Episodio Dos: Aquella que vino el Pasado
Los Caballeros y Amazonas del Santuario no podían salir del recinto sin permiso del Patriarca o de Athena, sin embargo, eso poco le importaba a Milo de Escorpio. La consideraba otra de las normas estúpidas y anticuadas, aunque en este caso útil para que no se desbandara todo el mundo, y ya desde los días en que Saga se hacía pasar por el Patriarca, había encontrado un atajo para salir, evitando a los soldados del Santuario y tener una vida más o menos normal para un chico de su edad, sin olvidar su deber como Caballero de Athena.
Era sábado por la noche – más bien amaneciendo ya el domingo – cuando Milo regresaba a su Templo, obvio era que no se había levantado antes de la salida del Sol para entrenar, ya que llevaba ropa de civil: pantalones de cuero negro, abrigo largo del mismo material y color, botas militares… volvía de fiesta.
- ¡Jeh! Conseguido… por enésima vez, los soldados no me vieron… por un lado, es una suerte que no se haya nombrado aún a nadie como Patriarca.
Fue a cruzar el umbral de la entrada al Octavo Templo, cuando se percató de que había un bulto en el suelo, bloqueando el paso.
- ¿unh? Pero… ¿qué…? – Milo no tenía ningún problema con la oscuridad que reinaba en el interior y no tardó en descubrir que aquel bulto era una mujer, una chica bastante menuda y de largo cabello rizado, rojo como el fuego - ¿una amazona? Sin duda viste como una de ellas, pero no lleva máscara y eso ya es una novedad, ¿qué hará aquí?
El escorpiano fue a despertarla, pero no hubo necesidad, la chica empezó a rebullir y abrió unos grandes ojos verdes.
- Ammm… ¿quién eres y qué haces aquí? – Le soltó con tono de interrogatorio.
- ¿unh? – La joven lo miró y luego abrió mucho más los ojos - ¡Sois vos… estáis aquí! ¡Kardia-sama!
- ¿ein? ¿Kardia? – A Milo le resultaba familiar aquel nombre, pero no sabía de que – sea quien sea, creo que te equivocas, nena… y además, ¿quién coño eres?
- Pero… Kardia-sama, ¿qué os ocurre? Soy yo, Chrystal. Me dijeron que habíais muerto en las tierras del Norte…
- Am… - sin entender nada – Vale, Chrystal, o quien quiera que seas, ¿quién coño es ese Kardia y que haces tú en mi templo?
- Pues… sois vos, Kardia de Escorpio y claro que este es vuestro templo… yo soy vuestra discípula…
Con la confusa explicación de la chica, Milo hizo memoria: Kardia había sido un Caballero de Escorpio anterior a él, pero, ¡había muerto hacía 246 años!
- Esto, Chrys… Chrystal, no sé que te habrás tomado ni lo que te habrá pasado, pero me temo que estás un tanto confusa y desubicada. Yo no soy Kardia de Escorpio, sino el actual Guardián del Octavo Templo: Milo.
- Oh… entonces, es cierto… Kardia-sama murió – dijo con tristeza – entiendo que estamos en medio de una guerra contra Hades, pero, qué rápido han hallado al sustituto de Kardia-sama…
- Chrystal, primero, ya no estamos en guerra contra Hades, porque murió hace tres años… lo derrotemos… segundo, han pasado unos 246 años desde esa guerra que tú dices…
- pero… pero… Kardi… Milo-sama… no puede ser…
Milo no se creía nada. Más bien pensaba que la chica, o bien, era una amazona que trataba de colarse en alguno de los templos o bien, era una enemiga. La cogió por una muñeca y la obligó a levantarse, dándole un tirón.
- ¡Ya me he hartado! ¡Vayamos a ver a Athena! ¡Veremos si a ella también le cuentas esas estupideces!
Chrystal no tuvo miedo del enfado de Milo. Su maestro Kardia tenía un carácter parecido sino es que era el mismo y ya sabía a que atenerse.
