"Coronación"
Edward había enviado a todos a sus casas, con órdenes estrictas de no salir para nada, aunque con lo poco que había visto estaba seguro de que aquello no la detendría, regreso al castillo y mientras corría a su habitación para buscar el collar que había encontrado noches atrás, escucho pasos y risas que parecían venir del otro lado del castillo, bajo tomando una espada como arma, camino intentando ser silencioso, calmando su respiración para no reflejar el terror que lo recorría, siguiendo el sonido de las risas, llego hasta la sala del trono, al abrir la puerta se encontró con ella de nuevo, sentada cómodamente en el trono grande, el del rey, lo miró y le dedico una perversa sonrisa.
―Finalmente me has encontrado. ―lo miró de arriba abajo y sonrió de lado. Se puso de pie, levantando las piernas con ágil delicadeza y dejándolo ver algo más de piel de lo que habría visto en el pasado. ―Estoy segura que me has extrañado, cariño. Pero no hablemos del pasado, lo que es importante es el futuro. Y tengo los mejores planes para el destino de este lugar.
―Se suponía que tú habías muer…
― ¿Muerto? Sí, digamos que se necesitan más que un montón de ignorantes aldeanos para matar a una bruja. Pero se necesita solo una bruja para matar a un montón de ignorantes aldeanos, ironías de la vida ¿no crees? ―la presencia de Isabella lo confundía, no entendía cómo había regresado, él había visto su cuerpo tendido en la colina años atrás, desangrándose en los brazos de su madre, era desconcertante verla ahí con tanta tranquilidad y con tantos cambios, que creía incluso que esa mujer no era más que una alucinación.
― ¿A qué has vuelto entonces? ―la pregunta sonó más segura de lo que él se sentía en realidad, siempre pensó que si volviera a verla, le pediría perdón por el daño que le había causado, pero ahora, dudaba que a ella le interesara una disculpa por más sincera que fuera.
―Si hubiéramos seguido el curso natural de una pareja, ahora mismo sería la reina de este pueblo, así que solo quiero poner en orden el mundo y tomar mi lugar. Y toda reina necesita un rey. ―Christopher la miraba desde las sombras como si no pudiera arrancar la vista, estaba cautivado por cada palabra y gesto que hacía su hermosa compañera, al escuchar lo último sonrió de lado, ella sabía mover a sus peones, y aun después del tiempo podía ver como el joven rey le miraba como si en verdad la hubiera amado. ―Quiero que me entregues la corona frente a todos los habitantes de este lugar, que me presentes como tal y me sedas el total control por tu propia voluntad.
―No puedo hacer eso, tú les has amenazado, ellos no me per…
―Escucha, Edward. No estoy negociando, es lo que quiero y puede ser por las buenas o por las malas, tú elige. Pero mientras más pase sin que hagas lo que pido, más aldeanos morirán.
―Son personas Isabella, niños, ancianos, mujeres inocentes. No puedes matarlos a todos por algo que hicieron unos cuantos de ellos. ―ella soltó una carcajada antes de volver al trono y tomar el lugar que pronto sería solo suyo.
― ¿Por qué no puedo hacerlo? Que yo recuerde ellos creen que uno debe pagar por los pecados de todos aquellos de su misma especie. ―intento encontrar en la mirada de Isabella una pisca de la chica que tanto había amado, a la que le había llorado por años, la inocencia que la caracterizaba, algo de la mujer que solía conocer, pero no había nada, toda ella había cambiado y estaba seguro de que no estaba bromeando respecto a sus planes.
―Has dicho que toda reina necesita un rey. ―Christopher sonrió al ver como el estúpido y mortal humano caía en la trampa que ella había puesto, Isabella le miró sonriendo con la más pura y maléfica inocencia, mientras Edward pensaba que esa sería la única forma en que su reino estaría a salvo, con ambos en el poder, él podría calmar la necesidad de Isabella por vengarse.
―Te prometo, cariño, que tendré un rey a mi lado, digno de mí. ―Edward tomó aquello como una aceptación a reinar juntos, sin saber que Isabella no tenía planes de tenerlo a su lado, ni como rey, ni como nada.
―Bien. ¿Cuándo lo haremos oficial?
