Entre que estuve enferma, y que la universidad absorbe mi vida, cada vez tengo menos tiempo para escribir. Es MUY TRISTE. Pero al fin termine el capitulo.

-Discúlpenme un momento.

Tori se levantó de su asiento y atravesó el recinto a zancadas largas y rápidas. En pocos segundos estaba detrás de su hermano. Se cruzó de brazos esperando una reacción por parte del chico, pero su cabellera enrulada no se giró para verla de frente, por lo que Tori tuvo que llamarlo.

-Mike…- El niño se dio vuelta instantáneamente. Parecía sorprendido ante la repentina aparición de su hermana mayor.

-¡Tori!- Trató de levantarse pero la chica apoyó una mano sobre su hombro para volverlo a sentar.-… ¿Qué ocurre?

-Nada, solo estaba preocupada por ti.

-¿Ustedes se conocen?

La chica focalizó su mirada en el muchacho rubio sentado al lado de su hermano. Era flaco, pero no escuálido, ojos color café y de una altura considerable que podía notarse aun estando él sentado. Antes de responder la Tori se lo quedó mirando por unos segundos, sintiendo que la cara del joven le sonaba de alguna parte.

-Hermanos. –Contestó la chica finalmente, aun de brazos cruzados.

-¡Ey!

Unos de los muchachos de la mesa, de cejas prominentes y pelo rapado, la estaban señalando. Tori se percató que había sido el mismo joven que habló mal de ella en la fila de comida ¿Cómo lo habían llamado? ¿Gale? ¿Ga…?

-¿Qué te ocurre ahora Gally?-Preguntó otro de los varones.

-Esa es la chica nueva.- Respondió él con una mueca de asco.

-Y dime Gally ¿Cuál es tu problema exactamente con migo?- Tori podía entender la agresividad por parte de las chicas, ¿Pero por qué de ellos? Además…. Gally era un nombre extraño.

-¿Es que no lo ves? Si se lo hacen al grupo B, entonces nos lo pueden hacer a nosotros.

-Gally…- El chico rubio susurró el nombre de su compañero con un cansancio notorio, mientras ponía los ojos en blanco.- No empieces.

Tori no pude dejar de notar que esa escena se parecía mucho a la que había vivido hace solos unos minutos con Beth, Sonya y Harriet.

-¡Me sorprende que no lo veas New! Esto altera tu preciado estatus quo, ¡El orden de las cosas!… Pero por supuesto, yo siempre termino siendo el paranoico aquí.

-¡Eso es porque tú eres paranoico, Gally!

-Recuerda que no eres el líder Newt, de modo que no puedes hablarme de esa manera…

-Alby y Nick no están aquí, así que Newt es lo más cercano a un líder que tenemos por las próximas dos horas. Mientras que tú, Gally, eres solo un demente que no hace otra cosa que molestar.

Sentado enfrente de Newt, y con rasgos asiáticos, había un chico que aniquilaba con la mirada a Gally, quien por fin se quedó callado mirando con frustración su plato, mientras un muchacho a su lado trataba de tranquilizarlo.

-Oigan, enserio no me importan sus problemas.- Confesó Tori con toda la sinceridad del mundo.-Solo vine aquí para hablar con mi hermano.

-Sí, y creo que ya te deberías ir.- Dijo Newt con ninguna maldad en su tono de voz. Aun así el comentario hirió a la chica.

-¿Disculpa? ¿Por qué exactamente tendría que irme?

-Bueno…- Comenzó explicando el rubio.- No se acostumbra que las chicas se mezclen con los chicos en las horas de comida.

-¿Acaso es ilegal? ¿Hay alguna regla que lo prohíba?

-No, pero….

-Entonces no veo por qué no puedo estar aquí.

-Es costumbre, así se mantiene el orden por estos lugares.- Tori podía notar como la mirada y sonrisa conciliadora del chico, empezaba lentamente a desaparecer.- Pero es normal, a fin de cuentas eres nueva por aquí, te llevará un tiempo acostumbrarte.

-¿Qué quieres decir con eso?- La chica se descruzó de brazos y pudo sentir como su tono de voz se elevó considerablemente.- ¿Me estas tratando de salvaje o algo por el estilo? No tienes idea de lo que es estar ahí afuera, luchas todo el jodido tiempo ¿Para qué? ¿Pare que unos chicos que no saben nada de la vida vengan a decirte que no puedo acercarme a su maldita mesa? ¿Te das cuenta de lo ridículo que es eso?

En un segundo su adrenalina estaba por las nubes. Sintió, aunque sea por un momento, la falta de una pistola entre sus manos. Luego recordó a su madre, a Tyler y a Marcus. Muertes que la marcarían de por vida, eh inmediatamente sintió asco de sí misma ¿Cómo habría podido siquiera pensar por una milésima de segundos que un arma le serviría en esa situación? ¿Qué estaba mal con ella? Miró a su alrededor, todos allí la miraban con asombro, especialmente Michael y Newt. Genial, acababa de hacer una escena. "Mierda." Se dio vuelta y enfiló para la puerta de salida, agarrando su bandeja en el camino. Dios ¿Por qué había dicho eso? Su cabeza no paraba de pensar en muerte, sangre… su madre. Tenía ataques de pánico, se despertaba gritando, lloraba en rincones. Y eso era solo el principio. Hasta el momento Michael era él único se había percatado de que se estaba volviendo loca, pero ahora todos lo sabían. El doctor Moore le dijo que estaba bajo prueba, ahora seguramente la echarían de CRUEL. Lo cual era perfecto. Sin embargo Michael se quedaría…. Genial, una vez más había echado todo a perder.

Se sentó en un pasillo, con la espalda pegada a la pared. Estaba rota, destruida por dentro. Respiró hondo y se sacó las lágrimas con el antebrazo de la remera. Tenía que comer algo, eso la haría sentir mejor sin dudas. Miró las tostadas y el huevo revuelto. No tuvo que pensarlo dos veces para llevarse el desayuno a la boca.

Mientras apoyaba el vaso vacío en la bandeja, Tori respiró hondo. Hace mucho que no comía tan bien.

-Hola.

La chica levantó la mirada para encontrarse con Mike. El chico se sentó enfrente de su hermana y le dedico una melancólica sonrisa.

-Vaya primera impresión que di ¿No es así?-Dijo con una sonrisa irónica Tori.-Lamento si te culparon a ti por mi comportamiento… No debí haberme ido de esa manera, dejándote solo… Por dios, ni siquiera debí haberle contestado así a ese rubio.

-¿A Newt? No te preocupes, seguro ya lo olvidó. Es la persona más amable que conocí hasta ahora.

-Me alegro de que tengas amigos.

-No son amigos.- Respondió rápidamente Mike con el ceño fruncido.-Ninguno me ve como a un amigo. Soy demasiado pequeño para eso.

-Ya crecerás.- Dijo Tori en tono burlón mientras le daba palmaditas en el hombro a su hermano.

-Sí, claro…oye, tenemos que volver, los demás me dijeron que no nos dejan vagar por los pasillos sin permiso.

Tori suspiró con cansancio y miro la bandeja vacía.

-No quiero volver Mikey… No puedo hacerlo.

-¡Vamos! ¿Qué pasó con mi hermana? A la Tori que conozco no la intimidarían unos cuentos adolecentes…. Solo se cómo siempre has sido con migo. Bromea, hazlos reír. Muéstrales tu lado divertido y alocado.

-Ese es el punto. Creo que ese lado de mi personalidad murió.-Tori no lo había dicho en voz alta hasta el momento, probablemente porque la mera idea de perder una parte de sí misma le aterraba. Pero tenía que enfrentar los hechos. Algo había cambiado dentro de sí.

-Pues entonces hay que revivirla. Llámame Doctor Michael Frankenstein.

-¿Aún te acuerdas de ese viejo libro que mamá nos leía?

-¿Frankenstein? Por supuesto. Era uno de mis favoritos.

Tori sonrió con nostalgia. Buenos tiempos, esos habían sido de hecho muy buenos tiempos.

-Te prometo Mike, te sacaré de aquí. No permitiré que por este error me expulsen de CRUEL. Me quedaré aquí contigo hasta que averigüemos como escapar. Juntos.-Michael no respondió. Simplemente le dedicó una sonrisa silenciosa a su hermana y asintió con la cabeza.-Vámonos de aquí.

