Días después, ella se encontraba de nuevo hospedada en la residencia Oak, esta vez por razones distintas a la anterior. Al principio, el pueblo entero estaba alarmado después de verla correr desesperada en dirección al laboratorio. No fue un trecho fácil, y su prisa llamaba más la atención de lo que deseaba al salirse de su rutina, el explicar la situación no fue menos difícil, de hecho fue algo frustrante y repetitivo. De lo único que estaba segura es de que repitió la historia muchas veces al punto de ya responder mecánicamente las preguntas de los visitantes y curiosos.

Oak estaba horrorizado por el estado del animal, mientras que el pueblo estaba fascinado por el misterio que envolvía su aparición. Ella, por otra parte, simplemente estaba preocupada por la salud del Pokémon; el monitorear su estado constantemente le dejaba con largas horas para discernir y meditar sobre lo que había ocurrido y de por qué esos ojos, además de esas palabras particulares, le habían afectado tan fuertemente. Estaba consciente de que su estado incrementaba sus emociones en formas que normalmente no serían comunes, pero no podía evitar el querer impedir que esos ojos llegasen a extinguirse de este mundo nuevamente, no si ella podía evitarlo.

Por supuesto, era también una mujer realista y sabía que una serie de investigaciones debían ser realizadas y que lamentablemente, a pesar de ser ella quien posiblemente salvó a la criatura, para las autoridades era otra sospechosa o mejor dicho la única sospechosa.

Legalmente, el Lucario no estaba registrado a nombre de nadie y aparentemente la Pokébola que ella empleó aún estaba a nombre de su difunto marido, por lo que bajo la ley el Lucario no le pertenecía a ella. No es que le molestara el no ser su entrenadora al haber abandonado ese camino hace tanto tiempo, pero la mera mención de que deseaban llevarse a la criatura lejos de ella fue demasiado y antes de que lo supiera había armado un escándalo de proporciones épicas.

Sólo la intervención de Samuel le salvó de una complicación mayor, si bien tuvo que exigir viejos favores, al final su antiguo tutor logró conseguirle la custodia legal de la criatura, por lo que ella podría seguir cuidando de él y, con algo de suerte, volver a vislumbrar esos ojos nuevamente.

El sonido de la perilla de la puerta girando no le sacó de su concentración, ya sabía que era Samuel nuevamente chequeando su estado al igual que el del Lucario.

—¡Buenos días, Delia! Espero que hayas dormido como te recomendé y no pasado la noche entera despierta mirando a Lucario. no es sano para el bebé. —La voz gruesa del profesor mostraba una pequeña muestra de alarma ante la posibilidad de haber encontrado a su vieja conocida nuevamente perdiendo preciado sueño como tantas veces le había encontrado en estos últimos días.

La castaña, por su parte, sonrió ligeramente antes de mirar en dirección del hombre. —Puedes dejar tus preocupaciones a un lado, Samuel, pude dormir muy bien, no tengo mucho despierta. — Una pequeña mentira de parte de la mujer, había dormido ciertamente, pero también hacía mucho que había despertado.

Lamentablemente para Delia, Samuel parecía leer entre líneas sus intenciones, si el suspiro que escapó su garganta implicaba algo, —Ya hablamos de esto, Delia, creí que habíamos hecho un trato— comentó Samuel, mientras caminaba en dirección del Lucario con tal de chequear su estatus y comprobar su avance.

Delia, por otra parte, arrojó su propio suspiro antes de contestar. —Lo sé, y créeme que entiendo muy bien tus razones; Pero necesito saber que estará bien, Samuel, no sé cómo explicarlo, pero siento una fuerte conexión con este Lucario. En el momento en que me llamó mamá, una parte mía parecía regocijarse ante esas palabras, mientras que otra parecía alarmada por el estado del mismo. Sé que es extraño y que hay muchas posibles razones para explicar cómo me siento, pero no puedo evitar el intentar protegerlo;

Samuel asintió ante tales palabras creyendo, como ella, que había muchas razones bastante reales por las cuales podía sentirse así, pero por ahora eso no era lo importante. —Lo entiendo, créeme lo hago, pero jamás me perdonaría si algo te llega a pasar o a la criatura que crece en tu vientre. Hice una promesa, Delia y pienso cumplirla lo mejor que pueda.— La mujer asintió a sabiendas de que en específico hablaba su viejo amigo, la lectura del testamento fue bastante clara para ambos. Un último momento en que pudieron escuchar lo que era la voluntad de alguien que impactó tanto en sus vidas.