―En una semana, quiero que les digas a la población entera que arregle todo como cuando te dieron a ti la corona, no les dirás que sigo aquí, ni siquiera vas a mencionarme. Preparas la corona familiar y cuando todos estén ansiosos frente al palacio, esperando que su soberano les de la gran noticia, me presentaras y entregaras la corona, yo haré el resto. ―él aun confundido y temeroso, asintió, creyendo que haría lo mejor por su pueblo.
…
Una semana más tarde, el pueblo aun confundido por las peticiones del rey, había terminado de arreglar la plaza como si se fuera a celebrar una gran ocasión, mientras que Isabella se había instalado en una habitación en el castillo, acompañada del hombre que por ahora Edward no conocía, uno a uno, los pobladores llenaron la plaza, esperando a su gobernante que saldría por el balcón del castillo para explicar todo lo que sucedía, el sol comenzó a desaparecer y fue entonces que el rey salió a mirar sus súbditos, sabiendo que estaba por ponerlos a todos en peligro por sus decisiones, pero creyendo que sería lo mejor para evitar más muertes.
―Hoy vamos a celebrar el inicio de una nueva era. Entregándole el lugar que merecía tener desde hace años a una persona que todos conocimos. Quiero ceder mi corona a la mujer que he amado durante los últimos ocho años de mi vida, a la que creí perdida para siempre… ―escuchaba los murmullos de las personas y suspiró, se quitó la corona y los miró sin saber cómo terminaría todo aquello, arriesgando todo por un futuro incierto. ―Isabella Swan, princesa de Asurya y ahora reina de Aqueos. ―las últimas palabras del rey dejaron al pueblo entero en el silencio, mirándolo como si acabara de traicionarlos, entonces las pisadas de Isabella resonaron, todos la miraron aterrados, incrédulos de la situación, incluso cuando Edward le coloco la corona.
―Gracias, Edward. Ahora solo me falta una cosa, toda reina, necesita un rey y yo he elegido al mío. ―el joven ex rey esperaba que ella cumpliera su parte, pero la bruja ahora más astuta, no había prometido nada de lo que él había entendido. Apenas termino de hablar, un hombre algo, delgado, de porte casi siniestro, salió por la puerta al balcón por donde minutos antes ella había entrado, levanto la cabeza y su mirada se encontró con la chica que tanto amaba, tomo su mano y dejo un beso en ella sin apartar la mirada de los ojos de Isabella.
Edward de pronto entendió lo que estaba pasando, ella no iba a gobernar a su lado, ella tenía sus propios planes y él solo había sido un peón para llegar a ello.
―Te vez preciosa con esa corona. ―alago el joven brujo con una sonrisa de lado, misteriosa y encantadora. Isabella le devolvió la sonrisa, antes de girarse para ver a los habitantes de nuevo.
―Christopher Hyde, su nuevo rey. ―la mirada de Christopher fue lentamente de Isabella al pueblo, todos miraban la escena como si creyeran que en cualquier momento despertarían de una horrible pesadilla. La intensidad de la mirada del nuevo rey, hacía temblar incluso a aquellos que se dedicaban a proteger la ciudad, pero cuando sonrió de lado, mostrando sus filosos dientes, todo el mundo quiso huir despavorido, pero no había a donde escapar.
― ¿Quién es él, Isabella?
―Esa no es manera de hablarle a tu reina, Cullen. ―lo silencio mirándolo en señal de advertencia, seguida de una sonrisa burlona. ―Oh, ¿no me digas que creías que tú reinarías conmigo?
―Me hiciste cre…―se acercó a ella con paso furioso, pero antes de que pudiera llegar más lejos, la mano de Christopher lo tomo por el cuello con fuerza, pegándolo contra la pared del balcón, solo entonces, se miraron realmente, eran enemigos naturales y de alguna manera lo supieron al verse.
―Si la tocas te mato. ―murmuró con un susurró aterrador, de fondo se escuchaban los gritos de las personas que creían verían la muerte de su antes rey bajo las manos de aquel brujo.
―Inténtalo. ―Isabella tomo el brazo de Christopher y negó.
―Aun no, cariño.
…
Los habitantes del pueblo se habían encerrado en sus casas, planeando la forma de huir por la noche, con la caída del joven rey, ellos estaban perdidos.
