DISCLAIMER: Naruto no me pertenece.
Espero que lo disfruten.
Cómo recuperar algo que se creía perdido
...
Capítulo 3: ¿El equipo siete?
...
Como ese pergamino, había por lo menos una docena. Todos de ella.
Un frío le atravesó la columna, y pudo notar como los colores le subían al rostro, cuando sintió el ardor en sus mejillas.
La mayoría de los retratos de Sakura eran recientes. El más antiguo debía de ser de hace dos años. Sin embargo, doblado en el fondo del baúl se encontraba otro dibujo en un papel más roído que el resto. Sakura lo desdobló con cuidado de no romperlo. Trazado con líneas finas y precisas, una niña de apariencia dulce y larga cabellera, sonreía. La kunoichi la observó, detenidamente; un espasmo la recorrió entera, después de que con gran esfuerzo lograra reconocerse a sí misma cuando tenía doce años y aún llevaba el cabello hasta la cintura.
Decirte que sabía desde el día que me fui, que ese sería el día… el día del que me arrepentiría el resto de mi vida. Las palabras de Sasuke hicieron eco en sus oídos, revelándole algo que ella no quiso ver desde el principio.
¿Acaso era ella la razón por la que estaba arrepentido de irse? El pensamiento cruzó su cabeza al tiempo que la respuesta a esa pregunta la dejaba, momentáneamente, sin aire. Después de recuperar el aliento, advirtió una armonía inesperada a su alrededor. Se precipitó a la ventana y confirmó que la lluvia había cesado. Si era prudente, ese era el mejor momento para marcharse, pero luego de haberse quedado en contra de su voluntad, ahora era presa de una especie de síndrome de Estocolmo.
...
En la sala, a Sasuke las horas le pasaron a cuenta gotas; apenas si había pegado el ojo a lo largo de la madrugada. Venciendo el deseo de derribar la puerta que lo separaba de la pelirrosa, anduvo por la sala contando sus pasos. Cuando se fijó que la tormenta ya no era más que una tenue llovizna, eran casi las cinco de la mañana. El sol pronto se asomaría radiante tras la montañas de la aldea, coronando al cielo límpido que había quedado en cuanto se esfumó la tempestad. Deseó con todas sus fuerzas que en su caso ocurriera lo mismo, y que después de la tormenta, solo quedara calma.
Sus nudillos hicieron sonar la madera de la puerta de su cuarto. Aguardó unos cuantos minutos a que Sakura abriera, dándole tiempo de ponerse presentable, si lo requería, pero la ella no abrió. Temió que le hubiera sucedido algo y se arrepintió de no haber tumbado la puerta cuando así lo quiso. Después de comprobar que la pelirrosa no le había echado pestillo a la puerta, la abrió con cuidado de no hacer mucho ruido.
―Sakura ―llamó por lo bajo; nadie contestó.
Entró en silencio a la habitación, pero la encontró vacía.
...
Sakura respiraba con dificultad, mas no podía adivinar si era por la humedad del ambiente, o por la turbación. Deseaba desesperadamente platicar con Ino, pero no eran ni las seis de la mañana, y a esa hora la rubia seguramente seguía dormida. Chapaleó sin rumbo fijo unos minutos; no se le antojaba llegar a su casa. Allí había demasiadas cosas que le recordaban a Sasuke. Empezando por esa bendita fotografía que ahora no sabía si tirar a la basura, o atesorar eternamente. Y terminado con las cartas que no se había atrevido a desechar.
Recapitulando lo sucedido, se dio cuenta de cómo habían cambiado los acontecimientos en las últimas horas. Para empezar: ya no era una traidora; Naruto no la amaba y Sasuke pasó de odiarla a venerarla.
Visto desde un punto de vista menos dramático, las cosas iban la mar de bien. E ahí, la importancia de una segunda opinión. Pero a Sakura, que a sabiendas de que más temprano que tarde tendría que darle la cara a Sasuke y tomar una decisión definitiva, en ese instante, todo se le tornaba fúnebre. Además, estaba el hecho de que el Uchiha le mintió, en el momento que tuvo la oportunidad única de sincerarse. Aun cuando ella ansiaba creer en ese súbito amor, había cosas que no terminaba de entender.