Tori se incorporó, llevando consigo la bandeja vacía. Quería dormir. Había sido demasiada acción para ser el primer día en ese lugar. Comenzó su camino de vuelta, seguida de cerca por Mike, cuando de pronto vio a seis figuras acercarse a ellos. Dos de ellas eran hombres vestidos de negro, y portaban armas. Daba la impresión que eran los guardaespaldas de los cuatros individuos restantes. Dos chicas y dos chicos. Cercanos a su edad. Vestían batas blancas, como la de los doctores. Saltaba a la vista que debían tener una gran importancia dentro de la jerarquía de CRUEL. Instintivamente Tori se colocó enfrente de Mike, de manera protectora.

-¿Tienen permiso para estar solos aquí?- Dijo una de las chicas. Lucía el pelo lacio y tan negro como el azabache. Sus ojos, los más azules que Tori había visto jamás, resaltaban en su rostro de color marfil. Los labios rojo sangre se torcieron para hacer una mueca de desaprobación. –Deben ser los nuevos. Vuelvan con el grupo inmediatamente.

Tori tardó un segundo en procesar lo que esa chica decía. Tenía que ser extremadamente obediente con la autoridad si quería quedarse. Pero aceptar órdenes de alguien de su misma edad era raro.

-Por supuesto.-Respondió la chica, pasando una rápida mirada a los otros tres individuos. La chica llevaba el pelo castaño claro atado en un rodete, y miraba con solemnidad la situación. Casi pegado a su lado estaba uno de los chicos. Era alto, de piel olivada, ojos oscuros y pelo negro cortado en un estilo militar. Y por último estaba el segundo muchacho. También alto, quizás un metro ochenta. Delgado y de pelo castaño oscuro. Tenía algún que otro lunar en su cara, y a diferencia de sus compañeros, sus ojos almendrados no reflejaban consentimiento ante la reprimenda que la chica de cabello azabache y piel de marfil estaba llevando a cabo contra sus personas. Más bien lucía cansado, como si esa escena la hubiera vivido ya muchas veces.

-Vamos Mike.- Dijo Tori poniendo una mano en el hombro de su hermano y empezando a alejarse de allí, mientras el grupo seguía su marcha por los pasillos.

De repente del bolsillo de Michael, cayó rodando un pedazo de pan. Tori no creyó que fuese un gran problema, pero supo que algo andaba mal cuando la cara de su hermano menor se transformó en una mueca de terror. Rápidamente el niño se arrojó al piso para recuperar su comida, justo en el momento en el que el muchacho de ojos almendrados y mirada cansada, se agachaba para recoger el pan.

-Ten.- Dijo con prisa el joven, mirando preocupado a su grupo, que seguía caminando.

-Gracias…- Contestó Mike mientras volvía a ocultar el pan en su bolsillo.

-¿Thomas?

El muchacho se incorporó enseguida. La chica de labios rojos y ojos de zafiro había vuelto. Con su expresión seria.

-¿Eso fue un pan lo que acabo de ver?-Dijo la chica cruzándose de brazos.- Esta terminantemente prohibido llevarse alimento del comedor.

-Teresa.- La cortó frustrado el chico que al parecer se llamaba Thomas.- No era un pan. Estas bajo mucho estrés eh imaginas cosas. El niño tropezó y yo lo estaba ayudando a levantarse. ¿Cierto?

Thomas miró a Mike, quien asintió enseguida con la cabeza.

-¿Me tratas de idiota?- Cuestionó Teresa.

-No. Pero si de desconfiada. Vamos, soy yo. Sabes que puedes confiar en mí.

Teresa se lo quedó mirando por unos instantes hasta que finalmente se rindió. La joven dio dos pasos para adelante y tomó del brazo a Thomas alejándolo de los hermanos.

-Vamos, Rachel y Aris se preguntaran que nos esta haciendo retrasar.

Thomas no respondió, simplemente se dejó arrastrar por la chica, pero no sin antes guiñarle un ojo a Mike, de manera cómplice.

Apenas desaparecieron de su vista, Tori golpeo a Michael en la cabeza, regañándolo por haber robado.

-Lo siento.- Se disculpó el chico acariciándose la nuca.

Ambos comenzaron a caminar en dirección al comedor.

-Repasemos lo que sabemos hasta ahora de este lugar.- Propuso Tori.-En primer término, los chicos y las chicas no se juntan.

-Falta menos de un mes para que las pruebas empiecen.- Siguió hablando Mike.

-Todos me odian.

-Todos te odian.- Concordó Mike asintiendo con la cabeza.

-Y cuatros niños raros parecen tener cierta autoridad por aquí.

-Thomas me cae bien.

-Si… Parece el más cuerdo dentro de ese cuarteto.