- Athena… ¡sí! Ella podrá aclarar todo esto… ^^ç
- (Esta chica es muy rara…) – Pensó Milo – (pues… no detecto ningún cosmos hostil en ella, ni tampoco que mienta. Pero, ¿cómo puede estar diciendo la verdad? No es una lemuriana, ni nada por el estilo para vivir tanto.)
Cuando llegaron junto a las inmensas puertas de la Sala del Patriarca, Milo se percató de que aún llevaba la ropa con la había salido aquella noche.
- Mph… Mierda…menuda pillada… todo por culpa de la cría esta… menos mal que Athena es muy comprensiva con estas cosas…
El joven no lo pensó más y entró, tirando de la chica. Quizá dado lo temprano de la hora, la Sala del Patriarca estaba desierta, pero Athena, cubierta por una bata de seda rosa no tardó en aparecer, seguida por Shion, cubierto también con una bata de seda, negra y muy elegante, en su caso.
- ¡Waaah! – Bostezó el lemuriano - ¿sabes la hora que es, Milo? ¿Qué demonios te pasa?
- ¿y tú para qué te levantas, Shion? Te recuerdo que no eres el Patriarca… ¬¬
- ¡Maldito mocoso!
- Shion, Milo… ya es suficiente, dejad de pelearos. Milo no hubiera subido hasta aquí si no fuera algo urgente.
- Claro que lo es, Athena – mirando a Shion - ¡jump!
- ¿Y se puede saber de dónde vienes a estas horas y vestido así?
- (De un garito heavy donde conocí a una piba que estaba de vicio… ya te gustaría a ti verla, viejo verde ¬¬)
- Eso no es importante ahora, Shion – intervino de nuevo la Diosa – Milo, ¿qué ha pasado?
- Pues, volvía al Templo después de… am… - dudó un momento.
- ¿Sí? – Le animó Athena con una sonrisa comprensiva.
- Estoo… después de escaparme para irme a uno de esos bares de las afueras de Atenas, Athena T_T – confesó con voz culpable.
- ¿¡Qué!? ¿¡Escaparte!? ¡Athena! ¡Según las leyes del Santuario…!
- ¡Vamos, Shion, no me toques los cojones! ¡Qué quiero irme a sobar tanto como tú, joder!
- Shion, no te pongas así, que no es para tanto ^^
- Mmm… gracias, Athena ^^U
- JUMP
- Continúa, Milo…
- Resumiendo que me encontré a esta chica "desmayada" en la puerta de mi Templo – le dio un empujón a la chica para que se adelantara – dice cosas extrañas y temo que pueda ser una enemiga que…
- ¿¡Chrystal!? – Plik, plik-
Shion observaba a la chica sorprendidísimo, al igual que Milo.
- ¿te conoce? – Milo a Chrystal.
- ¿La conoces? – Athena a Shion.
- ¿Shion de Aries? – Chrystal también parecía conocer al antiguo Patriarca. - ¡Menos mal! – Se soltó de Milo de un tirón y fue hacia el maestro de Mü – todo es muy raro… Kardia-sama ha muerto y su sustituto…
- ¿Sustituto? ¬¬
- ¡Dice que han pasado más de doscientos años!
- Chrystal, niña… me temo que es así es…
- Shion, un reencuentro preciso, pero, ¿quieres hacer el favor de explicarnos de que coño va esto? ¿Quién es ella? Dice ser discípula de Kardia de Escorpio…
- Es exactamente lo que dice ser, Milo: una amazona que fue la discípula de Kardia de Escorpio.
- vale, y si es una amazona, ¿dónde está esa estúpida máscara que llevan? – Insistió Milo – (si Shion lo dice tiene muchos puntos para ser cierto, pero…)
- Ammm… pues… yo… no lo sé…
- Chrystal, por favor, cuéntanos todo lo que sepas – le pidió Shion con amabilidad.
- Pueess… oí el rumor de que Kardia-sama había caído en combate y subí hasta aquí para enterarme… ¡sé qué está prohibido, pero había alguien que traía noticias, así que…! Pero no pude pasar de la entrada del Templo de Escorpio… ¡Sentí un cosmos muy calido y cuando volví en mí misma, seguía en la entrada, pero… todo había cambiado…!
