Resumen: Placeres culpables… aquellos que guardamos en lo más recóndito de nuestro ser. Harry y Draco descubrirán cuáles son los suyos y harán lo que sea para saciarlos. SLASH
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rowling y Warner Bro.
Notas de la autora: ¡Hola! Perdonen la tardanza pero mi musa se fue de vacaciones unos días y me dejó sola. Por suerte regresó a terminar el trabajo y en recompensa les ha traído un capítulo mucho más largo que los otros. ;)
Quiero dedicarle este capítulo a MMDD, SakuraALi y kim-angel251995, por sus hermosos comentarios. Y a todos aquellos que han puesto la historia entre sus favoritos y alertas. En verdad se los agradezco muchísimo. ^_^
Advertencias: Sexo explícito. Rimming. (Beso negro o Anilingus, como gustes llamarlo)
Aclaraciones dentro del fic: La letra cursiva corresponde a los pensamientos de la conciencia de Draco.
Guilty Pleasures
El día amanece extremadamente frío. Cargadas nubes recubren el embotado cielo y amenazan desde las alturas con descargar una fuerte llovizna. En las abarrotadas calles las personas apresuran su paso para comenzar la jornada. Hombres y mujeres embutidos en largos abrigos se mueven con rapidez para llegar a tiempo a sus correspondientes trabajos, rogando a cualquier deidad que los esté escuchando porque logren arribar a sus oficinas antes de que la tormenta los azote.
Claro que todo esto pasa desapercibido para un atractivo joven que duerme plácidamente en una amplia cama. La durmiente figura se remueve en sueños y aprieta más fuerte las mantas que cubren su desnudez. A pesar de esto, una helada ráfaga de aire se cuela por entre los cobertores, provocándole unos desagradables temblores. Aun dormido, gira automáticamente hacia la derecha en busca de ese cálido cuerpo junto a sí.
Su ceño se frunce al no percibir la conocida tibieza que desprende su pareja. Manteniendo sus ojos cerrados y tratando de luchar contra la consciencia que intenta despertarlo de su apacible sueño, extiende su mano izquierda en el lugar donde se supone que debería estar recostado su novio, pero hallando nada más que unas desordenadas sábanas.
Un exasperado bufido escapa de sus resecos labios y no encontrando otra solución, decide abrir sus ojos para comprobar con ellos lo que sus otros sentidos ya le han dejado en claro. Cuando sus párpados se abren y su vista se posa en el vacío espacio frente a sí, acepta que sus suposiciones eran ciertas. Está solo en esta gran cama, la cual se ha vuelto algo fría al no tener la presencia del otro mago en ella.
Draco gruñe con marcada irritación ante este hecho y su mente rápidamente comienza a pensar en el motivo de esta ausencia. No es posible que haya ido a trabajar, ya que es sábado y no está de guardia. Trata de forzar su cerebro a recordar si Harry le dijo algo acerca de que saldría temprano por la mañana, mas no consigue evocar ninguna memoria en la que algo como eso haya ocurrido.
Un pequeño rastro de preocupación se apodera de sí, instalando una molesta sensación en su corazón. Por fortuna, intenta eliminar apresuradamente cualquier vestigio de nerviosismo al forzarse a pensar las cosas con calma y astucia. Después de todo… el que Harry no esté aquí no tiene por qué ser sinónimo de que algo malo haya sucedido. ¿Verdad?
Y si es así… ¿Entonces por qué no puede quitarse de encima ese molesto desasosiego de sí? Su maligna mente parece disfrutar de incrementar este fastidioso sentimiento y trae a colación los sucesos de la noche anterior, fomentando así sus inseguridades. No puede evitar que un ligero rubor cubra sus mejillas al recordar la forma en que su cuerpo reaccionó ante esos extrañamente eróticos siseos. Y nuevamente se pregunta qué está mal con él para excitarse en demasía con algo tan raro como eso.
Sacude su cabeza en un desesperado intento por no adentrarse en desconcertantes y perturbadores pensares. Con todas sus fuerzas trata de convencerse a sí mismo que Harry tiene razón y no hay nada de lo que deba avergonzarse, ya que esto es sólo un simple fetiche sexual. Y no es como si él fuera el primero en tenerlos, la mayoría de las personas los poseen.
¿Y cómo explicas el hecho de que Harry no esté durmiendo a tu lado, después de haber descubierto este enfermo secreto tuyo?
Cuando la despiadada voz de su consciencia deja salir esta pregunta, Draco se paraliza por completo. Un aterrador escalofrío lo recorre al percatarse de que esto es cierto; Harry no da señales de estar por ningún lado, lo cual es sumamente extraño si tenemos en cuenta que él abraza su cuerpo cada noche como si de un pulpo se tratase. Eso sin contar que suele disfrutar de dormir hasta tarde, volviéndose un tremendo incordio el despojarlo de la cama a tan tempranas horas de la mañana.
¿Es que su malvada consciencia está en lo cierto y sus mayores temores se han vuelto realidad? ¿Harry habría pensado las cosas con más calma una vez que pudo descargar su excitación, encontrando su parafilia algo totalmente repugnante? ¿Sería por este motivo que él no está durmiendo a su lado? ¿Acaso esto era algo que escapaba de su comprensión y por ello había decidido terminar con su relación?
Una desgarradora sensación oprime su pecho, impidiéndole respirar con normalidad. Siente un agudo dolor instalarse en su garganta y sus ojos comenzar a picar, pero se obliga a no dejar que ni una sola lágrima escape de ellos. Sus manos estrujan fuertemente las sábanas en un inútil afán por reprimir la desesperación que lo asalta. Su boca permanece firmemente cerrada y siente cómo sus dientes rechinan en un claro intento por suprimir un indecoro sollozo.
No cree poder resistir mucho más esto sin quebrarse. Lo único que desea es maldecir a su destino por haberle jugado tal dolorosa broma. Por haberle hecho encontrar a esa persona que significa todo para él, para luego arrebatársela de sí con crueldad. Y como si esto no fuera suficiente, dejándole bien en claro que sólo hay un único culpable aquí… y este es él mismo.
Su extraña excitación con la lengua de las serpientes ha hecho que Harry se aleje de él. No tiene idea de qué es lo que hará ahora, sólo desea poder desaparecer de esta triste realidad. Una en la que sabe que jamás volverá a sentir el calor de su novio al acurrucarse contra su cuerpo, después haber hecho el amor por horas… en la que no podrá ver la contagiosa sonrisa de Harry por las cosas más simples de la vida… una en la que él nunca volverá a ser feliz.
Tan ensimismado está en su océano de desolación que no advierte la figura que ingresa sigilosamente en la habitación, acercándose a él. El mago que acaba de entrar se detiene de inmediato a unos centímetros de la cama y lo que observa lo paraliza. Draco está volteado de lado, dándole la espalda. Todo sería algo normal, si no fuera por la gran tristeza que cubre sus facciones. Sus ojos permanecen cerrados con fuerza y las sábanas ya han quedado completamente arrugadas por el violento agarre en el que son sostenidas.
Siente una dolorosa punzada instalarse en su corazón al verlo sufrir de esa manera debido a lo que él supone una pesadilla, por lo que con rapidez intenta despertarlo de ese mal sueño. Sin hacer ni un leve sonido, se agacha hasta que siente tocar sus rodillas en el alfombrado suelo. Una vez hecho esto, acaricia con ternura esa descubierta espalda e inclina su cuerpo para poder susurrar con suavidad en la oreja izquierda de Draco.
─ ¿Draco? Despierta, amor.
El cuerpo de Draco da un respingo al escuchar esas palabras ser dichas con tanto cariño y algo de preocupación. Siente su corazón dar un vuelco y un gran alivio despejar todo rastro de intranquilidad. Sus ojos continúan fuertemente cerrados pero el resto de sus sentidos está alerta, demostrándole que no es un sueño… que Harry sí está detrás suyo y susurrándole al oído.
No dice nada, simplemente se queda quieto mientras percibe cómo las manos de Harry trazan ininteligibles figuras en su piel, a la vez que esos suaves labios comienzan a dejar pequeños besos en su cuello. A sus fosas nasales llega el inconfundible aroma de la exquisita colonia del Gryffindor, hecho que despierta su excitación. Está convencido de que podría quedarse en el hueco del cuello de Harry por horas, simplemente aspirando esa embriagadora fragancia.
Harry suspira con alivio al ver que Draco parece haber despertado de esa pesadilla. Una vez que comprueba que todo está bien, se levanta de su lugar y comienza a alejarse de ese tentador panorama, antes de que pierda el poco autocontrol que posee y se lance sobre el cuerpo del Slytherin.
