Shingeki no Kyojin ni sus personajes me pertenecen. Son propiedad de Hajime Isayama.
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Notas.
-A partir de este capítulo la clasificación cambia a M
-Canonverse
-Zeke sufrirá por poner sus ojos en la mujer equivocada.
-Gracias por leer. Salu2!
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Los Comandantes.
Capítulo III
Necesidad.
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Zeke se alejó de la ventana. El ver como Levi ciñó a Hange revolvió algo en su interior. ¿Celos? Imposible. Nunca le había pasado eso y menos con una mujer que recién conocía.
Tomó su caja de cigarrillos, se llevó uno a la boca, lo encendió y aspiró profundamente.
Quedó extasiado de conocer a Hange Zoë. Mujer como pocas; hermosa, inteligente, un cuerpo escultural y, sobre todo, con una experiencia en batalla increíble.
Todo iba bien, hasta que apareció ese Ackerman, peor aún, al parecer estaba en algo con la bella mujer que le robó el aliento.
Volvió a aspirar del cigarrillo y al hacerlo, rozó sus labios con sus dedos, recordando esa sensación aún fresca de sus labios contra los de la Comandante de Paradis.
Apagó el cigarrillo en el cenicero para dirigirse a un pequeño mueble y sacar una botella de whisky, bebió de ella mientras por la comisura de su boca resbalaba un poco del líquido ámbar.
—¿Por qué tuve que aceptar este maldito plan? —se dijo a sí mismo limpiándose con el dorso de la mano los restos del alcohol en su boca— Encima tener que ver de nuevo a ese demonio Ackerman.
Comenzó a caminar dando vueltas, se encontraba ansioso. Tenía que hacer algo para terminar con esa ansiedad.
Se dirigió al escritorio para revisar la pesada carpeta con documentos que Hange le dejó referente a la misión que tendría lugar durante el festival que ofrecería la familia Tybur.
Efectivamente, tal y como dijo Hange ahí se encontraban escritos los pormenores de la operación. Cada movimiento calculado, con su respectiva segunda opción en caso de fallar la primera.
La posición de cada elemento también se hallaba descrita con total claridad. Una vez que comenzó a leer, no pudo despegar la vista de los documentos, tenía tiempo de sobra y qué mejor que empaparse de información valiosa.
Entre documentos, cigarrillos y whisky pasaron las horas hasta que comenzó a oscurecer.
Suspiró mientras se quitaba los anteojos, frotó sus sienes y se estiró para desentumir sus músculos. Se levantó y se asomó por la ventana mirando al lugar donde vio a esa pareja que lo había desequilibrado.
Unos cuantos segundos le bastaron para que caminara a paso lento hacia su escritorio, se recargara en una esquina de este y comenzara a desabrochar su pantalón.
Aspiró profundo para después soltar un suspiro ronco y, ambientado con la oscuridad de la habitación, recordó la esbelta cintura de Hange, su sutil aroma y esos pechos cubiertos por el sujetador que ligeramente se notaban a través de la blanca tela de su blusa.
Con mano temblorosa sacó de sus calzoncillos su creciente erección. Se sentía como un adolescente experimentando por primera vez con su cuerpo. Sobre todo, por tocarse al recordar el bello cuerpo de una casi desconocida. Hacía mucho tiempo que no se manipulaba a sí mismo, ya que siempre había tenido demasiadas obligaciones en el ejército y no se daba el tiempo de proporcionarse placer.
Poco a poco comenzó a acariciar su miembro que gradualmente tomaba la rigidez que él deseaba alcanzar.
Cerró los ojos y comenzó a recordar al ver por segunda vez a esa mujer, tan radiante bajo la luz del sol. Sentir su tacto al caminar junto a ella cuando colocó su mano en su espalda.
Su mano subía y bajaba cada vez más rápido, sentir ese espíritu guerrero, de mando en esa mujer. ¡Eso sí que lo excitaba! La mirada decidida que proyectaba con un sólo ojo...