- Esto es muy extraño – comentó Athena, preocupada, relacionándolo enseguida con lo que Shura había dicho y la extraña desaparición de DeathMask de Cáncer.
- Shion-sama, ¿quién es esa chica? Milo-sama me dijo que me llevaría ante Athena, pero, ¿dónde está ella?
- Esa chica es Athena, Chrystal – dijo Shion.
- ¿ella? ¿Cómo va a ser esa cría, Athena? No noto ni su cosmos… ¡no sería capaz de vencer ni al más inferior de los espectros de Hades!
De pronto, la chica sintió que todo su cuerpo se paralizaba dolorosamente.
- O.O ¡Milo!
- ¡Puedo admitirte, que no lo hago, que me llames sustituto! ¡Pero NUNCA insultes a Athena en mi presencia! – Milo aumentó la garra que tenía sobre la joven para recalcar sus palabras.
- ¡Ahahaha! – Se quejó la chica.
- Milo, por favor, no seas tan duro, ¡suéltala! La pobre está confundida, todo le parece nuevo y extraño.
- Athena, eso no justifica que os pueda insultar – replicó Milo, con dureza.
- sé que sólo quieres protegerme, Milo, pero no la castigues así, por favor… ¡suéltala!
- ¡ejems! – La soltó – agradece que Athena sea tan comprensiva…
Chrystal cayó al suelo, temblando. Conocía los enfados de su antiguo maestro, pero Kardia nunca se había puesto tan furioso con ella.
- No te preocupes, Chrystal – dijo Athena – descubriremos que es lo que ha sucedido y porque estás aquí. Milo, la dejo bajo tu protección en el Templo de Escorpio. Es algo que le resulta familiar y quizá recuerde algo más.
Milo fue a protestar. No quería tener que hacer de niñera de aquella chica, pero recordó que, después de todo, Athena había pasado por alto su escapada, y sólo asintió.
- Pero antes, acompáñame, Chrystal – le dio a la joven, acercándose a ella. – Tienes que cambiarte de ropa. Creo que tengo algo que podría servirte. ^^
- ¿Athena, y si todo es una treta para atacaros? Podría haber hecho algún tipo de ilusión para confundir a Shion… - pero la diosa se limitó a sonreírle y le dio la mano a Chrystal para ayudarla a levantarse.
- G-Gracias… Athena – admitió la joven algo arrepentida por sus palabras.
Tan confundida como hasta entonces, la chica venida del pasado siguió a la diosa fuera de la Sala del Patriarca.
- No desconfíes tanto, Milo… Chrystal es quien dice ser, por muy sorprendente que sea todo esto. La conozco… y sigue estado tan buena como siempre; bajita, pero con unos generosos… ahhh atributos – Shion hizo el gesto refiriéndose al generoso pecho de Chrystal.
- Ammm… siiiií, tienes razón – a Milo le hicieron los ojos chiribitas y empezó a babear tanto como Shion – (será un viejo verde, en todos los sentidos, pero no tiene mal gusto, no… glglglgl) – Se puso serio – de todos modos, a mi me sigue pareciendo raro. .. Por cierto, ¿habéis averiguado algo más de esos tipos de los que habló Shura o de ese cangrejo?
- No, parece como si se los hubiera tragado la tierra, y posiblemente, ha sido así – dijo Shion, misterioso – Athena está muy preocupada, sobre todo por DeathMask. Ya es demasiado tiempo, incluso para alguien como él.
- no lo siento por DeathMask…. Personalmente, creo que estamos mejor sin él, pero sí por Athena. Está muy preocupada. ¿Y a que ha venido eso de que "parece como si se los hubiera tragado la tierra y posiblemente, ha sido así?
- Am… no me hagas caso, cosas mías… bueno, me vuelvo al Templo de Aries a despertar a Mü para que me haga el desayuno, - se teletransportó.
- Tendrá morro el tío, pobre Mü ¬¬ - Milo bostezó y se sentó en uno de los escalones a esperar a que Chrystal y Athena volvieran.