El rostro de Draco se llena de confusión al percibir cómo esas cálidas manos se alejan de sí, con intensión de no continuar con ese improvisado masaje. Rápidamente se levanta al escuchar a Harry incorporarse del suelo y dar dos pasos hacia la puerta. En un ágil movimiento apresa una de sus manos y lo jala hasta que este cae encima suyo. Sin darle tiempo a reaccionar, captura los labios del moreno e inicia un ardiente beso. Sus manos no pierden tiempo y con prisa lo atraen hacia sí, hasta que ambos miembros se frotan a través de las capas de ropa que los separan.
Los dos jadean ante este roce pero por fortuna algo de cordura trae a Harry de nuevo a la realidad e intenta volver a incorporarse. Sin embargo, se encuentra completamente inmovilizado en el apretado agarre de su pareja, el cual se afianza aún más al percibir sus forcejeos.
─ Draco… Basta. Por favor, detente. ─ Malfoy gruñe algo que no se alcanza a entender al estar besando la sensible piel descubierta del otro. ─ Hablo en serio, Draco. Deja de hacer eso.
─ ¿Por qué? No es como si no lo estuvieras disfrutando. Y ni te atrevas a negarlo, porque cierta parte de tu anatomía te está delatando.
Harry suspira con derrota al ver que Draco está en lo cierto. Sus caderas se restriegan hacia esa deliciosa dureza debajo de él, generando una agradable fricción en su entrepierna. Aun así su mente parece estar más despierta que de costumbre, entregándole la fuerza de voluntad necesaria para terminar con esta interesante actividad, antes de que todo se descontrole a un nivel en el que no podrán detenerse.
─ Lo sé, no necesitas decírmelo… pero en serio debemos detenernos.
─ ¿Por qué? ¿Qué puede ser más importante que esto?
─ ¿No lo recuerdas, verdad?
─ ¿Recordar qué? ─ Pregunta con poco interés, enfocando toda su concentración en tratar de colar una mano dentro de los pantalones de Harry.
─ ¡Oh, por Merlín, Draco! ¡Deja de hacer eso, estoy intentando decirte algo!
Utilizando toda la fuerza que posee, logra apresar las manos del Slytherin y llevarlas hacia arriba de su cabeza, antes de que estas alcancen su objetivo. Draco intenta removerse, mas sus intentos de escape se ven frustrados al ver la determinada mirada en los ojos de su novio. Jamás lo admitirá en voz alta pero en verdad disfruta de la forma en que Harry emplea ciertos conocimientos de Auror, como lo es esa habilidad para inmovilizarlo utilizando sólo una de sus manos, cada vez que quiere obtener su atención.
─ ¿Por qué siempre tengo que terminar deteniéndote así? Es como si disfrutaras el que te tenga retenido de esta forma.
─ No sé de qué estás hablando, Potter. ─ Deja salir con fingido desconcierto, pero delatándose involuntariamente gracias al leve rubor que se apodera de sus mejillas.
─ ¡Sí lo disfrutas! ¡Oh, esto es todo un descubrimiento! ─ Responde Harry con diversión y sin poder reprimir una carcajada.
─ ¡Cierra la boca, idiota! ¿No era que tenías algo tan importante que decirme que no podía ni siquiera esperar a que tuviéramos nuestra matutina sesión de sexo? No veo que estés muy interesado en estos momentos por…
Harry se cansa de escuchar todo ese nervioso parloteo, que sólo tiene como objetivo el distraerlo lo suficiente como para que olvide su reciente descubrimiento, por lo que detiene esa perorata al capturar la boca del rubio en un enérgico beso.
─ Sabes… Te ves adorable cuando balbuceas incoherencias.
─ ¡Los Malfoy no nos vemos adorables! ¡Y tampoco balbuceamos, Potter! ─ Reprende con un ultrajado tono.
─ ¿No? ¿Y entonces cómo lo llaman a eso? ¿Hablar sin parar con extremo nerviosismo?
No puede evitar desaprovechar la inusual oportunidad de mofarse de su novio. Draco se enfada al ser el blanco de sus bromas y en un intento por castigarlo, eleva sus caderas hasta que hacen contacto con el miembro de Harry, enviando placenteras corrientes eléctricas por todo su cuerpo. El Gryffindor gime al percibir ese agradable roce, por lo que detiene sus burlas. Entendiendo que el molestarlo sólo hará que vuelva a intentar reanudar esa olvidada actividad.
─ De acuerdo, no volveré a burlarme. Ahora ya sal de la cama, holgazán.
─ Es sábado, Harry. ¿Por qué demonios estás levantado tan temprano?
─ No es tan temprano, Draco. Son las diez de la mañana. ─ Dejando un último beso en la comisura de sus labios, Harry se levanta de la cama y da unos pasos hacia la puerta. ─ Ve a ducharte mientras termino de preparar el desayuno.
─ Aún no me has dicho por qué debo levantarme.
─ Dijiste que ibas a ayudarme a comprarle un regalo de cumpleaños a Andrómeda. Y cito tus exactas palabras: "Tu arruinado estilo hará que compres algo extremadamente burdo, como una de esas tazas muggles con el nombre de mi tía inscripto en él. Así que ni siquiera pienses en ir a comprarlo tú solo, porque no es a uno de tus amiguitos Gryffindor a quién se lo darás, Potter. Yo iré contigo a demostrarte qué es lo que se puede considerar un acertado obsequio para una Slytherin."
Responde arrastrando con exageración las palabras, en un vano intento por imitar la voz de su novio y elevando una ceja en el proceso. Draco bufa con irritación ante la clara burla impresa en él y cruza sus brazos enfurruñado, maldiciéndose a sí mismo por haberse ofrecido a realizar esa tarea. ¿En qué estaba pensando cuando se le ocurrió ayudarlo en ese menester, desperdiciando así la oportunidad de tener una más que satisfactoria sesión de sexo? Sin duda salir con un torpe Gryffindor está quemando sus neuronas.
─ ¡Olvídate del desayuno y vuelve ya mismo a la cama, Potter! Iremos en la tarde a comprar ese estúpido obsequio.
─ ¡Ah, no, que ni se te ocurra! No voy a pasarme todo el resto del día escuchándote despotricar e intentando hechizar a todas esas adolescentes que obstruyen el paso, al quedarse embelesadas con las decoraciones de San Valentín. Fue tú idea el que vayamos en la mañana cuando hay menos personas que importunen el camino. Así que levántate y ve a ducharte de una buena vez.
Al escuchar el inflexible tono con el que habla, a Draco no le queda más opción que resignarse de convencerlo de volver a la cama con él. Soltando un enfadado gruñido, aparta las mantas que cubren su cuerpo y enfila sus pasos hacia el baño, asegurándose de darle una completa vista de su desnudez y demostrándole con ello de lo que se pierde por su terquedad.
Los ojos de Harry no pueden despegarse de ese perfecto cuerpo que se pavonea adrede al pasar por su lado, prometiéndole cientos de lujuriosas ideas si tan sólo él decidiera cambiar de parecer. Siente su boca hacerse agua ante las interesantes imágenes que su pervertida mente comienza a crear. Realizando un esfuerzo sobrehumano, logra apartar su mirada de ese más que tentador panorama; antes de que tire todo por la borda y alcance a Draco en la ducha, para jodérselo lo suficientemente fuerte como para sacarle toda esa insolencia de sí.
Cuando escucha el repiqueteo de la lluvia en el baño, sale de la habitación y se dirige a la cocina para terminar de preparar el desayuno. Por más que lo intenta, no puede desviar su mente de la seductora silueta de Draco. Ese ligeramente musculoso cuerpo se cuela una y otra vez en sus pensamientos. Trata de ocupar su atención en tostar de manera correcta las rodajas de pan, pero el recuerdo de ese apetecible trasero no deja de distraerlo. Es casi como si estuviera grabado a fuego en sus retinas.
Cientos de obscenas ideas empiezan a bailar en su mente, despertando con ello una parte de su anatomía que debería permanecer dormida. Su cerebro comienza a perder facultades en cuestión de segundos, reduciéndose a una masa temblorosa. Harry hace lo indecible por recuperar el control de su juicio, mas sus emociones no le dan tregua alguna y continúan acrecentando su libido.
