Disclaimer: nada me pertenece. ¡Los personajes pertenecen a Marvel y la historia a Cassy 27! (Esta es una traducción).
Día 25
Era odioso para Loki el que disfrutara cuando Thor bajaba a su pequeña celda. Despreciaba a este hombre con todo su corazón, pero cuando Thor bajaba, se sentía un poquito menos solo. Cada vez que el rubio aparecía, se sentía un poquito más seguro, porque obtenía comida fresca y agua —aunque ya había descubierto hacía algunos días que podía beber tranquilamente de la llave del lavabo al otro lado de la habitación—. Sin embargo, Thor significaba compañía, y aunque sus conversaciones eran tensas e incómodas, odiaba cuando se quedaba completamente solo.
La luz todavía se encendía y se apagaba regularmente y sabía que esta era una forma de mantenerlo permanentemente agotado, a pesar de ello estaba empezando a adaptarse. Finalmente, logró dormir durante casi tres horas seguidas sin despertarse con pesadillas o debido a que la luz se encendía sin previo aviso. Le había pedido a Thor un reloj e incluso lo había obtenido, aunque solo podía ver la hora cuando la luz estaba encendida.
Esto al menos ya era algo y gracias a ello aprendió cómo seguir los días. Hoy marcaba el día veinticinco de su encarcelamiento, y sentía como si ya hubiesen transcurrido meses. Sin importar cuán agradecido estuviera por recibir comida fresca y agua, sin importar cuánto le gustara el que Thor bajara a su celda —aunque esto no significaba que no le odiara— aún sentía que estaba perdiendo lentamente la cordura.
No tenía absolutamente nada con que mantenerse ocupado y había horas en las que se encontraba mirando a la oscuridad. Al poco tiempo, empezó a ver sombras y rostros que realmente no estaban allí y esto le asustó. Sabía que estaba alucinando, pero no por ello eran menos reales.
Cuando las cerraduras de la enorme puerta de metal giraron por segunda vez ese día, Loki instantáneamente se levantó y se sentó. La última vez que había visto a Thor había sido en la mañana, hacía aproximadamente ocho horas. No solía ver al rubio más de una vez al día, por lo que sintió sus músculos tensarse. Simplemente, no sabía qué esperar.
Thor entró en la habitación con una sonrisa torcida en su rostro. Tenía una cubeta de metal con agua humeante, que indicaba que estaba tibia, y la situó en el suelo, delante de Loki. Luego salió de nuevo, desapareciendo durante dos segundos para regresar con una toalla, una esponja, jabón, ropa interior limpia y ropa.
—Pensé que, para variar, a lo mejor querías lavarte con agua tibia —dijo Thor. Puso la ropa al lado del colchón de Loki y le entregó la esponja y la barra blanca de jabón.
Loki lo aceptó agradecido. Hacía semanas que no se lavaba con agua tibia y jabón y sabía que olía a muerto. Al menos le había dado un cepillo para limpiar sus dientes todos los días, aun así nada de esto le importaba realmente, aunque sabía que debía importarle porque se trataba de su higiene personal.
Sus verdes ojos se situaron en la cubeta y se encontró deseando sentir el agua caliente sobre su piel. Se había lavado las manos, el rostro y las axilas un par de veces en el lavabo con agua fría, y anhelaba una buena y larga ducha caliente, pero aparentemente esto sería todo lo que tendría.
—Gracias —dijo. La mera sensación de la esponja en su mano se sintió sorprendentemente bien.
—Muy bien, adelante entonces —le instó Thor.
Loki tragó pesadamente al darse cuenta de que no iba a concedérsele un momento de privacidad. Eso le asustó. Sabía que Thor estaba loco —¿quién más secuestraría a un hombre únicamente para mantenerlo encerrado en una celda?— y lo último que quería era que el mismo demente le viera desnudo. Era una idea bastante tonta ya que nunca se había considerado un mojigato, pero esta era realmente una cuestión de principios. No quería renunciar a su último trozo de privacidad.