Chrystal se había quedado parada junto a la puerta de la gran alcoba de Athena, observando como la diosa buscaba en uno de los muchos baúles que había desperdigados por la habitación. A pesar de lo que había dicho antes, ahora sentía el cosmos de Athena llenando toda la estancia. Ella había sido gentil y comprensiva con ella y había hecho que el Caballero de Escorpio, Milo, la soltara.
- (¿por qué dudé? Ella es Athena…) – Hincó una rodilla en el suelo, con la cabeza gacha.
- bueno, somos casi de la misma talla, creo que esto te irá bien… - Athena se volvió y la encontró arrodillada en el umbral. – Chrystal, ¿qué…?
- lo lamento mucho, Athena – se disculpó con tristeza y arrepentimiento – no sé porqué dudé de vos, perdonadme, os lo ruego. He sido una necia.
- Por favor, Chrystal, levántate ^^ - le dijo con dulzura – no tengo nada que perdonarte y no te preocupes por Milo; juzga con extrema dureza a todo el mundo y es muy desconfiado, pero es buen chico.
- Athena, yo… gracias – ella cerró los ojos y las lágrimas corrieron por sus mejillas. Athena fue hacia ella y le dio un abrazo, consolándola con su cosmos –
- Tranquila, niña… vamos, pruébate esto… que a Milo tampoco le hace mucha gracia que lo hagan esperar ^^
- ^^U – Chrystal sonrió abiertamente por primera vez, aunque con algo de culpabilidad. – En realidad, no me preocupa el carácter de Milo-sama… Kardia-sama lo tenía parecido, aunque no tan… explosivo…
La ropa que Athena le había prestado le quedaba bien. La diosa era un poco más alta que ella, pero eso no se notaba en los pantalones que metió bajo las botas.
- ¡Bien! Te queda perfecto ^^ - elogió Athena, observándola – ten, llévate también esto – era un cepillo del pelo que tomó de su tocador.
- Ahhh… habéis sido muy amable conmigo, Athena, pero no puedo aceptar…
- oh, vamos, ¡no seas tonta! Tienes una melena preciosa, sería una pena que se estropeara – insistió Athena.
Chrystal seguía dudando, pero al final, aceptó aquel regalo.
- Gracias por todo, Athena, y perdonad mis dudas – repitió.
- ya te dije que no hay nada que tenga que perdonarte, Chrystal ^^ vamos, no hagamos esperar más a Milo.
Las dos jóvenes regresaron a la Sala del Patriarca, donde las esperaba Milo.
- Ya estamos aquí – dijo Athena – no hemos tardado nada, ¿verdad?
- con todo el respeto, Athena, pero lo habéis hecho… - le espetó Milo de mal humor.
- (está muy enfadado porque me tenga que ir a su Templo y yo no quiero ser una molestia para nadie y menos para él…) – pensó la chica – gracias por todo, Athena ^^
La diosa le sonrió en respuesta.
- vamos – dijo Milo con sequedad – Buenos días, Athena.
El escorpiano hizo una pequeña reverencia y se alejó. Chrystal lo siguió a toda prisa, a pesar de no ser capaz de alcanzar su velocidad. Por suerte, conocía muy bien el camino hacia el Templo de Escorpio, incluso algún atajo, por lo que llegó sólo diez minutos después de Milo.
Este ya estaba desvistiéndose cuando llegó, dejando la ropa tirada por ahí. Chrystal se lo quedó mirando, sobre todo donde la espalda pierde su nombre, ya que estaba desnudo y de espaldas a ella.
- ¡Waw! – Soltó, sin poder evitarlo, en voz alta. Milo volvió la vista hacia ella.
- ah, estabas ahí… jum… ¿te gusta mi trasero?
La chica dio un bote y se volvió de espaldas.
- Jum… af, tenía la esperanza de que te hubieras perdido por el camino…
- Yo… conozco bien el camino hasta aquí, Milo-sama…
- Vaya, Milo-sama… me gusta, al menos sabes cuál es mi rango y cuál es el tuyo – le dijo con cierta arrogancia e indiferencia – me voy a sobar, no hagas ruido…
- estooo… ¿y dónde voy a dormir yo?
