Disclaimer:Los personajes no me pertenecen. Son de propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 2: Encierro
El olor a humedad me despertó. Todo estaba oscuro. No podía distinguir ni una tenue luz. Parpadeé en reiteradas ocasiones para vislumbrar algo, pero fue inútil. Entrecerré los ojos para enfocarme la mirada, pero el resultado fue nulo. Mi visión estaba cegada por una venda.
Me sentía mareada. La cabeza me daba vueltas sin parar. Por instinto traté de tocarla, pero mis manos se aferraron a lo que parecía ser una soga. Quise gritar, pero sólo emití un sonido ahogado. Noté que un trozo de tela me impedía el habla. Quise ponerme de pie, pero mis piernas no respondían a las órdenes que impartía mi cerebro. También estaban atadas.
Unos vagos recuerdos inundaron mi mente. Mi vestido blanco salpicado de sangre…La ventana trisada… Mi cabeza herida…. Me desesperé y me moví inquieta. La superficie sobre la cual estaba era dura y fría. Quería salir de ahí.
No tenía noción del tiempo. Desconocía si habían pasado horas o días desde el confuso accidente. El día más feliz de mi vida se convirtió en un infierno. En estos momentos debería estar casada y en mi luna de miel en París, no en una situación como ésta.
No había que ser muy inteligente para darse cuenta que estaba secuestrada. La única pregunta que rondaba mi mente era por qué. No tenía enemigos, o al menos eso creía hasta ahora. No entendía qué podían querer de mí. Nunca he dañado a nadie siendo conciente de mis actos.
Mis padres, mi novio y mis amigas deben estar desesperados por saber mi paradero. Necesitaba saber cómo estaba Charlie. Él iba en el coche conmigo y pudo resultar malherido. Me urgía saber su estado. Renée seguramente estaba muy angustiada, al borde de un ataque de nervios. Ni siquiera podía imaginar la reacción de Mike al saber que no llegaría jamás a la iglesia para unir nuestras vidas. Alice y Rose probablemente histéricas…
No pude contener las lágrimas que se acumulaban en mis ojos.
Comencé a moverme inquieta para tratar de zafarme de las ataduras, pero una mano en mi hombro me petrificó.
Sentí un aliento cargado de tabaco azotarme la cara.
- ¿La princesita necesita algo? – preguntó una voz manipulada en tono de burla
Me encogí al oír su tono cargado de resentimiento. Yo no le había hecho nada a nadie. ¿Por qué estaba siendo sometida a este injusto sufrimiento?
Claro que necesitaba algo. Necesitaba respuestas. Asentí débilmente y el bajó un poco la mordaza para permitirme hablar. Podría aprovechar el momento y gritar, pero sabía que no conseguiría nada, salvo enfurecer al hombre que estaba a mi lado y eso no era buena idea.
- ¿Qué quieres de mí? – pregunté en un susurro
Como respuesta, escuché una estridente carcajada que me heló.
- ¿De ti? Nada – dijo simplemente mi captor
-Si lo que buscan es dinero….
-¡No todo se arregla con dinero! – me interrumpió
Su voz llena de ira y de un rencor, a mi juicio, infundado me hizo temblar.
¿De qué se trataba todo esto? La única razón aparente era el dinero y mi familia ya hubiera acordado el pago. No podía ofrecerle nada más.
-¡¿Qué vas a saber tú?! ¡Siempre lo has tenido todo! ¡Cualquier carencia era satisfecha de inmediato! – gritó
¿Cómo se atrevía a hablarme como si me conociera? Él no sabía nada de mí. Soy afortunada al tener una familia unida, un novio devoto y unas amigas incondicionales; pero eso no implicaba que nunca hubiese sufrido. Él no me conocía y no podía emitir juicios de valor sobre mí. Contuve mi rabia para evitar alterarlo más. Eso, sin duda, no servía de nada. Sólo lograría agravar la situación.
-No entiendo - murmuré
-¿La niñita de papá no entiende? – preguntó con desprecio y fingida preocupación, cogiéndome con fuerza el brazo
Me estaba haciendo daño al presionar de esa forma mi extremidad. Tenía miedo. Estaba aterrada. Sólo sabía que estaba secuestrada, pero no sabía la razón. Desconocía que sucedía en el mundo exterior. Este infierno me estaba matando y no sabía cuánto tiempo más podría soportarlo. Tenía la ligera impresión que esto recién estaba comenzando.
- ¿Por qué? - interrogué más para mí que para él
- Mejor no hagas preguntas – aconsejó – La verdad puede ser dolorosa
¿La verdad puede ser dolorosa? ¿Qué verdad? Estaba más confundida que antes. No entendía nada. Si tan sólo me aclarara qué quiere, quizás podría hacer algo para poner término a esta situación. Pero él no me daba información, me mantenía en la completa ignorancia.
Soltó mi brazo con brusquedad y volvió a acomodar la pañoleta, dejándome en un involuntario silencio. Me dolía el brazo, pero más herida tenía el alma. La incertidumbre me estaba carcomiendo. La fuga no era una opción. El tipo tenía mucha fuerza y yo estaba imposibilitada de cualquier movimiento o acción. Negociar con un resentido también estaba descartado. Sólo bastaron unas cuantas palabras para alterarlo y sabía que podía hacerme aún más daño. Me acurruqué y apoyé mi cabeza en el helado suelo. No pude evitar llorar. Eso no podía estar pasando. Daría cualquier cosa por que fuera sólo una horrible pesadilla y no una triste realidad. Por primera vez en mi vida, me sentía desprotegida. Sabía que mi padre haría todos los esfuerzos humanos posibles por rescatarme, pero en ese lugar estaba sola y me sentía sumamente vulnerable.
