Capítulo tres -Visitas.
Ha pasado algo de tiempo desde la última vez que visité a Kyo, casi como dos meses.
No creo ser la persona que espera ver, pero tampoco puedo dejarlo ir.
-Buenos días, mi querido monstruo¿cómo amaneceiste el día de hoy?
El olor que inundó la habitación me dio a entender que, empleando la fuerza con la que disponía su verdadera forma, había tratado de liberarse, sin éxito alguno, por supuesto.
-¿Por qué tan callado el día de hoy? Ya sé, tienes ganas de ver a la tonta¿cierto?
Quizá fue por intuición, pero si no retrocedía en ese momento, hubiera recibido de lleno un golpe de su parte.
Evidentemente no tiene ganas ni de pensar que estoy ahi.
-¿Por qué viniste?
Me acerqué lentamente hacia él, y traté de abrazarlo un poco, pero él de inmediato se deshizo y apartó de mi lado.
-No me molestes, por favor. Estoy muy bien solo.
Lo miré por un instante. Apenas tres meses han pasado, y la mirada de Kyo se oscureció por completo.
Yo conozco esa mirada, pero ahora no viene al caso.
-Vine a visitarte¿eso no te hace feliz?
Volvió a esconder su rostro, evidentemente ya no quiere volver a verme.
-Te propongo un trato, Kyo. Si dejas que te abrace, te dejaré salir al patio sin atadura alguna por un par de horas.
-¡Vete! Déjame en paz, por favor, ya no soporto que me molestes tanto. ¡Lárgate!
Al instante, me ofendí profundamente.
Sin embargo, no pude decir o hacer nada. Es como si parte de mi se llenara de tristeza, y sin darme cuenta, comencé a llorar.
Kyo no pasó eso desapercibido. Aunque no podía ni moverme o reaccionar de otra manera, ví como se quedó congelago ante mi expresión.
Tan pronto recobré el sentido, salí de ahí dejándolo solo de nueva cuenta.
Ya en mi habitación, completamente sola, comencé a llorar de forma incontrolada.
Esa mirada, esas palabras y la forma en que las sentí¡por supuesto que las conocía!
Me recordaba que, sin importar lo que hiciera, siempre estaría sola, conformándome con tener "visitas", como si eso solucionara el mundo oscuro que me rodea.
Justo como le pasa ahora a Kyo.
-¿Por qué tiene que pasar esto?
Abrumada por esa tristeza y un súbito mareo, perdí con facilidad el conocimiento, recuperándolo a las pocas horas, bañada en un sudor frío y con un par de sirvientas cuchicheando tonterías.
-Creo que tienen el resto de la casa para hablar de los chismes de telenovela -les dije cuando pude incorporarme- ¿Donde está Hatori?
Las dos sirvientas cambiaron miradas, y recordé de inmediato que, habiéndose librado del hechizo, Hatori dejó atrás todo y comenzó a vivir libremente.
-Olvídenlo. Solo... solo recojan este desorden, por favor.
No necesitaba voltear para descubrir que ambas se quedaron con la boca abierta, ya que yo no pedía nada de favor ni a los nahuales, pero no tenía una importancia real.
Al decir verdad, me estaba cansando mucho, ya no quería seguir siendo todo lo que los demás comentaban.
Ya no quería sentirme odiada, pero jamás supe como evitarlo.
Quizá la razón por la que tengo encerrado a Kyo no sea solo por la costumbre de la familia. Quizá...
Quizá sea por necesidad.
Siendo el único nahual que queda, debe permanecer a mi lado.
Debe servirme, preocuparse por mi, estar atento a cada palabra...
Pero la verdad, ni yo puedo engañarme...
La verdadera razón por la que Kyo permanece encerrado, es por que realmente lo necesito.
Lo quiero tanto como quiero a los demás, y ahora que me han dejado, necesito a alguien a quien querer, no importa que jamás me quiera.
Por más que lo desee.
Continuará.
-Comentarios de Iria -Cielos, creo que exageré un poco, les agradezco por las respuestas y espero que este capítulo haya sido de su agrado.
