Hooooooola, gracias por la paciencia, acá les traigo el nuevo capitulo. espero que les guste. Gracias por leer y dejen porfis sus reviews que siempre me alegran el día.


Capítulo 4: Juegos de Borrachos

Todo pasa tan rápido que no comprendo cómo es que llego a estar en medio de un abrazo grupal de lo más ruidoso y efusivo. Su perfume, que sigue siendo el mismo, me aturde a tal punto que no puedo ni siquiera concentrarme en las palabras que salen de la boca de mis amigos y hasta me cuesta reconocer que rostros están presentes.

Sonrío mientras me llueven los recuerdos, aún encerrada entre todos ellos. Meredith, Caroline, Ric, Stefan y... Damon, que en este momento me está rodeando con sus brazos de esa manera que solamente él hacía. Porque da los mejores abrazos del mundo y no lo opino porque haya estado enamorada de él, sino porque es realmente así.

-Oh por dios ¡Elena! -grita Caroline de nuevo con los ojos cristalizados.

-¿Qué haces aquí?

-¿Dónde has estado?

-¿Cómo se te ocurre no llamar?

-¿Qué hiciste con tu cabello?

-¿Desde cuándo estás en el pueblo?

-¿Qué hiciste de tu vida?

-Te extrañamos, Elena...

Las preguntas son tantas y todas juntas que realmente no termino de entenderlas. Lo único que escucho es la última frase que Damon suelta tiernamente mientras revuelve mi cabello. En ese momento, la sonrisa más linda del mundo, esa que no veo en el espejo hace muchos, muchos años, se pinta en mis labios y sé en lo profundo de mi corazón que es solo suya.

Entonces pienso que si paso mucho tiempo más sin reaccionar van a preocuparse en serio así que aprovecho la oportunidad y salto a sus brazos soltando un "Yo también, Damon" entre carcajadas mezcladas con las lágrimas que me cuesta mantener a raya. Después los abrazo, uno por uno, diciéndoles una y otra vez cuánto los he extrañado.

Sé que no han pasado ni cinco minutos cuando siento la voz de Jer a mis espaldas.

-Te dije que volvería pronto -reprocha algo molesto y recién ahí me percato de la chica bajita a su lado.

-Mamá me envio a buscarte -le digo simplemente, encogiéndome de hombros mientras escucho distraídamente los murmullos de mis amigos a mi espalda- Hola, soy Elena.

Noto que la chica parece tímida y algo intimidada, quizás hasta menor que mi hermano. Sus mejillas se sonrojan suavemente cuando extiendo mi mano hacia ella y su voz es suavecita y tímida.

-Mucho gusto, soy Anna -se presenta mirando al suelo y estrecha su mano suavemente con la mía.

No puedo evitar sentir ternura por ella y sonrío al ver como Jer la rodéa con un brazo.

-Es mi novia -aclara mi hermano.

Una sorisa tierna y un rubor claro atraviesan el rostro de la joven y mi sonrisa se ensancha con orgullo.

-Encantada, Anna -le digo intentando tranquilizarla y, cuando me mira por primera vez a los ojos una sonrisa cruza sus labios y sé que se siente un poco más segura conmigo.

-Supuestamente iba a acompañarla a su casa y después regresaría, ¿te molesta?

-Para nada, Jer. Te espero en el proche así mamá no te descubre entrando... Suerte chicos.

Ellos desaparecen rápidamente y puedo oír como mi hermano la hace reír de algo antes de salir del bar. Hacen una bonita pareja.

-Los niños... -dice Ric sacándome de mis pensamientos y limpiándose una lágrima falsa- Crecen tan deprisa...

-Qué idiota -replico entre risas.

-¿Y bien, Elena? ¿Te quedas por una copa y nos cuentas qué clase de agujero negro te absorbió los últimos diez años?

-Lo siento, Stef... tengo que regresar a casa.