Tan absorto está en su lucha interna que no advierte que hace varios minutos que se ha dejado de escuchar el agua correr en la ducha. Una vez cambiado, Draco entra en la cocina y lo que observa instala una ladina sonrisa en su rostro. Ver a Harry fallar miserablemente al tratar de reprimir su creciente excitación eleva su ego, porque está más que convencido de que su provocación ha surtido el efecto esperado.
Internamente se congratula y admira de su gran capacidad de manipulación, siendo capaz de haberse salido una vez más con la suya. Sigilosamente se acerca hasta colocarse detrás de Harry, para luego posar sus manos en sus caderas y atraerlo hacia atrás en un posesivo abrazo. Su maliciosa sonrisa se ensancha al percibir el temblor que recorre todo el cuerpo de su novio ante su agarre.
Aprovechando que no encuentra ninguna resistencia u objeción, Draco se apega aún más a ese cuerpo hasta que siente su miembro chocar con el trasero del moreno. Harry reprime un gemido ante este agradable contacto y debe emplear toda su fuerza de voluntad para no empujarse hacia atrás en busca de un mayor acercamiento.
Ha advertido las perversas intenciones de su pareja desde un principio, por lo que se dispone a dejarle bien en claro que él no dará el brazo a torcer e irán a comprar el estúpido obsequio sea como sea. Sin embargo, ninguna palabra escapa de su boca al sentir unos finos labios desperdigar pequeños besos en su mejilla derecha; los cuales podrían ser considerados como un inocente gesto, si no fuera porque Draco los está utilizando para distraer la atención de Harry y así mover sus manos hasta que estas apresen por completo su cuerpo.
Una vez que lo tiene fuertemente retenido entre sus brazos, Draco coloca su mentón en el hombro de Harry, asegurándose que su cabello roce la sensible piel de su cuello y genere así un placentero cosquilleo.
─ Mmm… Huele delicioso.
Deja salir en un seductor tono, casi como un ronroneo. Harry traga saliva al escucharlo y se obliga a responder algo, lo que sea con tal de hacer que Draco desista en sus propósitos.
─ Sólo son tostadas, Draco.
─ No me refería a ellas.
Y para dejar en claro su punto, gira su rostro y posa sus labios en el cuello de Harry. Lentamente realiza un camino de besos por toda esa extensión de piel, arrancándole nuevos temblores. La mente del Gryffindor se embriaga con esas placenteras atenciones, desterrando de a poco cualquier indicio de negación. Los delicados besos se tornan en pequeñas succiones, dándole un matiz más erótico a la acción.
Harry intenta apartarse de esos desquiciantes labios, pero no logra hacer que el agarre en el que lo mantiene prisionero mengüe. Coloca sus manos sobre los brazos del Slytherin y con todas sus fuerzas trata de romper el abrazo, mas no lo consigue. Por el contrario, empeora aún más la situación con ello, ya que Draco aprovecha sus forcejeos para tomar sus manos entre las suyas y entrelazar sus dedos.
Este acto instala un agradable calor en el pecho de Harry, el cual se extiende por el resto de su cuerpo. Son muy pocas las veces que Draco realiza gestos tan dulces como ese, por lo que no puede evitar dejar salir un risueño suspiro a la vez que afianza la unión de sus manos. Su mente forcejea un poco ante esta muestra de rendición y le hace ver que eso sólo es otro de los planes de manipulación de su novio para obtener lo que quiere. Y aunque tiene pleno conocimiento de que esto es cierto, eso no impide que se recargue contra Draco y disfrute de esas cariñosas atenciones.
No es que deteste lo calculador y distante que suele ser la mayoría del tiempo. De hecho, ese aura reservado y misterioso fue una de las causas por las que se enamoró de él. No obstante, no hay forma de que pueda negar el hecho de que adora cuando el lado más romántico de Draco sale a la luz. Desafortunadamente, estos momentos no se dan a menudo, por lo que a Harry no le queda más opción que aprovechar al máximo cada vez que estos se dan, incluso de aquellos que son realizados sólo por las maquinaciones del Slytherin para lograr su cometido.
─ Te odio.
─ ¿Y eso por qué? No he hecho nada malo.
─ ¡Claro que sí! ¡No creas que no me di cuenta de lo que haces! Sabes que me gusta cuando sacas a relucir a tu Hufflepuff interior y estás usando eso para obtener lo que quieres, maldito manipulador.
Harry suelta esto con gran irritación pero sin aparatarse de ese tierno agarre. Draco no contiene una risita al escuchar el resignado tono de su pareja y casi puede ver el mohín que adorna sus facciones. Todo esto sólo le confirma que ha ganado la batalla que tanto se le estaba resistiendo. Su ladina sonrisa vuelve a alzarse pero por suerte Harry no puede verla.
Sabe que debe premiarlo por haber cedido a sus deseos, por lo que reanuda el recorrido por su cuello. Aunque esta vez los roces de sus labios son mucho más suaves, como una delicada caricia. Y a pesar de ello, una parte de sí gruñe con molestia al comprender que quizás Harry esté disfrutando más de estas tiernas atenciones, que de aquellas pasionales motivadas por su lado Slytherin.
─ Sabes… creo que debería sentirme un poco ofendido por lo que has dicho. El simple hecho de que creas que tengo un lado Hufflepuff ya es de por sí irrisorio; pero el que quieras que lo saque a relucir más a menudo, en el hipotético caso de que tuviera uno, es insultante. ¿Es que mi forma de ser es demasiado fría para ti? ¿Acaso serías más feliz si yo fuera un tejón y te dijera cursilerías cada dos segundos? Quizás sea eso… Tal vez sí prefieres tener a un ñoño Hufflepuff como novio, a estar con alguien tan estoico y astuto como yo. ─ Deja salir con un tinte de tristeza.
─ ¿Qué…? ¡NO! ¡Eso no es lo que yo…! ¡Sabes que nada de eso es cierto, Draco! ─ Harry trata apresuradamente de sacarlo de su error, antes de que el frágil orgullo de Draco se quiebre y terminen discutiendo. Su consciencia se indigna al ver que está a punto de caer ante sus manipulaciones y es por ello que se asegura de tomar el control de sí, forzándolo a no doblegarse aún. ─ ¡Deja de intentar volver esto en mi contra, porque no funcionará! No lograrás hacerme sentir culpable por algo de lo que no soy responsable.
Bruscamente se aparta de Harry al escuchar esa belicosa respuesta. En respuesta, Draco expresa sus palabras con marcado rencor, las cuales están impregnadas con el mordaz tono de antaño.
─ ¿Así que no eres el responsable? ¿Crees que es mi culpa, verdad? Creo recordar que no soy yo quien desea fervientemente que su pareja cambie por completo su personalidad y se convierta en un patético y acaramelado imbécil, Potter.
Su apellido sale de su boca con tanto desprecio que a Harry le provoca un desagradable respingo. No había vuelto a nombrarlo con ese resentimiento desde su sexto año y esto sólo sirve para incrementar su desesperación. ¿Por qué demonios creyó que decirle sobre lo mucho que le gustan sus tiernos gestos sería una buena idea? ¿Cómo pudo obviar el hecho de que su orgullo se sentiría claramente ofendido? ¿En qué habría estado pensando cuando creyó que Draco no interpretaría esto como una muestra de que él preferiría tener a alguien más romántico a su lado, en vez de a un impasible y artero Slytherin?
Harry se abraza a sí mismo, intentando brindarse un poco de calor ante el repentino frío que lo recorre desde que Draco se alejó de él. Levanta su mirada y la posa en la silueta de su novio, el cual está observando ensimismado el plomizo cielo londinense a través del ventanal de su cocina. Su ceño está completamente fruncido, expresando con ello su gran enfado. Sólo sus manos reflejan otro sentimiento que no sea irritación, ya que estas tiemblan imperceptiblemente con algo similar al miedo.
Años de conocerle le han dado la capacidad de notar hasta la más pequeñísima expresión en él. Una dolorosa punzada lacera su corazón al comprender lo que está pasando por su mente. Podría apostar toda su fortuna a que Draco enmascara con rabia su miedo al creer, erróneamente, que él ya no quiere estar en una relación con alguien tan poco romántico. Sabe lo mucho que le cuesta expresar sus sentimientos, producto de sus enseñanzas sangre pura por parte de su padre, por lo que no puede evitar reprenderse mentalmente al haberle dado la impresión de que es demasiado frío para él.