- ¿acaso ves otra cama? – Le contestó Milo sentado sobre la suya. Para él era algo evidente, pero no tanto para Chrystal – no te voy a dejar mi cama, si eso es lo que estás pensando, aunque – la miró de arriba abajo – si creces un poco más… podríamos compartirla – ajamm – perooo… mientras tanto, hay tienes un sofá. Úsalo. Ah, ahí está la cocina y ahí el baño – se los señaló – si tienes hambre, sírvete tú misma, no tienes que pedir permiso; y también puedes darte una ducha si te apetece, pero sobre eso te advierto que el baño no tiene puerta y que sólo hay una mampara transparente, y que si me entran ganas de mear, entraré, aunque tú estés dentro, ¿entendido?
La chica no contestó, pero él, sin esperar respuesta alguna, se metió en la cama y cerró los ojos, dispuesto a dormir. Chrystal se quedó sola en la oscuridad casi total del Templo. Dejándose caer al suelo, se rodeó las rodillas con las manos y empezó a llorar, con la cara hundida entre ellas.
Desde su cama, Milo la escuchó llorar. Estuvo a punto de tragarse el orgullo y el fastidio para ir a consolarla, pero entonces recordó algo que había olvidado por completo con todo aquello.
- (¡Mierda! Había quedado con esa piba y pensaba colarla aquí, pero con la plasta esta… ¡qué narices! ¡Es mi templo y ella quien me lo ha invadido!)
* * *
Ya había pasado todo el día y el cielo se había oscurecido cuando Chrystal se decidió a arriesgarse y darse un baño. Se quedó alucinando cuando vio las instalaciones, sobretodo, la ducha con hidromasaje, con la famosa mampara transparente. Todo aquello, obviamente, era desconocido para ella, pero no tardó en descubrir cómo funcionaba, aunque para ello acabó por inundar todo el suelo.
- ¡Por Athena! ¿¡Cómo es posible que tires más agua que yo!? – La regañó Milo, enfadado y sorprendido, cuando entró en el baño.
- AHHH… ¡Milo-sama! – Ella intentó cubrirse, pero no tenía ni siquiera una toalla a mano.
- Te advertí que lo haría… no pienso esperar mientras te pasas todo el día aquí encerrada… por cierto – ajam – eres pequeñaja pero lo tienes todo muuuy bien puesto – le dijo con voz seductora, observando su cuerpo desnudo.
Chrystal abrió un poco la mampara y le tiró la esponja mojada a la cara; sin embargo, Milo la atrapó al vuelo.
- ¡Jum! Eso ha sido una mala idea, nena… - con la esponja en la mano, se acercó peligrosamente a la chica.
- ¡No os acerquéis! ¡O… o… o… o…! ¡O gritaré!
- ¿y quién iba a oírte? – Milo parecía un autentico demonio en aquel momento – además, tengo que devolverte la esponja. Sabes podría utilizar la misma técnica que usé esta mañana para castigarte por insultar a Athena, pero en esta ocasión para… jeh, hacer lo que quisiera contigo… - la miró con ojos lujuriosos, al tiempo que se quitaba la camisa y también los pantalones. No llevaba nada más debajo,
Se metió con ella en la ducha. Ésta era demasiado pequeña para dos personas y sus cuerpos se tocaban sin remedio,
- ¡O.O! – En un primer momento, Chrystal estaba totalmente paralizada, seducida por el escorpiano y sin que éste hubiera tenido que utilizar el Restriction con ella, como le había amenazado. Sin embargo, no tardó en percatarse de la situación en la que estaban y cogió una botella de champú como pudo - ¡¡PONK!! – Y le pegó con ella en la cabeza.
- ¡AUCH!
Chrystal aprovechó para apartarlo y huir, cogiendo por el camino su ropa y una toalla para cubrirse.
- ¡JODER! ¡Maldita enana! – Milo se secó con otra toalla y se volvió a vestir, doliéndose del golpe que la chica le había propinado.
Ya cuando salía, con un abrigo negro de cuero – que no era el mismo que llevara por la mañana –, la encontró fuera del templo, sentada en las escaleras. Pasó a su lado sin decirle nada, pero ella si le habló, en tono muy tenso.
