Romanticide
By Padfoot & Prongs
Muchas gracias por los reviews :3 y sí, Roy es malo, muy malo xDD pero admitan que eso sólo lo hace más sexy aún drools
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Chapter III: Come cover me
Para fortuna del Brigadier General Mustang, minutos después llegaron a su destino; los cuarteles del ejército. Hughes se despidió de él dándole unas palmadas en la espalda, diciéndole que mañana le traería un retrato de él dibujado y autografiado por Elysia y se retiró a su oficina asegurándose, por supuesto, de que ningún alma que estuviera cerca se perdiera de ver la obra de arte que sostenía entre sus manos.
Ingresó al recinto y, nuevamente, sin dedicarles más que un simple "Ohayou" a las secretarias del cuartel, se dirigió explícitamente a su oficina. El mismo ritual se cumplió con Hawkeye, sentándose luego en el sillón de su escritorio y poniendo los pies arriba de una pila de papeles que debido a la limpieza del lugar no tenían telarañas aún.
- ¿General? – llamó la rubia, tras escrutarle con la mirada unos momentos - ¿Ocurrió algo?
- Por qué tiene que pasarme algo, ¿eh? - preguntó, bastante molesto – ¡No me pasa absolutamente nada! - se quitó la gorra y la dejó arriba de otro montículo de papeles al lado de sus pies.
- Puedo darme cuenta de que no – convino ella con calma y, sabiamente, prefirió cambiar de tema – Por cierto, ¿no le parece extraño? Todavía no ha venido Edward-kun a verle…
- No viene porque está en mi casa - se cruzó de brazos, aún con su sobretodo negro puesto.
- ¿Ha accedido a ayudarle, General? – preguntó la Lieutenant Colonel y, al ver el rostro de su superior, agregó – Disculpe, Edward-kun me comentó algo…
- Oh, vaya, ¿así que tú también sabías que él estaría en mi casa?... esto es maravilloso. Dime entonces, Hawkeye, ¿cómo diablos pudiste permitirme que haga una atrocidad semejante? - Roy se puso la palma de la mano derecha sobre el corazón y apretó, aferrándose a su chaqueta de modo melancólico.
- En realidad no lo sabía – aclaró la mujer, sin inmutarse por su gesto dramático – Y no creo que sea una atrocidad lo que está haciendo, General. Edward-kun le admira mucho, estoy segura que su apoyo significa mucho para él… ¿De verdad le disgusta tanto que esté en su casa? – se atrevió a preguntar luego. Después de todo, tenía que empezar con su investigación por el otro lado del terreno.
- Sabes perfectamente mi postura sobre las visitas en la casa... y si no lo sabes, te informo que llevo a muy poca gente a ese lugar. Ni siquiera a ninguna de mis citas. Y no tengo nada en contra de Edward, pero simplemente no soporto que alguien esté solo en mi casa - al notar que lo llamó por su nombre, el General alzó las cejas y miró para la ventana, con una especie de rubor en sus mejillas - "Por Dios, necesito un psiquiatra urgente."
- Ya veo – fue todo lo que dijo Hawkeye, intentando mantener su semblante inexpresivo. Podía ver perfectamente ese casi inexistente sonrojo – "¡No lo puedo creer! ¡¡Él también! ¡Todo es tan tierno!… voy a hacer algo al respecto, está decidido"
El General alzó una ceja.
- ¿Éso es todo lo que vas a decirme? - preguntó algo molesto ante la reacción de la mujer. ¡¿Estaba teniendo una crisis y todo lo que decía era "ya veo"!
- Entiendo que no esté acostumbrado a que invadan su privacidad – se las arregló para decir ella, pasados unos segundos – Y no se lo reprocho, General – en realidad lo que no le recriminaba era que le fuera difícil lidiar con el hecho de que estaba empezando a sentir cosas por el rubio, pero por supuesto no iba a decírselo. Era una mujer sensata.