Harry se carcome los sesos pensando una forma de disculparse con Draco, de hacerle ver lo mucho que lo ama tal cual es. Con todas sus mañas, manipulaciones y sarcásticos comentarios. Sin embargo, su voz parece haberse extraviado y su cerebro no ayuda en lo absoluto a generar las palabras necesarias para arreglar las cosas con su novio. Cierra sus ojos con fuerza y trata de hallar coraje desde lo más profundo de su ser, pero es una tarea muy difícil debido a los desesperantes sentimientos que lo acometen. Sin duda odia pelear con Draco, más aún cuando sabe que la culpa es absolutamente suya.
Draco continúa con la vista fija en el cielo, mientras en su mente se repite una y otra vez la discusión de unos minutos atrás. El enfado que lo recorre se ve eclipsado por una desagradable sensación, la cual retuerce sus entrañas y provoca que sus manos tiemblen incontrolables. El miedo toma el control una vez más y le demuestra por medio de su conciencia que su más grande temor está volviéndose realidad.
¿Acaso creíste que Harry no se cansaría de tu distante actitud? ¿De verdad pensaste que él jamás se hartaría de tus manipulaciones? ¿En realidad eres tan ingenuo para creer que él estaría a tu lado siempre, a pesar de que tú nunca puedas expresarle abiertamente todo lo que significa para ti? ¡Vaya iluso que eres! ¿Cómo pudiste creer que nunca llegaría el día en el que Harry decidiera dejarte, para encontrar a esa persona que lo trate de la forma en que él se merece, repitiéndole una y otra vez con cientos de tiernos gestos cuán importante es en su vida, susurrándole hasta el cansancio que nada tendría sentido si él no está a su lado?
Siente sus ojos volver a arder ante estos crueles pensares, porque está claro que su conciencia tiene razón. Fue un idiota al creer que Harry podría ser feliz a su lado, a pesar de que él nunca pueda llegar a demostrar sin tapujos sus sentimientos. Sabe más que nadie que Harry se merece a alguien mucho mejor que él. Alguien que no se avergüence de realizar un acto tan cursi como tomar su mano cuando salen al Callejón Diagon… alguien que le diga varias veces al día cuánto lo ama… una persona que esté dispuesta a cumplir todos sus caprichos y deseos, sin ninguna objeción…
Y aun sabiendo esto… Draco no puede evitar luchar con uñas y dientes por su relación. Porque aunque esto suene algo egoísta, y quizás así lo sea, sabe que si no impide que Harry halle a quien lo trate de esa forma… él se convertirá en el ser más infeliz sobre la faz de la tierra.
Un insoportable dolor comprime su corazón. La sangre que corre por sus venas parece haberse espesado, a la vez que un fuerte dolor de cabeza lo asalta. Tiene que hacer algo antes de que el pánico nuble por completo su raciocinio, mas no encuentra las fuerzas suficientes como para despegarse de su lugar e implorarle a Harry que lo perdone por su momento de idiotez.
Apoya su frente en la ventana y cierra sus ojos. Un débil suspiro escapa de sus labios al percibir el contraste entre su tibia piel y el frío vidrio. Inspirando un poco de aire, Draco toma una decisión. Su conciencia lo ha devuelto una vez más a la realidad y le ha hecho saber con sus mordaces preguntas qué debe hacer. Y por primera vez en su vida, ya no siente ni un pequeño rastro de nervios ante lo que está por venir. Porque sabe que ésta es la única oportunidad que tiene de demostrarle a Harry por qué están juntos, de hacerle ver que nada ni nadie podrá jamás reemplazar al otro.
Abre sus ojos y dejando salir un último suspiro, se aparta de la ventana. Su mirada rápidamente se posa en el abatido rostro de Harry y eso es lo último que necesita para terminar de convencerse de que debe hacer esto. Lentamente se acerca hasta colocarse a unos pocos centímetros del otro y en un veloz movimiento, apresa el cuerpo del moreno contra la mesada de la cocina.
Harry abre sus ojos al percibir el cuerpo del Slytherin tan cerca suyo. Sus miradas se conectan en un mudo intercambio, reflejando con ellas lo que no pueden decir con palabras. Draco despierta de ese trance en que lo mantienen cautivo esas bellas esmeraldas y con sigilo se apoya sobre la mesada; asegurándose de que sus brazos queden a los costados del Gryffindor como dos firmes barreras, las cuales le impidan cualquier intento de escape.
Harry siente su cuerpo sobresaltarse al percibir cómo se encuentra totalmente atrapado, a merced de lo que su pareja quiera hacerle. Su nerviosismo se incrementa, ocasionando que desvíe su mirada de esas grises iris que tratan de taladrar su alma en busca de algo. Al ver esto, Draco lleva una de sus manos a la barbilla del hombre frente a sí y la levanta hasta que esos ojos verdes vuelven a hacer contacto con los suyos.
─ Draco, yo lo…
─ No. No digas nada. ¿Sí? Sólo… ─ Draco interrumpe de inmediato la disculpa de Harry, a la vez que se arma de valor para dejar salir esas palabras que tanto le están costando expresar. ─ Sólo… cierra los ojos.
─ ¿Qué…?
─ Por favor, hazlo. Cierra los ojos, Harry.
Lo observa por unos segundos con desconcierto, pero finalmente se aviene a la petición. Cuando Draco ve que unos párpados cubren esas fascinantes esmeraldas, se apega aún más a él hasta que está completamente reclinado contra su cuerpo. Su rostro se acerca a la oreja izquierda del moreno y susurra en ella con suavidad, provocando que un ligero temblor recorra a Harry.
─ Harry… Por lo que más quieras, olvídate del estúpido regalo de Andrómeda. Te doy mi palabra de que mañana iremos por él y no me quejaré de nada ni trataré de hechizar a ninguna adolescente.
─ ¿Por qué es tan importante para ti el que nos quedemos?
─ Te lo diré si prometes no volver a insistir con ello.
─ ¡Lo prometo! Ahora dime por qué estás empecinado con quedarnos aquí.
Se aleja unos centímetros de Harry para poder apreciar su expresión. Sus ojos aún permanecen cerrados, mientras que su boca está ligeramente abierta. Una embobada sonrisa cubre las facciones de Draco al ver frente a sí al hombre que ha causado estragos en su ser, el único que ha sido capaz de hacerlo realmente feliz. Su determinación aumenta aún más con esto y a pesar de que las palabras no salgan de su mente, comprende que no es necesario que diga nada para demostrar lo que siente. No cuando puede hacerlo mediante acciones.
Con delicadeza se acerca y posa sus labios en los de Harry. El beso comienza como un inocente roce, pero incrementa su intensidad en el momento en que Draco coloca sus manos en las caderas de su pareja. Un pequeño gemido se entremezcla en el beso y es allí donde el rubio aprovecha para intensificar el beso. Su lengua recorre el labio inferior de Harry, pidiéndole permiso para ingresar. El pedido es concedido y ambas lenguas vuelven a unirse en una danza que tan bien conocen.
No tienen idea de cuánto tiempo pasan así, recorriendo sus bocas por completo y ahogando algunos gemidos dentro de ese intenso beso. De lo que sí está seguro Harry es que Draco ha vuelto a tomar el control y con ello intenta demostrarle algo, aunque no tiene muy en claro qué es.
En un rápido movimiento, atrae el cuerpo de Harry hasta que ambas excitaciones se chocan, enviándole nuevos temblores a los dos. Draco jadea ante esta deliciosa fricción y se separa de esa adictiva boca, para pasar a posar sus labios en su cuello. Los suaves besos se entremezclan con leves succiones, ocasionando que se retuerza en goce ante estas atenciones.
Sonríe al percibir cómo Harry arquea su cabeza para brindarle más lugar a esa boca que lo está enloqueciendo, a la vez que una de sus manos viaja a las rubias hebras y jalan de ellas con desespero. Este accionar provoca que Draco muerda con fuerza su cuello en reprimenda, por haber intentado tomar el control. Un ahogado jadeo escapa desde lo más profundo de sí, mezcla de placer y dolor.
El agarre sobre su cabello se suelta y las manos de Harry caen a los costados, intentando sostenerse de algún lado. Finalmente acepta que su novio está en plan dominante y no le permitirá bajo ningún concepto marcar un ritmo. Internamente gime ante este pensar, porque sabe más que nadie lo que le espera si osa desafiar al lado más autoritario y posesivo de Draco. Tomando una sabia decisión, no presenta objeción alguna y le cede el control, tal cual obediente sumiso lo haría.
Al percibir el cambio en su actitud, Draco lame el lugar donde sus dientes han mordido, como si pretendiera aliviar un poco el dolor. Harry cierra sus ojos con más fuerza al sentir esas tiernas caricias, las cuales no sólo pretenden aplacar el daño que fue ocasionado sino también demostrar que sólo él puede hacer que realmente desee este rudo tratamiento.