...
Ino, como cosa rara, iba discutiendo con Shikamaru. Las calles adoquinadas de la aldea ya no presentaban ningún vestigio del torrencial aguacero que había tenido lugar la noche anterior, por lo que los ninjas caminaban, tranquilamente, rumbo a la oficina de Tsunade.
―Te estoy diciendo que la Hokage fue quien dio la orden.
―¿Y? ―Rodó los ojos―. ¿Cómo quieres que te diga que no tengo ni la menor idea de donde pueda estar? ―replicó, irritada―. La última vez que vi a Sai, fue ayer tarde cuando me dejó en mi casa. No sé qué película te has hecho, pero lo cierto es que desconozco su paradero.
―Está bien ―suspiró el Nara, aburrido, dando por finalizada la disputa.
Caminaron en silencio otro tramo del camino, hasta que la rubia preguntó:
―¿De qué quiere hablar Tsunade-sama conmigo?
―No lo sé, pero al parecer, Sai no fue el único que no durmió en su casa anoche. ―Sin querer, Shikamaru pronunció las últimas palabras con un deje de ironía que exasperó a Ino.
La rubia frunció el entrecejo y le lanzó al Nara una de sus más despiadadas miradas.
―Sakura tampoco aparece ―añadió el chico, ignorando la mala leche de su compañera.
―¿Sakura? ―repitió la rubia.
A Ino le constaba que la única razón por la que Sakura pudo no haber dormido en su casa, ya no era viable. Tomando en cuenta lo que había descubierto la noche anterior, gracias a la invaluable colaboración de Sai, lo más seguro es que Naruto y Hinata pasaran la noche juntos. Por lo que Sakura…
¿Donde estará? ¿Con quién pasaría la noche?, se preguntó. Shikamaru, adivinando los pensamientos de la joven, quiso saber que tan enterada estaba Ino de los motivos por lo que se había ausentado la pelirrosa.
―Aunque de eso si que debes estar al tanto.
―¿De qué? ―preguntó Ino, recelosa.
―¡No te hagas! Tú bien que debes de saber dónde está Sakura, o al menos, donde pasó la noche.
―¡Menuda molestia! ―bufó la rubia―; ahora se supone que yo debo conocer al dedillo la vida nocturna de toda la población de Konoha… Te advierto que si es para eso que me quiere ver Tsunade-sama, pierde su tiempo, porque me entero que Sakura no durmió en casa, de tus labios.
Shikamaru tuvo que admitir que Ino sonaba bastante convincente, por lo que optó por dejar de insistirle, no fuera a ser cosa que la rubia terminara enojándose en serio, y se pusiera pesada. Eso sí resultaría problemático. Sin embargo, la extraña desaparición de los tres ninjas no dejaba de causarle intriga. Esa mañana, al Nara le fue encomendada la misión de informarle a Sai, Naruto y Sakura que la Hokage tenía que hablar con ellos, pero cuando fue en busca de los aludidos, casualmente, ninguno estaba en casa. Los buscó por donde creyó podía encontrarlos, pero hasta ahora no había ni señas de ellos.
Shikamaru caminaba en silencio, hundido en sus cavilaciones. Ino, por su parte, estaba molesta por las impertinencias de su compañero de equipo, por eso, cuando llegaron al pie de las escaleras del edificio, cada uno iba por su lado.
―¡Ino! ―gritó una voz a sus espaldas. Ambos voltearon al mismo tiempo para encontrarse con la figura de Sai, que corría en dirección a ellos.
Ino le dedicó una sonrisa espléndida, desapareciendo cualquier rastro de mal humor.
―Qué bueno que te encuentro ―jadeó el pelinegro―; te he buscado por todos lados.
―¿A mí? ―preguntó la rubia, sorprendida―. Si de hecho Shikamaru ha estado tras tus pasos desde esta mañana.
Sai miró a Shikamaru. Un vistazo fue más que suficiente, para que adivinara que se trataba de la Hokage.
