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CAPITULO III
La noche con la hermosa luna iluminaba todo el paraje por el cual se extendía la vista de Peter, pero no miraba sino el sendero por donde hacia muchas horas atrás había partido Susan. Se volvió y vio que Edmund lo miraba.
- No le puede pasar nada - dijo este intentando tranquilizar a Peter - estamos en Narnia.- Pero Peter no se sentía tranquilo.
- Tal vez se quedó en el bosque con las amigas de Lucy- dijo pensando en ellas, aquellas personas formadas a partir de la nada.
Peter se quedó callado mientras miraba nuevamente a la ventana. Edmund tenia razón, tal vez se estaba preocupando demasiado, se dio la vuelta y caminó hacia su gran habitación resignado.
- Si llega a venir debes avisarme - le dijo con voz severa.
- Seguro - dijo Edmund, acomodándose en su cama, era su habitación en donde estaban reunidos los tres.
- Buenas noches, Edmund- dijo Lucy mientras seguía a Peter.
/ * /
Caspian observaba a las mujeres trabajar. Habían soltado el cabello de Susan y habían apartado la porción de cabello que cubría la herida que se había hecho en la cabeza a un lado. La habían lavado con ciertas esencias entregadas por los centauros en el bosque, pero ella aún no despertaba, Era como si un sueño profundo se la hubiera tragado y eso lo preocupaba mucho. Cuando la dejaron lista y salieron Caspian pidió al profesor que fuera a dormir dado que ya era tarde, demasiado tarde.
- Tu deberías descansar también, mi príncipe - dijo el Profesor observando los ojos apagados de Caspian.
- No podría- dijo él en voz baja mirando en dirección a la que hasta hace unas horas fuera su cama- Descanse usted –
- Avísame si su estado cambia - dijo el profesor mirando a Susan.
- ¿Por qué permanece...así? - quiso saber Caspian mientras le era inevitable expresar con sus ojos su desesperación.
- Recibió un golpe muy fuerte, debe descansar y... –
- ¿Volverá a...ser como antes? - Eso lo preocupaba más que nada que ella no pudiera acordarse de él.
- No veo por qué no... - dijo el profesor pero para Caspian era evidente el tono de voz de él – Buenas noches príncipe -
Él se fue antes de que Caspian pudiera hacer otra pregunta. Este tomó una silla y la puso en la cabecera de la cama, observando los parpados cerrados de Susan y deseando que se abriesen para verlo, para que supiera que él estaba ahí, pero permanecían cerrados. Acercó una mano a la frente de ella y vio que estaba demasiado caliente y tenía una cristalina capa de sudor. Era fiebre, lo sabía aunque no sabía por qué la tenía. Vio que una de las mujeres había dejado toallas y agua así que mojó una y la puso sobre la frente de Susan mientras los labios de ella finalmente se abrían para dar un profundo suspiro. Caspian la miró esperanzado pero los ojos de ella permanecieron cerrados.
- Susan...- la llamó en voz baja acercándose a su rostro para que no se le pudiera escapara algún gesto que ella hiciera, casi podía contar las pecas que tenía sobre su nariz.
Movió la cabeza lentamente mientras la mano de Caspian nuevamente tomó la suya y la apretó como para que ella notara que había alguien de ese lado que la llamaba y que la anhelaba profundamente. Los labios se abrieron nuevamente solo para pronunciar la palabra.
- Peter...- Caspian la escuchó y pensó inmediatamente en algo que había olvidado por completo. Si ella estaba ahí sus hermanos también...sus hermanos...
Debía avisarles de inmediato...
No, esperaría hasta la mañana...ya vería que hacer.
- Susan – le habló nuevamente en aquella voz ahogada de angustia que había empleado antes - Despierta Susan... -
Pero no lo hizo, continuo dormida mientras cada cinco minutos Caspian cambiaba la toalla que mojaba su frente para hacer que la fiebre bajase.
A la media noche una de las mujeres vino y le dijo:
- ¿Qué tal está la reina, señor? - la muer se acercó casi acechándola.
- Tiene fiebre - dijo Caspian contrariado - He intentado mermarla pero ha sido imposible –
- ¡Ah! No se preocupe, le pediré a Marcel que traiga aquellas pócimas milagrosas que tiene para este tipo de males, aunque...- dijo la mujer echándole un ojeada al príncipe y hablando más para ella que para él, aunque eso no pudo evitar que escuchara lo que decía - No sé cuál de los dos, si usted, milord, o la reina, necesiten pociones para reestablecerse –
- Estoy bien, y quiero que ella también lo este. Dile a esa amiga tuya que traiga en seguida esa opción que tiene. De inmediato - añadió en voz baja.
- Si señor - contestó la mujer haciendo una reverencia.
Caspian se acercó a la vela que encendía el lugar y la cambió por una cera nueva. La última ya casi se extinguía, miró hacia la ventana y vio la hermosa luna, aquella misma que había visto Peter. La llanura perfecta se extendía sobre sus ojos, maravillándole una vez más del lugar en el que se encontraba. Si hubiera podido pasear por todos esos alrededores en compañía de ella...