- ¿Dónde vais? Se supone que los Caballeros, más aún los Dorados, no pueden salir del Santuario sin permiso.
- más te vale cerrar el pico y no contarle a nadie nada, enana…
La joven no respondió.
- (Mph… tal vez cree que me voy a disculpar por lo de antes…) ah, por cierto, te dejado un par de mantas sobre el sofá, para que te tapes esta noche.
- Gracias – se notaba que Chrystal estaba enfadada, pero Milo no estaba dispuesto a disculparse por nada.
No se dijeron nada más. Cuando el escorpiano desapareció escaleras abajo, Chrystal entró dentro y se tumbó en el sofá tapándose con las mantas, sin siquiera prestar atención la gran pantalla de plasma que Milo tenía colgado de la pared, el cual había tomado siempre por un espejo o similar.
No tardó en dormirse, pero unas horas más tarde, unas voces la despertaron. Era indudablemente la voz del escorpión y la de una mujer. Tapada con la manta hasta la nariz y fingiendo dormir lo escuchó todo. Milo y su "cita" habían entrado casi a la carrera en el templo, besándose y quitándose la ropa por el camino. La mujer se reía tontamente, mientras el chico la guiaba hasta la cama. Cristal oyó como se metían en la cama por el sonido del colchón de agua de Milo. Antes de que ocurriera algo más, salió corriendo del Templo. No quería ser testigo de aquello.
Como una exhalación pasó por los Templos de Libra, de Virgo, de Leo y el de Cáncer, vacío al no haber regresado su Caballero. Para cuando llegó al Templo de Géminis aminoró el paso. Nunca le había gustado aquel Templo lúgubre, incluso le daba más miedo que el de Cáncer, entre otras cosas por las malas experiencias que allí había sufrido. Y aquella vez no iba a ser distinto: pronto se percató de que estaba dando vueltas y más vueltas, sin hallar la salida; no lo sabía, pero se había metido de lleno en el laberinto de Géminis.
- ¡Mierda! ¡Mierda!
- ¿Quién eres y qué haces aquí? ¿¡No sabes que está prohibido entrar en los Doce Templos sin permiso!? – Retumbó una voz grave y potente.
- Yo… yo… me llamo Chrystal… ¡qué hago aquí es una historia muy larga de explicar, pero por favor, dejadme marchar!
- Eres una amazona por lo que puedo ver, ¿por qué no llevas máscara?
- Am… esto también es largo de explicar…
- Pues tenemos bastante tiempo… ¡te quedarás aquí encerrada hasta que me des una explicación de porqué no debo considerarte un enemigo!
- (¡Por Athena! ¿Quién es este hombre? Bueno, sin duda, el Caballero de Géminis… si le explico todo esto no me creerá, ¿qué hago?)
- ella no es una enemiga, Saga… - se oyó de pronto una voz muy conocida para Chrystal. Era potente, pero no tan grave como la del Caballero de Géminis – retira tu laberinto.
- Ella entró aquí sin permiso, Dohko – contestó Saga - ¿cómo sé que no es una enemiga?
- Porque es mi hermana – replicó sorprendentemente el Caballero de Libra.
- ¿Hermana? – Plik, plik – Tú no tienes hermanas, Dohko…
- Es mi hermana adoptiva… creí haberla perdido hace más de doscientos años…
Saga aún estaba sorprendido, pero no dudó de la palabra de su compañero. Después de todo, Dohko era uno de los más veteranos caballeros. Retiró el laberinto. Chrystal se encontró en la sala principal del Templo y junto a ella, un hombre alto y de cabello largo que portaba la Armadura de Géminis. Saga la observó un momento con rostro hierático y luego le habló.
- ven, te llevaré junto a tu "hermano".
Fueron sus únicas palabras, pero la joven notó un poderoso cosmos emanando de él y también una gran amargura.
Dohko les esperaba a las puertas del Templo, en la parte que conectaba con el Templo del Cangrejo; no había querido arriesgarse a quedar atrapado en el laberinto.
- la dejo bajo tu responsabilidad, Dohko – dijo Saga sin más, y se volvió dentro del templo.
