Hola a toda (os)
Muchisimas gracias por el apoyo a esta historiaaa! me da mucho gusto, de verdad ^^ aquí les traigo el final de la cita.
Sonar.
Yogi había notado lo que hizo demasiado tarde, aunque fingió no hacerlo, realmente no sabía qué decirle a Gareki si llegaba a reclamarle, estaba tan nervioso y aunque era difícil (por no decir imposible) esperaba que el moreno no lo notara. Era casi seguro que el cuervo consideraría lo que hizo como algo desagradable ¡¿Qué haría?! Necesitaba hacer algo de inmediato, para amenizar la situación, algo, lo que fuere. Mientras las dudas azotaban su cabeza, su vista se quedó fija en un punto y leyó de un espectáculo, por lo que no perdió el tiempo en intentar llevar ahí al moreno.
- G-Gareki-kun ¿qué te parece si ahora vamos por allá a ver el espectáculo?- decía jalando de la muñeca al muchacho que seguía algo estático por lo que había pasado recién, aunque claro, no volteaba a verlo en ningún momento.
- ¡No quiero ver un estúpido espectáculo infantil! ¡Suéltame!- rebatió con un ligero sonrojo, mientras se zafaba del agarre, logrando con esto tranquilizar al mayor ya que su acción arbitraria había sido pasada por alto. Aunque al mismo tiempo eso era algo triste para él, era como decir qué le importaba tan poco al cuervo que ni si quiera se había molestado en enojarse. Eso lo hirió, pero luego volvió a recordar las palabras del pequeño Nai y volvió a recobrar un poco de su confianza, al menos la suficiente para insistir.
- ¡Solo será un momento! ¡Además puedes meterte a nadar con esos peces! ¿Tú nunca lo has hecho, verdad?- intentaba convencerle por todos los medios, volviendo a sujetarlo y casi arrastrarlo hasta allá, notando que el jovencito ya casi no oponía resistencia y solo lo seguía de mala gana, sin desasir el agarre, lo cual le alegró mucho, pero no bajaba de ninguna manera su ansiedad.
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Vieron un espectáculo con unos peses más o menos de las mismas dimensiones que un delfín, con unas aletas delgadas y frondosas en forma de holanes, llenas de distintas tonalidades de azul y rosa, tenían una trompa delgada y alargada, pero muy diferente de las de los delfines, producían un sonar muy agradable al oído y parecía ser que gustaban de la gente.
Aquellos curiosos seres vivos daban piruetas y hacían todo tipo de gracias, cosa que Yogi observaba encantado, como niño en juguetería y señalaba constantemente mientras gritaba cosas como "¡Viste eso, Gareki-kun!" o "¡Increíble!". Por su parte, el moreno jugaba con el celular del mayor, sólo volteando de vez en vez a ver el espectáculo, pero como no le parecía muy de su estilo el "observar maravillado" a los seres vivos, no duraba atento a él por mucho tiempo.
Cuando el espectáculo terminó, Yogi notó que en un estanque contiguo era donde se podía nadar con esas graciosas criaturas, cosa que no pasó por alto y de inmediato asumió que ambos irían.
- ¡Gareki-kun! – volteó a verlo con ojos brillantes y su mejor sonrisa, tan pronto escuchó que la presentadora anunciaba el acceso al tanque.
- No- se negó de inmediato, sin darle oportunidad de más.
- ¡Todavía no he dicho nada!- peleó de vuelta muy frustrado por la negativa tan veloz que obtuvo.
- ¡Vas a decir que quieres que me meta contigo a ese estanque! ¡¿Verdad?!- le gritó exasperado, el rubio retrocedió un par de pasos, ciertamente había dado en el clavo.
- ¡Solo será un momento! ¡Una experiencia nueva, Gareki-kun!- dijo sujetándole de los brazos.
- Si quieres ir, entra tú solo. Yo te observo desde aquí- le permitió, girando su rostro levemente ante la cercanía del otro.
- ¡Pero yo quiero que entremos juntos!- decía estrechándolo en otro de sus conocidos abrazos de oso. El moreno a como podía intentaba alejarlo de sí, aun no estaba listo para ese contacto después del "incidente"
- ¡Suéltame! ¡Además no traemos nada como trajes de baño ni ropa para cambiarnos!- se defendió, intentando con eso dejar quieto al mayor de una buena vez.