―En ese caso ―dijo―; será mejor que me apresure a hablar con ella.
―Sí ―coincidió Shikamaru―. Te conviene darte prisa. ―Diciendo esto se marchó escaleras arriba; cuando estuvo a punto de entrar al edificio, se volvió y dirigiéndose a Ino, agregó―: Con Sai aquí, supongo que ya no eres necesaria.
La rubia enarcó una ceja, visiblemente cabreada.
―Ino ―comentó Sai, de repente―; en mi casa hay alguien que quiere verte. ―La rubia abrió los ojos como platos―.Te está esperando ―dijo el pelinegro al tiempo que le entregaba las llaves de la residencia.
La chica no tardó mucho en comprender, que solo podría tratarse de Sakura. Ya se ha enterado, estuvo segura Ino.
―¿Cómo está?
―Es mejor que vayas y lo compruebes tú misma.
Ino asintió en señal de estar de acuerdo.
Sai, tras meditarlo, resolvió guiñarle un ojo para luego emprender el camino que minutos antes había tomado Shikamaru. Cuando llegó a la oficina de la Hokage, el Nara ya estaba allí, junto con Shizune y Sasuke Uchiha, quienes seguían con la mirada el vaivén de los pasos de una Tsunade notablemente ansiosa.
―Hasta que apareces ―soltó Tsunade de mal talante―. Por lo visto, Sakura, Naruto y tú se tomaron en serio lo de las vacaciones… hay que ver que cuando el gato se va, los ratones hacen fiesta…
―Tsunade-sa…
―No he terminado ―lo atajó la Hokage―. Naruto me entregó, ayer, el informe de la misión a la aldea de la arena ―siseó mientras levantaba unos papeles, que luego dejó caer, molesta, sobre el escritorio―; y tengo que decir que deja mucho que desear. Claro está, que Naruto nunca se ha destacado por ser un genio a la hora de realizar informes, pero este no tiene ni pie ni cabeza. Entonces, los mando a llamar hoy para hablar acerca de su reciente rendimiento, y resulta que los niños se han ido de juerga, en una noche de tormenta, cabe destacar, y ninguno durmió en casa.
―Yo… lo siento ―se disculpó, sin estar muy seguro de qué debía decir. Había asumido que la urgencia de Tsunade no tenía nada que ver con la misión de ayer.
―¿Dónde están Sakura y Naruto? ―preguntó la mujer, segura de que él conocía la respuesta.
El pelinegro vaciló, pero con la mirada inclemente de la Hokage clavada en él, le fue imposible seguir ocultándole información.
―Naruto, él… él debe estar en casa de Hinata ―Tsunade palideció, súbitamente, igual que los demás presentes, a excepción de Sasuke que observaba la escena con su cara de póker.
―¿Y Sakura?
―Ella está bien.
―Me parece no haber preguntado cómo está, sino dónde está.
―Está en mi casa ―contestó, escueto.
Esta vez, fue otra persona la que palideció. Así que por eso no la encontré en su casa, siseó Sasuke para sí al tiempo que el pulso se le disparaba de pura rabia.
―¿En tu casa? ―inquirió Shikamaru―; pero si yo vengo de allá y no los he visto.
―Seguramente llegamos minutos después de que te fueras.
―¿Llegaron? Eso quiere decir que… ¿Sakura y tú no pasaron la noche juntos? ―intervino Shizune con la intención única de librar a Sakura de cualquier culpa.
―Sí la pasamos ―se apresuró a mentir Sai, como únicamente puede hacerlo alguien entrenado en el oficio: con naturalidad y sin una pizca de remordimiento―; solo que no en mi casa.
La Hokage lo reprendió con la mirada. Imaginarse lo que podían haber estado haciendo esos dos, no le causaba ninguna gracia. Como tampoco le causaba gracia a Sasuke que Sai mintiera para proteger a Sakura. Si alguien debía resguardarla era él, pero como siempre, eso también se le escapaba de las manos.