Una mano tomó con rudeza mi mentón y me obligó a levantar el rostro. ¡Cómo si sirviera de algo!
- Te quitaré la mordaza – informó – Más te vale no gritar
Su amenaza me estremeció. Su tono de voz era escalofriante, quizás por la distorsión o tal vez por el contexto de la situación.
Escuché algunos sonidos metálicos.
- Come – ordenó
No tenía hambre y, aunque así fuera, no aceptaría nada de él. Sentí que trataban de introducir algo en mi boca. Cerré con fuerza mis labios y negué con la cabeza.
-No te conviene que pierda la paciencia – dijo entre dientes
Era un ser despreciable. Mi dolor no ablandaba su duro corazón. Tenía la certeza de que era capaz de cualquier cosa, pero aún así apreté con más ímpetu mis labios.
-¿No vas a comer? – preguntó con rabia
Sólo fui capaz de negar otra vez con la cabeza.
-Entonces, ¡muérete de hambre! – gritó mientras, con torpeza, acomodaba nuevamente la mordaza
Acto seguido escuché un fuerte golpe y una puerta cerrarse con furia.
Me recosté en el frío suelo, apoyando mi cabeza en la sólida superficie. Sólo esperaba que este calvario se terminara pronto. Un nudo se formó en mi garganta y, al sentirme sola, descargué todo mi sufrimiento. ¡Cuánto ansiaba la seguridad de mi hogar y el cariño de mis seres queridos! Debían de estar angustiados por mi desaparición. Mi cuerpo se movía descontroladamente debido a los sollozos y mi rostro estaba bañado en lágrimas.
De pronto, escuché una puerta abrirse y luego unos pasos. Me incorporé con dificultad y agudicé mi oído para adivinar sus movimientos, pero sus acciones eran sigilosas. Traté de controlar mi llanto desenfrenado para evitar más problemas.
- Necesitas comer – dijo otra voz suavemente
Me sobresalté al percatarme de una cercana presencia. No era el mismo infeliz que me había gritado. Esta voz era más dulce, a pesar que estaba disfrazada. ¿Cuántas personas estaban involucradas?
Removió la mordaza y sentí que trataba de introducir algo en mi boca. Como acto reflejo, cerré fuertemente los labios.
- No has comido en dos días – informó con preocupación
¿Dos días? ¿Habían pasado sólo dos días? Para mí había sido una eternidad.
Estaba aturdida y mis fuerzas estaban flaqueando. Estos días habían sido totalmente olvidables e intuía que se venían peores momentos. La fatiga me estaba venciendo y si quería estar lúcida debía alimentarme.
Abrí lentamente la boca y mastiqué con rapidez lo que parecía ser pollo. Tenía que aprovechar este momento. Este hombre parecía más flexible y menos agresivo que el otro. No sé por qué pero sentía que él podía ayudarme a escapar o, al menos, podía darme ciertas respuestas.
- Por favor, déjame ir - supliqué
- Lo siento – se disculpó – No puedo hacerlo
- ¿Qué quieren? – pregunté con desesperación
- El motivo no te lo puedo decir – respondió – Sólo te puedo asegurar que no pretendemos hacerte daño.
Sin duda, este tipo era más amable y menos agresivo que el anterior. A pesar de las múltiples inquietudes que me embargaban, sólo una era prioridad.
-¿Mi padre está bien? - pregunté
Oí un profundo suspiro y transcurrieron varios segundos en absoluto silencio. ¿Qué sucedía? ¿Por qué no podía informarme del estado de salud de Charlie? ¿Y si le había pasado algo malo? Yo sería la única culpable. Si por querer capturarme mi padre se había lastimado, jamás me lo perdonaría a mi misma. Mastiqué velozmente, dispuesta a preguntarle nuevamente hasta que escuché su voz.
-Sí– dijo – No sufrió ningún daño físico.
Solté de golpe la respiración contenida. No sé por qué, pero creía lo que me decía.
-Dime lo que quieren y haré todo lo posible por conseguirlo – traté de negociar
Me dio otro bocado.
-La solución no está en tus manos - sentenció
Si no podía hacer nada, ¿qué hacía encerrada? Mi cabeza giraba buscando motivos, pero no encontraba ninguno. No podía hacer nada. Me sentía impotente y sumamente frustrada. Necesitaba urgentemente saber la razón del encierro. No comprendía por qué estaban haciéndome esto.
Continué comiendo en silencio y, al terminar, volvió a sellar mis labios con la mordaza.
Lo único que me tranquilizaba era saber que Charlie estaba bien. Mi padre no había sufrido heridas graves producto del accidente y eso me reconfortaba.
En algún momento, entre sollozos y convulsiones, me quedé dormida.
Lo último de lo que fui consciente fueron de unos fuertes brazos que me levantaban y que alguien me acomodaba en un mullido colchón.
Me arropó y me vi inmersa en un mundo de espeluznantes pesadillas.
Sí, no tengo perdón! No odien a esta aspirante a escritora que se ha tardado una eternidad en actualizar! No es mi intención que transcurra tanto tiempo, pero realmente con esta historia tengo un problema grave de inspiración! Haré todo lo posible por no demorarme tanto…
Muchísimas gracias por sus reviews, alertas y favoritos! También agradezco a las que leen la historia de manera silenciosa! A las nuevas lectoras, bienvenidas!
Cualquier sugerencia, duda, reclamo, comentario o felicitación….ya saben: review!
Besos!
Chemita
