InuYasha y compañía no me pertenecen.
Advertencia: Algo de OoC.
Agradecimientos a las lindas lectoras: kathepao, tsushime, meka6489, tessaige, y chovitap.
Opuestos
III
"Planetas opuestos, almas desiguales."
III
Su medio hermano tal vez no había dicho nada malo, pero lo había hecho enojar. Era estúpido qué de la nada le preguntará por Kagome, en verdad InuYasha no lo conocía absolutamente nada. Pensaba que lo podía engañar diciendo que de repente la curiosidad le había ganado, cuándo, Sesshōmaru sabía que eso era una gran mentira.
—¿Qué opinas de Kagome?
¿Qué podía opinar? Fue la pregunta que apareció en su mente en ese momento. No sentía nada por la pelinegra, no pensaba absolutamente nada de ella. Tal vez que era un poco molesta, que nunca lograban congeniar en nada, pero que ambos podían dejar de discutir si lo querían. Qué ella tenía un aire infantil y qué, era una chiquilla.
—¿Por qué te cae mal?
¿Por qué a ella él le caía mal? Tal vez nunca fue tierno o nada con ella, porque no era propio de él, no estaba acostumbrado a profesar amor a cada persona que conocía. Que la chica no conociera a nadie así y le empezará a decir de cosas era un tema muy aparte y qué solo le pertenecía a ellos dos, no a los demás.
—¿Llegarías a salir con ella?
De repente, detuvo su auto al ver que el semáforo estaba en rojo. ¿Salir con Kagome? Lo dudaba y mucho. Posiblemente alguno de los dos terminaría herido y ese no iba a ser él.
Un auto de atrás con su pitido, dio a entender qué debía de avanzar y así lo hizo. Sin embargo la pregunta no desapareció de la mente del peliplata, ¿él saldría con Kagome? No, claro que no. Aunque, no había que negar que la chica no era fea a pesar de todo y cuándo quería era muy tierna (con él no, con los demás).
Miró por la ventana y se dio cuenta de qué estaba cerca de su destino, lo que hizo que parte de su molestia se fuera, estaba lo suficiente lejos de su casa cómo para respirar paz, tranquilizarse, concentrarse y volver. Cuándo llegó a su destino se dio cuenta de qué el parque no había cambiado absolutamente nada, era uno de los parques en los que había ido en compañía de Irasue, su madre, antes de que falleciera. El lugar era cómo su refugio, iba ahí para tranquilizarse.
Se bajó del auto y se sentó en una de las bancas que estaba bajo un árbol, era fin de semana y a esa hora casi no había gente. Genial. No podía existir nada mejor.
Sin embargo, su celular sonó y todos sus planes de relajarse se fueron al carajo.
—¿Qué quieres, InuYasha?
—¡No respondiste ninguna de mis preguntas! —Reclamó el menor —. ¡¿Por qué?! ¡Eran preguntas fáciles!
—No pienso ayudarte a ganar esa apuesta. —Dijo cortante. InuYasha del otro lado de la línea, quedó completamente impresionado de qué su hermano supiera lo de la apuesta, pero se lo esperaba.
—No quiero ganarla. —Aclaró —. Solamente quiero saber la verdad. Por eso te pregunté.
Sesshōmaru estaba por colgar, ni siquiera sabía porque había contestado o apagado su celular, en todo caso.
—Antes de qué cuelgues. Me gustaría decirte que si te llegas a enamorar de Kagome, no solamente yo ganaré, muchos más lo haremos.
—No pasará. —Aseguró
—Ya lo veremos —le retó.
Sesshōmaru colgó e InuYasha sonrió complacido cuándo la llamada termino, él estaba casi cien por ciento seguro de que el destino estaría a su favor y haría que su medio hermano se enamorará de Kagome Higurashi, sin contar, que sería divertido que eso pasará.
El peliplata no sabía que era lo que le molestaba más, que su medio hermano lo considerará un idiota cómo para no darse cuenta de sus intenciones, o qué le retará. Tal vez eran las dos cosas juntas lo que lo hacían estar de malas.
Él lo creía simple y sencillamente estúpido.