―Espero que estén preparados para cuando llegue Kakashi Hatake ―le advirtió Tsunade―. Y dile a esos dos que tienes como compañeros de equipo, que no se la van acabar; que más les vale venir a darme la cara.
Sai estuvo seguro de que la Hokage esperaba algún acuse de recibo de la advertencia que acaba de hacerle, por lo que se apuró a asentir con la cabeza.
―Ahora salgan todos ―continuó ella―. Tengo que hablar a solas con Uchiha.
Enseguida que todos, a excepción de Sasuke, abandonaran la oficina, Tsunade se relajó un poco. Tomó asiento y posando la cabeza sobre sus brazos, que ahora reposaban en la superficie del escritorio, se dirigió al único presente:
―Tú dirás ¿De qué querías hablar conmigo?
―Quiero volver al equipo siete ―soltó él, impertérrito.
Tsunade lo examinó, atónita. Fuera de lo que podía pensar, las palabras de Sasuke eran firmes y no admitían derecho a réplica. Sin embargo, solo había una respuesta para aquella petición; así que inhaló una bocanada de airé y alegó:
―El equipo siete ya no existe, Sasuke. ―Le miró con desdén―. ¿Quieres que te recuerde, el por qué?
―No ―dijo, tajante―; no es necesario. Conozco al dedillo las razones. Pero si todos los miembros del equipo estamos disponibles, entonces ¿por qué no reunirnos nuevamente?
¿Todos?, escupió Tsunade, enarcando una ceja.
―No se te olvide que Sai forma parte del equipo Kakashi desde hace tres años…
Exactamente de él quería deshacerse Sasuke. Nunca le había causado gracia que ese bobalicón de Sai, pasara tanto tiempo con Sakura. Pero en un principio había sido muy débil para aceptar que estaba siendo víctima del más humano e inútil de los sentimientos: los celos. No obstante, ahora que Sakura tenía conocimiento de lo que él sentía por ella, no le veía caso aguantarse que ese intruso se le pegara a la pelirrosa como un chicle, y menos después de la escenita de hace un momento.
―No se me olvida.
―En ese caso, no hay más de que hablar. Si eso era todo lo que tenías para decirme…
―Le sugiero que lo reconsidere ―la cortó Sasuke, mirándola como si ella fuera su subordinada.
Era un maldito petulante.
―No veo que tenga que pensar ―rugió más frustrada de lo habitual―. Y en todo caso, esa decisión no depende de mí.
―¿Y entonces de quién?
―De Kakashi, supongo. Que a su vez tendría que consultarlo con Sai, Naruto y Saku…
Fue entonces cuando Tsunade reparó en el hecho de que Sakura no toleraría volver a estar en el mismo equipo con el Uchiha. Aun cuando la pelirrosa se empeñara en disimular sus emociones, la Hokage la conocía de tal manera, que podía adivinar lo que Sakura sentía antes de que ella fuera capaz de admitírselo. Era cierto que desde hace algún tiempo, Sakura se comportaba distinto. Ya no parecía importarle tanto lo que Sasuke hiciera o dejara de hacer (para alivio de Tsunade). Pero unirlos otra vez en el mismo equipo no suponía la mejor manera de comprobar que tan desenamorada estaba su pupila de Sasuke Uchiha. De hecho, los planes que Tsunade tenía para ella eran muy distintos, y requerían que Sasuke estuviera lo más alejado de ella como fuera posible.
―De ser a así, esperare a que Kakashi-sensei regrese.
Sasuke hizo una corta reverencia y cuando se disponía a irse, Tsunade lo detuvo, diciendo:
―No creo que esa sea una buena idea. Después de todo, hace más de cinco años que ustedes no trabajan juntos… No estoy segura de que puedan volver acoplarse.
―Lo bien aprendido nunca se olvida ―argumentó Sasuke, seguro de que Kakashi apoyaría su idea de unir al antiguo equipo siete. Dando por terminada la conversación, volvió hacer una reverencia y se marchó.