Justo en el momento en que Roy iba a contestar, la puerta de la oficina se abrió para enseñar una de las imágenes más comunes y deplorables del cuartel.
- Roxanne me dejó! - un hombre rubio, bastante alto, se arrastraba por el piso hacia el escritorio lloriqueando en ese momento.
El General lo observó unos minutos y se levantó de su lugar. Tomó por un brazo a su subordinado y lo miró a la cara.
- ¿Quién rayos es Roxanne? - inquirió, bastante molesto, pero no recibió respuesta – ¿Tienes idea de qué habla, Hawkeye?
- Roxanne era la mujer con la que estaba saliendo – respondió ella, mirando la escena, pero sin hacer nada al respecto. Había pasado lo mismo tantas veces que había terminado por acostumbrarse.
- Vaya… - se lamentó – ¿Era la chica de la heladería, Havoc?
- Siii, Roxanne
- Suficiente - lo soltó y miró a Hawkeye nuevamente –Diles a Fury, Farman y Breda que le consigan otra, y que sea rápido. Eso o les quitaré la última medalla que se ganaron
- Hai! – la mujer salió inmediatamente en busca de sus compañeros de trabajo. Ya estaba habituada también a las resoluciones drásticas del General cuando se trataba de buscarle una chica a Havoc. O sobre cualquier otro asunto, en realidad.
Acto seguido, Roy esperó pacientemente a que su subordinado dejase de llorar y lo mandó al parque a que tome un poco de aire y se tranquilice. Era inútil enviarlo a trabajar, pues en ese estado no servía ni como trapo de pisos.
Aprovechando entonces que se encontraba solo en su oficina, se colocó su gorra y bajó la visera para hacerse sombra de la luz del día y se quedó plácidamente dormido. Después de todo, no había descansado muy bien aquella noche…
Mientras tanto, en la morada del Flame Alchemist, el mayor de los hermanos Elric seguía con su tarea. O al menos lo intentaba. La concentración que creyó que recuperaría una vez que se fuera el General no había vuelto. Al contrario, le invadía un deseo creciente de hacer un pequeño tour por el apartamento que no le dejaba en paz.
Al final, pidiendo una disculpa mental a su hermano menor, se levantó de su lugar y salió del estudio.
La sala, que antes no había mirado con detenimiento, le resultó muy elegante, varonil. La decoración moderna y en colores fríos, los objetos de metal y vidrio adornando los rincones exactos no dejaban duda de que era el apartamento de un hombre galante y seguro de sí mismo.
Se dejó caer en uno de los sillones de cuero y pensó que le bastaría ver la sala para adivinar quién era el dueño del lugar, sin necesidad que alguien tuviera que decírselo.
Por un momento se le pasaron por la mente unos pensamientos que no pudo apartar sino luego de unos segundos. ¿A cuántas mujeres podría haber traído él a su apartamento? Porque a pesar de que dijo que "solo a alguien muy importante le daría las llaves de su casa", eso no descartaba que alguien viniera mientras él estaba. Conociendo como era Roy Mustang, no había cálculo matemático existente para contabilizar tal número de "víctimas".
- "Es un casanova" - concluyó mentalmente nuestro rubio amigo. Y como ya había pensado en eso, decidió ir a ver en vivo y en directo el lugar exacto donde el General llevaba a sus citas.
Se paró y, con cierto aire malhumorado, abrió la primera puerta que llamó su atención y que, casualidad, resultó ser la correcta.
La habitación seguía el mismo estilo de la sala y que, de hecho, todo el resto de la casa. Tanto la luz como la brisa se filtraban a través del ventanal del balcón que abarcaba toda la pared. Salió un momento y admiró la vista, la tranquilidad. Se dio cuenta que desde allí podía verse perfectamente el cuartel de la milicia. Casi por reflejo, volvió adentro, con el absurdo pensamiento de que el General podría verlo. Considerando que estaba en el séptimo piso, aquello era algo difícil.