Ella...
Ella...
De repente su mente se vio turbada por un pensamiento que le hizo doler hasta el más profundo de los rincones de su cuerpo. Susan estaba ahí, pero él ya no tenía derecho alguno de ella porque ahora estaba comprometido con otra persona, tenía a Regina.
La había conocido tiempo atrás, en uno de sus paseos por dominios Beruneses, era una manera de decirlo ya que ahora el único rey era él, pero ella era la princesa de una antigua tribu telmarina. Él caminaba con su caballo como lo hacía siempre y de repente vio inclinada sobre unas flores a la imagen de Susan. Se bajó de su caballo y la llamó pero al darse vuelta ella se dio cuenta de que no era Susan, aunque había algo en sus ojos que la recordaban a él, ella solo lo miró y como hacían todos se inclinó ante su alteza.
- Buenos días, mi rey - dijo la joven sin levantar la mirada.
Caspian la miró por mucho tiempo pero al final respondió al saludo.
A partir de ese momento comenzó a visitarla con más frecuencia, ella le abrió su alma y su corazón y entregó todo de si a él, moral y sentimentalmente, aun a pesar de que sabía que él sentía algo muy profundo por otra persona y aunque en una ocasión ella le preguntó de quien se trataba pero él no le quiso decir y pidió que no le hiciera a ninguno de sus amigos una pregunta como esa y ella entendió.
Caspian nunca supo por qué pero un día le pidió a ella que se casaran, fue un momento rápido mientras paseaban juntos por la pradera que rodeaba su casa, ella se quedó en silencio y le dijo:
¿Me lo dice a mí, alteza, o a la persona que cree que soy? - a él le sorprendió aquella respuesta y la miró pero ella le dijo - Sería un honor ser su esposa -
Luego nadie dijo nada más. Se supo que Caspian X estaba comprometido con la hija del cacique Ashton de Telmar, ella había tenido que viajar a las tierras altas y no había regresado aun de su viaje.
Y no imaginaba lo que le esperaba cuando regresara.
La mente de Caspian volvió a la realidad, que le diría a Regina acerca de Susan, para todos era más que obvio por la manera en que él se comportaba, que lo que sentía hacia la reina era algo más que simple cariño de amistad. Nunca había sido bueno para esconder los sentimientos y menos ahora que estaba frente a quien los alteraba de modo radical... Estaba hecho un lio y no sabía cómo escapar.
- Caspian...- el rey se dio la vuelta al ver entrar a Aven en la habitación - Yo... –
- Deberías estar durmiendo, Aven...- dijo Caspian sin mirarlo.
- Solo quería...disculparme por lo que paso, yo no sabía que era...bueno era ella - dijo Aven bajando la cabeza. Caspian aunque sin mirarlo negó con la cabeza.
- Ya no es importante Aven, lo bueno es que esta aquí y estamos para ayudarla –
- Yo nunca supe...- dijo Aven intentando que su culpa sonara a lo que era, una verdad.
- Basta Aven, ahora vete a dormir. No creo que tenas muchas probabilidades, si no te vas, con el profesor. Y de paso asegúrate de que Miranda este también en su cuarto y no en compañía de Marcel.
Aven hizo amague de acercarse pero se quedó de pie mirando a Susan y no pudo evitar decir;
- Solo una reina lograría verse tan majestuosa y hermosa... -
Caspian miró a Susan.
- Si, Aven...- un suspiro brotó de lo profundo de su alma - Tienes toda la razón... -
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Era de mañana y los tres hermanos Pevensie estaban en el gran comedor Peter estaba mirando la silla vacía de Susan.
- Debemos buscarla...creo tener una idea de donde puede...- empezó Peter sin inmutarse.
- ¿No estarás pensando en...?- quiso preguntar Edmund.
- Pero claro que sí, Edmund, tu sabes que era lo que...- comenzó de nuevo Peter.
- Después de que Aslan dijo aquello... ¿Crees sinceramente que Susan fue a buscarlo? No entiendo mucho de mujeres pero estoy seguro de que eso no lo haría y menos tratándose de ella, conozco a Susan - dijo Edmund.
- Ese es el problema, tú no la conoces, crees hacerlo. No conocemos a nuestra hermana, nos preocupa más lo que pase con...- pero se detuvo.
- Bueno, si tanto insistes, iremos pues a Beruna.- dijo Edmund poniendo sus ojos en blanco.
En ese momento entro un ave hermosa como solo en Narnia pudieran existir, comenzó a hablar luego de una pulcro saludo.
- A sus altezas, reyes y reina de Narnia, el rey Caspian X de Beruna envía un mensaje- dijo con su profunda voz.
Los tres hermanos miraron al ave y cuando esta estuvo segura de tener su atención les dijo:
- Lady Susan ha tenido un accidente y está a salvo en el castillo de Beruna. Ruego, permanezcan en calma y se desplacen al castillo tan pronto como sea posible -
- ¿Susan tuvo un accidente? ¿Cuándo?- preguntó Peter levantándose rápidamente de la silla.