- T-Tong-Hu – dijo Chrystal, mordiéndose un labio al ver al hombre que había sido el hermano mayor que nunca había tenido - ¡Tong-Hu!
- Sólo el lemuriano me llama ya Tong-Hu – contestó Dohko con una sonrisa, rodeándola con sus brazos – vamos a mi templo, hermanita, allí podremos hablar con más tranquilidad.
En contraposición con el Templo en el que acababa de estar, Chrystal siempre se había sentido a gusto en el Templo de Libra; quizá influyera el cosmos del Caballero que vivía allí.
Dohko y ella se acomodaron en unos sillones, después de que el chino le ofreciera un humeante té rojo.
- Me preocupe tanto cuando desapareciste, Chrystal… y de repente, estoy en los Cinco Picos de Rozan y llega Kiki, el discípulo de Mü de Aries con un mensaje de Shion. Cuando leí sus palabras no l pude creer, ¡habías aparecido en el Templo de Escorpio!
- No sé que pasó, Tong-Hu… como le dije a Shion-sama, al intentar cruzar el Templo de Escorpio un cosmos muy cálido me envolvió y me impidió la entrada y, al momento siguiente, me despierto ahí mismo, pero más de doscientos cincuenta años después y…
- Tranquila, descubriremos que te ocurrió ^^
- Tong-Hu, ¿puedo quedarme aquí esta noche? Athena me envió al Templo de Escorpio, pero no aguanto a Milo-sama. Desde el primer momento se ha mostrado cortante y malhumorado; sin ninguna consideración. ¡Hasta se metió conmigo en la ducha!
- ¡Ja, ja! – Rió Dohko – A Milo le encanta provocar a todas las mujeres que caen en sus manos, Chrystal… pero no te preocupes, quédate aquí esta noche.
- Tong-Hu, no lo entiendo… - comentó la chica – han pasado tantos años, pero tú y Shion-sama continuáis teniendo el mismo aspecto.
- es una larga historia, hermanita, pero supongo que tenemos tiempo para contarla.
Chrystal sonrió, feliz de no estar ya sola y del giro que habían dado los acontecimientos.
- Shion y yo fuimos los únicos supervivientes de la guerra contra Hades, por lo cual, Athena nos encargó una misión a cada uno. Shion es un lemuriano, su vida es mucho más prolongada que la de cualquier humano, aunque sospecho que Athena le prolongó la vida útil, ¡je, je! Él fue nombrado Patriarca. En cuanto a mí, mi misión consistía en vigilar el Sello que encerraba a Hades y a sus 108 Espectros hasta el momento en el que se iniciara una nueva Guerra Santa. Pero yo era humano…. Aunque como Caballero de Athena conservaría la juventud y, quizá la vida, unos años más que un humano normal, no resistiría tanto como para llevar a cabo mi misión. Por eso, Athena me otorgó un preciado don: la técnica del Misophetamenos.
- ¡El Misophetamenos! O.O ¡pero si es sólo un mito!
- ¡Jum! En todos mis años como Caballero he aprendido que muy pocas cosas en este mundo son mitos, Chrystal… esa técnica provocó un cambio importante en mi organismo: los latidos de mi corazón se ralentizaron de tal forma que en un año, latía lo mismo que lo hace un corazón normal en un día. Por lo tanto, lo que para los demás fueron 246 años, para mí no fueron más que 246 días. Mi cuerpo se redujo y quedó en hibernación hasta el momento en que mi misión terminó y puede luchar una segunda vez en la Guerra contra Hades.
- V-vaya… - plik, plik –
- Por supuesto, ahora esa técnica ha dejado de hacer efecto y vuelvo a envejecer de forma normal, como debería haberlo hecho en su momento, pero tengo la oportunidad de continuar protegiendo a Athena unos años más.^^
Dohko y Chrystal se quedaron hablando toda la noche, por lo que, al día siguiente, la joven despertó muy tarde, por lo qué regresó al Templo de Escorpio ya después de cenar.
- (Bah…) – pensaba la chica, mientra penetraba por el pasillo principal – (seguro que ni siquiera se ha enterado de que no estoy…)
Sin embargo, nada más acercarse a la zona privada del Templo, notó el cosmos de Milo, así como su enfado.