Después de un par de minutos, no sé cómo, entre los cinco me convencen y estamos camino a mi casa con una botella de tequila. Antes de llegar, Damon y Ric se desvían un poco para robar limones de la planta de un vecino como solían hacer antaño y después de unos minutos entro a la casa y me aseguro que mamá esté dormida y la puerta bien cerrada y pronto estamos de nuevo los seis escabulléndonos silenciosamente en el patio trasero de mi casa.

Cuando nos sentamos en el pasto junto a la piscina en ronda me siento como si jamás hubiera pasado tanto tiempo, como si nunca hubiera dejado de verlos y mi lugar entre ellos siguiera intacto. Luego miro el rostro de Damon y me muerdo los labios, sí que los años pasaron... e hicieron mágia. Por suerte nadie nota mi mirada y, mientras Ric prepara seis vasitos de tequila y Damon corta limones escucho a medias las preguntas que me hacen todos.

-Bien, tengo un juego -dice Caroline interrumpiendo el interrogatorio- Todos queremos saber cómo le fue a Elena, hagámosle preguntas: si ella contesta, quien le hizo la pregunta tendrá que beber, sino es al revés.

-¿Y si no quiero contestar? -pregunto desorientada.

-Tendrás que beber...

-Por favor, no otro juego de copas -suplico recordando aquel verano, cuando nos emborrachamos y todos terminamos confesando nuestros secretos, incluyendo mi enamoramiento por Damon.

Todos parecen más que emocionados con el juego así que les sigo la corriente y me siento a esperar el bombardeo.

-¿Alguna vez regresaste al pueblo sin que nos enteráramos? -pregunta Caroline.

-No, nunca.

Sonriente, la rubia unta sal en su mano y se la mete en la boca, apura el vasito de tequila y chupa uno de los limones que acababa de cortar Damon.

-Demonios está fuerte, más vale que la próxima vez la pregunta valga la pena... Tu turno, Stef.

-¿Por qué te fuiste?

La pregunta llega rápida e hiriente, bajo la mirada para no mirar a Damon. Las únicas que sabían un poco de la verdadera razón por la que me fuí eran mis mejores amigas por lo que era lógico que apenas tuvieran la oportunidad los chicos lo preguntaran.

No digo nada y simplemente apuro la sal y el líquido transparente por mi garganta, mi rostro se contráe distendiendo el ambiente con algunas risas y Damon me pasa un limón que chupo rápidamente para aliviar la quemazón en la garganta.

-¡Que asco! Hacía años que no tomaba toc-toc.

-¡Mi turno! ¿Tienes algún compañero abogado que esté bueno en ese estudio del que tanto habla Isobel?

No puedo evitar reír ante la pregunta de Meredith mientras ella prepara la sal en su mano.

-Sí -río- Los tres son un milagro para todas las mujeres del estado.

-¿Y te follaste a alguno?

-¡Meredith! -la regaño escandalizada pero, aunque no lo he hecho, apuro el trago con la estúpida idea de plantear la duda en la cabeza de Damon.

-¡Vamos Elena! No puedes dejarme con esa intriga.

-Es un secreto -río guiñándole un ojo y me siento ingenua por pensar que una tontería como esa podría surtir efecto. Además, me recuerdo, no quiero nada con Damon porque ya no lo amo.

Todos ríen animadamente ante aquello y me distraigo tonteando sobre el tema con Caroline. Tanto, que no noto el rostro serio de Damon hasta que Ric le da un codazo preguntándole qué le pasa. Veo como sacude la cabeza y baja la vista hacia su móvil que acaba de sacar del bolsillo, espera pacientemente su turno sin hacer más que sonreír de vez en cuando.

Entonces llega su turno y su pregunta me da vuelta el mundo.

-¿Puedes mostrarme tus manos?

Sé lo que quiere y, aunque quizás nadie más en la mesa se haya dado cuenta de lo que realmente significa su pregunta, mis ojos se cristalizan un momento. Lo fulmino con la mirada instantáneamente y, aunque veo una cierta arrogancia en sus ojos, detecto la preocupación. Pero no quiero darle el gusto, así que apuro el cuarto vaso de tequila con limón y sal y, cuando termino de beberlo, alzo las palmas de mis manos sabiendo que eso no es lo que quiere ver y le sonrío.

