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Pereza – Arya.

Arya se esforzó en mirar la costura que reposaba sobre su cama junto a ella, de mala gana. Las puntadas estaban torcidas y poco trabajadas. La septa Mordane la castigaría, mas ella no tomaría una aguja más en todo el día. No había avanzado gran cosa, pero no quería seguir con ese trabajo. Prefería mil veces ver como sus hermanos se batían en duelo, sentada en el quicio de la ventana, con los tímidos rayos de sol golpeándole en el rostro. Estaba decidido, pensó. Ni hoy, ni mañana, ni dentro de diez años volvería a sentarse a coser otra vez