Una de las manos de Draco se cuela entre ambos cuerpos y alcanza la cinturilla del pantalón de Harry. El cuerpo del Gryffindor salta hacia atrás automáticamente ante este roce, pero su espalda choca dolorosamente contra la mesada. Al ver la incómoda posición en la que se haya su pareja, decide que es hora de llevar esto a un lugar más confortable.
Tomando una de las manos de Harry en la suya, lo atrae hacia sí y comienza a caminar hacia atrás con destino a su habitación. En ningún momento deja de besar y mordisquear el cuello de Harry. Cuando su espalda choca con la puerta de su recámara, se aparta lo suficiente para poder abrirla y arrastrarlo dentro de la misma.
Harry no tiene ni siquiera tiempo de decir algo, ya que de inmediato es arrojado a la cama. Draco se queda parado imponente frente a sí, observándolo con intensidad. Sus grises ojos lo atraviesan como dos filosas dagas, incrementando así su nerviosismo. Sus inseguridades asoman cada vez que él lo mira de esa penetrante forma, instalando en sí unos irrefrenables deseos por esconderse debajo de las sábanas. Lo cual es un pensamiento realmente estúpido, si tenemos en cuenta que aún posee todas sus ropas puestas.
Draco no puede apartar la vista de ese hermoso cuerpo que se retuerce con nerviosismo. Sus ojos recorren esa tentadora figura con fascinación, intentando grabar en su mente cada aspecto físico de él. El nerviosismo de Harry se incrementa al ver esa depredadora mirada observarlo con hambre, como si estuviera frente a una jugosa presa y él, tal cual predador, se preparara para devorarla.
Harry se identifica sobremanera ante esta comparación que ha creado su mente, ya que no puede negar el sentirse como un acorralado e indefenso animal a la espera de ser comido por esa peligrosa fiera que es su novio. Esta idea es muy erótica y al mismo tiempo inquietante, mas eso no parece molestarlo en lo absoluto. Por el contrario, eleva aún más sus ansias de entregarse completamente a él.
Draco despierta de su ensoñación cuando descubre a Harry mordiéndose su labio inferior, intentado reprimir lo que parece ser un gemido y se dice que ya ha sido demasiada apreciación por un día, ha llegado la hora de pasar a la acción. Como si de un felino se tratara, se acerca al borde de la cama dando unos seductores pasos. Se detiene cuando sus rodillas tocan el borde del colchón y regalándole una intensa mirada, comienza a quitarse lentamente la ropa.
Esa especie de striptease que realiza eleva aún más la excitación de Harry. Sus ojos apenas parpadean, demasiado ocupados en no perderse ningún detalle de esa sensual actividad. La boca se le hace agua cuando por fin aparece en su campo visual ese lampiño pecho y a duras penas puede contener esos irrefrenables deseos que lo incitan a lamer cada centímetro de esa blanca piel.
Draco se percata de inmediato de la hambrienta mirada que está recibiendo y sonríe internamente. Fingiendo que no lo ha notado, continúa con ese desquiciante espectáculo que está volviendo loco a Harry. Sus manos bajan con parsimonia por su cuerpo hasta alcanzar la hebilla del cinturón. Utilizando sus dedos la desprende y baja el cierre de los pantalones, asegurándose de que se escuche claramente el sonido de la cremallera al abrirse.
Harry traga forzosamente ante esta provocadora acción y mantiene la vista fija en el glorioso bulto que esconde un negro bóxer. Su boca se llena de saliva al imaginar llevarse ese gran miembro a ella y tiene que hacer un gran esfuerzo para no levantarse de aquí e intentar atraerlo hacia sí para cumplir su cometido. Las verdes iris se oscurecen producto del intenso deseo que lo asalta, por lo que Draco aprovecha para aumentar su anhelo.
Una de sus manos comienza a masajear su más que erguido pene, a la vez que la otra asciende por su pecho hasta alcanzar una de sus tetillas. Suaves movimientos sobre ese pequeño botón son desperdigados para endurecerlo, sin dejar ni por un segundo de frotar su excitación a través de la tela de su ropa interior. Cuando lo tiene completamente erecto dirige su atención al otro, retorciéndolo entre sus dedos para que adquiera el mismo estado que su gemelo.
Un desesperado jadeo escapa de la boca de Harry al ver tal despliegue de sensualidad. Desesperadamente intenta decirle que se detenga, que deje de provocarlo de esta forma y lo tome de una vez. No obstante, lo único que puede hacer es removerse entre las desordenadas sábanas, luchando por reprimir todos esos depravados gemidos que amenazan con escapársele.
El sonido de un enardecido suspiro lo aparta de sus pensamientos, obligándolo a posar su atención en el hombre frente a él. Los ojos de Draco lo observan con avidez, mientras que su bello rostro refleja fielmente el placer que sus propias manos están provocando sobre esas erógenas zonas de su cuerpo. Harry no puede evitar sentir celos de esas pálidas manos que están causando tales reacciones en su novio, las cuales están tomando su lugar al generar esa excitación. El simple pensamiento es completamente absurdo, pero al moreno no le importa en lo absoluto. Sólo desea que ese narcisista Slytherin deje de tocarse a sí mismo con tanta veneración y se dedique a amarlo a él.
Draco se percata de inmediato de la lucha interna que mantiene Harry, por lo que detiene sus incitaciones y reanuda la tarea de quitarse la ropa. Sus manos ejercen fuerza hacia abajo para bajar sus pantalones y junto a ellos su ropa interior. Una vez que estos tocan el suelo forcejea un poco para poder quitarlos, debido a que sus zapatos obstaculizan la acción. Cuando finalmente consigue retirar toda la ropa de su cuerpo, permanece parado unos segundos sobre el alfombrado suelo.
Harry queda cautivado al verlo totalmente desnudo frente a sí. No importa cuántos años pasen, sabe que jamás podrá cansarse de ver ese hermoso cuerpo sin que ninguna molesta prenda oculte cada perfecto atributo de él. Porque no importa que la marca tenebrosa esté grabada a fuego en su brazo izquierdo, ni que varias cicatrices estén esparcidas por su pecho producto del Sectumsempra que le lanzó… para él Draco es la persona más bella del mundo. Y nada ni nadie le convencerán de lo contrario.
Draco deja que deleite su vista un poco más y luego se sube a la cama en un sensual movimiento. Su cuerpo cubre por completo el de Harry y sin desperdiciar un segundo más lo besa con fiereza. La posesiva forma en que se apodera de sus labios obnubila su mente y lo paraliza enteramente, haciendo que lo único en lo que pueda pensar sea en responderle con fervor.
Algunos minutos después, Draco se aparta de esa tentadora boca y eleva un poco su cabeza para poder ver a Harry. La imagen que observa incrementa aún más sus ansias de hacerle saber lo que significa para él, ya que tiene pleno conocimiento de que jamás podrá apartarse de él. No después de haber visto la forma en que su rostro se contrae en un rictus de placer, a la vez que su boca se encuentra entreabierta intentando recuperar el aliento.
Con mucha delicadeza le quita las gafas y las deja descuidadamente a un lado. La intensidad con la que esas esmeraldas lo observan hace que un agradable calor se extienda por su pecho. Sin poder contenerse más, se inclina y muerde con suavidad el labio inferior de Harry, para pasar a desperdigar una serie de incitantes besos por su mentón. Draco comienza un descenso por toda esa expuesta piel, disfrutando en demasía al sentir la garganta del Gryffindor pasar saliva y movilizar de ese modo los músculos en ella. Al llegar a su cuello los besos se convierten en fuertes succiones, las cuales se entremezclan con alguna que otra mordida.
No se entretiene mucho en esa parte y sigue bajando hasta encontrarse con un impedimento, el sweater de Harry. Draco gruñe con enfado al ser vilmente interrumpido por esa abrigada prenda, por lo que lleva una de sus manos a las caderas de su novio para intentar quitárselo. Sin embargo, sus forcejeos no surten efecto alguno porque su cuerpo bloquea el del otro. Luego de varios fallidos intentos se detiene y obliga a su mente a pensar más allá de su notable excitación.
Depositando un último beso en su cuello, se levanta y mueve hasta colocarse a horcajadas de Harry. Con el camino más despejado, sus manos rápidamente se dirigen a deshacerse de esa molesta ropa que oculta parte del cuerpo de su pareja. Jalonea hasta arriba con lentitud, a la vez que sus dedos rozan cada centímetro de la piel que empieza a aparecer en su campo visual, estremeciendo con ello a la figura debajo suyo.
