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CAPÍTULO 3
Shadow se dirigía al hogar de su tan amado Ichinose Kazuya. Yamino se secó una pequeña gota de sudor que resbalaba por su frente. Tener cada día a su alcance la posibilidad de hacer suyo el cuerpo de Ichinose, no hizo más que aumentar la frecuencia e intensidad de las pajas y sueños húmedos del peliplata. Ambos seguían completamente vírgenes, y con lo inocente que era Ichinose a los ojos de Kageto, esa situación no cambiaría pronto.
Shadow dio un suspiro. Llegó a la dirección y sacó su juego de llaves de la casa de Kazuya. Apenas entró, escuchó claramente los gemidos que tanto había soñado; los de Ichinose. Eran fuertes y excitantes, definitivamente alguien le estaba dando al mediocampista. Provenientes de la planta alta, Shadow subió casi corriendo, con los celos y preocupación al límite y sudando mares.
—Yamino…Yamino-kun…— escuchó Shadow desde fuera de la habitación. Abriendo mucho los ojos, con cuidado abrió un poco la recámara de Kazuya.
Y allí lo vio. El joven de aspecto inocente, tirado en la alfombra, casi completamente boca abajo, haciéndose lo que parecía la mejor paja de su vida. Con la camisa casi desabotonada, su pantalón de mezclilla desabrochado y bajado apenas dejando ver parte del miembro del castaño, la cara del mediocampista completamente roja, sudada y agitada, usaba su mano derecha para masturbarse y la izquierda para sostenerse en el piso. A cada gemido, correspondía un movimiento sensual de todo el cuerpo de Kazuya, víctima de espasmos placenteros.
—Yamino-kun…—seguía repitiendo mientras su mano aumentaba de rapidez y abría más sus piernas contra el suelo. Sin poder evitarlo, pequeños hilos de saliva salían de la boca del castaño. Del mismo modo, Shadow no pudo impedir seguir sudando y babear al ver a su pareja en tal escena. Y sobre todo, gimiendo el nombre del peliplata.
Lo que más retó la cordura de Kageto fue ver a Ichinose, aún gimiendo, sacando a relucir más de su excitado y erecto miembro. El castaño aumentó la intensidad de su paja, y con un largo y necesitado grito, se corrió, mientras rozaba más sensualmente su cuerpo contra la alfombra. El peliplata vio extasiado como semen corría de ese miembro, bañaba la morena mano de Ichinose y terminaba por manchar el piso. La respiración agitada de Ichinose no se normalizaba, dándole mucho más morbo.
Sin poder aguantarlo más, Shadow abrió completamente la puerta. Se quedó un momento estático, resistiendo su increíble deseo de poseer al más joven de una vez.
Ichinose se sobresaltó, inmóvil un momento, levantó lentamente la cabeza y abrió mucho los ojos. Estaba completamente sonrojado de verse descubierto.
—¡Shadow-kun! —dijo mientras trataba de incorporarse rápidamente, mas cayó de sentón al piso. Sin querer abrió más la piernas, bajando más sus prendas dejando ver su miembro, goteante. Sin poder siquiera levantarse por la vergüenza que sentía, bajó su expectante mirada al piso.
—Lo lamento—dijo—, yo no quería, que tú…que tú vieras…—. Sin decir palabra, Yamino se arrodilló frente al castaño. Le dio un dulce beso en los labios, que al poco rato se volvió apasionado, dejando a Ichinose más que sorprendido. El peliplata se separó de Kazuya para tomar delicadamente la mano derecha del estadounidense. Sin pensarlo más, Yamino besó y lamió, quitando los restos de semen. Shadow sentía ese amargo sabor como placentero y estimulante, era el néctar de su niño.
Después, Shadow besó con demencia el cuello del mediocampista. Dio una sesión de apasionados besos a los labios de Kazuya, éste le respondía con todo lo que podía, mas sus movimientos labiales eran arrasados completamente por los de Yamino, cada vez más profundos y pasionales, como si se olvidara de respirar o como si eso no le importara. Ichinose sentía la presión de los labios ajenos contra los suyos de forma excitante a la vez que relajante.
Shadow se quitó la camisa, y luego terminó de desvestirse. La mirada de Ichinose recorrió de arriba abajo el muy bien formado cuerpo de su seme, sin evitar sonrojarse. Yamino tragó saliva y tomó aire, ninguno había hecho nunca el amor y Shadow, de sólo pensar en ver a su adorado niño completamente sin ropa lo extasiaba sobremanera. Sin poder contenerse más, con dulzura pero con rapidez Yamino despojó al mediocampista de su playera, pantalón y ropa interior. Todo sin dejar de besarse. Ichinose acariciaba con ternura el pecho de Shadow.