- Así es, rey- dijo el ave sin responder del todo su pregunta, estaba claro con quien estaba su lealtad.
-¿Y está en el castillo de Caspian?- Preguntó Edmund, anonadado.
- Así es, rey - contestó nuevamente el ave.
- Debemos ir allí de inmediato - agregó Lucy mirando a sus hermanos - No podemos dejarla sola no después de que... -
- Lu...- dijo Edmund dándole un codazo.
- El rey Caspian los espera con los brazos abiertos, sus majestades - dijo el ave y un bufido grosero salió de los labios de Peter en cuanto el ave emprendió vuelo nuevamente.
Peter sentía antipatía hacia Caspian pero era ese tipo de antipatía diferente a la que había sentido cuando combatieron a Miraz. Peter supo que su cariño de hermano lo obligaba a odiar a Caspian por lo que había sucedido con Susan, porque ella no lo merecía. Habían sufrido tanto por la reciente perdida de su madre, su familia se había desmoronado y solo quedaban ellos y el legado que podían marcar.
- Iremos a Beruna a ver que tan bien Caspian atiende a nuestra hermana. Y también checar que tan bien le va con su novia - dijo Peter en un dejo de resentimiento.
- ¡Peter!...- empezó Lucy pero él ya había tomado camino hacia sus habitaciones ignorando su expresión de sorpresa.
- Déjalo Lu...creo que nunca llegamos a descubrir la parte hosca de Peter - dijo Edmund sonriendo y yendo a su cuarto a alistar las cosas que llevarían a Beruna.
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Los rayos de sol perforaron los parpados de Caspian, quien se hallaba como todo un ciervo dormido en una silla junto al fuego extinto de la chimenea, un cantar de aves llenaba el ambiente mientras que un inexplicable perfume llenaba el ambiente caluroso. Caspian abrió los ojos y como si se tratara de su instinto corrió hacia la cama a ver a Susan, la cual no había presentado ningún cambio salvo que ya no tenía fiebre y no había vuelto a nombrar a nadie.
En la noche había enviado a Lex, su ave mensajera a buscar a los hermanos de Susan, tal vez la presencia de ellos la hiciera reaccionar. Estaba seguro de que llegarían en cualquier momento.
Se miró al espejo y se dio cuenta de que era un completo desastre, sus ropas antes inmaculadas estaban ahora arrugadas y descompuestas. Por un segundo se preguntó que pensaría Susan si lo viera vestido de esa manera.
En ese momento escuchó una risa provenir de fuera y salió dispuesto a irse a otra habitación a componer su estado personal cuando en el pasillo se encontró a la causante de tantas risas. Se trataba de la hermana de Aven, Miranda, una chiquilla de 13 años bastante madura para su edad, pero a pesar de su personalidad nunca podía evitar reír, pero la sonrisa se escapó de sus labios cuando vio la demacrada cara de Caspian.
- No digas nada - dijo Caspian intentando sonreír al verla.
- No digo nada - dijo la chica con su cantarina voz.
- Eso está mejor, ¿Qué haces aquí y donde está tu hermano?-
- Salió a cazar, estoy aquí para aprender de las pociones de hierbas que ayudan al profesor en la cura de esas pequeñas enfermedades. Un día yo seré como ellas – dijo la niña acercándose a Caspian y dándole un abrazo - Sabes que eres como mi hermano y también el de Aven. Si no quieres contarme que te pasa, está bien...- la niña dio el paso atrás y se dio la vuelta dispuesta a irse cuando escucharon el cabalgar de caballos entrar por el empedrado del piso de abajo.
La niña se asomó y vio a las tres figuras acercase en sus majestuosos caballos. Se sorprendió, había visto esos rostros antes en su imaginación, en las historias de Narnia que contaba el profesor. Sus ojos grises, se posaron en el segundo chico que venía al lado del que parecía ser el mayor...
Ella sabía quién era él...
- Ya están aquí, mi lord - anuncio una voz tras Caspian y Miranda, ella apartó la mirada del chico y le dijo al el hombre que avisaba:
- ¿Quiénes son? –
- Los reyes de Narnia - dijo el hombre haciendo una reverencia.
- ¿Entonces son reales?..- los ojos ávidos de Miranda se abrieron con sorpresa.
- Claro que somos reales- dijo una voz masculina tras ellos.
Caspian y Miranda se dieron la vuelta al mirar a las tres figuras que se acercaban. Quien había hablado era Peter que miraba a Caspian sin hacer ningún disimulo en fingir que le gustaba verlo.
- Peter, rey supremo - dijo Caspian haciendo una leve inclinación ante Peter.
- Rey Caspian - dijo Peter sin apenas moverse y sin esperar nada mas dijo; - ¿Donde esta Susan? -
Ambos se miraron por una lapso de tiempo en el cual los profundos ojos de Edmund Pevensie se posaban sin parpadear en Miranda, la hermana de Aven...
Gracias por leer, nos vemos en el siguiente.