─ Levántate un poco para que pueda quitártelo.
La voz es dicha con un tono que no da opción a réplica, aunque no es como si Harry tuviera intenciones de contradecirlo de todos modos. Por el contrario, lo que más desea en este momento es sacarse de encima todas esas fastidiosas capas de tela que lo apartan de sentir la suave piel de Draco. En un ágil movimiento se incorpora y le permite al rubio que le quite no sólo su sweater, sino también su remera.
Una vez hecho esto, el firme pecho de Harry queda al descubierto por pocos instantes, ya que de inmediato Draco lleva sus manos a él y comienza a recorrerlo con veneración, dedicándole mayor atención a sus tetillas. Aun sentado sobre el regazo del Gryffindor, acaricia esos rosados botones hasta que los siente endurecerse entre sus dedos.
Harry no puede evitar cerrar sus ojos y tirar su cabeza hacia atrás en un claro gesto de placer, a la vez que de su boca escapa un enérgico gemido. Sus manos necesitan encontrar algo de lo que aferrarse, por lo que con presteza rodean la cintura de Draco en un fuerte agarre. Al percibir esos brazos sostenerlo con marcada necesidad, atrae a Harry hacia sí y vuelve a atacar esos labios a los que se ha hecho adicto.
Los brazos de Draco se enroscan en el cuello de su pareja, mientras sus manos juguetean con el moreno cabello. En ningún momento sus bocas dejan de explorarse la una a la otra. Harry eleva sus caderas en un involuntario movimiento, generando una deliciosa fricción entre ambas erecciones y es ahí donde un poco de cordura regresa a la nublada mente del Slytherin. Porque esto no es lo que él tenía planeado.
Reuniendo todas la fuerza que posee, arrastra a Harry consigo hasta que ambos quedan acostados en la cama. El beso se rompe ante este brusco accionar, mas ninguno le da importancia al estar demasiado ocupados frotando sus entrepiernas. Nuevamente Draco comienza a besar el cuello de Harry y emprende desde allí un camino de besos con dirección sur. Lamidas y algunas pequeñas mordidas son esparcidas por cada parte de su pecho, mientras que una de sus manos se cuela entre ambos y acaricia la erección de Harry por sobre sus pantalones.
Al llegar a su ombligo, Draco lame con lasciva toda la piel circundante a ese diminuto agujerito. Su lengua se introduce en él varias veces, arrancándole unos desesperados sonidos al joven debajo de sí. Continúa torturándolo unos segundos más y luego regresa su atención a besar sus caderas. Su rostro está tan cerca de esa necesitada excitación que le es imposible no rozarlo con su barbilla a cada movimiento que hace. Y a pesar de esto… la frustración que Harry siente es suprema, porque el hecho de llevar puestos aun sus pantalones sólo lo aleja de esa impúdica boca que está chupando tan fuertemente su piel.
La mano que todavía frota su erección desprende el botón de su pantalón y baja el cierre. Al percibir cómo la presión sobre su miembro disminuye un poco ante esto, un aliviado suspiro escapa de los labios de Harry. Draco se incorpora de su lugar y empieza a deslizar hacia abajo esa resistente tela, llevándose en el proceso su ropa interior. A su vez, Harry eleva lo más que puede su pelvis para facilitarle el trabajo a su novio.
No pasa mucho tiempo hasta que todas las prendas del Gryffindor estén haciéndole compañía a las del Slytherin en el suelo. Draco se toma unos segundos para apreciar el desnudo cuerpo frente a sí. Su mirada se oscurece al ver esa tentadora figura observarlo con una muda súplica, implorándole que lo haga suyo. Y como él es muy benévolo… eso es justamente lo que hará.
─ Date la vuelta.
─ ¿Qué? ─ Pregunta Harry con desconcierto. Su mente está demasiado perdida en un mar de excitación como para comprender qué es lo que ocurre.
─ Sólo hazlo y no cuestiones.
Al escuchar de nuevo ese autoritario tono, no le queda más opción que hacer como se le ha ordenado. Impulsándose con sus brazos, Harry gira su cuerpo hasta que se encuentra recostado boca abajo. Un nervioso escalofrío lo asalta por completo al sentirse tan expuesto ante su pareja en esa posición. Draco lo recorre rápidamente con su mirada pero no se entretiene mucho más, ansioso por hacer realidad todas aquellas ideas que su obscena mente está creando.
Con suavidad vuelve a colocarse a horcajadas, pero asegurándose siempre de no aplastarlo. Sin siquiera haber tenido la intención de hacerlo, su miembro queda colocado encima del trasero de Harry. Al percibir esa dureza contra sí, el moreno no logra contener un ahogado jadeo. Su cuerpo tiembla con mayor intensidad y lo único que puede hacer es esconder su rostro en la almohada, intentando reprimir un poco la vergüenza que lo acomete.
Draco tiene que cerrar sus ojos un instante ante la placentera sensación que lo recorre al estar en esta posición, sólo las sacudidas que da el cuerpo de Harry pueden traerlo devuelta a la realidad. Lentamente se inclina hasta colocar su rostro a un lado de la cabeza del moreno, apegándose así a esa temblorosa espalda. Girando hacia la derecha, Draco toma en su boca el lóbulo de la oreja izquierda de Harry y le regala una serie de provocativas lamidas con el fin de quitarle un poco de ese nerviosismo.
Un gemido queda apaciguado entre la almohada, haciendo sonreír al Slytherin. Cuando se cansa de torturar esa parte de su anatomía, comienza a dejar tiernos besos en la nuca de Harry. Éste, por su parte, gira la cabeza hacia la izquierda y respira con ansiedad al sentir esos suaves labios recorrerlo con tanta adoración. Draco vuelve a descender pero esta vez besando cada parte de esa amplia espalda.
Una vez que abandona la parte posterior de su cuello, baja por su columna vertebral dando sensuales lamidas por toda esa serie de huesos. Harry ya ni siquiera intenta reprimir los gemidos, por el contrario, los deja salir con fuerza. Olvidado queda cualquier rastro de pudor que tanto lo inhibió minutos atrás. Draco sigue descendiendo por toda esa gran extensión de piel, besando y tocando todo a su paso hasta que sus labios alcanzan la espalda baja de Harry.
Se detiene un segundo para apreciar ese respingón trasero que tanto le gusta y siente su erección dar un salto ante lo que está por hacer. Sus manos van directamente a posarse en él, masajeándolo con fogosidad. Harry pega un fuerte alarido al percibir ese pecaminoso masaje en tal parte de su anatomía, incrementando con ello los jadeos que escapan de sí.
Justo cuando cree que morirá de frustración al tener su entrepierna apresada contra el colchón y sin posibilidad de tocarse a él mismo, Draco realiza algo que le hará más tarde enrojecer totalmente al pensar en ello. Las pálidas manos del Slytherin separan sus nalgas en un lento movimiento, exponiendo así su entrada.
─ Dra… Draco… ¿Qué estás haciendo?
─ Shh… tranquilo. No voy a hacer nada. A menos nada que no te vaya a gustar. Ahora sólo relájate y disfruta. Yo sé que lo harás.
Sin decir más, se mueve hasta que su rostro queda a unos centímetros de ese trasero y deja una larga lamida en su fruncido agujerito. Harry pega un salto ante esto, a la vez que de su boca salen una serie de ininteligibles palabras. Draco sonríe ladinamente al percibir cómo ese pequeño orificio se cierra con prisa luego de que su lengua lo recorre.
Intenta apartarse con prisa pero Draco no se lo permite, al contrario, incrementa aún más sus lamidas. Recorre con entusiasmo cada centímetro de ese oculto lugar, dejando alguna que otra intensa succión. Cuando lo siente comenzar a relajarse ante sus atenciones, Draco decide aumentar aún más su labor y es en ese mismo momento en el que lame por última vez esa arrugada entrada.
No atina a protestar siquiera por la ausencia de esas succiones porque antes de que se dé cuenta, Draco presiona en ese orificio con su lengua y se adentra en lo más profundo y oscuro de sí. Sus jadeos se han vuelto depravados gritos, mas no le importa en lo absoluto. Lo único que puede hacer es gemir con todas sus fuerzas y mover su cuerpo lo necesario para obtener más de eso.
