Disclaimer: Los personajes y el potterverso pertenecen a J.K Rowling
Este capítulo participa en el minireto de Junio "Doce meses, una historia" del foro Amor de Tercera Generación.
Último vuelo
Lysander subió los escalones de dos en dos llevándose por delante a todos los alumnos que se interponían en su camino.
— ¡Mira por dónde vas!— le gritó un Ravenclaw de mala manera.
Pero el muchacho le hizo caso omiso, siguió corriendo sin prestarle atención a nada ni nadie, hasta que una voz le hizo detenerse en seco.
— Señorito Scamander ¿se puede saber a dónde vas con esas prisas?
Lysander se giró y se quedó blanco al ver a la directora McGonagall que lo escrutaba con una mirada desaprobadora.
—Voy a buscar una cosa.
La profesora se cruzó de brazos y se plantó frente al joven.
—Son muchos años conociéndonos—Lysander creyó entrever una sonrisa en la cara de la profesora — y los dos sabemos que tus "carreras" por el colegio nunca traen nada bueno.
—Esta vez no he hecho nada malo—explicó Lysander levantando las manos para demostrar su inocencia—solo quiero mi escoba.
Minerva miró de arriba a abajo al muchacho intentando descubrir sus intenciones, pero pareció darse por vencida porque con un tono mucho más benevolente preguntó:
— ¿Y para que quiere ahora su escoba? El banquete de clausura y la entrega de la copa de la casa va a empezar dentro de unos minutos—hizo una pausa— para ser exacta empezará en cuanto deje de encontrarme alumnos desobedientes por los pasillos y pueda llegar al gran comedor.
—Necesito despedirme del colegio como corresponde—explicó el chico con una media sonrisa, y dicho esto volvió a correr hacia su sala común.
—¡Scamander! Quizás le interese saber que sus pertenencias ya han sido recogidas y se encuentran en la alacena del vestíbulo.
— ¡Gracias profesora!—respondió el muchacho dándose la vuelta y plantándole un beso en la mejilla a la asombrada mujer.
Minerva no pudo evitar sonreír y se quedó mirando como Lysander desaparecía escaleras abajo. Aunque no lo demostraba sentía una gran simpatía y preferencia por el alocado y atolondrado de Lysander Scamander.
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Escuchaba los aplausos que llegaban apagados desde el gran comedor, el aire le daba cara y levantaba su pelo. Volar era la sensación que más le gustaba en el mundo.
Quizás sus compañeros fueran felices despidiéndose unos de otros dentro de esas cuatro paredes, pero en su último día en Hogwarts, él necesitaba decirle adiós a lo que más iba a añorar.
Aceleró su escoba y sobrevoló los tejados y torres del colegio, recordando la cantidad de veces que había pasado por encima de ellos, quizás no tuviera ninguna buena nota, pero nadie volaba como él.
En unos meses empezaría a jugar con un equipo de Quidditch profesional, era su sueño cumplido, pero no podía evitar sentir tristeza al despedirse del lugar que le había enseñado a volar.
Viró la escoba y enseguida divisó el campo de Quidditch, con un aterrizaje perfecto se posó en la grada, y allí se quedó recordando cada partido. Con ilusión y esperanza por lo que iba a empezar a vivir y con nostalgia de todo lo que dejaba atrás.
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Nota: Odio el límite de palabras