Se acercó entonces a una pared de la que colgaban varias molduras metálicas acomodadas en diagonal que enmarcaban fotografías de los compañeros de trabajo del Flame Alchemist. El que más aparecía en las fotos era, por supuesto, el mejor amigo del General y alguien a quien Edward conocía bien; el Lieutenant Colonel Maes Hughes.
La cama, de al menos dos plazas, estaba cubierta de sábanas negras. Cediendo a la tentación, deslizó su mano por ellas y comprobó su suavidad. Eran de seda.
Sentándose en ella, su vista cayó en el armario también negro y con detalles en metal. Como siempre, al militar no se le escapaba ningún detalle.
Vaya que era una cama cómoda. Rebotó un par de veces, para comprobar así la conclusión a la que había llegado. Muy cómoda. Observó entonces todo el recinto desde ese ángulo. Viéndolo así, era casi obvio decir que ese dormitorio pertenecía al General; limpio, detallista, tranquilo. Y sexy, si juzgamos las sábanas.
Momento.
"Sexy?..."
No, no había pensado eso. Se había confundido, nada más. Ya saben, el sueño, el hambre, el cansancio… son una mala combinación. En especial cuando se les agrega el intenso aroma de la fragancia importada que usaba Roy.
Entornó los ojos, intentando olvidarse de la mala jugada de su mente, y algo que sobresalía del cajón de la mesita de noche captó su atención. Tiró de él y resultó ser un simple pañuelo. Pero, el cajón ya estaba abierto y, nuevamente, la curiosidad pudo más que él. Así que, tomó lo primero con lo que hizo contacto su mano y lo sacó.
- "Debí imaginarlo" – gruñó para sí, volviendo a dejar el objeto en su lugar y cerrando la gaveta. Era todo lo que le faltaba, encontrar una caja de preservativos. Y abierta, por lo que pudo deducir que no estaba ahí sólo porque sí.
Ya había visto suficiente, se dijo, y salió a grandes zancadas del cuarto, dispuesto a volver a la biblioteca, terminar lo que había ido a hacer y largarse de allí de una vez para dejar de pensar en cosas que francamente no entendía.
En ese preciso momento, nuestro amado General se encontraba aún en su oficina. Hacía unos momentos que se había despertado - gracias a su secretaria, cabe destacar - y estaba firmando papeles monótonamente, sin prestar atención a su tarea. Inclusive, había firmado una autorización para que sus subordinados saliesen 1 hora antes toda una semana sin siquiera percatarse de ello.
Pero apenas dieron las 7:10, el General se colocó nuevamente la gorra y la gabardina y salió para su apartamento, mandando a Hawkeye y los demás a su casa, felices y contentos, sin importarle más nada. En 50 minutos más terminaba el pacto que había armado con Edward y podría calmarse un poco. Ah, y seguir durmiendo.
Hizo el camino de costumbre a su departamento y, cuando estuvo a metros de él, recordó con satisfacción la cara que había puesto el Fullmetal cuando había visto edificio el día anterior. Era impresionante, lo sabía, y por eso mismo lo había escogido como su hogar.
Saludó con una leve inclinación de cabeza al guardia y tomó el ascensor a su piso. Al llegar a él, abrió la puerta sin cuidado, pues se imaginaba que Ed dormitaba en uno de los sofás de la sala y ya era hora de que despertase.
Sin embargo, luego de quitarse la gorra, no lo encontró donde esperaba. Preguntándose qué tanta resistencia tendría, se dirigió al estudio y entró en él.
OK. Buena resistencia, pero no perfecta. El mayor de los Elric dormía pesadamente sobre el escritorio, como si hubiera caído totalmente rendido. Abatido.
Roy lo observó unos momentos. La verdad, se veía mucho más calmo de lo que en realidad era. Pronto recordó las palabras que su mejor amigo le había dedicado esa mañana; debía darle más tiempo. Estaba siendo demasiado duro con él.
