El universo de Harry Potter y los personajes son de J. K. Rowling.

Gracias a MrsDarfoy por su ayuda una vez más, eres un amor.

N/A: En este capitulo en especial no se centra realmente en la pareja, sino en una solicitud del prompt. Ojalá y lo disfruten.


De helados y zoológico en el Ministerio


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Cuando salió de Howgarts, Percival Igantius Weasley quería cumplir cada una de las metas que se había impuesto. Desde la tierna edad de ocho años soñó con ser uno de los grandes, después de escuchar las pláticas de su papá por la red flu con alguno de sus colegas sobre temas que él no entendía, pero que debían de ser importantes.

A los diez años se sintió orgulloso de ser quien acompañaría a su papá al Ministerio, y quedaría maravillado ante lo grandísimo del lugar y el movimiento que ahí había: magos y brujas en diversas direcciones, notas mágicas volando por doquier. Sí, en ese momento Percy supo que ese era el lugar donde quería trabajar cuando fuera grande. Su papá estaría orgulloso de él y su mamá lo abrazaría fuerte y tendría su plato favorito en la mesa cuando regresara del trabajo. Sí, ese era un buen plan para su futuro.

Desgraciadamente no todo sale como uno hubiera planeado.

Cierto que había estudiado, había sido el mejor de su generación, prefecto y premio anual. Hacía las cosas con eficiencia y seguía las reglas al pie de la letra. Pero al mismo tiempo se dio cuenta de que su familia no era del modo que él hubiera deseado. Sus hermanos causando líos por todos lados, su padre en un trabajo que le hacía sentir pena y su madre demasiado atareada en la cocina y los gnomos de jardín… Percy se dijo que si quería ser alguien respetable, debía alejarse de ellos para evitar momentos vergonzosos y preguntas incómodas.

Cabe decir que ese fue el mayor error que pudo haber cometido.

Durante ese tiempo vivió en un departamento sencillo, limpio y con lo necesario para vivir. En un vecindario muggle que, aunque no hubiera sido lo que esperaba, tampoco era para quejarse realmente, tomando en cuenta que no pasaba mucho tiempo en él.

Fue ahí que de una u otra manera tropezó, literalmente, con su vecina. Una joven de su misma edad, si no era que un año menor que él. Su nombre, Audrey. Su apellido nunca pudo pronunciarlo o siquiera recordarlo.

Sin imaginarlo ella se haría un espacio en su ajetreada vida con preguntas torpes y sonrisas cálidas. Sería su soporte cuando la venda fuera arrancada de sus ojos ante lo que se avecinaba. Su confidente y consuelo sobre pesadillas y risas macabras. Su salvavidas cuando descubrió su atracción por los chicos.

Ahora, años después de todos esos hechos, Percy se encontraba saliendo del Ministerio deseando nunca haberse levantado de la cama, o mejor aún, poder tener un giratiempo y evitar el incidente de hace un par de horas. Aunque la perspectiva de cruciar a su hermano, cosa que jamás admitiría bajo veriseratum (vamos, que él no sería capaz de faltar a la ley mágica), una y otra vez no sonaba del todo mal.

Porque en toda su vida, Percy no había estado en situación más vergonzosa que esa, donde deseó poder tener la capa invisible de Potter y refugiarse en un rincón hasta que el caos hubiera pasado, o en su caso poder obliviar a todos los presentes.

Un asistente enfermo, un pedido de bocadillos que debían recogerse antes de cierta hora y el hecho de que Percy fuera el primero en aparecer en la oficina ese día fue lo necesario para que las cosas se dieran de esa manera. «Perfecto, necesito que me hagas un favor, Weasley» con esas palabras fue el encargado de tener todo listo para la junta de los jefes de sección.

Todo habría salido bien de no ser por el hecho de que Oliver le había pedido verse en Sortilegios Weasley a la hora del almuerzo, y cabe decir que cuando George hacia su aparición, algo, sin importar qué, tenía que suceder. Esta no podía ser la excepción. Así fue que a su queridísimo hermano debió parecerle gracioso y brillante la idea de rociar un poco de "chispas de animalia" sobre los bocadillos, que seguramente pensó, eran el almuerzo de la pareja.

Así fue que, después de una exitosa reunión con los jefes de división del ministerio, comenzó el momento de relajarse con un aperitivo y charla más ligera, el cual fue interrumpido por el ladrido de un crup, que para asombro de todos salió de los labios de Alice Juntin, Jefa de departamento de regularización. Ahí fue cuando se desató el caos.

Fuego mágico saliendo de la boca del Jefe de Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas, escamas de dragón en el rostro del Jefe de Aurores (que parecía querer escupir fuego en ese momento también), tentáculos en lugar de los brazos de una histérica Berenice Wertins, encargada del Comité para disculpas a los muggles…Y en medio de todo el caos, Percy que se encontraba con la boca abierta, estático en su lugar, catatónico por lo que sus ojos veían. Los únicos en aparente calma eran el mismísimo Ministro de Magia, Kingsley Shacklebolt, cuyos ojos asemejaban a los de una serpiente y el Jefe de los Inefables que miraba con curiosidad las largas garras en sus manos. Y antes de que Weasley pudiera decir algo, escucho un "plop" y se vio cubierto de esponjosas plumas de diricawl.