- ¡Podemos comprar algunas, ese no es problema! – grito, intentando convencerle por todos los medios, mientras ceñía su agarre al muchacho, que ya no se resistía tanto como antes. En cuanto vio la oportunidad, lo cargó dirigiéndose hacia la tienda de recuerdos, para comprar un par de trajes de baño.
- ¡Suéltame!- gritaba revolviéndose en los brazos del mayor y pataleando, esperando en una de tantas, pegarle en la canilla para que lo soltara. Pero no lo había conseguido, y el mayor que trabajó rápido, ya había entrado y comprado un par de trajes de baño para que pudiesen meterse juntos al estanque.
- ¡Listo! Ahora, Gareki-kun, ve a cambiarte- le pidió amable, soltándolo.
- No, yo te dije que no lo compraras porque no planeo meterme ahí.
- ¡Por favor, Gareki-kun! ¡Ven conmigo!- siguió rogando enérgicamente, al grado en que la gente había comenzado a verlos muy fijamente- ¡No quiero ir solo! ¡Por favor!- tanta atención estaban atrayendo, que el moreno se sintió incómodo y estaba por retirarse de ahí y dejar que Yogi hiciese su escándalo sólo, pero por algún motivo se sintió culpable cuando vio el reflejo de ambos en un aparador: él de brazos cruzados con expresión apática y al mayor con ambas manos juntas y con ojos vidriosos y esperanzados, rogando por su participación. Chistó maldiciendo su conciencia y accedió finalmente de mala gana.
- ¡Está bien! ¡Basta!- dijo arrebatándole el traje de baño y dándole un manotazo en la cara para hacerlo a un lado. La gente a su alrededor comenzó a murmurar, en vista de que Yogi lucía una sonrisa muy dulce y satisfecha con esa "muestra de afecto" que a ojos de los demás distaba mucho de serlo. Por su parte el moreno iba dando zancadas largas con un ligero sonrojo que no podía controlar desde hacía varios minutos atrás.
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Finalmente ambos se habían cambiado y se dirigieron a aquel estanque. El mayor iba empujando ligeramente al cuervo para que avanzara, puesto iba muy renuente a hacerlo. Cuando llegaron, primero se metió el de hebras doradas sintiendo el agua fresca que le cubría hasta el pecho y le ofreció una mano al más joven para que ingresara cuidadosamente. El muchacho se metió por su cuenta, ignorando la mano del rubio, quien solo sonrió ligeramente, eso era algo típico del jovencito, así que de ningún modo le hizo sentir mal. Apenas se metió el moreno, fue rodeado por una gran cantidad de esos peses.
- ¿Qué quieren?- inquirió incómodo de que las miradas de todos en el lugar se posaran en él y la innecesaria atención que estaba recibiendo por parte de esas criaturas.
- ¡Creo que les gustas, Gareki-kun!- exclamó alegre el más alto que también se había visto envuelto por esos peses que habían comenzado a emitir su sonar.
- ¿Qué hacen?- preguntó el cuervo un tanto perturbado.
- Están cantando para ustedes, no muy seguido lo hacen estos pequeños- dijo la instructora, impresionada.
- ¿Y eso por qué?- inquirió el mayor bastante curioso mientras acariciaba a uno de esos animales.
- Se dice que el sonar de estos pequeños pueden curar heridas del corazón, tal vez ellos sienten algo en ustedes- dijo la instructora sin mala intención, logrando con esto descolocar al mayor, entendía porque podrían intentar sanar al jovencito, pero no había pensado que él también pudiese necesitar ser sanado, al menos no desde que Gareki y Nai habían llegado al 2ndo barco.
Seguía encantado viendo como esos peses rodeaban al moreno y la bonita expresión que mostraba. Pero de pronto esa cara que le parecía tan bonita y que le gustaba tanto ver, había comenzado a derramar algunas lágrimas, de inmediato se acercó al muchacho, sólo para darse cuenta que él también derramaba lágrimas. El rubio se posó detrás del más bajito y cubrió los ojos del azabache con una de sus manos, ocultando de esa manera sus lágrimas de la vista de los demás, manteniéndolo en un semiabrazo que el moreno no rechazó, extrañamente.