Draco adentra su lengua lo más que puede y percibe cómo esos anillos de músculos se abren con rapidez, relajándose y brindándole más espacio. Sale de ese lugar sólo para comenzar a chupar con fuerza la piel de esa entrada, realizando unos impúdicos sonidos de succión. Harry se retuerce en puro éxtasis gracias a las placenteras sensaciones que esa lengua genera.
El goce es tal que a Harry no le queda más opción que cerrar fuertemente sus ojos. Porque no puede creer que su vanidoso y refinado novio le esté haciendo eso. Simplemente no cabe en sí el que esté usando su filosa lengua para tal propósito. Una chupada extremadamente enérgica nubla su autocontrol, provocando que se empuje contra el rostro de Draco en busca de más. De más de esas succiones que parecen querer comérselo entero.
Cuando este pensamiento lo asalta, se percata de que es cierto. Draco está comiéndose su trasero con su boca y su lengua. Y esa idea es tan inmoral… tan sucia… que siente sus mejillas arder en extrema vergüenza. Y a pesar de ello, sólo quiere que esto no acabe jamás… lo único que desea es que esa impúdica boca nunca abandone lo que está haciendo.
Draco sabe que Harry está cerca de alcanzar el clímax, por lo que se adentra una última vez en su abierta entrada y luego se aparta del otro cuerpo. Descuidadamente limpia con sus manos los rastros de saliva que quedaron en su boca, a la vez que posa su mirada en la temblorosa figura frente a sus ojos.
Completamente expuesto, gimoteando incoherencias y con el cuerpo convulsionando en placer, Harry es la viva imagen del pecado. Unos ojos grises lo observan totalmente hipnotizados y llenos de lascivia. Draco sale de su ensimismamiento cuando siente a su miembro dar un doloroso salto, es en ese momento donde su mente vuelve a centrarse en reanudar la acción.
Draco da una veloz mirada por el suelo de la habitación en busca de su ropa, la cual divisa a unos metros de su lecho junto al sweater de Harry. Dando un rápido salto, se baja de la cama y en dos zancadas alcanza sus pantalones. Una vez que los tiene en su poder, rebusca en uno de los bolsillos su varita y cuando la encuentra, regresa de inmediato junto a su novio.
Con un floreo de la misma, un frasco sale disparado desde uno de los cajones de la mesa de luz y aterriza en su mano. Sin perder más tiempo lo destapa y embarduna una generosa porción de ese viscoso líquido en su hombría. Sus dedos quedan completamente mojados con la sustancia, pero no muestra señales de querer limpiarlos. En cambio, se desplaza por la cama hasta que nuevamente se posiciona a horcajadas de Harry.
Una de sus manos separa las nalgas de Harry, mientras la otra cuela un dedo en la todavía húmeda entrada, producto de su anterior tratamiento. El Gryffindor gime fuerte al percibir esta nueva intrusión que se encarga de prepararlo para lo que sigue. Otro dedo acompaña al primero y empiezan un movimiento de tijeras, expandiendo aún más sus músculos. Draco intenta añadir otro más pero es bruscamente detenido.
─ ¡Oh, por lo que más quieras, Draco! ¡Hazlo ya, estoy más que listo!
─ ¿Estamos algo impacientes, verdad? ─ Responde con diversión. Soltando una burlona risita e ignorando olímpicamente la súplica de Harry, se asegura de mover sus dedos de tal manera que estos rocen ese punto que lo volverá loco.
─ ¡Oh, por Merlín, sí!
Estas son las últimas palabras coherentes que escapan de los labios de Harry, ya que segundos después lo único que se escuchan son unas ininteligibles murmuraciones, mezcladas con una serie de gimoteos. Draco lo tortura un poco más con ello, disfrutando con regocijo la forma en que su novio se retuerce debajo de él ante sus atenciones. Cuando los gemidos se vuelven necesitados aullidos, retira sus dedos y sin darle tiempo a que proteste por la ausencia de los mismos, dirige su erección a esa palpitante entrada y comienza a ingresar con escandalosa lentitud.
Harry gime aún más fuerte al percibir cómo es llenado de a poco, mientras que sus músculos se expanden para hacerle lugar a ese gran miembro. Cada milímetro que se introduce genera cientos de descargas por su cuerpo y aun así, esto no es suficiente. Porque esta desesperante parsimonia con la que se adentra está matándolo. En un exasperado movimiento por obtener más, impulsa sus caderas hacia atrás al encuentro de su pareja. Draco reprime un jadeo ante este impulsivo arrebato y no pudiendo contenerse más, se termina de empujar de una sola embestida en ese ardiente interior.
Ambos gimen con intensidad cuando toda esa extensión queda enterrada. Las sensaciones son tan fuertes, que Draco no puede hacer otra cosa más que inclinarse hasta que cubre por completo al otro. En un intento por suprimir las incontrolables ganas de empezar a salir y entrar con frenesí en ese cuerpo, comienza a besar cariñosamente la sudada nuca del moreno, dándole el tiempo suficiente para que se acostumbre a tenerlo dentro y así no lastimarlo.
A su vez, Harry tiene los ojos fuertemente cerrados y sus manos estrujan con brío las sábanas, producto de todo ese placer que está sintiendo. Cuando Draco lo percibe removerse debajo de él y tratar de elevarse lo suficiente como para hacerle notar que ya está listo, mueve su brazo izquierdo hacia arriba. Su mano toma la de Harry entre la suya y entrelaza sus dedos, haciendo que suelte con ello ese enérgico agarre sobre las mantas. En ningún momento deja de besar la nuca del Gryffindor.
Harry abre sus ojos al notar ese dulce gesto y siente claramente cómo una boba sonrisa regresa a su rostro. No puede evitar asir con más ímpetu la mano de Draco y atraerla hacia su cuerpo, hasta que ambos están completamente pegados. Utilizando todas las fuerzas que tiene, eleva un poco su espalda y gira su rostro, buscando la boca de su novio.
Draco rápidamente se inclina y captura sus labios en un acalorado beso. A pesar de que la posición no es la más cómoda de todas, se las ingenian para intensificar el contacto. Con la mayor suavidad posible sale del interior de Harry y dando una fuerte embestida, vuelve a ingresar en esa ardiente cavidad. Draco sólo necesita dar tres embates para hallar ese bendito punto en su amante, capaz de hacerlo gritar e implorar por más.
Un ahogado alarido escapa de la boca de Harry, mientras su cuerpo se llena de una placentera corriente eléctrica cada vez que ese miembro golpea insistentemente su próstata. Sus manos nunca se sueltan y sus dedos permanecen fuertemente entrelazados, anclándolos a esta realidad donde todo es pasión… Esa realidad en la que sus cuerpos expresan lo que sienten el uno por el otro en una lujuriosa danza… Aquella en la cual ambos demuestran su unión haciendo el amor.
No necesitan de frívolas palabras ni de empalagosos poemas recitados bajo un estrellado cielo, para ellos sólo basta con tenerse el uno al otro de esta forma. Amándose y jurándose silenciosas promesas de pasar juntos el resto de sus vidas. Siempre juntos. Porque ambos saben que no puede ser de otra manera.
Pierden la noción del tiempo que pasan así, moviéndose rítmicamente y sin parar. Los gemidos de Harry han pasado a ser gritos de placer y Draco debe morder su labio para no soltar él también un indecoroso gimoteo, al escuchar esos celestiales sonidos que hace. Tratando con todas sus fuerzas de reprimirlos, toma firmemente la cadera derecha de su novio y embiste con más intensidad en ese apretado interior, asegurándose de que con cada estocada golpee su próstata.
Los minutos pasan y las certeras embestidas los envuelven en una vorágine de placer. La mano que sujeta con firmeza la cadera de Harry se cuela entre ambos cuerpos, con la intención de alcanzar la aprisionada erección. Una vez que la sujeta, comienza un frenético vaivén sobre toda la extensión. Están muy cerca, ambos pueden sentirlo.
─ Draco… No… No puedo aguantar…
─ Tampoco yo… Juntos… ─ Deja salir en una especie de jadeo, aumentando aún más sus erráticas arremetidas.
El sentir ese apresurado sube y baja sobre su pene, a la vez que la erección de Draco no para de embestir furiosamente en su interior es todo el estímulo que necesita para llegar al clímax. Dando un fuerte grito, Harry se viene ensuciando las sábanas y la mano de su pareja. Draco percibe esa palpitante entrada comprimir imposiblemente su miembro y no puede reprimirlo más. Cumpliendo sus previas palabras, alcanza el orgasmo al mismo tiempo que Harry.