¡Oh, sí! Eso se sentía delicioso. Jadeaba y su rostro comenzó a perlarse con sudor. Mantuvo el ritmo sobre su miembro sin ceder un segundo.
Se estremeció al recordar el contacto que tuvo con esos delgados labios, esos labios hermosos y dulces. Esa boca inundada de una gran calidez y esa suave lengua, suspiró y cambió de mano al manipular.
Pero lo que más lo excitaba era la resistencia de esa mujer. Se resistía a ser besada por él, pero a él, ninguna mujer se le escapaba y ella no sería la excepción.
Apresuró su maniobra, y cuando estaba a punto de alcanzar el orgasmo apretando su miembro con más energía… un par de golpes en la puerta lo sacaron de su mundo de ensoñación.
Abrió los ojos con pesar, ignorando a aquel inoportuno que lo desconcentró de su faena. En vano trató de recuperar el ritmo, haciendo un poco más rápido los movimientos, pero ya no fue lo mismo, la imagen de Hange se fue esfumando de su mente.
Agitado, se resignó, no alcanzaría el éxtasis esta vez.
Molesto y sin asearse las manos se dirigió a la puerta para callar a quien lo interrumpió en su momento de placer. Encendió las luces y abrió la puerta violentamente para encontrarse con una carita conocida.
—Hola, buenas noches Zeke —una sonriente Pieck era quien había interrumpido.
—Pieck, que agradable sorpresa. ¿Qué te trae por acá? —dijo Zeke sorprendido alzando las cejas.
—¿Me invitas a pasar? —Pieck se encogió de hombros sin borrar esa bonita sonrisa.
—Por supuesto, disculpa mi descortesía —se hizo a un lado dejando que la chica pasara y después cerró la puerta.
—¿Llego en mal momento? Espero no haber interrumpido algo importante—decía mientras se balanceaba sobre sí misma con las manos pegadas a su espalda.
—Nunca es mal momento si tú eres la visita y no, no interrumpiste nada—sonrió el hombre recuperándose de su estupor.
—Bueno, vine porque no te vi en la plaza, quedaste formal en asistir y no lo hiciste, ¿te ocurrió algo?
—No, ¿por qué crees eso?
—Es que... cuando venía hacia acá, el vendedor del puesto de enfrente me dijo que tuviste visitas, y bueno, como no eres de atender visitas supuse que se trataría de algo importante —dijo ella mientras su mirada se tornaba perspicaz.
—Señorita, hay ocasiones en las que debería dejar descansar su espíritu inteligente —bromeó Zeke.
—Pides imposibles, mi espíritu es ávido por naturaleza —dijo la chica levantando los brazos con las palmas extendidas hacia el techo.
Zeke sonrió ante el comentario de Pieck— Disculpa que no te ofrezca nada de beber, no me he surtido de víveres esta semana —se excusó el de barba.
—No te preocupes, sólo vine para ver si te encontrabas bien —musitó la chica.
—Y para saber sobre mi visita, ¿cierto, Pieck? —Zeke entornó su mirada.
—Hmp, eres tan intuitivo, no dejas nada a la imaginación —sonrió Pieck mientras se acercaba a la silla de Zeke sentándose y mirando de reojo la carpeta con los documentos.
Zeke se percató de esto, diciéndole a la chica —Pieck, es de mala educación husmear en cosas ajenas —el gesto serio de Zeke encendió una alerta en la chica.
—Entonces esto es algo importante. ¿Te lo dio el general Magath?
—No por ser importante para mí tendría que dármelo el ejército, tengo vida privada por si no lo recuerdas, muchachita —dijo él, sincero.
—Uy, qué serio —Pieck sonrió enigmáticamente.
—Es el historial médico de la mujer que vino a verme, quiere que interceda por ella para que mi abuelo la atienda —trató de mentir lo más que pudo para que la chica no se interesara más en el tema.
