AQUÍ ESTA OTRO CAPITULO, ¡DISCULPEN LA TARDANZA! ¡ESPERO SUBIR PRONTO!

"HETALIA NO ME PERTENECE (SI COMO NO)"

CAPITULO III

Einar llegó a casa, como todos los días el silencio le dio la bienvenida y le trajo el recuerdo de que la única persona que reía en esa casa ya no estaba. Soren siempre le saludaba con un gran abrazo mientras le desordenaba los cabellos y le informaba que pronto cenarían, pero ahora todo era diferente.

Se dirigió a las escaleras y subió hasta su alcoba, una vez dentro dejó todo en el escritorio y se tiró en la cama. No pasa mucho para que Arn le llamase para comer.

Sentados a la mesa, comendo como si nada y teniendo de fondo musical el ruido de los cubiertos, Einar ya no lo soportaba, era tan desesperante.

-Ya sé donde esta Soren – dijo. Tino dejó de comer y junto con Peter le miró fijamente – Esta bien, vive con Vincent.

-¿Cómo supiste? ¿Hablaste con él? – preguntó Tino más que interesado, pues era la primera información que tenían de él.

-Me encontré a Vincent, él fue quien me lo dijo.

-Menos mal que está bien – dijo Tino feliz para voltearse a los otros dos - ¿no creen?

-Sí que bien – dijo Arn tranquilo mientras Berwald se dedicaba a comer.

Einar les miró molesto y Tino previendo lo que se avecinaba, tomó a Peter de la mano y lo llevó a la cocina con el pretexto de que le ayudara a traer el postre. Una vez solos el albino continuó.

-Dejen de fingir que no les importa – les miró con seriedad – Ya no soporto vivir así, detesto los sola que se siente la casa y sé que ustedes se sienten igual. ¡Peter ni siquiera sonríe!

-¿Qué quieres que hagamos? – preguntó Berwald.

-Solucionar esto – dijo – ¿acaso no somos una familia? Además nosotros somos los responsables.

Pese a lo cierto de sus palabras, sus hermanos no comentaron nada y ello indicó que la discusión ahí terminaba. Suspiró frustrado.

-¿Por qué no pueden dejar su estúpido orgullo de lado?

Tino y Peter regresaron con un pastel que lucía delicioso, pero Einar había perdido el apetito y disculpándose con ellos se retiró a su alcoba. Si sus hermanos pensaban quedarse de brazos cruzados y no hacer nada, él sí.

Después de la cena Soren y Marcus fueron a dormir, Vincent y Emma se quedaron a recoger y lavar los trastes sucios.

-Me encontré a uno de los hermanos de Soren – habló Vincent, Emma le miró.

-¿A quién?

-Einar preguntó por él – dijo – sabes, esto me está preocupando. Ya va un mes y no veo iniciativa en ninguno de ellos. Normalmente Soren da el primer paso, pero ahora… - Emma comprendió.

-A mí también me preocupa y Soren ha estado tan desanimado.

-A pesar de que sonríe se desmorona por dentro, pero esos imbéciles no hacen nada. ¡Como me fastidian, si por mi fuera arreglaría esto en segundos!

-Lo sé Vincent – dijo la rubia más que segura – pero tranquilo hermanito, esto es un trabajo para mí.

-Eh?

-Tu déjalo en mis manos, ya pensaré en algo – le prometió con una sonrisa.

-Si tú lo dices – no es que desconfiara de su hermana, en absoluto, pero algo le hacía tener sus dudas.

Terminaron de limpiar y subieron a sus respectivas habitaciones para dormir. Mañana sería otro día de arduo trabajo para Vincent y este no deseaba desperdiciar sus pequeños lapsos de descanso.

Soren esperaba fuera de la escuela de Marcus, Vincent le había pedido que recogiera al menor porque ni Emma ni él podrían, y como era tan buen amigo no se negó, sin embargo al llegar surgió el problema. Era la misma escuela a la que Peter asistía.

Impaciente y nervioso, nuestro carismático protagonista rogaba porque Marcus fuese el primer niño en salir y evitar así una situación incómoda. Lástima que no todo es como se desea.

La campana de salida sonó y todos los niños corrieron gritando y riendo mientras se dirigían hacia sus familiares, Peter salió más calmado y solo al ver al rubio una enorme sonrisa apareció en su rostro.