Ambos colapsan sobre la cama, totalmente exhaustos pero más que satisfechos. Sus manos aún permanecen fuertemente unidas en ese tierno agarre. El sonido de sus aceleradas respiraciones tratando de recuperar el aliento es lo único que se escucha en la habitación. Draco es el primero en recobrar algo de aplomo y de inmediato se percata de que su cuerpo está literalmente aplastando al de Harry.
Juntando las pocas fuerzas que le quedan después de toda esa intensa actividad, quita la mano que tiene aprisionada contra la cama y la utiliza para incorporarse lo suficiente como para no seguir cargando todo su peso contra la espalda de Harry. No obstante, un molesto gruñido se deja oír y lo detiene en el acto.
─ No te levantes.
─ ¡Qué irónico! Si mal no recuerdo, hace unas pocas horas me ordenaste que haga exactamente lo opuesto. ─ Replica con un jocoso tono, soltando una burlesca risita al escuchar el exasperado bufido que Harry libera. No puede verlo, pero está seguro de que éste acaba de rodar sus ojos ante su broma. ─ Tengo que levantarme. No podemos quedarnos así por siempre, Harry. Además comienzo a sentir mis músculos resentirse por todo el esfuerzo que hacen para no aplastarte. ¡Y te juro que si por esto me causas un desgarro voy a matarte, Potter!
─ ¡Merlín no lo permita! Te pondrías más insufrible y gruñón que de costumbre. Y estoy seguro de que me obligarías a masajearte la zona afectada todo el día. ─ Responde con diversión, siguiéndole la pulla.
─ ¡Hey! Yo no soy insufrible.
─ Pero si admites que eres gruñón.
─ Te estás ganando una semana de abstinencia sexual, Potter. ─ Deja salir con fingido enfado.
─ Difícilmente pueda esa débil amenaza asustarme.
─ ¿Y por qué no? ─ Pregunta con genuino desconcierto.
─ Porque, por si no lo has notado, aún estás dentro mío y no pareces tener demasiadas intenciones de querer salir.
Draco suelta una divertida carcajada ante esto, haciendo que la boba sonrisa que todavía recubre las facciones de Harry aumente. Jamás se cansará de oírlo reír con sinceridad y no con ese moderado tono que muestra a todos menos a él. Sin decir nada más, cierra sus ojos y espera a que su novio recupere el autocontrol, rogando a cualquier deidad porque este hermoso momento no termine nunca.
Cuando al fin logra contenerse, se incorpora un poco y deja un último beso en la nuca de Harry, para luego salir lo más cuidadosamente posible de ese cálido interior que lo aprisiona. El moreno gruñe en desacuerdo pero no dice nada más, porque no está seguro de que su cuerpo pueda soportar mucho más el peso del otro.
Draco busca con su mirada en la cama, tratando de encontrar su varita por entre esas desordenadas mantas. Cuando la ubica junto a los anteojos del moreno, la toma en su mano y lanza algunos hechizos de limpieza sobre ambos. Una vez hecho esto, se mueve hasta alcanzar el cabecero y se recuesta a un lado de Harry, no sin antes haber dejado sobre una de las mesas de luz su varita y las redondas gafas. Gira su cabeza hacia la derecha y observa el rostro de su pareja, el cual está dejando que el sopor lo venza.
No entiende por qué, pero unas incomprensibles ganas de dejar salir aquello que jamás le ha dicho en palabras se apodera de sí. No sabe si es por ese agradable calor que se instala en su corazón al ver el inocente y relajado semblante de Harry o por el hecho de que ya ha acallado estos sentimientos por demasiado tiempo, pero de lo que sí está seguro es que debe armarse de valor y expresarlos. Porque a pesar de que acaba de demostrárselo con acciones, finalmente entiende que esto es lo único que le falta hacer para despejar cualquier duda que Harry tenga sobre lo que significa para él.
─ Harry…
─ Mmm…
─ No te duermas. ─ Responde en un susurro.
─ ¿Por qué? ─ Pregunta con una soñolienta voz y observándolo a través de sus entrecerrados párpados. Draco no responde de inmediato, demasiado ocupado tratando de reunir todo su escaso valor para decir aquello que lo atormenta. Algo parece despertar a Harry al no recibir una respuesta y con un incrédulo tono cuestiona a su ensimismada pareja. ─ ¿No estarás pensando en ir a comprar el regalo de Andrómeda, verdad? Porque te juro que voy a golpearte si después de todo lo que has hecho para salirte con la tuya, ahora decides…
Draco interrumpe toda esa gran perorata al posar sus labios en los de Harry. El beso es lánguido, apenas un simple roce, mas éste derrocha ternura. Ninguno de los dos tiene las fuerzas suficientes como para intensificarlo, demasiado exhaustos aún por su previa actividad. No obstante, no parecen querer apartarse uno del otro.
Harry se olvida rápidamente del reproche que estaba dando, el sólo percibir esos suaves labios sobre los suyos es más que suficiente distracción para dejar cualquier tonto regaño de lado. Draco lo siente relajarse y olvidar por completo su reprimenda e internamente sonríe al ser el único capaz de apaciguarlo cuando se enarbola. Dejando un último beso en la comisura de sus labios, se separa y observa esas hermosas esmeraldas que le devuelven la mirada con cariño.
─ Sabes… Te ves adorable cuando balbuceas incoherencias.
─ ¡Hey! ¡Esa es mi frase, Malfoy! No puedes simplemente venir y tomarla como de tu autoría.
Draco ríe ante el falso tono de indignación con el que son dichas esas palabras, mientras que el agradable calor comienza a extenderse por todo su cuerpo. No dice nada pero con una mano lo acerca hacia sí, hasta que lo siente recostarse sobre su pálido pecho. Harry suelta un complacido suspiro y enrosca sus piernas entre las del rubio, relajándose de inmediato al estar apegado a la persona que tanto ama.
La respiración de Harry comienza a hacerse más pausada al estar perdiendo la batalla contra el letargo que lo asalta, por lo que Draco se arma de valor para decirle lo que siente antes de que el sueño lo venza. Su mano derecha toma la que el moreno tiene apoyada sobre su vientre, entrelazando nuevamente sus dedos.
─ Harry…
─ Mmm…
Hace una pausa para mirar a Harry, el cual tiene sus ojos cerrados pero aún está despierto y esperando por lo que tenga que decirle. Dejando salir el aire que no se había percatado que estaba reteniendo, finalmente dice esas dos palabras que tanto se le han estado resistiendo.
─ Te amo.
Draco cierra con fuerza sus ojos y siente como un gran peso se quita de sus hombros, para pasar a dejar un cálido sentimiento en su pecho. ¡Al fin lo ha dicho! Todavía no puede creer que le haya costado tantos años expresarlo tan abiertamente y mucho menos que haya adquirido el valor necesario para decirlo.
La sonrisa que se extiende por el rostro de Harry al oír aquello que tanto ha anhelado escucharle decir es inmensa. Su corazón late desbocado y está casi seguro de que Draco puede percibir el acelerado repiqueteo del mismo, mas no le importa. No cuando al fin su novio ha roto esa última barrera que le impedía abrirse por completo y expresar lo que en verdad siente.
Sin despegar su cabeza del pecho de Draco, cierra sus ojos y afianza aún más el agarre de sus manos. Apegando su cuerpo lo más que puede al del otro, Harry murmura suavemente una respuesta. Una que Draco conoce muy bien pero que jamás se hartará de escuchar.
─ Siempre lo supe, Draco. Al igual que sabes que yo… también te amo.
Draco sonríe con calidez y dejando un pequeño beso en la morena cabellera de Harry, deja que Morfeo los lleve a ambos al mundo de los sueños. Afuera una fuerte tormenta se desata, empapando las transitadas calles del Londres muggle. Sin embargo, para Harry y Draco queda totalmente olvidado cualquier regalo de cumpleaños que deben comprar e incluso la discusión que esto trajo consigo. Porque para ellos no hay nada más importante que el estar de esta forma. Juntos. Y con cientos de placeres culpables aún por descubrir.
oOoOoOo
Notas finales: Y con esto hemos llegado al final de esta pequeña historia. Espero que la hayan disfrutado tanto como yo lo hice escribiéndola. Ahora sí, voy a pedirles que se tomen dos segundos más para que me digan qué les pareció en un comentario. ¿Cuál de todos los capítulos les gustó más? ¡Escucho atenta sus opiniones!
No sé cuándo podré volver con algo nuevo, así que sólo puedo invitarlos a que lean (o relean) mis otros fics. Mucho más Drarry por disfrutar. ;)
Besito enorme y ya nos leeremos. ^_^