La melodiosa risa de Audrey le sacó de sus pensamientos en ese momento. Habían quedado de verse, ya que aunque fueran solo amigos, Audrey quería saber siempre un poquito más sobre esa magia que para él era tan natural. Después de ese incidente, que gracias a la intervención de Kingsley (y su comprensión al saber quién era su hermano) no había pasado a mayores, dejando de lado la vergüenza de Percy al desvivirse en disculpas por lo ocurrido, intentó cancelar su salida con Audrey, pero terca como ella sola, no se lo había permitido. Alegó que si se atrevía a hacerlo encontraría la forma de contactar con Oliver, o peor aún, con su madre y hacerle ver su falta de caballerosidad hacia ella. No es que lo creyera posible, pero él no era el único de la familia que la conocía y bueno, no quería un tedioso discurso sobre eso ello precisamente.

—¡Cielos santo! Hubiera deseado estar presente, ¡Mi helado por una foto!

El pelirrojo la miró frunciendo el ceño, su atención puesta entre la risa de ella y el helado que se ladeaba precariamente en su mano.

—Si claro, ríete de mi desgracia, no podré volver a ver a ninguno de los jefes a los ojos de nuevo sin imaginarlos con algún rasgo animal—. Dijo, dejando sobre la mesa su vaso de helado, que no tenía nada que ver con los de Florean Fortescue, aunque debía admitir que el de yogurth no estaba del todo mal. Ella simplemente tomó un poco de aire y limpió un par de lágrimas que escaparon de sus ojos por el esfuerzo.

—No puede ser tan malo, Percy. Vergonzoso sí, catastrófico no lo creo, dices que los efectos duraron… ¿cuánto, media hora?

—Audrey, tenía plumas en partes de mi cuerpo que te aseguro no es agradable.

Una nueva risa trataba de ser sofocada cuando ella mordió sus labios, de seguro imaginando que partes serían esas. Percy sintió el rostro un tanto sonrojado por el recuerdo de esa media hora encerrado en esa parodia de zoológico, como llamaba Audrey a esos lugares con diversas especies.

— ¿Ya vas a dejar de burlarte de mí? Se supone deberías darme apoyo, no ridiculizarme—. No iba a admitir que comenzaba a sentirse un poco mejor por ver que ella no encontraba escandaloso todo el asunto. Su sonrisa le quitaba cierto peso de más a la situación.

—Vamos Percy, es bueno reírse de uno mismo de vez en cuando, dices que al final se lo han tomado como lo que debía de ser ¿o no? Una broma, un juego, en algún momento debía de pasar.

Las palabras de su amiga lo hicieron pensar un momento, después del susto inicial y el mantener la calma y una que otra conjetura entre plumas y graznidos, algunos lo habían tomado con buen humor, como el Jefe de Aurores. «Les lanzaré mis llamas a esos chicos si los encuentro holgazaneando cuando llegue a la oficina, en especial a tu hermano, Weasley».

Sin proponérselo comenzó a relajarse un poco; ella siempre lograba hacerle ver el lado positivo, como diría ella "quitarle hierro a las cosas" o algo así.

—Entonces, cambiando de tema… ¿Cómo van las cosas con Oliver?

La sola mención de su pareja le hizo esbozar una sutil sonrisa. De seguro el rumor ya le había llegado y lo estaría esperando en la sala del apartamento para saber cuál sería su reacción. Bueno Wood debería agradecerle a Audrey por hacer más amenas las cosas.

—Deja de ser tan cotilla y agarra bien tu helado antes de embarrarte con él.

Con esas palabras se dispuso a tomar el suyo de nuevo y disfrutar de lo que quedaba de la tarde en compañía de esa amiga que trataba de ocultar una sonrisa tras su helado de limón.

Sí, Percy había logrado lo que a los ocho años había deseado: ser alguien importante. Ahora tenía lo que a los once había aspirado: el orgullo de su padre y los abrazos de su madre. Aunque en ningún momento pasó por su cabeza o hubiera imaginado, que en el regio Ministerio de Magia, durante algunas semanas (tal vez un par de meses) se harían bromas sobre plumas esponjosas y escamas de dragón, con su nombre plasmado en ellas.

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N/A: Como saben esta historia esta basada en un prompt, y precisamente por eso este episodio se centra en dos puntos que pedían: un helado con Audrey y un momento vergonzoso para Percy. Por ello en esta ocasión no se ha centrado realmente en la pareja, pero espero y aun así lo hayan disfrutado.

*Diricawl: mejor conocido por los muggles como pájaro Dodo xD

En el próximo si me centro en la pareja de nuevo xD no desesperen!