Miró a Thor como si lo estuviera desafiando, aunque en realidad esta no era su intensión. Estaba demasiado aturdido como para pronunciar una sola palabra, pero podía ver la irritación y el enojo de Thor crecer en nuevos niveles. En sus veinticinco días de cautiverio, Thor había perdido los estribos en una sola ocasión —el sexto día—, y desde entonces estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para que Thor no volviera a estallar. Simplemente no quería salir lastimado.
—No me mires de esa forma —escupió Thor, cruzando los brazos delante de su pecho mientras sus ojos se oscurecían—. No voy a dejarte solo. Eres astuto e inteligente y no voy a permitir que trames algún plan estúpido con el cual derribarme.
—Es una simple cubeta —dijo Loki en voz baja. Cuando era niño, siempre había sido travieso. Hacía bromas como ningún otro niño en la escuela, pero las había dejado atrás durante la adolescencia. Siempre había tenido una mente brillante, pero ¿qué se suponía que podría hacer con una cubeta? Difícilmente podría tirársela a Thor en la cabeza ya que se había vuelto demasiado débil. Dudaba incluso poder levantarla mientras se encontrara llena de agua.
—No voy a repetirlo —dijo Thor, recuperando la compostura—. Si durante los próximos cinco segundos no te veo lavándote, simplemente me llevaré todo esto.
Se sintió destrozado. Realmente quería lavarse y ponerse aquellas ropas limpias, pero ¿podía dejar de lado su dignidad? ¿Importaba realmente? Simplemente tendría que ser rápido, lo cual acortaría la duración del tiempo en el que se sentiría mortificado.
Mientras se desnudaba, trató de cubrir sus partes privadas, pero ni siquiera sabía porqué se molestaba en hacerlo ya que fallaba horriblemente. Sus ojos se encontraron brevemente con los de Thor y sintió un pánico repentino abrumarlo. Por un momento, pensó que su captor iba a abandonar la habitación, pero Thor solo se detuvo tranquilamente junto a la puerta, con los brazos aún cruzados en su pecho y sus ojos transmitiendo nada más que impaciencia.
Esto le tranquilizó un poco. Rápidamente sumergió la esponja en el agua maravillosamente caliente, frotó un poco de jabón en ella y comenzó a lavarse. Al final, le tomó solo unos minutos, pero aún sentía que se había tardado demasiado. Se puso los bóxers limpios y las ropas e instantáneamente se sintió mejor. Una vez más se sintió extrañamente protegido.
—¿Fue tan difícil? —le preguntó Thor casi divertidamente—. ¿O vergonzoso?
Loki no respondió. Simplemente no quiso honrar a Thor con una respuesta. Se sentó en el colchón y se prohibió darle las gracias al hombre. Una parte de él estaba muy agradecida por la pequeña bondad, pero esto no cambiaba el hecho de que seguía siendo un prisionero indefenso. Llevó sus rodillas contra su pecho y envolvió sus brazos alrededor de ellas. Observó a Thor por un momento mientras fruncia los labios.
—Estás enojado —señaló Thor, aunque claramente estaba suponiéndolo. Era imposible que pudiera entender lo que Loki estaba sintiendo solo por una mirada. Todavía no conocía a su prisionero lo suficientemente bien.
Aunque en realidad Loki sí estaba enojado —había estado enojado por días y ¿quién no lo estaría en esta clase de situación?—. Pero sobre todo, se sentía humillado. Por centésima vez deseó ser invisible o desaparecer en la pared tras su espalda.
—Deberías estar agradecido —dijo Thor. Cogió la ropa sucia, las lanzó fuera de la habitación y luego tiró la esponja y el jabón en el agua sucia—. Te doy todo lo que necesitas. Agua, comida, ropa. Fácilmente pude dejarte morir aquí.
Loki continuó mirando los azules ojos de Thor, sin decir una palabra.