La Hokage se quedó en su oficina conmocionada por la petición del Uchiha. ¿Qué será lo que planea con este absurdo?, tronó en su fuero interno. Aunque no encontró respuesta a esa interrogante; de algo estaba irrevocablemente convencida: Sasuke y Sakura jamás volverían a estar en el mismo equipo, así tuviera ella que desintegrar lo que restaba del mismo.
―¡En lo que a mí respecta eso nunca sucederá! ―gritó Tsunade―. ¡Nunca!
No sería precisamente él quien arruinaría sus planes. De eso estaba la anciana segura; después de todo, ya los había separado una vez.
Shizune volvió a la oficina escoltada por Shikamaru. Cuando entraron Tsunade estaba absorta, viendo por la ventana.
―Llegan dentro de dos días ―anunció el Nara con una sonrisa estirándole las mejillas.
La Hokage se volvió en dirección a los recién llegados y escrutó a su asistente con la mirada. Shizune asintió, otorgándole la razón al chico.
―¿Tan rápido ha llegado la respuesta? ―inquirió Tsunade, entre la sorpresa y la alegría mientras oteaba el documento de acreditación que acababa de entregarle su asistente.
―¡Sí! ―cantaron ambos al unísono.
―¡Excelente! ―exclamó ella, eufórica―. La misión de Naruto y Sai no fue un fracaso, a fin de cuentas.
―Supongo que hay que comenzar de inmediato los preparativos ―apuntó Shizune.
―Supones bien, pero antes hay que localizar a Sakura. ―Dirigiéndose a Shikamaru, demandó―: Ve a buscarla.
―Por lo menos ya sabemos dónde está ―soltó el Nara con fastidio al tiempo que se desdibujaba la sonrisa de su rostro.
...
El recuerdo del olor de Sakura impregnado en su ropa retornaba a su mente cada tanto, atormentándolo sobremanera. En eso estaba, inmortalizando el aroma a jazmín de su piel cuando se encontró en el pasillo de su edificio a Sai. Este último estaba recostado, con los brazos cruzados en el pecho, sobre la pared del apartamento de Naruto. Ambos se miraron de reojo, esforzándose por aparentar no haber advertido ninguno la presencia del otro. Al momento que Sasuke atravesaba el umbral de su residencia, Naruto apareció en la puerta de enfrente con expresión relajada; justo a tiempo para intercambiar una mirada con él, comprendiendo al punto que el Uchiha tenía algo importarte que participarle.
Acto seguido, Sai entró al apartamento del rubio, topándose con Hinata que iba de salida. La Hyuga le dedicó una sonrisa corta y despidiéndose de su novio salió de la residencia.
―¿Dices que la vieja está enojada?
―Enojada es poco ―aclaró Sai con una pose exagerada―. Está que echa fuego por las narices.
―Hmm... ―murmuró Naruto, simulando que pensaba. Enseguida, resolvió―: ya se le pasara.
―A ella tal vez, pero ¿qué vamos hacer cuando vuelva Kakashi-sensei?
―Ya pensaremos en algo ―apostilló Naruto de forma despreocupada, echándose en el sillón―. Igual no entiendo porque tanto drama.
―Será porque… ―Sai pensó un rato; sus cavilaciones por un momento se centraron en Sakura―. No estamos haciendo las cosas como se debe. Ya te dije que Tsunade-sama estaba furiosa por la calidad del informe de la última misión.
―Bah ―balbuceó el rubio―; son simples ganas de joder. Ella ni siquiera lee los informes.
―Este sí que lo leyó… Debí haberlo hecho yo. De hecho, debimos esperar a que el Kazekage volviera a la aldea y nos diera la respuesta personalmente.
―¿Bromeas? Eso hubiera supuesto pasar un día más en la aldea de la arena.
―Sí, pero de seguro no estaríamos metidos en este lío.
―De eso nada. Tsunade ha estado rara últimamente. Si no hubiera sido por esta misión, hubiera sido por otra.
―Si tú lo dices ―dejó salir Sai, quien estaba al corriente de las causas del raro comportamiento de la Godaime.
―Así es ―reiteró Naruto, sintiéndose dueño de la verdad―. Tú mismo dijiste que la agarró también contra Sakura, y ella ni siquiera fue con nosotros.