- ¡Tío Soren! – corrió hasta él y le abrazó con fuerza.

- ¡Peter! – exclamó sorprendido, no había visto al niño salir.

-¡Me alegra tanto verte, te extrañe mucho! – Soren sonrió y correspondió al fuerte abrazo.

-A mí también me da gusto verte pequeño – justo en ese momento otra voz se escuchó.

-¡Viniste por mi tío! – otro par de bracitos le estrechó.

-Hola Marcus – le saludó.

-Eh? ¿Cómo que tío? – preguntó Peter al otro niño.

-Sí, es mi tío.

-Te estás confundiendo niño, él es MI tío.

-No es cierto – entonces Marcus se volteó hacia Soren – ¿verdad que eres mi tío?

Soren estaba en grandes aprietos, ambos niños comenzaron a discutir y él no tenía idea de cómo detenerlos.

-Niños… - quiso decir algo cuando alguien más le interrumpió.

-Peter! – una voz grave y fuerte. Todos voltearon y Soren se topó con la fría mirada de Berwald.

-Papá…

-Es hora de irse – dijo el de lentes.

-Pero…

-Vámonos – volvió a decir.

-Hazle caso a tu padre Peter – dijo Soren agachándose a su altura – ¿cuídate mucho si?

-¿Por qué no vienes con nosotros?

-Perdona pequeña no puedo – dijo Soren sonriéndole.

-No es lo mismo sin ti – dijo Peter deprimido, luego se despidió con un gran abrazo.

-Te los encargo – dijo el mayor soltándolo.

Peter fue con Berwald, tomó su mano y juntos entraron al auto, segundos más tarde desaparecieron entre las calles.

Soren se sentía mal, el pobre niño sufría mientras que a sus hermanos parecía no hacerles falta, así acababa todo. Marcus que en seguida notó la gran tristeza en los ojos celestes de su tío, le tomó de la mano.

-¿Por qué estas tan triste tío? – Soren le miró y sonriendo le contestó.

-No pasa nada Marcus, vayamos a casa.

Empezaron a caminar pero Marcus no era ningún tonto, ya descubriría todo.

Berwald y Peter llegaron a casa, Tino les recibió con un alegre saludo, mas Peter corrió hasta él aferrándose con fuerza y llorando amargamente.

-¿Qué sucedió? – Tino estaba impactado, miró a Berwald y este soltó un suspiro.

-Soren – dijo y Tino inmediatamente comprendió.

-¿Ya nunca va a volver? ¿Se hartó de nosotros y decidió cambiarnos? – gruesas lagrimas caían por sus mejillas mientras su voz se cortaba.

-No pienses eso pequeño – dijo Tino cargándolo – Soren jamás haría eso, mucho menos a ti.

-Entonces… ¿Por qué se fue? Yo quiero que vuelva – Tino acarició sus cabellos.

-Te prometo que todo volverá a la normalidad – miró fijamente a Berwald.

Luego de llevar al pequeño a su alcoba y esperar a que se tranquilizase, Tino regresó a la sala donde Berwald le esperaba.

-¿Qué ocurrió exactamente? – preguntó al de lentes.

-Nada importante – dijo Berwald.

-¿El que Peter llegue llorando no es importante? – Tino estaba molesto – Berwald esto está fuera de control, tenemos que solucionarlo.

-¿Cómo?

-Dando el primer paso – dijo firmemente – Sé que Soren puede ser un inmaduro, fastidioso y ruidoso, pero nunca te has preguntado él por qué actúa así? No importaba cuanto le insultásemos e hiciéramos a un lado, siempre tenía una sonrisa para nosotros – hizo una pausa – Hay que reconocerlo, le debemos una disculpa.

Tino estaba en lo cierto, pero no podía, el orgullo se imponía.

-El orgullo solo hará que esta familia se desintegre – dijo Tino – Esta no es ninguna tontería y Soren no vendrá a solucionar lo que nos corresponde.

Berwald no dijo nada, Tino dio media vuelta y se fue a ver a Peter, haría hasta lo imposible por ver a su familia junta de nuevo.

Vincent llegó a casa y en cuanto abrió la puerta Marcus le saludó felizmente.

-¡Bienvenido hermano! – dijo – ¿Cómo te fue?

-Bien – dijo dejando sus cosas en la sala - ¿y a ti pequeño?