Yamino abrazó con fuerza el cuerpo de Ichinose, atrayéndolo hacía sí, queriendo sentir esa piel tan amada en toda su extensión. La fricción de ambos cuerpos desnudos, pecho con pecho e ingle con ingle, aumentaba los gemidos de Kazuya, quién se sentía al borde de la locura, aún sabiendo que aún no empezaban de verdad.
El peliplata descendió hasta los pezones del moreno, besando con suavidad y a momentos con la fuerza que su lujuria desprendía. Rozó su cara con ese cuerpo perfecto, el que tantas noches soñó con hacer suyo. Dejaba marcas que sólo avivaron en Ichinose el deseo de ser, por primera vez, penetrado. Kazuya no paraba de gemir y de respirar fuertemente.
Shadow se sentía en una contradicción. Deseaba darle a SU Ichinose toda la delicadeza que un ángel como él se merecía, por otro lado, quería intensificar la fuerza y morbo de todas sus acciones. Shadow, sólo dejándose llevar, se recostó junto con Kazuya en la cama del mediocampista. El delantero, recostado, hizo que el castaño se sentara encima de él.
—¡Shadow, yo…!—gritaba Ichinose cerrando los ojos por el placer. Estaba rozando sus partes íntimas con el fuerte pecho del peliplata.
—¿En serio, quieres parar? —le preguntó Shadow. Ichinose sintió como sus caderas eran tomadas para moverlas sobre el pecho del peliplata. El castaño aumentó el peso sobre el cuerpo del delantero, mas éste sólo gemía de placer.
—¡Yamino-kun, Yamino-kun! — gemía sin control. Shadow atrajo hacia sí al mediocampista para besarlo nuevamente. Ichinose se relajó, y acarició el cuerpo de Kageto tanto como podía. El peliplata separó un poco de sí la cara del castaño, para darle tiernos besos en todo su rostro. Mientras, el estadounidense acariciaba el pelo de su seme.
Shadow tomó nuevamente las caderas del castaño para seguir con ese roce. Poco a poco, el miembro del mediocampista se encontró prácticamente sobre la cara del peliplata, sorprendiendo a Ichinose. El castaño se sostuvo fuertemente con sus brazos de la pared, y apoyó con fuerza sus piernas en la cama, mientras sentía su miembro ser besado y lamido por Shadow. Pasó rápidamente de los besos a succiones. Yamino veía desde abajo a Ichinose sudar, gemir y moverse frenéticamente para obtener más placer de la boca de Shadow. Mientras acariciaba las caderas del castaño y hacía realidad su más placentera fantasía, el peliplata pasó su cara por toda la parte baja de Kazuya, hasta llegar a la entrada de éste. Primero besó y luego lamió, buscando dilatar.
—Yamino-kun, ¡Yamino-kun! — gritaba Ichinose cerrando fuertemente los ojos. Sus gritos sólo hacían crecer la excitación en ambos. Después de unos minutos, Ichinose, interrumpiendo a Shadow de su nuevo pasatiempo favorito, se bajó de la cabeza del delantero, acercó su cara con la de Yamino y comenzó a besarlo casi con furia. Lo besó con una necesidad que el delantero no conocía, sólo correspondiendo. Ichinose acariciaba el suave cabello del otro, queriendo demostrar todo el cariño en esas caricias.
Kazuya terminó rompiendo el contacto de sus bocas, respiró hondo, dio un último y pequeño beso a Yamino y le dio la espalda a su seme.
—Por favor, Yamino-kun.
Rápidamente, Shadow devoró la nuca y espalda del castaño, haciéndolo gemir y temblar del placer causado. Delicadamente, Yamino recostó boca abajo a la causa de sus delirios y lamió nuevamente la entrada de Kazuya.
"Demasiado bueno para ser la primera vez…"— pensó Ichinose mientras sus temblorosas manos buscaban algo de que sujetarse. Sólo podía ver algo de su libido liberado por medio de gemidos más fuertes. Yamino no perdía oportunidad de hacer rozar los cuerpos y acariciar cada centímetro de las piernas del chico de piel color chocolate.
Dejando un poco la lujuria de lado, Shadow se acercó tiernamente al oído de su agitado uke.
—¿Listo? —preguntó antes de besar su oreja.
—Si…— murmuró Ichinose con algo de dificultad.
Yamino se posicionó delicadamente sobre su nerviosa pareja, y ya no pudiendo con toda la excitación que se guardaba, empezó a penetrarlo. Por más que no quisiera lastimar al chico de sus sueños, Ichinose gritaba de dolor. Fue entonces cuando Kazuya notó duda en los movimientos de su seme.