—Bien —suspiró Thor—. Se obstinado.
Thor abandonó la habitación, la puerta se cerró a su espalda y un minuto después, la luz se apagó. Loki apretó sus rodillas fuertemente, asustado momentáneamente por la oscuridad. Todavía no podía acostumbrarse a ella. Sabía que iba a estar atrapado de esta manera durante un par de horas, rodeado de sombras, porque obviamente había hecho enfadar a Thor y este era su castigo.
Aunque lentamente —muy lentamente— empezaba a acostumbrarse a todo esto. Sus días empezaban a recuperar algo de su vieja rutina. Se levantaba temprano por la mañana, cuando la luz se encendía y se apagaba. Alrededor de las ocho, Thor le llevaba el desayuno —que, por lo general, no era más que una pieza de fruta— y se encontraría solo por el resto de la jornada, unas veces con luz, otras veces sin ella. Después, durante la noche, Thor volvería con la cena, la cual era un poco más sustancial. Las tres veces que había recibido una comida caliente la había devorado casi como un animal. Cuando Thor se marchaba, la luz siempre se apagaba y Loki al menos trataba de dormir un poco.
En ese momento se dio cuenta de que en realidad no había recibido nada de comer esta noche. Su estómago gruñó ferozmente —casi de manera acusadora— y aunque hizo todo lo posible por ignorar su hambre, simplemente no pudo hacerlo. Pensó en beber un poco de agua fría de la llave, pero se sentía demasiado cansado como para alejarse del colchón.
Al final le tomó horas dormirse y justo cuando el sueño empezaba a consumirle la mente la luz se encendió, perturbando su descanso. Lentamente, empezó a sentirse derrotado. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por una buena comida, una buena noche de descanso o por algo que le mantuviera ocupado. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa y esto lo asustó más de lo que creía posible.
Día 71
Acostado sobre su colchón, Loki pensó en todas las cosas que su familia podría estar haciendo en ese momento. Pensar en ellos le hacía sentir un poco mejor. Los imaginó almorzando. O tal vez su padre estaría leyendo un libro mientras su madre cocinaba la cena. Imaginó que ahora su hermano estaba en su práctica de fútbol. No podía saberlo ya que ni siquiera sabía qué hora era. Eran definitivamente más de las ocho de la mañana, pero después de que Thor le llevara el desayuno, había apagado la luz nuevamente, así que no pudo leer el reloj.
Tal vez había estado en la oscuridad durante dos horas. Tal vez seis. Cuando no había nada más que oscuridad, perdía todo contacto con el mundo real. Por eso fue que trató de imaginarse a su familia. También pensó en Sigyn, pero sus pensamientos fueron interrumpidos rápidamente cuando la luz se encendió —cegándolo momentáneamente— y las cerraduras empezaron a girar.
Había días en los que se imaginaba que era otra persona la que entraba en su celda. Que no vería a Thor entrar, sino a un oficial de policía o quizá a un amigo. Se imaginaba siendo rescatado, pero por supuesto su fantasía siempre se disipaba cuando veía al gigante. Sin embargo, hoy Thor se veía diferente. Estaba sonriendo, genuinamente, y parecía relajado. Loki no tenía idea de lo que esto significaba.
—Levántate —dijo Thor con una voz sorprendentemente amable. Pero seguía siendo una orden directa y Loki ya había aprendido a seguirlas. Cuando no lo hacía, o cuando incluso actuaba con demasiada lentitud, Thor estallaba en un ataque de rabia. Gritaría y golpearía sus puños contra la puerta de acero o las paredes. Loki prefería evitar aquellos escenarios ya que lo último que quería era que Thor dejara las puertas y las paredes y en lugar de ello terminara golpeándole a él.
Así que se levantó de un salto. Sin embargo, esto no significaba que porque tuviera miedo de la ira de Thor no se atreviera a hacer preguntas.