- ¿¡Dónde te habías metido!? – Le dijo muy enfadado, apenas la tuvo delante.
- No creía que me echarais tanto de menos…
- ¡Estás bajo mi protección! ¿Qué le voy ha decir a Athena si te pasa algo?
-Ya, claro, por Athena… ¡si no fuera por nuestra diosa, ni siquiera te preocuparías! – Le espetó ella, tuteándole por primera vez – ¡y por si te interesa, he pasado la noche en el Templo de Libra!
- ¿¡Qué coño hacías tú con Dohko!?
- ¡Él es mi hermano adoptivo!
- …… ¡Podías haberme avisado!
- ¡Creí que no te importaría! ¡Además, parecías muy ocupado con tu amiguita! ¡No quise molestar! – Lo dijo con tanto sarcasmo que Milo explotó.
- ¡Este es mi templo! ¿¡Quién te crees que eres para cuestionar lo que hago en él!? ¡Eres tú quien me ha invadido! ¡Ojala nunca hubieras hecho ese viaje en el tiempo o lo que fuera que hicieras para venir aquí!
- ¡Sí! ¡Ojala nunca lo hubiera hecho nunca! – Gritó ella también enfadada - ¡Hubiera preferido mil veces vivir y morir junto a la gente que conocía y quería que en un tiempo muy diferente y con alguien que piensa que estaría mejor muerta!
- Am… - Milo se quedó un tanto cortado… y pensó en lo que acababa de decir y en lo que implicaba – ¡espera, yo no quise decir que…! – Sin escucharle, Chrystal se dio la vuelta y salió del Templo - ¡Mierda! ¡Af! Bueno, que se vaya… después de todo, Dohko es su hermano adoptivo, ¿no?
Por el camino hacia el Templo de Libra chocó contra Dohko que al oír su discusión – eran pocos los que no la habían oído – había subido a ver que ocurría.
- ¡Chrystal! ¿Qué ha ocurrido?
- ¡Milo es un idiota! ¿Por qué demonios primero me desprecia y se muestra indiferente y ahora se pone hecho una fiera? ¡Quiero quedarme contigo, Tong-Hu! ¡Me da igual lo que diga Athena!
- Ains… ven a mi templo…
El veterano rodeó los hombros de la chica con su brazo y la guió hasta el Templo de Libra.
- Vamos, cuéntame que ha ocurrido…
- Cuando he vuelto al Templo de Escorpio, me ha preguntado, muy enfadado, dónde había estado y me ha dicho que no podía irme de esa manera cuando estaba bajo su protección…
- Emm… en parte, tenía razón…
- ¡Tendría razón si hubiera tenido algo más de consideración conmigo! ¡Ayer trajo una mujer al Templo! Algo que está prohibido, ¡por cierto! Y todo lo demás que te conté…
- Ejems… ¿una mujer? Bueno dejemos eso de momento, Milo es así, Chrystal…
- ¿¡qué derecho tenía en reclamarme nada!? Desde el primer momento, me dejo claro que era una intrusa en su Templo.
- Chrystal… Milo es así… - repitió Dohko – si se comportó así, probablemente, fue porque le fastidió perder su independencia, pero si se enfadó tanto porque no le dijeras donde habías ido es porque…
- ¡Porque temía las explicaciones que tendría que dar a Athena por no protegerme bien…! ¡el mismo me lo dijo!
- Por supuesto, Chrystal, pero si se enfadó fue que realmente estaba preocupado. Lo conozco tan bien como te conozco a ti, niña. No muestra sus sentimientos y los oculta bajo una máscara de sarcasmo, frialdad e indiferencia, pero en realidad, no es así.
La chica no replicó nada. Conocía a Dohko desde hacía mucho tiempo. El Caballero de Libra la había encontrado cuando tenía cinco años y la había cuidado incluso cuando le asignaron a Kardia de Escorpio como maestro. Por ello, no dudaba de sus palabras.
- Hoy quédate aquí, hermanita ^^ Mañana harás las paces con Milo. Los dos estaréis más calmados.
- D-De acuerdo.
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