El juego sigue su ritmo y, poco a poco, las preguntas no sólo se centran en mí. Después de algún tiempo jugando, la botella de tequila termina por desaparecer dentro de nuestros cuerpos y yo me separo del grupo un poco borracha.

Me alejo algunos metros y me recuesto en la hierba, sintiendo el frío aire del invierno en mi rostro. Entonces no puedo evitar recordar.

Hace casi doce años, un verano, todos nos fuimos de vacaciones juntos a la casa del lago de mis padres por un par de días. Y la primer noche a mis amigos no se les ocurrió mejor idea que jugar al "yo nunca" con un whisky barato y muy fuerte.

Las preguntas eran un poco impersonales al principio y, como ninguno tenía más de diecisiete años en ese entonces, se basaban prácticamente en las pocas experiencias sexuales de algunos.

Aguanté varias respuestas de Damon y esa noche me enteré de algunos detalles que prefería no haber sabido sobre su relación con Katherine. Aunque ya lo suponía, llevaban para entonces un año y medio de novios.

Todo eran risas y preguntas tontas, hasta que Caroline soltó la pregunta que desató el caos de confesiones que fue esa noche.

-¿Alguna vez les gustó alguien que esté entre nosotros?

Y fue una sorpresa, porque cada uno de los seis que estábamos jugando en ronda un poco achispados por el alcohol reconocimos que sí.

Las preguntas fueron y vinieron por largo rato, cada vez volviéndose más y más comprometedoras. Yo intercambiaba miradas con Ric todo el tiempo, midiendo nuestra confianza. Él sabía que yo estaba enamorada de Damon, su mejor amigo, pero también yo sabía que él estaba enamorado de Mer, mi mejor amiga. De alguna manera, los dos queríamos exponer al otro, sin darnos cuenta que al mismo tiempo nos expondríamos a nosotros mismos. Pero estábamos borrachos, todo parecía un juego.

Llegamos al acuerdo de prometer que todo lo que pasara esa noche quedaría olvidado y entonces Ric dio el paso que remató finalmente los hechos: nos retó a todos a tomar la mano de la persona de la cual habíamos estado hablando. Caroline y Stefan fueron los primeros en darse las manos, aclarando entre risas que no sentían por el otro nada más que atracción sexual. Luego siguió Meredith que, riendo de vaya a saber qué cosa, tomó la mano libre de Stefan soltando un "no siento nada, pero estás muy bueno". En ese instante miré a Ric, que bajó un poco la vista. Luego fue su turno y decidió explayarse "Para mí eres mi mejor amiga, pero no pude evitar que comenzaran a pasarme cosas más profundas: no solo amo tu personalidad, eres hermosa Mer" Ric tomó la mano de su mejor amiga y yo no pude evitar reír ante la expresión de sorpresa desmedida como reacción a aquella confesión.

Damon no tomó la mano de nadie, recordándonos a todos que estaba bien con Kath y que la amaba. Entonces fue mi turno y, aunque intenté escapar de la situación, me obligaron a hacerlo. Lo miré a los ojos y casi pedí disculpas con la mirada antes de tomar su mano casi con miedo. De todas formas él ya lo sabía. Me puse no solo roja sino imagino que probablemente hasta morada cuando mis amigos aplaudieron ya que al fin me había confesado, todos sabían la historia de mis sentimientos por él pero apenas tuvo su oportunidad, Damon soltó mi mano dejándome con un nudo en la garganta y mucha, muchísima verguenza.

Le prometí a Ric que iba a matarlo y, cuando se terminó el juego, lo abracé ya que los dos estábamos un poco tristes por las respuestas.

Pero la historia no terminaba ahí... la parte quizás más patética fue lo que pasó muchas horas después, bajo los primeros rayos del amanecer.