Fue por eso o por instinto tal vez que se acercó al muchacho, lo tomó en brazos y caminó hasta su dormitorio con él a cuestas. Abrió la puerta y sin pensarlo dos veces, lo recostó en su cama. Le quitó el calzado ("¡Nada de botas arriba de mi cama!"), se quitó su propia gabardina y lo cubrió con ella.
El rubio suspiró entre sueños y fue entonces que el Brigadier General se dio cuenta de lo que había hecho. Le había llevado a su cama; no al sillón. Y, de todos modos, ¿por qué simplemente no le había despertado y le había sacado en cara que se había quedado dormido?
"Edward-kun le admira mucho, estoy segura que su apoyo significa mucho para él…", le había dicho Hawkeye. Tal vez, inconscientemente, había querido retribuir de algún modo esa supuesta admiración que sentía el Fullmetal por él.
Pero, ¿por admiración había tirado Edward los libros cuando le había visto recién salido de la ducha? Lo dudaba.
Y allí estaba de nuevo; le había llamado por su nombre.
Sería mejor que se distendiera un poco. Era obvio que tanto trabajo, pensar, dormir poco y encima lidiar con Havoc y su mala suerte con el sexo femenino le traía un agotamiento mental semejante como para pensar esa clase de cosas. Se quitó entonces el uniforme - total, el rubio dormía, así que no había problema -, y quedando solo en ropa interior, tomó una toalla de uno de los cajones de su armario y se fue a bañar.
Había pensado en demasiadas cosas ese día como para seguir agobiando su pobre cerebro más de lo que ya estaba.
A pesar de que estaba sumamente cómodo, algo obligó a Edward a abrir los ojos. Miró unos segundos a su alrededor y, al percatarse de la situación en la que estaba, le costó trabajo creer que de verdad había despertado.
Estaba en la cama de Roy, arropado con el sobretodo negro que siempre usaba sobre el uniforme. Pudo percibir mejor que nunca el perfume del General, impregnado en la prenda que le cubría. Respiró hondo y cerró nuevamente los ojos, dejando que sus pulmones se llenaran de la esencia, sin saber bien por qué necesitaba hacerlo.
Se sentía tan a gusto…
Justo en el momento en que Edward los volvía a abrir, la puerta del dormitorio se abrió, dejando ver una de las imágenes más majestuosas y provocativas que cualquier mujer podría apreciar: Roy Mustang, con sólo una toalla amarrada a la cintura, apenas salido de la ducha. Claro, no se había percatado de que su huésped estaba despierto, pues venía secándose la cabeza - sin demasiado éxito - con otra toalla, ensimismado en su único fin: buscar ropa interior limpia y el pantalón de su pijama.
Las mejillas del rubio se tiñeron de rosa y, al no poder decidirse entre si le decía que estaba despierto o esperaba que se diera cuenta solo, se encogió en su sitio, consiguiendo que la gabardina le cubriera casi por completo.
Aun así, siguió admirando la imagen frente a él y no tuvo más remedio que aceptar que algo extraño le estaba sucediendo. ¿Estaría esa casa maldita o algo por el estilo? ¿Al entrar uno se volvía irremediablemente vulnerable al atractivo de su dueño?
O quizá él no era el único medio loco. Repasemos. Estaba acostado en la cama de Roy, tapado con su abrigo, había entrado Roy vistiendo sólo una toalla y parecía conciente de su presencia en el cuarto, pero no le prestaba atención. Si descontaba el hecho de que él sí traía su ropa puesta, entonces…
- "No entiendo una mierda" – se quejó Ed en sus pensamientos, subiendo la vista al techo – "Primero me imagino lo del baño, y ahora… esto…"
Por su parte, el moreno se dirigió al armario y tomó de uno de los cajones unos bóxer negros. Acto seguido, se acercó a la cama a buscar el pantalón del pijama que guardaba bajo la almohada de su cama. Menuda sorpresa fue encontrar al joven rubio despierto y mirándolo.
