca.

-¡Oh, no me digas! ¿Ya te vas a llorar?- Dijo él con su acostumbrado tono burlón.

-¿Y tú que haces aquí Black? ¿Acaso tu novio Potter se enojó contigo?

- ¡Seguro! Y por eso ando buscándole un reemplazo.- Dijo él adelantándose y cerrándome el paso.

- ¡Vete al diablo Black! No estoy de humor para tus estupideces.

- ¡Escucha Snivellus! He estado pensando en lo que dijiste hace rato en el Gran Comedor y te propongo algo: ya que estás tan interesado en saber lo que Remus hace cuando no está aquí, ¡te reto a que lo sigas esta misma noche!

En eso llegó Potter y se aproximó a nosotros, a toda prisa, diciendo:

- ¡Sirius, estás loco!- Yo lo ignoré por completo y le respondí a Black:

- ¿Al Sauce Boxeador? ¡Por supuesto! También podría ir solo al Bosque Prohibido y molestar a los thestrals. ¿Que crees que soy, Black? ¿Un estúpido igual que tú?

- Hagamos esto: Yo estaré ahí también y te enseñaré como controlar al Sauce Boxeador. Sí lo haces, te juro que no volveré a molestarte en todo el tiempo que nos queda en la escuela.

- ¿Y cómo sé que no es una trampa?- Respondí, cruzándome de brazos.

- Simple, te veré en la puerta del vestíbulo y juntos iremos al Sauce Boxeador. Así, si quieres delatarme, al menos no me meteré en problemas tan graves. Y bien. ¿Qué dices? ¿O estás demasiado asustado?

- ¡Sirius basta ya! Escucha Snape. ¡Será mejor que lo olvides, porque Sirius no va a estar ahí!- Dijo Potter, quién parecía bastante nervioso y agitado.

- ¿Por qué tanto interés en que no vaya, Potter? ¿Crees que no me he dado cuenta? Ya sé lo que Lupin es y voy a probarlo esta misma noche.

- Me importa un comino lo que creas que sabes. Si vas al Sauce Boxeador esta noche, te juro que te arrepentirás.- Dijo mirándome fijamente, entonces respondí:

- ¿Es esa una amenaza?

- Por favor James, si Snivellus quiere ir, ¿quién eres tú para impedírselo?

- ¡Vete al carajo, Sirius! – Dijo Potter y se fue. Black se quedó ahí de lo más tranquilo. Admito que debería haber sospechado que algo andaba mal, porque ellos jamás discutían. Por lo regular siempre estaban de acuerdo en todo lo que hacían y esa inesperada discusión debería haber significado algo para mí.

La noche llegó y me encontré con Black en la puerta del vestíbulo. Salimos en silencio y Black iba extremadamente serio. Llegamos finalmente al Sauce Boxeador y entonces dijo:

- Ahora, todo lo que necesitamos es una rama suficientemente grande... aquí hay una que servirá. – Dijo al tiempo que se hacía de una rama bastante larga, que permitía tocar el tronco del árbol, sin tener que acercarse demasiado a éste. Yo lo observaba con recelo, pero él actuaba tranquilo como si estuviera solo. Entonces dijo: -Todo lo que hay que hacer es tocar ese nudo de ahí y el Sauce se quedará quieto.- Me dio la rama y entonces procedí a acercarme con cuidado, toqué el nudo indicado y el árbol se quedó completamente estático. Hecho esto, me quedé inmóvil, pensando en sí en verdad quería entrar por ese estrecho agujero... después de todo, si mis sospechas eran ciertas, me estaría enfrentando a un hombre lobo, pero entonces Black dijo: -¿Y bien? ¿No vas a entrar?

Entonces escuchamos pasos amortiguados y ambos volteamos para ver de quién se trataba. Era Potter quien venía corriendo y detrás de él venía Pettigrew.

- ¡Detente Snape! ¡No lo hagas! ¡Maldita sea, Sirius, no puedo creer que lo hayas traído aquí!

Supongo que mi deseo por hacer que los expulsaran era mucho más grande que el miedo que sentía, así que, en vez de hacerle caso a Potter, me metí por el agujero y me encontré con un largo y oscuro pasadizo; hice luz con mi varita y comencé a caminar, tratando de prestar atención a cualquier sonido extraño. Entonces escuché pasos detrás de mí y vi que Potter me había seguido y trataba de darme alcance. Yo aceleré el paso y él hizo lo mismo, al tiempo que gritaba:

- ¡Snape! ¡Detente ahora o te lanzaré un hechizo!

- ¡Hazlo y me aseguraré de que te expulsen esta vez Potter!

- ¡No seas estúpido, estoy tratando de salvarte!