—¿Qué sucede? —preguntó. Podía sentir que algo estaba... fuera de lugar—. ¿Qué está pasando?
—Te voy a llevar afuera. —Thor sonrió. Era evidente que, como para variar, no le importaban las preguntas de Loki—. Aunque solo será por cinco minutos. Necesitas un poco de luz del sol y hoy es un día perfecto.
Esto era tan absolutamente extraño. Loki no sabía si estar feliz, aliviado, satisfecho, asustado, espantado o cualquier otra emoción humana que pudiera experimentar. Había estado encerrado en esta celda por setenta y un días —lo cual en realidad no era demasiado tiempo— y ya se había vuelto extremadamente dependiente a aquellas cuatro paredes que le rodeaban. Se sintió angustiado de dejarla porque no sabía qué podría encontrarse. No sabía lo que iba a ocurrirle o qué exactamente Thor podría hacerle.
—Está bien —le animó Thor, leyendo aparentemente las emociones de Loki—. No sucederá nada. ¿No quieres sentir la cálida luz del sol en tu rostro?
Loki únicamente asintió, luego observó a Thor girar sobre sus talones y salir de la celda. Se vio obligado a seguirlo. Si no lo hacía, Thor simplemente cerraría la puerta y estaría atrapado en esta celda por quién sabe cuánto tiempo. «No, —pensó— podía disfrutar de un momento afuera».
Era la primera vez que veía qué era lo que había más allá de su celda. Caminó a través de un túnel estrecho, con la cabeza gacha porque de otra forma se habría golpeado contra el techo sucio. Esto era incluso peor para Thor, que tenía que arquear la espalda hasta llegar al otro extremo. Rápidamente llegaron a una segunda puerta de acero, que Thor abrió sin esfuerzo. Loki entró en un sótano y presenció cómo Thor cerraba la puerta de acero. Después empujó un viejo armario hasta su lugar de manera que quedara ocultando la entrada al túnel y a la celda.
Fue entonces cuando Loki supo que existían pocas oportunidades de que alguien, aunque fuera incluso por accidente, descubriera su celda y se sintió triste ante este pensamiento.
—Date prisa —dijo Thor, un poco molesto porque se quedara atrás.
Loki siguió a su captor a través del sótano, por las escaleras y a través de un pasillo. No se atrevió a mirar a su alrededor demasiado, pero notó que la casa estaba limpia. No había polvo. Tampoco había ninguna fotografía, revistas u otras cosas que la mayoría de las personas tenían por ahí. La casa estaba limpia, demasiado limpia.
—Aquí estamos —dijo Thor mientras abría la puerta trasera. Un gran jardín se extendió ante Loki. Había flores a la izquierda y verduras a la derecha, mientras adelante yacía nada más que el bosque. Todo el jardín estaba cerrado por una cerca, pero había una puerta pequeña y oxidada que conducía hacia el bosque.
Los ojos de Loki se ensancharon ante la imagen. No esperaba caminar hacia el paraíso. No esperaba encontrarse con tanto color y sonido. Vio el verde del pasto, el rojo y el amarillo de las flores prematuras. Allí estaba el marrón de los árboles aún desnudos, el canto de los pájaros y el ladrido casual de un perro en la lejanía.
Tan pronto como pisó el pasto, se detuvo. No llevaba zapatos —Thor también los había quemado para borrar toda evidencia de que él se encontraba allí con él— y quiso disfrutar de la sensación. Nunca pensó que vería y sentiría el pasto otra vez. Durante los últimos setenta y un días había estado esperando a que algo sucediera, e incluso ya se había convencido de que Thor terminaría asesinándolo un día, pero era en momentos como estos que dudaba de aquellos pensamientos. A lo mejor, Thor realmente no planeaba asesinarlo.
Dio otro paso hacia adelante y solo entonces sintió el calor del sol en su rostro. Cerró los ojos. Aún había una brisa fría en el aire que le comunicaba que se encontraban a finales de invierno o principios de primavera. Siempre disfrutaba de esta época del año ya que siempre había preferido el frío. Le encantaba la nieve y en especial le encantaban los cielos azules claros que la acompañaban.