- Oh, vaya… despertaste, Hagane-no… - sonrió seductoramente Roy – Pensé que seguirías durmiendo hasta pasado mañana. Me sorprendiste
- H-hai… - logró decir el aludido, batallando consigo mismo para no sonrojarse – Perdón por dormirme… ¿qué hora es? – y, por cierto, no funcionó –"Dios, ¿por qué?..."
- Algo así como las 8:30…- lo observó unos segundos y notó un intenso rubor en las mejillas del chico – ¿Qué te sucede? - acercó su rostro al de él con una sonrisa burlona – ¿Tienes fiebre?... - le tocó la frente.
"Fiebre… ¡FIEBRE, ¡ESO ES!"
Entonces, antes de que el General se avivara, Ed palmeó sus manos suavemente debajo del abrigo de éste, haciendo que su temperatura corporal ascendiera. Ahora sí que tenía fiebre.
- ¡Estoy bien! – bufó, mosqueado, apartando la mano de su frente y levantándose de la cama con rapidez. Era el colmo. Estaba seguro de que Roy sabía por qué estaba sonrojado y sólo se estaba burlando de él – "Para variar…" -, pero realmente esperaba que se hubiera tragado el truco, o siquiera que se quedara callado. Pero, al parecer se le había ido un poco la mano con la temperatura. Todo comenzó a moverse a su alrededor, estuvo seguro de que azotaría contra el piso...
Claro que, antes de que cayera, los brazos protectores del militar lo sujetaron con firmeza.
- ¿Te encuentras bien?- por primera vez en la vida, su tono de voz no sonaba para nada sarcástico.
- Hai… - respondió, aunque la palabra bien no englobaba precisamente lo que sentía en ese momento. Cerró los ojos y respiró profundo, intentando deshacerse del mareo. Al parecer no había sido tan buena idea subirse la fiebre para ocultar un simple y estúpido sonrojo.
- Recuéstate – ordenó Roy, ayudándolo a reposar en la cama nuevamente – te prepararé un té - y diciendo esto, tomó el pantalón de su pijama y su ropa interior, que había caído al piso cuando sujetó a Ed, y se fue de la habitación.
- Arigatou... - murmuró él, aunque no estuvo seguro de que Roy le escuchara. Al menos parecía que había logrado engañarle. Y más le valía, no tenía ni una gana de que después le sacara en cara que se hubiera sonrojado por verlo en toalla... de hecho, ni él quería admitirlo - "¡Condenadas hormonas!"
A los 5 minutos regreso Roy, para fortuna de Ed, ya vestido, con una taza de té en una mano. Se sentó al lado de él y le acercó el pocillo.
-Aparentemente estás con las defensas bajas, siendo que no has salido de aquí en 24 horas
- Gomen... - dijo, irguiéndose un poco y aceptando la taza. Aliviado al confirmar que el otro efectivamente se lo había creído todo, bebió y añadió - Me iré de aquí en un rato, no le molestaré más...
- De ninguna manera – negó – No vas a salir ahora; por si no lo has notado, está lloviendo – señaló el ventanal del balcón, donde se veía claramente una hermosa tormenta afuera – Si no quieres morirte, mejor te quedas esta noche también. Ya mandé a avisar a tu hermano; me dijeron que está en Rizenbul
- Sí, yo le dije que se fuera - explicó Ed, dejando el té en la mesita de noche - No quiero que él... esté preocupado ni nada...
- Me parece bien, después de todo, sabrá alquimia, pero no la suficiente como para ayudarte - dijo – Luego si quieres, puedes darte una ducha de agua fría, a ver si se baja un poco la temperatura
- Sí, lo haré... - tal vez en un rato, de momento seguía mareado... y no era tan fácil como simplemente volver a ajustar su temperatura, sería demasiado notorio - y Al sabe bastante alquimia como para poder ayudarme... es sólo que no quiero que lo haga - añadió, mientras se recostaba.