Rose, que había estado escondida entre las personas del pueblo cuando escucho de la llegada de Isabella, huyo a su casa, debía admitir que incluso ella temía por su seguridad, Bella había aprendido cosas por todos lados gracias Christopher, ni ella, ni su madre, podrían detener lo que fuera que ellos planeaban. Catherine había escuchado el disturbio que venía del pueblo de Aqueos, llegando cuando todo había terminado, le pidió a una joven le explicara lo sucedido, la chica aterrada le contó el regreso de la bruja muerta, desesperada repetía que los iba a matar a todos, incluido al rey. Y mientras ella iba a la casa de Rose, en busca de respuestas, Edward se desmoronaba en su habitación, había cometido un gran error, uno más. Ahora su pueblo estaba al mando de un desconocido y una vengativa Isabella, lo único que había traído con su reinado era desgracia. Mientras intentaba pensar alguna forma de arreglar todo lo que había hecho, la joven bruja entro al cuarto, con pasos silenciosos y delicados, él no la noto, no hasta que la tuvo frente a él y sus miradas se encontraron.
― ¿Qué haces aquí? ―preguntó mirándola, ella se acomodó sentándose a horcajadas sobre el regazo del joven ex rey, mientras él mantenía los ojos en los de ella, pasos sus manos casi con ternura sobre el pecho del hombre y sonrió.
―Supuse que estarías pasándola muy mal. ―susurró mirándolo a los ojos.
― ¿Y decidiste venir a consolarme? ―ella sonrió divertida, mientras él se mantenía serio, sin embargo, no pudo evitar que sus manos subieran hasta la cintura de la joven bruja, moviéndose involuntariamente para acomodarla mejor sobre él. En el pasado, no se había permitido ni siquiera besarla y antes de ella no había tenido nada con ninguna otra mujer, así que la parte de él que había permanecido dormida hasta entonces, comenzó a emerger.
―Solo un minuto. Quizás hacer otra cosa te haga dejar de pensar en lo que le pasara a todas esas personas. ―murmuró y se inclinó, quito los primeros tres botones de la camisa del chico y luego dejo un casto beso sobre su cuello. Sintiendo como su corazón latía desbocado.
― ¿Qué cosa? ―debería detenerla, intentar descubrir que era lo que planeaba, pero la sensación tan nueva y peligrosamente adictiva, le impedía pronunciar algo que la hiciera parar. Ella sonrió sobre su cuello y en lugar de responder con palabras, decidió mostrarle lo que quería.
Mordió el lóbulo de su oreja con delicadeza y siguió abriendo los botones de su camisa, él cerró los ojos soltando un suspiro de satisfacción, tomándola por la cadera con fuerza, moviendo su cuerpo para poder sentirse mutuamente. Mientras ella continúa besando la piel de su cuello, él comenzó a deshacer el nudo del corsé de su vestido, luchando por tocar más y más de ella. Cuando sus labios finalmente se encuentran, pierde completamente la cordura que le quedaba después de todo lo ocurrido, gira con ella, dejándola bajo su cuerpo y besándola como jamás lo había hecho, mientras él jugueteaba con su cabello y lo atraía más a su cuerpo, en ese momento solo importaba lo que sus cuerpos necesitaban.
La ropa sobraba y comenzó a desaparecer poco a poco, hasta que se encontraron desnudos envueltos entre las sabanas, intentando besarse y poseerse mutuamente, la burbuja en que había caído les impedía concentrarse en algo más, finalmente, después de lo que parecía una eternidad, él entro en ella, haciéndola soltar un jadeo de puro placer, los movimientos eran firmes, certeros y perfectos, él mordía su cuello justo como ella le había mostrado, mientras Isabella jadeaba su nombre y tomaba las sabanas con las manos en puño.
Unas horas después, cayeron agotados en la cama, completamente satisfechos, ella se acomodó para dormir y en minutos su respiración era calmada y pausada, pero mientras ella descansaba, Edward se quedó observándola, sin entender que había pasado o a que estaba jugando, solo horas antes ella le había presentado al que creía era su pareja, pero ahora ya no tenía idea de que pensar. La única teoría que se le ocurría era que la marca que los unía le había detenido para estar con otro hombre, así como él había esperado por ella. Si tan solo hubiera habido algo de luz en la habitación, habría notado que la marca de la chica ya no era igual y que así como ella estaba unida a él, también estaba unida al hombre que gobernaba a su lado.
Y ahora están aun más confundidas.
¿Por qué odian a Christopher? Es mi duda existencial del día de hoy *-*
Gracias por leer y espero les guste :3
(No olviden dejar sus RR) :)