El cuervo se había percatado que el rubio también estaba llorando, permanecía en un llanto silencioso y no el usual escándalo que generalmente hacía, sino que se quedaba en leves suspiros y un torrente de lágrimas corriendo desde sus ojos, pero continuaba fuerte, como si intentase como siempre protegerlo, aunque ahora no era de los varuga, era más bien protegerlo de sí mismo.
Permanecieron así por orden-petición de la instructora que había visto que esos dos realmente necesitaban de ese sonido, al ver que aquellas criaturas continuaban con su canto y rodeando a ese par de manera constante. Luego de casi media hora el sonido cesó, al igual que las lágrimas.
El rubio fue guiando al menor a las escaleras para salir del estanque, sin quitar su mano de la vista del moreno. Ambos caminaban guiados por la vista del rubio quien seguía el flujo de luces, los dos avanzaban un poco mareados. Cuando salieron del estanque, la instructora les entregó un par de toallas para que se secaran, el rubio puso uno de las toallas en los hombros del menor destapando finalmente sus ojos que parecían tan ausentes como los suyos, pero con un poco más de tranquilidad. Se puso una toalla él mismo y pasó uno de sus brazos por los hombros del muchacho que parecía aun absorto en sus pensamientos, al menos lo suficiente como para no rechazar su toque; era la primera vez que Yogi sentía que debía permanecer callado y compartiendo el silencio con el muchacho sin sentirse tan ansioso, solo quería abrazarlo así como estaba.
Lo fue guiando hacia los vestidores, al llegar, giró un poco al muchacho y le dio un abrazo bastante protector y no tan efusivo como solía hacer, fue un abrazo corto y el moreno estaba tan absorto en lo que acababa de vivir que no le molestó realmente, cuando el rubio se separó de él, cada uno procedió a cambiarse por su ropa para finalmente volver al 2ndo barco, había sido demasiado por un día, y lo mejor era irse de una vez.
Iban encaminándose a la salida del lugar y cuando llegaron, Yogi sujetó al jovencito para emprender el vuelo, pero este ultimo solo alejó con suavidad su agarre y continuó caminando. El rubio entendió que quería pasear un poco más antes de volver, y no lo culpaba, había sido una experiencia realmente fuera de lo normal que ni él mismo esperaba experimentar, necesitaban asimilarlo. Además ambos aun tenían los ojos un poco hinchados y enrojecidos, así que lo mejor sería esperar un poco a que se pasase. Vagaron en silencio algunos minutos hasta que el mayor habló.
- Gareki-kun- le llamó para captar su atención- ¿Cómo te sientes?
- …-no le contestó, había mucho y nada a la vez dentro de su cabeza, tanto que no había escuchado al mayor.
- ¿Estás listo para volver a casa?- le preguntó con tranquilidad- Si no, podemos cenar aquí y luego volver, aunque pienso que sería mejor que cenáramos con todos en…-guardó silencio por un momento al ver al muchacho tan ausente. Su mirada era un poco más tranquila pero no le quitaba aquel aire analítico que siempre poseía, de modo que el mayor le sujetó el rostro con ambas manos, para que el más joven voltease a verlo, el cuervo reaccionó y se alejó a la brevedad.
- ¿Qué haces?- inquirió nervioso.
- ¡N-nada! – respondió nervioso, percatándose que sus impulsos por ese muchacho cada vez más salían a flote- ¿Te sientes mejor?- preguntó de manera suave, intentando que el menor bajase un poco su guardia, al menos lo suficiente como para entablar una conversación.
- No fue nada, es solo que fue extraño- el rubio observó atento al más joven que hablaba de manera espontánea, como aquel día de nieve en Rinoll- Me siento un poco más ligero- aceptó al fin, volteando a ver a Yogi.
- Me da gusto- dijo con una sonrisa suave, envolviendo al menor en otro abrazo, con lo que solo logró que este último se removiera entre sus brazos aunque fue de una manera no violenta, muy diferente de cómo acostumbraba- ¿Quieres que vayamos a casa?
"Casa" esa palabra resonó en la cabeza de Gareki, hundiéndolo en un nuevo mar de pensamientos ¿realmente podía alguien como él decir que tenía una casa? ¿Un hogar? Desde que había arribado a circus, Yogi solía decir cosas así, y en cada ocasión no podía evitar pensar si le era permitido a él, vivir de esa manera y ser feliz. No respondió, por lo que Yogi simplemente lo envolvió en otro abrazo y emprendió el vuelo, de manera en que ambos pudiesen llegar a su hogar.