Si él estuviera "destinado" a tener algo con Kagome, entonces, desde la primera vez que se vieron hubiera pasado algo entre ambos. Desde algo especial en su encuentro o las circunstancias después los hubieran juntado. O algo. Pero no paso absolutamente nada qué valiera la pena recordar.
Ellos eran opuestos, sus mundo eran terriblemente diferentes; Kagome era hija única, él tenía un medio hermano, los padres de la chica estaban juntos, los suyos se habían divorciado, Kagome tenía mamá, él ya no. Entre varias diferencias más (sin contar sus maneras de pensar). Era completamente estúpido pensar que entre ambos podía haber algo qué no fuera un simple desacuerdo de ideas.
Entonces, sintió una gota caer sobre su cabello y luego otra y otra; la lluvia se empezaba a desatar. Iba a volver a su auto para ir a otro lugar, no quería regresar a casa por el momento.
Pero el destino tenía otra cosa para él.
Volteó la mirada y vio a una joven caminar por el parque, él reconoció inmediatamente ese cabello azabache qué era tan difícil de peinar, se quedó mirándola unos minutos más, cuándo se dio cuenta de qué a pesar de la gran lluvia que se desataba, ella no buscaba refugio, parecía fuera de sí misma y entonces él entendió que Kagome tenía algo.
Se acercó un poco a su auto, dónde fácilmente podría ver a la pelinegra y en ese momento pudo presenciar una nueva faceta de Kagome, una que no conocía y qué no le gustaba; las lágrimas caían de sus orbes zafiros.
—Kagome.
Ella a duras penas volteó, metida en su mundo, tratando de asimilar todo lo que acababan de decirle.
—Sesshōmaru —intentó sonreírle, dejar de llorar o algo, pero fue en vano. El dolor era tan grande que debía sacarlo—. No es buen momento… —bajo la mirada, de todas las personas del mundo, se tenía que encontrar con él.
Él buscó en el bolsillo de su pantalón su celular y cuándo lo tuvo, se dijo que tenía que llamar a InuYasha para qué fuera a buscar a la chica.
—Le diré a InuYasha que venga —anunció.
—¡No! —Kagome le arrebató el celular, luego, dándose cuenta de su acción, se lo devolvió—. Por… favor… Sesshōmaru… no le… llames.
El aludido dedujo entonces qué algo malo había pasado y no sabía por qué, pero no quería irse y dejar sola a la pelinegra.
Un silencio tensó se formó entre ellos, lo único que se escuchaba era el sonido de las gotas de lluvia al caer o chocar contra algo. Ambos estaban empapados pero parecía no importarles; Kagome estaba metida en sus cavilaciones, esperando el momento justo en qué Sesshōmaru se marchará y él por su parte, se encontraba observándola detenidamente sin intenciones de marcharse.
—Por favor… Sesshōmaru… déjame sola.
—No.
—¡Por favor! ¡Necesito estar sola!
—¿Qué sucedió?
—Es una larga historia.
—Hay tiempo.
Kagome maldijo su suerte, bufó y trató de enfrentar al peliplata, pero no tenía las fuerzas necesarias. Bajo la mirada de nuevo, las lágrimas empezaban a acumularse más y más.
—Kagome. —Insistió
Y sin qué él lo notará, la chica se abalanzó sobre él, refugiándose en sus brazos y lloró, Sesshōmaru en vez de alejarla, simplemente llevó una mano a la cintura femenina y con la otra acarició el cabello de ella. Él no era bueno consolando a la gente y además, nunca lo había hecho.
Aunque siempre había una primera vez para todo.
No, no me equivoque de archivo, éste es el capítulo tres.
Queridas lectoras, me he sentido mal. Perdón si se me escapó por ahí una falta ortográfica, un acento o algo; también disculpen no haberles contestado los reviews, sin embargo, saben que agradezco su apoyo para este proyecto qué surgió de la nada. Y estoy trabajando en otro, por cierto. Si gustan ayudarme pueden ir a la encuesta qué está en mi perfil, se los agradecería muchísimo.
Saludos para todas y nos leemos el próximo Jueves (:
