Aclaración Tanto los personajes como el mundo creado por J. K. Rowling no son de mi propiedad, la historia basada en ellos son de mi autoria y hasta ahí no más llego.

Advertencia Alto contenido sexual.

Cruzaba el patio con la celeridad que te da un jodido frío. Buscaba con desesperanza el interior a sabiendas que adentro sería peor que afuera, guiado solo por un instinto básico, aquel que había llevado en tiempos ancestrales a los rinocerontes astados hacia las cómodas cavernas allá en los tiempos de los deshielos ancestrales (Es de conocimiento público en el mundo mágico, que los magos y muchos de los seres humanoides mágicos (homo magicus sp homo) polimorfaron del rinoceronte astado ¿y qué pasó con la evolución, los monos y los pulgares prensiles? ¡No son mágicos pues hombre! Son sucias ideas muggle (Dirían otros, no yo, no soy un tipo que discrimine ¿verdad Viernes? ¡Pregúntenle a mi esclavo!) polimorfar es más gente, es más… mágico. Y todo el mundo sabe que los rinocerontes astados cambian los pulgares cada 3 años. Lo mejor eso sí son cuando son cachorros, unas ricuras con ese pelo de felpa, luego y te muestro una foto) llamados por las paredes de piedra, resonando y tintineando en aquel instinto primitivo.

Aquel hombre bestial no era otro que Severus Snape cubierto de 30 centímetros de lanas, cuero y polyester mágicamente sintético. Llevaba consigo su usual maletín de cuerina negra y a su paso lo seguían sendas volutas de vapor como si se tratara de una gran locomotora. Eran ya las doce del día y bien podrían ser las trece, pero el tiempo no parecía que fuese a mejorar ni por asomo, se podía dar por perdido el día, así como la mayoría de los vagabundos que morirían bajo una fulminante hipotermia… mágica (pues todo en el mundo mágico es mágico, incluso la descompensación fisiológica del cuerpo). Aunque había optimistas, el informe del tiempo decía que el clima podría cambiar a eso de la página 400, así que tomen una manta y sigan leyendo.

Lo que buscaba el frustrado profesor de defensa contra las artes oscuras era un poco conocido patio interior. El patio en cuestión era una construcción de techo abierto y algunas ventanas falsas que se escavaban en la pared, del piso nacía un fuerte y grueso encino que abovedaba el antes abierto cielo con sus grasientas ramas cargadas de hojas y su típica sustancia oleosa. En la corteza se mal dibujaba una cara hecha hace mucho, de la que brotaba una savia oscura y grasienta, que a veces podría pasar por sangre, solo para quien no ha visto la sangre brotar así (o sea para la mayoría de los estudiantes, incluso para aquellos que se "perdían" de a dos). Como no era un sitio muy concurrido, se solía quemar algunos deshechos de jardinería u otras cosas, cosas raras de color marfil y que podrían parecer… mmm… bueno… ¿es eso un hueso? Mejor ni preguntar, no quiero tener una "conversación" con Hagrid acerca de donde me puedo meter mi jodida curiosidad.

Ya sabía Severus que era probable que ese día, bajo un extraño efecto invernadero, todavía se conservara algo de calor en aquel extraño patio y de hecho los restos de ramas todavía ardían perezosamente hundiéndose en las cenizas. Se sentó sobre un pedazo de cartón (ya que todo estaba embetunado con ese aceite típico de estos árboles) y sacó su sándwich de jamón y queso, envuelto en un trapo teñido de un negro que combinaba… bueno con todo lo que usa este tipo.

Así transcurría todo, apaciblemente. Hasta que una siniestra figura se asomó por el portal por donde había ingresado Snape a aquel patio interior, una figura platina cubierta de pieles blancas y con una mirada altiva, desafiante y que decía "yo uso desodorante para hombres… PERRA". Lucius Malfoy señoras y señores, un cabronazo de aquellos. Aguardó hasta que el otro mago notara que lo observaran y la verdad, Lucius pudo haberse muerto allí parado porque Severus Snape no tenía ni la más mínima intención de darle bola, y menos durante su hora de almuerzo, a un papanatas como él (¿vieron cómo puedo no usar malas palabras?) y por otra parte, Lucius tenía un orgullo muy grande y creía que nadie podía pasar de él, cosa que le costó casi dos horas de su vida en entender, mientras Severus silbaba una inentendible melodía llena de migas.