―En eso tienes razón ―concordó el pelinegro.
―Y a todas estas ¿Dónde está Sakura-chan?
―No lo sé ―mintió Sai.
―Espero que al menos se esté divirtiendo.
―Seguro que sí ―contestó el pelinegro― seguro que sí.
...
Sai se despidió de Naruto una vez que acordaron lo que le dirían a Kakashi cuando volviera. Enseguida, el rubio voló al departamento de Sasuke que lo esperaba acucioso. El Uchiha tardó una milésima de segundo en abrirle la puerta, después de escuchar la despedida de su amigo y el otro pelinegro.
―No te ves bien ―comentó Naruto apenas le vio la cara.
―Pues no lo estoy –confirmó Sasuke, mohíno.
―¿A qué tienes algo que decirme?
El pelinegro asintió. Después de un rato en silencio, anunció:
―Voy a volver al equipo.
―Supongo que te habías tardado mucho. ―Narurto exhibió una sonrisa amplia que le cubría casi toda la cara.
―Sabes de sobra mis razones para no volver.
―Sí, pero de nada te ha servido callar ―le recordó el rubio, en un tono no exento de crítica.
―De nada ―coincidió Sasuke―. Sakura ya lo sabe.
Naruto palideció.
―¿Qué es exactamente lo que sabe? ―preguntó con interés; casi preocupado.
―Todo… Bueno, menos los motivos por los que no se lo dije antes y a la cara.
―Entonces no se lo ha tomado bien ―lamentó el Uzumaki, seguro de que si el secreto de Sasuke se sabía algún día, él quedaría a la altura del betún antes los ojos de la pelirrosa.
La certeza de Naruto lo golpeó igual que si fuera un insulto. Las negras cejas del Uchiha se elevaron sobre sus grandes ojos, para luego proferir en tono indignado:
―¿Por qué estás tan seguro?
―Bueno, porque de habérselo tomado de buena gana estarían juntos en este momento. Y de seguro tú no traerías esa cara.
―Ciertamente ―bufó Sasuke, poniendo los ojos en blanco.
Los hombros de Naruto se encogieron como respuesta.
―Ni siquiera sé donde está ahora ―continuó el pelinegro, rememorando esta mañana cuando entró a su habitación y la halló vacía. A excepción de la ropa de Sasuke que la pelirrosa había usado, no había señales de ella―. No sí que lo sé ―corrigió ante la llegada de otro recuerdo―; está en casa de tu amiguito.
―¿Mi amiguito? ¿Te refieres…
―Al pesado de Sai, por supuesto ―completó Sasuke.
Naruto le lanzó una mirada acusadora. No se valía que tratara a Sai de esa manera. El rubio no entendía porque nunca lograron llevarse bien. Estaba convencido de que si Sai y Sasuke se hubieran sentido con ganas de conocerse mejor, ahora mismo serían excelentes camaradas.
―Sakura y Sai solo son amigos ―trató de tranquilizarlo―. Ya verás que cuando volvamos a ser el equipo siete podrás arreglar las cosas con ella.
Sasuke se encogió de hombros al tiempo que murmuraba:
―Solo falta que vuelva Kakashi-sensei para hacerlo oficial.
...
La estancia estaba completamente desordenada, indicador inequívoco de que el propietario del inmueble era un hombre; un joven en este caso.
La pelirrosa permanecía panza arriba sobre el sillón mientras que Ino sentada en una silla contigua, escuchaba, sin perder detalle, los acontecimientos de las últimas horas. La escena, vista desde fuera, mostraba a una chica en una sesión extraordinaria con su psiquiatra. Y de hecho, no estaba tan lejos de la realidad; puesto que, en ese momento, Ino hacía las veces de psiquiatra, y por su parte, Sakura era lo más parecido a una enferma mental que pudiera encontrarse por esos lados. Después de que la Haruno terminó de contarle todos los pormenores de lo ocurrido horas atrás, ambas se hundieron en un sepulcral silencio. Ino para digerir la información y Sakura para ordenar, en la medida de lo posible, sus ideas.