—Tus cinco minutos terminaron —anunció Thor.
Los ojos de Loki se abrieron de golpe. Se negaba a creer que ya hubieran transcurrido cinco minutos.
—Eso es imposible —dijo—. Si acabamos de llegar. —Había pronunciado sus pensamientos sin darse cuenta, pero rápidamente comprendió que no debía decir nada más. Aun así no quería regresar a su celda. No todavía. Quería quedarse afuera solo un poco más de tiempo porque no sabía cuándo volvería a sentir el sol en su rostro nuevamente.
—Vamos adentro otra vez —dijo Thor, ira resonando en su voz—. Hay muchos excursionistas en estos bosques y no puedo arriesgarme a que alguien te vea. Vamos, Loki.
—Pero...
Debió haberse quedado callado. Sintió como si hubiera visto detonar una bomba y presenciar la explosión demasiado cerca. Sintió que había sido destrozado por ella.
Thor se precipitó hacia delante, con los ojos muy abiertos y casi completamente ensombrecidos mientras todos los músculos de su cuerpo se tensaban. Loki se quedó congelado, incapaz de huir del enloquecido hombre que se avecinaba hacia él. Si aún le quedaba un poco de razón en su cuerpo y mente, hubiese corrido hacia la puerta al final del jardín y hubiese tratado de escapar a través del bosque; pero en ese momento se olvidó por completo de la lógica. Además, sabía que nunca podría escapar de Thor. Estaba demasiado débil y sabía que no podía correr siquiera la más corta distancia. Esta era la razón por la que Thor le mantenía hambriento, sediento y cansado todo el tiempo.
Cuando Thor lo agarró violentamente, Loki pudo sentir sus uñas clavándose en sus brazos. Quería gritar para pedir ayuda, pero solo un gemido escapó de sus labios. Thor lo sacudió antes de arrastrarlo al interior. Loki no pudo seguirlo adecuadamente y sus rodillas se rindieron. Cuando cayó, el rubio lo soltó, causando que su codo se golpeara contra el duro suelo. Un solo grito salió de sus labios que hizo que Thor se enojara aún más.
—¡Todo esto es un juego para ti! —gritaba el demente—. ¡Estás jugando conmigo! —Su pie lo pateó dos veces, golpeando a Loki en el pecho y en el rostro—. ¡La próxima vez me escucharás! Dije cinco minutos, pero eso no fue suficiente para ti, ¿cierto? ¡Eres un bastardo desagradecido!
Quiso protegerse de su captor, pero Thor agarró sus brazos y lo puso de pie. Empujó a Loki hacia adelante, haciéndole tropezar. Por un momento pensó que iba a caer de nuevo, pero Thor se apoderó de él, agarrándole por la nuca. Lágrimas de dolor y de miedo se acumularon en sus ojos.
—¡Harás lo que te digo! —gritó Thor. Su agarre sobre Loki se rigidizó, sus uñas desgarraban dolorosamente su piel—. Tú eres mío, ¿me oyes? ¡Mío!
Loki —incapaz de hacer algo contra semejante fuerza bruta— se vio obligado a caminar a través de la casa. Rápidamente se encontraron en su celda. Thor abrió la pesada puerta y lo arrojó brutalmente al interior como si no fuera nada más que una muñeca harapienta.
Sin titubear, Loki se arrastró hacia su colchón —el cual ya consideraba como una especie de refugio— y se cubrió el rostro con sus manos. Podía sentir el calor de su propia sangre cubriendo la punta de sus dedos. Su corazón latía furiosamente en su pecho, como si estuviera tratando de desbocarse, pero lo único que pudo hacer fue escuchar cómo Thor cerraba la puerta y giraba la cerradura. Un segundo después, la luz se apagó.
Y así se quedó durante tres días.