—¿Y por qué no fue directo con él? Quizá, su interés es otro —cotilleó Pieck mirándolo con picardía.
—Ojalá ese fuera su interés, pero no. Mi abuelo ya no ejerce y se niega a dar servicio, por eso esta señorita vino aquí.
—Entiendo. Aun así es un poco curioso que haya venido contigo, justo aquí.
—¿Qué insinúas? —Zeke comenzó a irritarse.
—No insinúo nada —dijo la chica levantándose para caminar hacia el hombre—, sólo quiero saber a qué me enfrento, digo, sabes a lo que me refiero —susurró mirándolo directo a los ojos mientras sus manos se posaban en el fuerte pecho de Zeke.
—No hay nada que temer, pero sabes perfectamente que no tenemos permitido relacionarnos entre nosotros, al menos no de esa manera —dijo él, alejándose de ella.
—Nadie tiene que saberlo, además, ni que fuéramos a estar juntos toda la vida —ella sonrió de nuevo.
—Exacto, Pieck. Tienes toda la razón, primero terminemos este asunto de la guerra. Ya después veremos qué hacer —dijo él, más tranquilo.
—Me alegra saber eso —la chica caminó de nuevo hacia el escritorio.
—¿Qué hay de Porco, aún no ha hablado contigo? —Zeke trató de sacar un nuevo tema tratando de alejar a la chica del escritorio.
—Porco es muy lindo, pero muy despistado. No se da cuenta de nada —dijo ella sentándose en la silla, posando su cabeza sobre la carpeta.
—Por el bien de ambos espero lo entienda pronto —rio Zeke.
—Creo que ya debo irme Zeke, disculpa por esto que sucedió, no puedo evitar indagar sobre cualquier asunto importante para mi —Pieck se levantó para ir de nuevo junto a Zeke.
—No te preocupes, linda. Sé que es tu naturaleza aventurera, así que tranquila.
—¿Amigos de nuevo? — Pieck extendió su mano hacia el hombre para hacer las paces.
—Oh, no. No es necesario, además, mis manos están sucias —dijo él avergonzado alzando las manos.
—Que malo eres, bueno, ya veré la forma de hacer que me perdones. Gracias por recibirme, nos vemos —dijo ella bajando su mano y caminando hacia la salida.
—Mañana nos vemos, te invitaré un pastelillo —sonrió Zeke.
—Perfecto, buena manera de redimirte, ¿eh? Cuídate, Comandante. Que descanses.
—Buenas noches, Pieck. Hasta mañana —la chica le respondió con una sonrisa mientras levantaba la mano perdiéndose en el pasillo.
Zeke entró al departamento y cerró la puerta. Caminó hacia la ventana para ver como Pieck se detenía, daba media vuelta y a la distancia le agitaba la mano, él le devolvió el gesto, entonces la chica volvió a girar para caminar.
Mientras tanto él, caminó hacia el lavabo, lavó sus manos y las secó, ya no intentaría masturbarse, porque aunque aún tenía las ganas, la motivación se había ido.
El rubio suspiró, se sentía frustrado. Por un lado, no podía sacar a la mujer de anteojos de sus pensamientos, y por el otro, la chica Pieck tampoco estaba nada mal, incluso ya habían intercambiado besos y caricias sin pasar de las ropas, pero con Hange era diferente, la deseaba a toda ella, a su boca, a sus besos, deseaba todo su cuerpo desnudo, ya sea sobre o bajo de él.
Lo haría, de alguna manera conseguiría que Zoë se entregara a él y gimiera su nombre. Lo necesitaba. Nada ni nadie, ni siquiera el Ackerman iban a hacerlo desistir de su cometido.
Requeriría de un par de días más y mucha paciencia, y seguro de sí, sonrió complacido, vendrían días de mucha acción...
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Continuará...