Lucius, como muchos mortífagos, detestaba al docente de piel cetrina, no solo por su olor, presencia, antipatía y ese no-se-qué que les hacía querer descargar su varita contra él, sino que era una impotencia ver como él era un maestro en la sonrisa sardónica y en responderles con la mirada "dame el gusto, haz mi día" (como Clint Eastwood, pero con varitas… y sin sombrero… y de negro, por supuesto). Por su parte Snape no lo soportaba, como no soportaba ni el día ni la noche, ni la brisa del mar, ni nada… pero a Lucius no lo aguantaba especialmente porque tenía la manía de intentar hablarle constantemente desde que descubriese su estrecho lazo con aquel-caballero-que-todos-conocemos-y-sabemos-su nombre-pero-que –no-nos-dejan-decirlo-así-que-no-podemos-decir-Voldemort, así que tenían una relación hemorroidal, o sea que estar juntos era un jodido dolor en el culo.

-¿Te gustan los Arcianos Severus?

-No y veo que tu botánica es tan mala como siempre, no mejor que la de Potter la verdad.

-Entonces…

-Es un encino Malfoy, un encino común de los de toda la vida… seguro que en tu mansión tendrás algunos.

-No lo sé, no me fijo en nimiedades. Le preguntaré a mi jardinero si es que me place averiguar tal nimiedad.

-Como quieras.

Lucius arrugó la nariz sabiendo que si no movía ficha pasaría otras dos horas allí plantado. Mientras Snape disfrutaba de su incomodidad.

-Necesito un favor Severus.

-No.

-Pero no sabes qué es, ni siquiera la recompensa de ello…

-No.

-¿Lo haces para fastidiarme?

-¿Se me nota?

-Te advierto Severus, el señor oscuro no estará…

Malfoy no pudo reaccionar más lento. Severus se levantó rápidamente, lo arrojó al piso de un empujón mientras las blancas pieles se pringaban de la oscura resina del lugar y el seco sonido de un cuerpo contra los ladrillos retumbaba en la piedra. Con los ojos abiertos como platos, un reflejo verde pareció destellar desde el fondo de la punta de la varita de Severus.

-Dime a que viniste maldito pretencioso antes de que suceda un desafortunado accidente

-No te temo, el ministerio…-

-El ministerio no sabría dónde empezar a buscar para saber quién o qué es lo que quede de ti. Soy un Mortífago muy eficaz, como pocos, tatúate esto en el otro brazo Malfoy. Ahora di lo que quieres.

-Quiero… quiero… que ayudes a mi hijo con sus problemas con Potter.

-Estoy en ello. Si eso es todo, tengo que hacer Lucius, un placer verte.

Cogió sus cosas y salió por donde vino. Lucius Malfoy se levantó minutos después, con la ropa toda pringada, cosa que limpió con un simple agitar de varita o lo habría hecho así si es que ésta no se hubiera quebrado con el impacto al caer su dueño como un saco. Miro a rededor y se fijó un poco más en el árbol, había algo en esa cara… ¡pues claro! ¡Cómo no se había fijado antes! Era la cara de Snape tallada con un cuchillo y no una formación nudosa ! Un árbol de hojas cetrinas de un aspecto oscuro, lleno de humo y leña, una parte del mago confinada en ese patio. Era una broma práctica que miraba sangrante desde el pasado, tallada por alguien que quería mirar a la cara a Severus por siempre y ¿qué vería él de vuelta, o qué iba él a buscar allí?

Calor no es lo único que calienta el cuerpo y caras no es lo único que puede tallarse en un viejo encino.