—¿Cómo está, Samuel, hay alguna mejoría?— Ella de inmediato intentó apartar sus memorias de ese evento en particular, no porque lo desaprobara, sino que ella misma sabía que no debía seguir ese camino, al tener tanto aguardándole en el futuro.

El profesor observó las máquinas por algunos segundos, además de la computadora que monitoreaba los estatus vitales del Lucario, antes de fruncir el ceño preocupado.

—No hay daños que mis máquinas puedan detectar. Su cuerpo está en óptimas condiciones, pero está inusualmente agotado. sus apéndices aurales están en perfecto estado, su piel no muestra síntomas de cicatrización, lo cual es imposible en un Pokémon salvaje, no hay señales de daño cerebral y su ritmo cardio-vascular es estable. Diablos, ni siquiera tiene dientes faltantes, caries o tan siquiera sarro, y eso es lo que me tiene perplejo. — El hombre acarició su sien intentando calmar la migraña que estaba formándose nuevamente ante el misterio que representaba esta inusual criatura.

¿Cómo llegó a Kanto? ¿Era un Pokémon amaestrado o salvaje? Esas eran las preguntas más frecuentes para el profesor y lamentablemente ninguna parecía estar dispuesta a ser respondidas, hasta que el Lucario despierte de lo que sea que lo mantiene en semejante estado.

Delia por otra parte deliberó. —No muestra estar en un estado catatónico o de estupor. los escaneos no presentan tumores o daños internos de ningún tipo. ¿Crees que pueda ser producto de un ataque de algún Pokémon desconocido, uno psíquico quizás? — Samuel Oak levantó su rostro con tal de observar a su antigua alumna por algunos segundos antes de considerar su teoría.

—Es posible, o tal vez una nueva habilidad de la especie nunca antes documentada, quizás una posible maniobra fallida, o alguien intentó enseñarle un movimiento demasiado avanzado para su nivel. Es posible que intentaran usar Imitar, con algún Pokémon psíquico que empleaba tele-transportación. Los datos de la región Sinnoh indican que este Pokémon en particular puede aprender una variedad de ataques que muchos de los Pokémon en Kanto no pueden; es común verlos emplear ataques psíquicos pero tele-transportación hasta ahora no figura entre las habilidades de esta especie. Fascinante, peligroso sin lugar a dudas si el resultado final es este, pero fascinante.

Delia, por otra parte, tenía otra preocupación en mente. — ¿Crees que el uso de esta técnica que explica en teoría como apareció en esta región haya sido por voluntad propia, o un intento de complacer a un exigente y descuidado entrenador? —La idea de que alguien pudiera arriesgar de esta forma a uno de sus compañeros era reprehensible para ella y muchos, sino todos los miembros de Pueblo Paleta.

Oak, en particular, parecía desaprobar en grande la mera idea, si su ceño fruncido indicaba correctamente las sospechas de Delia. —No encuentro ninguna de las dos posibilidades reconfortantes en ninguna forma. Por un lado, tenemos a un posible cabeza hueca que intentó morder más de lo que pudo y, por el otro, nos encontramos con un típico caso de abuso y desinterés por su bienestar. No es algo agradable de pensar, en especial la última.

Delia asintió a sabiendas de que desgraciadamente no todos en el mundo consideraban como compañeros o iguales a los Pokémon, incluso ella aún cuando estaba entre la banda de Giovanny apreciaba enormemente a sus compañeros, fue el descubrimiento de cómo el hombre trataba a sus Pokémon lo que al final le llevó a Delia el considerar y finalmente aceptar las ofertas del idealista cabeza hueca que en aquel momento fue su mejor amigo y posteriormente su marido.

Ella de inmediato se alzó en dirección de la puerta, con tal de ir a la cocina y preparar algo de comer, al ver que Samuel se había adentrado en atender al inconsciente Lucario.

No le tomó mucho preparar un almuerzo sencillo para dos, después de todo Daisy May, la hija del profesor y antigua rival de su infancia, se había mudado a la ciudad Viridian con su nuevo esposo.

Una vez concluyó de preparar la mesa, Samuel apareció por la puerta adyacente significando que provenía de los establos de alimentación, claramente alimentando a los Pokémon primero antes que a su persona. Ella, de inmediato, le guió hasta la mesa y, antes de que pudiera protestar por las molestias, ella procedió a recordarle el dato que muchos hombres parecían olvidar, —Samuel, estoy embarazada no incapacitada, muy bien puedo realizar tareas de este tipo sin estresarme.