- De acuerdo, si tú lo dices…- el General abrió las mantas de su cama – Anda, tápate
- H-Hai... - obediente, se metió bajo las mantas. Se sentía aturdido por la fiebre y, de todos modos, no le molestaba que el General fuera así de amable con él. No le molestaba en lo absoluto - Todo esto es rarísimo... - expresó en voz alta, casi sin darse cuenta.
- Huh? - inquirió el hombre.
- Me refiero a... - bueno, qué más daba si se lo decía. ¡Era la verdad! - usted siendo amable...
OK, había que admitirlo; hasta él se sentía raro siendo tan… cariñoso… con el Fullmetal.
- ¡Sí, bueno! - carraspeó de pronto – Estás en mi casa, enfermo. Ya te dije que no cualquiera pisa mi apartamento, ni siquiera mis citas. Además, hace ya casi 6 años que nos conocemos, Hagane-no, no creo que sea algo… tan imprudente - al acabar de hablar, miró para otro lado. Ni él mismo se tragaba su rebuscada explicación.
- Sigue siendo extraño - insistió el rubio, mirándole con los ojos entrecerrados - Por cierto... usted alguna vez... - algo en su cabeza le advirtió de lo peligrosas que serían las consecuencias de su pregunta, pero estaba demasiado aturdido como para hacerle caso - ¿Salió con... hombres?
OK.
¿Qué diablos fue eso?
- ¿C-cómo?... - ladeó su cabeza para ver si había entendido bien. Pero claro, la pregunta del rubio fue muy clara. – ¿Si he salido con hombres?...
- Sí, ya sabe... citas, y eso...
- … No… ¿por qué preguntas?- lo miró dudoso. Se estaba imaginando cosas… ¿o Edward Elric estaba tirándole una "sutil" indirecta?
- Y... ¿Nunca se le pasó por la mente?
No, no era su imaginación.
¡Ni tampoco era sutil, por Dios!
- Pues… - adoptó una postura un poco más tranquila, intentando relajarse un poco. Tal vez era porque el chico tenía fiebre y empezaba a desvariar, así que… ¿por qué no divertirse un poco? – Depende con quién
- O sea que... ¿lo haría? - ¿Había dicho que saldría con otro hombre? Quizá ya había empezado a oír sólo lo que quería... un momento... - ¿Con quién?
- Ya te lo dije, depende con quién… no soy homosexual, así que tiene que ser alguien… especial, importante… o demasiado guapo
- No estoy diciendo que lo sea... es sólo que... me gustaría... - dejando la frase en el aire, Edward cerró los ojos.
Me gustaría…?
- ... Hagane-no? - lo miró, mucho más confundido de lo que aún estaba – Oi…- le picó el hombro, sin obtener respuesta alguna – Edward…
Un leve ronquido le indicó a nuestro amado militar que el rubio se había quedado…
"¿¡¿¡Por qué mierda tienes que dormirte ahora?"
Bueno, tenía fiebre, no podía culparlo. Así que, el cómo podía terminar esa llamativa - y sugerente - oración quedaba a su imaginación. Completamente libre. Podía sacar las conclusiones que se le antojaran.
¿Acaso había estado a punto de decirle que...?
- "Masaka..." - no, de ninguna manera. Aunque, podía jurar que se había sonrojado al verle salir de la ducha. Que se había sonrojado muchísimo. Pero, no. Resultó que tenía fiebre. Sin embargo, podían haber sido ambas cosas... quizá - "Diablos..." - Definitivamente necesitaba dormir un poco.
Y, con ese torbellino de pensamientos en la cabeza, se acostó en el extremo opuesto de la cama y se durmió.
Continúa…