―Estas cosas solo te pasan a ti, Sakura.
La interpelada no respondió. Estaba sumida en un estado de semi-inconsciencia, embelesada mirando un punto fijo en el techo como si aquello fuera de lo más interesante. No podía sacar de su mente la certeza de que, aun cuando se esforzó a más no poder por dejar todo intacto en el cuarto de Sasuke, este acabaría por darse cuenta de que ella estuvo husmeando entre sus cosas. Al fin y al cabo, hay muy pocas cosas que pueden pasar desapercibidas a esos ojos.
―¡Planeta tierra llamando a Sakura-chan! ―bromeó Ino en un intento por relajar los ánimos. Y haciendo sonar sus dedos frente a los ojos verdes de su amiga, agregó―: ¿Sakura sigues aquí?
―Sigo ―respondió ella, sucintamente.
Ya había dicho todo lo que tenía atascado en el pecho desde que se enteró de todo. Había llorado lo suficiente, y ahora solo le quedaba hacer algo al respecto. Pero lejos de lo que cualquier persona pudiera suponer, no era una tarea fácil para ella. En los últimos meses, pasó de amar a Sasuke a enamorarse de un desconocido, que creyó que era Naruto, pero terminó siendo Sasuke. La sola idea de tratar de entender todo aquello le daba vértigo.
―Sakura ―comenzó Ino―; yo ya sabía que Naruto no podía ser tu admirador, lo que jamás me imagine es que fuera Sasuke.
―¿Cómo que sabias? ―preguntó la pelirrosa, levantándose de golpe del sillón.
―Bueno, me enteré anoche cuando estaba con Hinata ―le explicó su amiga, echando mano de su mesura―. Sai llegó a Ichiraku's Ramen, y ahí me puse al tanto de que Naruto y él estaban en una misión, en la aldea de la Arena, entregando unos documentos o algo así… acababan de llegar, eran como eso de las nueve.
―Hmm ―balbuceó―. A esa hora yo ni idea de que Sasuke era… ¿Ahora qué voy hacer?
―¿Y todavía lo preguntas? Sakura, si lo quieres, solo tienes que aclarar las cosas con él.
―¿Con Sasuke? ―preguntó, confundida.
―¿Con quién más? Claro que con Sasuke. Sé que lo quieres y si las cosas se dieron como tú dices, entonces él también, a su modo, te quiere. ―Ino sonrió, irónica―. ¿Quien iba a decir que tú ibas a ser la excepción a la regla?
Su pregunta no era para nada retórica. La Yamanaka, de verdad, no daba crédito a que Sasuke se interesara por alguien distinto a él y mucho menos, si ese alguien era precisamente Sakura. A parte de la pelirrosa, Ino era la única persona que había leído las cartas de Sasuke; no todas, claro está, pero al menos en su mayoría, lo que le hacía imposible imaginarse a aquel chico tan desdeñoso, escribiendo cartas que a cualquier chica -incluida ella- le robarían el aliento.
―No lo sé, Ino. Todavía no entiendo la razón por la que no me lo dijo a la cara… ¡Por los Budas si era un secreto a voces que yo lo amaba! ¿Por qué inventarse todo este asunto de las cartas?
―En eso tienes razón; debió habértelo dicho. Pero, el por qué no lo hizo, es una respuesta que solo él puede darte…
Precisamente eso tenía planeado Sakura hacer. Una vez que hablaba con Ino, las cosas empezaban a coger forma. Su amiga le hizo entender que el amor debe tomarse con fuerza, venga como venga, y más tratándose del amor de la vida de uno, como era el caso de Sakura, que aunque se empeñara en ocultarlo, siempre fue más que obvio que no había dejado de amar a Sasuke. Exceptuando los tres meses en los que estuvo enamorada de él, sin saber que era él realmente, claro.
―Tal vez… ―empezó a especular la rubia cuando remembró la animosidad de la líder de la aldea hacia el heredero Uchiha―; no, no crea que sea eso.
―¿Qué cosa?
―No me hagas caso. Son tonterías mías.