El hombre asintió, quizás recordando aquellos momentos en que su propia esposa hace tanto tiempo estuvo en estado. De inmediato, Delia recordó el preguntarle sobre la condición del Lucario con el que ahora se encontraba comprometida.

—Samuel, lamento sonar repetitiva pero, ¿has notado algún cambio en la condición del Lucario?—

El hombre sorbió rápidamente su porción, para luego proceder a limpiar sus labios con su servilleta antes de hablar con ella. —No sabría decirlo Delia, como ya lo he dicho antes, es un caso complejo, físicamente está en perfectas condiciones pero algo lo mantiene inconsciente, debo decir que si sus condiciones no mejoran en los siguientes días deberé transferirlo al centro Pokémon de ciudad Viridian con tal de que reciba un tratamiento más extenso del que puedo ofrecer. —De inmediato, alzó su mano con tal de acallar la protesta que sabría vendría luego de semejante comentario. —No te preocupes, este Lucario en particular está registrado legalmente bajo tu nombre, sé que ha sido mucho tiempo desde que fuiste entrenadora, pero la única forma de mantenerlo cerca de ti es actualizando tu licencia. En todo caso, estoy seguro que Daisy May te recibirá con los brazos abiertos en la ciudad. —Delia supo de inmediato que Samuel había agregado la información de Daisy luego de darse cuenta de que tema en particular había tocado al mencionar la actualización de su licencia como entrenadora.
Después de todo, su último Pokémon estaba con su marido cuando ocurrió el accidente que arrancó gran parte de su vida de un golpe.

Delia suspiró, sabía que Samuel no tenía otra opción, por lo cual no podía negarse si deseaba conservar a su lado al inusual Pokémon.

—Espero que ese no sea el caso, no porque no quiera visitar a Daisy May, en serio me gustaría; pero por ahora no quiero imponer demasiado Samuel. ya has hecho mucho por mí en estos últimos días, y todo por uno de mis caprichos, no podría exigir más sin sentirme culpable.

El profesor de inmediato intentó el darle a entender que no era ninguna molestia el ayudarla, cuando la alarma se disparó en la instalación. Samuel y Delia habiendo vivido gran parte de sus vidas en el laboratorio, conocían esta alarma en particular, al ser aquella que las máquinas de monitoreo emitían cuando un paro cardíaco estaba ocurriendo o había ocurrido.

Salieron disparados en dirección de la enfermería, ambos temiendo lo peor sólo para encontrarse con la sorpresa de sus vidas. Efectivamente, los monitores cardíacos estaban disparando la alarma de un paro cardíaco al no percibir palpitar alguno, pero no como ellos lo esperaban, sino por el hecho de que los diodos habían sido separados por la misma criatura a la que estaban inicialmente conectados.

Tanto Samuel como Delia observaron atónitos cómo el Lucario intentaba ponerse de pie, a pesar de que aparentemente estaba teniendo algo de dificultad para hacerlo, al estar enredado entre los cordeles y sábanas, que antes solían cobijarle.

Delia de inmediato acudió a su lado, con tal de ayudarlo, ignorando la advertencia que Samuel le arrojó de que debía tener cuidado en acercarse a un Pokémon aún desconocido para ella; sólo para sorprenderse, al ver lo dócil que la criatura se volvió al momento en que posó sus ojos en ella, reconociéndola en el acto.

Incrédulo, Samuel observó fijamente en dirección del Pokémon, más específicamente sus ojos comprendiendo casi de inmediato cuál era la aparente necesidad de su amiga en el bienestar de este Pokémon en particular.

Mientras estaba dormido, sus ojos parecían ser tan comunes como los de cualquier otro ser vivo, reaccionaban a la luz cuando él los irradiaba con su linterna, se humedecían correctamente y no mostraban malformaciones. No obstante, estando despierto, a pesar de aún portar un color extremadamente común, la intensidad de su mirada y la forma en que lo hacía, le bastó para traerle a su memoria una serie de recuerdos de un hombre que pensó jamás volvería a ver sino en fotos y recuerdos.

La intensidad con la que esta criatura observaba era la misma con la cual Ashton, el ahora difunto marido de Delia solía portar en su rostro cuando estaba peculiarmente interesado en algo.

Sin saberlo, al igual que Delia en ese mismo instante Samuel Oak juró por su honor el no dejar que esos ojos se extinguieran de nuevo de este mundo.

No si él podía evitarlo.