Corrí tan rápido como pude y llegué al final del túnel, donde me encontré con una pequeña trampilla, comencé a abrirla, pero Potter llegó hasta a mí y me derribó. La varita se me cayó de las manos, pero él también había perdido la suya. Ambas varitas se apagaron y nos quedamos sumidos en la oscuridad. Forcejeamos por unos minutos, hasta que logré quitármelo de encima; me arrojé hacia la trampilla y la abrí de un empujón, salí entonces y me quedé pasmado al darme cuenta de que estábamos en una habitación cuyas ventanas estaban cegadas y había muebles rotos y revueltos por todas partes. Potter salió también por la trampilla y entonces me sujetó desde atrás, obligándome a regresar al túnel. Comenzamos a forcejear de nuevo, pero ambos nos quedamos completamente rígidos cuando escuchamos un feroz aullido proveniente de una habitación contigua. Potter me miró alarmado y me lanzó hacia abajo por la trampilla, pero logré ver a la criatura que había emitido el aullido... un hombre-lobo... tal y como lo suponía, Lupin era un licántropo. Potter logró cerrar la trampilla justo a tiempo, evitando que Lupin nos alcanzara; permanecimos quietos unos momentos, respirando agitadamente, mientras escuchábamos los arañazos de la bestia contra la trampilla cerrada. Después de unos minutos, todo quedó en silencio de nuevo. Escuchamos pasos que provenían del otro extremo del túnel; era McGonagall quien nos miraba con gran asombro y enfado. Nos ordenó que saliéramos de inmediato. Una vez afuera, Slughorn nos esperaba también ahí, muy enfadado.

- ¡Por las barbas de Merlín! Pero que demonios estaban haciendo ustedes ahí!

Yo miraba a Black con resentimiento, quien parecía nervioso. Pettigrew temblaba visiblemente y McGonagall sujetaba a Potter del hombro, al tiempo que decía:

- Esto ha sido el colmo, Potter. Iremos ahora mismo con el director. ¡Andando!

Ya en la oficina del Director, Dumbledore se sentó tranquilamente en su escritorio y nos observó a los cuatro con detenimiento, después de un prolongado e incómodo silencio, finalmente dijo:

- ¿Y bien, señor Potter?

Potter permaneció en silencio; comprendían que esta vez habían llegado demasiado lejos y que cualquier cosa que dijeran simplemente los hundiría más y más, así que, sin que me invitaran a hablar, dije:

- ¡Profesor, Remus Lupin es un licántropo! Ellos lo sabían y me engañaron para que me encontrara con él. ¡Por poco me mata! ¡Debería expulsarlos a los cuatro!

Entonces Black dijo apremiante:

- Profesor Dumbledore, lo siento. Todo fue culpa mía, quería jugarle una broma a Sniv... a Severus, pero me pasé de la raya... por favor no expulse a los otros, ni Remus ni Peter estaban al tanto de lo que estaba haciendo y cuando James se enteró trató de disuadir a Snape de que fuera. ¡Por favor, profesor! El único responsable soy yo. Se que me lo merezco, ¡expúlseme a mí!

Potter también trató de intervenir:

- Profesor, no lo haga. Se que esta vez nos extralimitamos, pero...

Dumbledore levantó una mano, para hacer silencio. Durante unos instantes no dijo nada pero repentinamente me habló directamente a los ojos, diciendo en un tono tranquilo:

- Dime Severus. ¿Acaso el señor Black te obligó a ir al Sauce Boxeador?

- No, pero...

- ¿Te amenazó de alguna forma para que fueras a un lugar al que todos los estudiantes tenían prohibido acercarse?

- Bueno, no pero...

- Severus, estoy bien al tanto de que eres uno de los mejores estudiantes, eres prefecto y estoy completamente seguro de que ya sospechabas desde antes la clase de, digamos "problema" que el señor Lupin padece, ¿o acaso me equivoco?

- Es verdad, señor, pero...

- En todo caso, tú eres tan responsable como el señor Black de haber asistido a un lugar en donde sabías de antemano que podría haber peligro.

- ¡EL QUERÍA MATARME!- Grité exasperado. Me parecía inconcebible que Dumbledore se pusiera de parte de ellos. Era completamente injusto. No obstante; Dumbledore no se alteró en lo más mínimo, aunque Slughorn me miró sobresaltado y nervioso. Yo era la clase de persona que nunca alzaba la voz y él parecía desconcertado, entonces decidió intervenir:

- Severus, por favor, trata de guardar la compostura... Bueno Dumbledore, creo que tanto uno como los otros son responsables de lo que ha pasado esta noche; supongo que deberías imponerle un castigo tanto a Black como a Potter.

- Coincido con eso Horace, no obstante, el castigo que recibirán será impuesto por la profesora McGonagall que es la jefa de Gryffindor.

- Quiere decir que... ¿no nos expulsarán? –Dijo Potter desconcertado.

- Bueno señor Potter, no niego que esa debería ser la acción más adecuada después de la forma tan irresponsable en que actuaron. No midieron las consecuencias y el señor Snape podría haber resultado seriamente herido. Usted debería haber dado aviso de inmediato de lo que el señor Black tenía pensado hacer... no obstante, usted demostró un gran valor al ir en busca del señor Snape y obligarlo a volver. Corrió un gran peligro y se arriesgó por un compañero.

- Pero... pero... – Comencé a decir sin poder concretar una idea. Estaba furioso al ver como, una vez más, esos miserables se libraban del castigo.