-Muy bien – pero luego su tono bajo – pero a mi tío Soren…

-¿Soren?

Marcus relató lo ocurrido, Vincent estaba que se daba de topes con la pared, tenía que disculparse con el otro inmediatamente. Pidió a Marcus que se fuera a su habitación (quien muy obediente hizo caso) y se dirigió a la de Soren.

Mientras tanto, Soren miraba perdidamente el techo, una gran opresión invadía su pecho y su vista se nublaba a causa de las lágrimas que deseaban salir, no obstante no soltó ni una. Unos golpecillos en la puerta le trajeron de regreso, se incorporó lentamente e indicó pasar a quien fuese.

-Hola – dijo Soren en cuanto Vincent entró.

-Hola – dijo este para sentarse junto a él – Marcus me contó todo, lo siento. No tenía idea de que era la misma escuela.

-No te preocupes Vince, no fue tu culpa – le sonrió para reconfortarlo.

Luego de unos segundos en silencio, Soren continuó.

-Te agradezco todo lo que has hecho por mí, pero creo que ya es hora de irme.

-¿Cómo?

-Tú sabes, buscar una nueva casa o apartamento.

-¿Pero qué dices? Esto aun puede arreglarse.

-No Vince, esto terminó. Mis hermanos no me necesitan, de lo contrario ya hubiésemos hablado. Ya pasó un mes – los ojos de Soren se llenaron de lagrimas – sabes, nunca me había sentido tan mal – rió irónico – que patético soy.

Se llevó las manos al rostro para cubrirse mientras lloraba en silencio. Vincent se sentía impotente, furioso.

-Tranquilo Soren – dijo estrechándolo – tus hermanos son unos idiotas, pero no te preocupes, yo sé que esto tiene arreglo. No importa que tenga que golpear y arrastrar a esos bastardos – Soren rió un poco – ya verás que todo saldrá bien. Eso sí, tú no te vas a ninguna parte.

Soren le miró interrogante.

-Nunca has sido una molestia para nosotros, eres parte de esta familia y como tal no podemos dejarte ir hasta que todo vuelva a la normalidad – Vincent le sonrió – descansa un poco, yo me encargo de todo.

-Vince…

-No se hable más del asunto – dijo Vincent levantándose y saliendo del cuarto.

Soren se quedó mirando la puerta, que buen amigo era Vincent, siempre apoyándolo. Una dulce sonrisa se formó en sus labios y ninguna otra lágrima cayó, el dolor que yacía en su interior se fue debilitando, tendría que agradecerle más tarde.

Por su parte Vincent se fue a la cocina. En toda su vida jamás había visto llorar al otro y no fue algo precisamente grato. Pobre, sufría tanto por sus hermanos y estos ni se inmutaban, ¡le daba tanto coraje! Pero bueno, mejor se ponía a preparar la cena. Sacó todos los ingredientes y se puso a cocinar.

Al poco rato Emma llegó y casi tira todas sus cosas al verle.

-¡Santo Dios! ¡Este debe ser el apocalipsis! – dijo dramáticamente.

-Muy graciosa Emma – dijo con fastidio.

-¿Y ahora que tienes?

-Es Soren.

-¿Qué pasa con él? ¿Le ocurrió algo malo? – preguntó asustada.

-No – dijo Vincent – se encontró con Berwald en la escuela.

-Ay no – dijo ella – ¿Qué le dijo?

-Nada, se fue tranquilamente, como si nada pasara.

-¿Cómo está Soren?

-Destrozado – dijo recordando sus lagrimas – nunca lo había visto así. Sin sonrisa, pesimista, llorando… esto no puede seguir, hay que actuar ya.

Emma le escuchó atentamente, ella también apreciaba a Soren y no iba a permitir que se dejara vencer tan fácilmente, no señor. Un brillo determinante apareció en sus ojos.

-Como dije Vincent, esto es algo de lo que debo encargarme – su hermano la miró confundido – Sigue con la cena, debo llamar a alguien.

La rubia salió de la cocina completamente decidida, Vincent pestañeo extrañado. ¿Qué planes tenía su hermana?

Tomando el teléfono, Emma marcó rápidamente un número y al escuchar la voz que esperaba, habló.

-Necesito verte urgentemente, mañana en el parque al medio día – dijo y luego colgó.

CONTINUARA…

¡GRACIAS POR LEER!