Autor: Gracias por los reviews, por los favoritos, por las alarmas y por leer. El Disclaimers ya lo saben todos, supongo, pero bueno, a veces se me olvidara ponerla, pero me emociono tanto cuando actualizo que realmente no lo recuerdo hasta más tarde, pero no me considero dueño o propietaria de nada más que la historia, Harry Potter y todo su mundo es de J. K. Rowling, lo que no reconozcan, a o no ser que diga lo contrario, si es mío.
Quiero decir que este capítulo lo escribí escuchando la banda sonora de Moulin Rouge, en especial "Your Song", es inspiradora.
Espero que les guste este nuevo capítulo
Capítulo III. – How my life changes with you in it.
En la vida de Hermione Granger habría muchos cambios en el futuro, tanto cercano como lejano. El primero fue solo un simple gesto, simplemente Draco le ofreció su mano. Vivir con él era algo bueno, ir a comprar con él al supermercado, colocar la compra entre chistes.
Leer el profeta cada dos semanas la ayudaba de algún modo, a darse cuenta de que no se perdía nada. La boda de Harry Potter y Ginevra Weasley. La boda de Ronald Weasley y Luna Lovegood. El entierro a los caídos, la reapertura de Hogwarts y la exculpación de Sirius Black, devuelto a la vida gracias a las notas de la desaparecida Hermione Granger. Contar con la presencia de Draco en su vida era lo mejor de todo.
Por eso mismo los pequeños gestos entre ellos eran lo mejor que tenía. Le ofrecía una mano, un hombro, un amigo, un amante, un confidente…Draco Malfoy, por sorprendente que fuera, era un pilar clave en su vida. Lo necesitaba.
-Hermione, ya estoy en casa – Era su forma de anunciarse, medio año viviendo juntos y todavía se anunciaba – Traje algo de cenar, espero que no hayas preparado nada.
Se quitaba la chaqueta, la funda de la pistola que envolvía su pecho, la gorra, se sentaba un minuto para poner el seguro al arma, quitar la munición y guardarla en un cajón aparte. E iba a la cocina con una sonrisa y peinándose el pelo hacia atrás, como en los viejos tiempos.
-Tendrías que cortarte un poco el pelo. – Le llegaba casi hasta los hombros, no que le quedase mal, le quedaba genial, todo rubio y desordenado, era por molestarlo.
-Cuando me llegue a media espalda y no me deje disparar bien, me preocuparé – La abrazaba por la cintura y hundía la cara en su cuello, mordisqueándolo – Por que siempre te pones tanta ropa al llegar a casa.
-Para que tu puedas quitármela – Lo besó, una vez, dos y tres, antes de darse la vuelta y enredar las manos en su cuello, le sacaba una cabeza de altura, y era perfecto – Así no te haces vago.
-Traviesa leoncilla.
Y entonces harían el amor en cualquier lugar de la casa, donde antes llegasen. Se reirían durante un rato, se acariciarían y el se pondría los pantalones, ella su camisa y cenarían en la cocina o el salón.
-Tengo que hacer un comedor pronto, uno grande.
-¿Para qué?
-Bueno, los chicos del cuerpo suelen hacer barbacoas, como sabrás, y a mi me apetece hacer una alguna vez.
-Nunca me los has presentado.
-No quiero que alguno me quite la chica.
-¿El príncipe de Slytherin, el Dios del sexo Malfoy, tiene miedo de que un compañero de trabajo le quite la chica?
-Tienes razón, realmente este es un secuestro y tú eres mi prisionera, y ellos son policías. No quiero acabar en la cárcel.
Pequeños gestos, grandes gestos, gestos en general, que hacían la convivencia con Draco Malfoy entrañable. Estando en la cama, en el baño, en el jardín, esos gestos eran ahora parte de su vida y su necesidad vital, sin ellos no era un día tranquilo. Y en un momento dado, se dio de bruces. Los gestos de Draco para con ella eran incluso más necesitados que los gestos que podría haber tenido cualquiera de sus amigos antes, incluso Ron. Y por ello le pidió:
-Deja de traer el Profeta, por favor – Lo dejó sin habla – No quiero ser parte de ese mundo, de ninguna forma, ni siquiera mirándolo desde el sillón.
Él simplemente sonrió, quemo el papel y la besó.
-Nunca más. Ahora ven, acompáñame y vamos a ver comedores para poder hacer una barbacoa.
Los chicos del departamento de policía eran muy agradables, y también había mujeres, y eran todas enternecedoras, algunas de ellas incluso madres. Draco y Hermione dieron algunas barbacoas, tenían nuevos amigos. La vida para ellos iba a mejor desde que dejaron de comprar el periódico. Hermione había dejado de esperar lechuzas, "crack" y "pop" de apariciones en medio del salón. Metieron las varitas en las mesas de noche de la habitación que compartían como pareja oficial. Y por la noche simplemente se acurrucaba contra su costado, escuchando el latir de su corazón.
-Hermione, te quiero.
-Yo también, Draco.
Esa noche estuvieran muy cariñoso, era la primera vez en seis meses que Hermione le decía que lo quería, y lo hicieron memorable. Se lo dirían muchas más veces durante los siguientes seis meses, los siguientes dos años, y para Draco, se lo diría para toda la vida y hasta en la muerte. Era la mujer de su vida.
Y a partir de ese pensamiento, un día que salió antes de trabajar, se aseguro de hacer una cena hecha por él, aunque fuera simplemente un solomillo con verduras al horno y salsa de limón para acompañar. Preparó una mesa de restaurante y apagó todas las luces, encendiendo velas ocasionalmente, aquí y allí para llevarla al salón, donde había puesto una mesa redonda, dos sillas y apartado los muebles para que hubiera espacio para bailar y dejo la música sonar.
Hermione llegó a las seis, justo a su hora de los viernes, cuando tenía que hacer más trabajo. Le sorprendió todo el paripé que había montado Draco.
-Querido, ¿esperamos a alguien? – Nadie le contestó, el pulso se le puso a mil y siguió velas y música hasta el salón, para verlo parado al lado de una mesa de restaurante con un traje completo – Draco…
Le dio una rosa roja, un beso muy corto, y la guió a la mesa.
-Siéntate, iré a por la cena y podremos cenar. – No era una ocasión especial, todavía no habían cumplido ni el año, apenas cumplirían nueve meses en unos días, pero no celebraban meses – A la luz de las velas eres incluso más hermosa.
Cenaron juntos, bebieron vino y luego el rubio se levantó.
-¿Me permite este baile? – Parecía estar tranquilo, pero los ojos le brillan de nervios incluso si sus manos estaban totalmente seguras.
Bailaron un par de piezas, Hermione quería preguntar que pasaba, por qué hacia toda esa cena, y ese derroche de velas y romanticismo, cuando se arrodillo delante de ella.
-Nunca hemos hablado de esto, quizás voy muy deprisa para ti, o quizás te parezco demasiado insufrible, pero Hermione, eres la mujer de mi vida, y pasaría por los círculos del Infierno a encontrar a Voldemort – reprimió un escalofrío – y matarlo yo mismo, con tal de que aceptes ser mi esposa.
Se hizo el silencio en la sala mientras Draco sacaba una caja de terciopelo rojo y la abría, enseñando un anillo fino de oro blanco con tres pequeños diamantes incrustados en el centro que le cortó el aliento a Hermione antes de que contestara.
-Si, si quiero – con voz temblorosa y se lanzó a los brazos de Draco, besándole mientras reía y lloraba a la vez – Sí, sí y sí. Oh, Draco…
Sin duda alguna, su vida daba mil vueltas con Draco en ella.