- Ahora, profesora McGonagall, haga el favor de conducir a estos tres estudiantes hasta su sala común. Mañana podrá decidir el castigo que se merecen. Horace, me gustaría tener unas palabras con el señor Snape, si no te incomoda.

Tanto McGonagall y Slughorn asintieron en silencio y se retiraron, seguidos por Potter, Black y Pettigrew.

Yo me quedé mirando hacia el suelo. No podía ver a Dumbledore de frente, porque sentía que iba a comenzar a gritarle de nuevo. Estaba furioso contra él porque no quiso expulsar ni a Potter ni a Black. Entonces tuve una idea repentina y sin poderme contener, le dije:

- ¿Usted ya lo sabía, verdad? Sabía lo de Lupin.

- Por supuesto, igual que el resto del personal.

- Pero podría ser peligroso...

- Lo sé y por eso es que procuré las mejores medidas de seguridad para evitar que algo así sucediera... desafortunadamente, no es posible controlar la mente de todos y cada uno de mis estudiantes.

- ¿Y va a... desmemorizarme?

- ¿Por qué habría de hacer tal cosa?

- Para evitar que divulgue el secreto de Lupin.

- No Severus. Nunca usaría un hechizo en contra de alguno de mis alumnos, salvo para protegerlos. En este caso, prefiero confiar en que me darás tu palabra de que no revelarás a nadie lo que presenciaste esta noche.

- No sé si pueda hacer eso.

- ¿Puedo saber el motivo? Aunque creo adivinarlo... no estás de acuerdo en que no haya expulsado al señor Black ni al señor Potter, ¿o me equivoco?

- ¡Es que es muy injusto! Ellos siempre están buscando la forma de molestarme y

- ... y tú siempre permites que lo hagan. No obstante, estoy seguro de que nunca desaprovechaste una oportunidad de lanzarles una maldición cuando los encontraste desprevenidos.- Me le quedé mirando sorprendido; él añadió: -Soy el Director, Severus. Probablemente no pueda estar al tanto de lo que hacen todos y cada uno de mis alumnos, pero no es posible ignorar cuando algún estudiante ingresa en la enfermería por razones sospechosas, como aquella ocasión en que el señor Potter fue golpeado por una bludger, cuando se retiraba del campo de quidditch, después de un entrenamiento...

- Y porque está tan seguro de que fui yo.

- Severus, no es fácil encantar una bludger, se necesita mucha concentración; no cualquier estudiante sería capaz de hacerlo y tomando en cuenta los antecedentes, es fácil adivinar quién fue el responsable.

- ¿Y qué es lo que espera que haga? Siempre me tratan diferente. Soy mucho mejor que ellos y...

- ... ¿y por eso respondes a sus agresiones de la misma forma?

- ¡¿Usted que sabe?! ¡Qué sabe de que lo consideren a uno poca cosa por no pertenecer una millonaria familia de renombre como Potter o Black! Nadie da un centavo por mí; aún los profesores me subestiman. A usted todo el mundo lo aprecia y lo respeta porque es un gran mago, en cambio yo... ¡Usted es bueno en todo lo que hace, hasta podría ser ministro de magia si lo quisiera!

- Pues te agradezco la distinción, pero te aseguro que hay una muy buena cantidad de personas que no comparten tu opinión acerca de mí. No obstante, Severus si te empeñas en ser el mejor para que otras personas te reconozcan, nunca te sentirás satisfecho contigo mismo, porque siempre estarás empecinado en cumplir con las expectativas de los demás. -Guardé silencio y volví a dirigir la vista hacia el suelo, con los puños muy apretados. Quería irme de inmediato, pero no sólo del despacho de Dumbledore, sino del colegio... nunca supe a ciencia cierta si se debía a sus habilidades en legeremancia, o simplemente a todos sus años, pero Dumbledore siempre parecía saber lo que uno pensaba; ahora me parece absurdo que alguna vez llegué a creer que lograba engañarlo... antes de que yo pudiera decir nada más él se puso de pie, caminó hacia la ventana y desde ahí me dijo:

-Severus, ya eres mayor de edad y sé perfectamente que no puedo retenerte en este castillo contra tu voluntad. Sin embargo, quisiera pedirte un favor.

Lo miré sorprendido al darme cuenta de que él intuía lo que yo deseaba hacer; me sobrepuse y pregunté en voz baja:

- ¿Qué es?

- Ve a dormir y procura descansar. No tomes ninguna decisión en este momento en que te encuentras tan alterado. Créeme que, sea cual sea tu decisión final, la respetaré.

Asentí con la cabeza y me acerqué hacia la puerta y sujeté el pomo, pero no lo giré; sin mirar a Dumbledore, dije en voz baja:

- Todo lo que quisiera... lo único que quiero es un lugar... un lugar en dónde pueda sentirme a gusto... algún lugar al que pertenezca.

- Ese lugar que buscas lo encontrarás cuando logres sentirte a gusto contigo mismo, Severus.

No lo comprendí en ese momento... de hecho, jamás lo comprendí...