—¡Shadow-kun… no…pares! —gimió antes de seguir gritando leve, ocultando un poco su rostro en las sábanas.
El seme tragó saliva mientras, delicadamente, recostaba totalmente boca abajo al castaño y levantaba un poco más el trasero de su pareja. Se posicionó arriba de éste, recargó sus brazos y comenzó con las embestidas. Ichinose gritaba tanto como su garganta se lo permitía, ahogado más en el placer que en el dolor. Sentía en su interior toda la longitud del miembro del peliplata, rozando, lastimando, pero más que nada causando placer y agitación en todo su cuerpo. Kazuya recargaba hacia atrás su cuerpo para sentir con mayor plenitud cada embestida.
En tanto, Yamino se encontraba en los momentos más excitantes de toda su vida. El cuerpo de Ichinose se le ofrecía totalmente. Kazuya era suyo, y sólo suyo.
El sudor de ambos cuerpos aumentaba el morbo y excitación del acto. Shadow aumentó el ritmo de sus embestidas al ver como por las piernas de Ichinose resbalaba líquido pre-eyaculatorio. Al mismo tiempo, comenzó a masturbar a su castaño. Éste se limitaba a gemir y a recibir gustoso todo el placer de su seme.
No pudiendo más, Yamino se corrió en el interior de Kazuya, y éste hizo lo mismo en la mano de Shadow. El peliplata salió de Ichinose, de cierta manera contra su voluntad. Lamió nuevamente el néctar del castaño.
Ichinose se recostó boca arriba, completamente agotado. Definitivamente había sido la mejor experiencia de sus vidas.
—Yamino-kun
—Ichinose, yo, yo…
Kazuya miró a Shadow. Estaba en las mismas condiciones. Sin embargo, al parecer quería más. Suspiró cansado, y le robó un tierno beso. Sorprendiendo al peliplata, Ichinose se precipitó sobre el miembro de Yamino, lamiendo rápidamente toda esa longitud. Con todas las succiones que Kazuya buscaba hacer de lo más placenteras, Shadow no paraba de gemir y no tardó en empalmarse nuevamente. Ichinose acarició con libido las piernas del delantero. Kageto levantó al castaño. Estaban frente a frente. Ichinose gimió al sentirse nuevamente sobre el perfecto cuerpo del peliplata. Gritó de excitación al sentir a ambos pares de piernas acariciándose, haciendo el sonido que sólo puede hacer la piel contra piel. El contacto había despertado el falo del mediocampista.
Yamino levantó un poco más el cuerpo del menor para posicionar su miembro en la entrada del castaño. Ichinose se sujetó con fuerza de los hombros del más alto. Sentía como entraba más en su recto el falo de su seme con cada centímetro que Kazuya descendía.
Ya completamente dentro, Shadow besó con pasión a Ichinose en tanto embestía ese pequeño cuerpo tan deseado. Con esfuerzo, Ichinose se separó de la boca del peliplata para lamer el fuerte y apetecible pecho del delantero. Muchas embestidas y danzas de sus cuerpos después, Kazuya se abrazó fuertemente de la espalda de Shadow. Se apoyó contra el pecho del mayor y gimió leve. De nuevo, Ichinose sentía en su interior la semilla de su seme. La pareja gritó fuerte cuando Yamino terminó de descargarse. Shadow acarició y besó con premura cada parte a su alcance del cuerpo de su uke.
—Yamino-kun, Yamino-kun…— gemía cada vez más rápido Ichinose. Tenía los ojos fuertemente cerrados y gritó al correrse él también, manchando el cuerpo de Shadow. El menor se ferró fuertemente a su seme y terminó de gemir. Más relajados, volvieron a recostarse.
Terminaron viéndose frente y fijamente. Ichinose trató de ocultar su rostro completamente sonrojado, ¿quién diría que su masturbación terminaría con los más placentero que habían sentido?
Kazuya apretó los dientes y desvió la mirada, mas Shadow juntó ambos rostros en un largo y pasional beso. Ichinose abrazó a su seme y correspondió. Yamino terminó con un tierno beso cuando notó que el menor había caído rendido, durmiéndose. Shadow sonrió e hizo lo mismo.
El proverbio del capitán:"¿A quién le llamo? ¡¿A quién le llamo?!... ¿Endo?, no, es un idiota, ¿Goenji?, ¡no!, ya está ocupado… ¿Midorikawa?, ¡no, él es gay de verdad…!" ¡Es todo!