Sakura le lanzó una mirada desconfiada, tratando de sacarle más información, pero Ino no parecía querer insistir en el tema, y ella no era como que estuviera encantada con la idea de devanarse los sesos por otro rollo más, así que lo dejo por la paz. Después de todo, lo que realmente importaba era que Ino siempre estaba ahí para ella cuando más había menester.
―Gracias ―musitó Sakura al borde del llanto.
―¿Por? ―Quiso saber Ino.
―Por todo. No sé qué sería de mí sin ti.
―Tranquila, ya tendrás oportunidad devolverme el favor. ―Ino se quedó pensando y maliciosamente añadió―: Para empezar, puedes convencer a Sai que se me declare.
Sakura miro a Ino, atónita. Sus ojos verdes orbitaban enloquecidos.
―¿Tú-tú y Sai…? ―intentó balbucear Sakura―; ¿acaso, ustedes dos?
Ino rió por lo bajo.
―No, aún nada. Y si Sai no se pone las pilas, le tocará hacer un esfuerzo más descomunal que el de Sasuke para conquistarme… yo no lo voy a esperar toda la vida.
Sakura se sonrojó solo de escuchar el nombre de Sasuke.
―Pues, si así están las cosas, me tocará decirle que espabile, o te pierde.
―Perfecto ―la autorizó Ino―; eso estaría perfecto.
Ambas amigas, agradecida una por contar con la otra, sonrieron al mismo tiempo.
―Ah, Sakura, casi lo olvido, Tsunade-sama quiere verte.
―¿A mí? ¿Para qué?
―No conozco los detalles, pero antes de venir para acá, Shikamaru fue a buscarme a mi casa, alegando que la Hokage necesitaba hablar conmigo. ―Ino se levantó rumbo a la cocina, y desde allá agregó―: Luego me enteré de que no era más que una treta para sacarme información de tu paradero.
En la que, por cierto, hubiera fracasado, porque por primera vez Ino no mentiría al decir que desconocía donde había pasado la noche su amiga. Realmente, si Sakura no se lo hubiese contado, ella jamás lo hubiera siquiera sospechado. Sakura se quedó pensando, sin atinarle a ninguna razón por la cual Tsunade quisiera verla. A parte de los resultados que Hinata le había llevado el día anterior a su consultorio, no consiguió otra cosa de la que pudieran tener que hablar. A no ser que…
La pelirrosa empezó a sudar frio. Temblores que no podía controlar le recorrieron la columna vertebral dejándola imposibilitada para moverse. Ino que volvía con dos tazas de té, notó de inmediato el horror en los ojos dilatados de su amiga.
―¿Qué te pasa? ―inquirió.
Pero su amiga no contestó. En ese momento a Sakura se le llenó el estómago de nudos y empezó a sentir arcadas.
―¿Qué ocurre, Sakura? ¿Estás bien? ―la interrogó de nueva cuenta mientras hacía a un lado las tazas de té y la socorría.
La Haruno negó con la cabeza, y haciendo acopio de toda su voluntad, pudo reprimir las ganas de vomitar.
―Ya pasó, ya pasó ―repetía Ino, dándole palmaditas en la espalda mientras la guiaba, torpemente, hasta el sofá.
El timbre sonó al momento que Sakura recuperaba el control de su cuerpo y se dejaba caer en el sillón.
―Lo sabe ―dijo Sakura entre dientes, dejando su voz a la altura del más leve de los susurros.
Ino, segura de que el que tocaba el timbre era Sai, corrió abrirle, sintiéndose aliviada porque llegaran refuerzos justo ahora que Sakura acababa de sufrir un ataque de ansiedad, sin causa aparente. Su sorpresa fue gigante cuando en el umbral de la puerta apareció su compañero.
―¿Shikamaru? ¿Qué haces aquí?
―Vine por Sakura ―dijo él con su expresión habitual―. Tsunade-sama demanda su presencia.
La interpelada quedó petrificada en el sitió, incapaz de aquietar los latidos de su corazón.
Editado: 05/02/2015.
Capítulo tres listo. Deseo que les haya agradado.
¡Feliz existencia!