Cuando finalmente llegaron, fueron recibidos por Nai y Tsukumo, quienes habían llegado un poco antes que ellos.
- No sabía que ustedes también habían bajado a la ciudad- dijo la rubia con una sonrisa suave.
- Sí, Gareki-kun y yo fuimos a pasear un poco- respondió el mayor con una sonrisa llena de gozo y un ligero sonrojo, su expresión era simplemente dulce, tanto que la rubia se pudo percatar de que algo bueno había sucedido, pero no quiso profundizar. Después de todo, Gareki era del tipo de persona que lo negaría y con ello, solo traería un mal rato para Yogi.
- Gareki luce tranquilo- dijo el pequeño Nai.
- Ah, sí- respondió con monosílabos, aun su mente estaba algo ausente.
- ¿Qué les parece si cenamos algo?- mencionaba el rubio, quería alargar lo más posible su estancia con el moreno y por sobretodo animarle, pero al juzgar por lo que mencionaba el pequeño Nai, eso no era necesario.
Cenaron sin contratiempos y de manera amena, el pequeño Nai y Tsukumo comentaban las cosas que vieron y compraron en la ciudad, por su parte Yogi escuchaba animadamente, procurando no hablar sobre la experiencia tan atípica por la que habían pasado, cosa que el moreno no pasó por alto y agradeció internamente, después de todo, parecía ser que Yogi podía ser discreto si se lo proponía.
Luego de un par de horas de charlas y juegos, en los que obviamente Gareki no participó más que como un testigo, terminó por quedarse dormido sobre la mesa. Yogi se dio cuenta y decidió llevarlo nuevamente a su habitación para que descansara. Se disculpó con Tsukumo y Nai quienes observaron atentamente cómo el rubio tomaba en brazos al inconsciente azabache y se dirigía a su habitación, definitivamente, Yogi era la única persona capaz de lograr una hazaña como esa. La rubia sonrió ante ello, le daba mucho gusto que Yogi pudiese tener el cariño del moreno como una certeza, eso le estaba dando mucha fuerza a su corazón, quizá con el tiempo, el rubio podría terminar de asimilar su trauma. Por su parte, el pequeño albino también observaba sonriente, estaba gustoso de que Gareki estuviese tan tranquilo, muy diferente de lo que sentía cada vez que el cuervo dormía, despidiendo emociones llenas de tristeza, confusión e impotencia.
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Cuando el rubio arribó a la habitación del moreno volvió a depositarlo en la cama tal cual la ultima vez, pero en esta ocasión le dio un beso en la frente al lograr que la cabeza azabache se recargara en la almohada sin daño alguno. Se quedó unos minutos viéndole dormir, observó aquellos labios que había acariciado con su pulgar esa misma tarde, acción que volvió a repetir; su mirada pasó después a posarse a sus espesas pestañas que habían sido empapadas de lágrimas hacía algunas horas, simplemente le encantaba ese chico. Decidió dejar que sus impulsos le dominaran por una vez y le dio un suave beso en los labios, algo leve e inocente, como si con solo tocarle pudiese romperle, de modo que fue un roce sencillo con el que trató de atesorarle.
Eso fue todo lo que hizo, después le observó un poco más y finalmente salió de ahí con un ferviente sonrojo, su mano la tenía cubriendo sus labios, como si lo que había hecho hubiese sido algo imperdonable. Sintió que se había aprovechado de la situación y del estado de inconsciencia del jovencito, pero había aun algo dentro de él que le hacía desear más contacto. Se retiró a su habitación, necesitaba alejar esa demandante necesidad.
Por su parte, el cuervo abrió los ojos tan pronto escuchó los pasos del rubio alejarse, un sonrojo cubrió su rostro aun estando en la penumbra. Se había despertado en el momento en que el rubio volvió a acariciar sus labios con su pulgar, puesto le había ocasionado aquel mismo cosquilleo, una sensación agradable y desagradable al mismo tiempo. Solo se cubrió el rostro con la manta y trató de dormir nuevamente, esperando que no fuese algo imposible esa noche. Ya no sabía si Yogi realmente le veía como un niño o no, ese simple rose y por sobre todo, ese beso le había atestado su cabeza con dudas.
Espero mi musa trabaje y pueda traer algo más, claro, si ustedes gustan ^^
Gracias por leer!
