N/A: El romance entre Naruto y Sakura será lento, no esperen que al amor surja de un momento a otro ni atracción a primera vista, cada cosa debe tener su tiempo, su desarrollo, el instante adecuado. Ah, y no olviden que tendremos SasuKarin.
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Capítulo 3: Diagnóstico
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El número al que usted ha llamado no puede ser localizado, por favor intentar más tarde.
En un arranque de coraje Sakura tiró su móvil al sofá color crema, ordenó el flequillo rosa que cae sobre su amplia frente y resopla bastante frustrada por no tener noticias del Uchiha. Ino de casualidad ingresaba a su oficina y la escuchó.
—¿Que sucede, eh? ¿Porque esa rabia?
—Sasuke no contesta, cerda. —se derrumbó en el sillón de su escritorio, derrotada. Yamanaka frunció el ceño observándola tomar su cabeza entre las manos, y suspirar durante dos minutos.
—Es un idiota, ya lo he dicho antes.
—Ino...
—Es la verdad, frentona. ¿Qué le cuesta enviar un mensaje de texto? ¿O llamarte, siquiera?
Haruno elevó su triste mirada y tuerce la línea de sus rosados labios —Nunca lo hace. Siempre soy yo la que lo contacta.
—¡¿Qué?! —chilló perpleja, colocando la palma en su pecho como si no pudiese respirar—. ¡¿Hablas enserio?!
—Sí, no entiendo porque te sorprende.
—¡Sakura por Dios, reacciona de una buena vez! ¿Qué tiene ese engreído para que lo adores así?
La mencionada arrugó el entrecejo viendo a su amiga exaltarse, sabía que ella no apoya la relación que sostiene con el pelinegro —Lo amo, es todo.
La rubia enfureció. —¡Que no es amor, joder! Lo tuyo ya pasó a un capricho, una meta que tú misma te impones.
—¡Ya estuvo bueno, ¡¿no?! —gruñó en voz alta, y dolida ante la sinceridad que poseían los regaños de su compañera. Derrama dos lágrimas de dolor—. Es mi vida privada.
—Una vida carente de alegrías y emoción. De aventuras. Te pregunto algo Sakura, ¿en alguna ocasión ha jurado quererte más que a su propia existencia? ¿pronunció un te amo?
El níveo rostro femenino desciende hasta perder ubicación en su campo visual, y respondió —No.
—¿Ves? ¿Que no te importa tu futuro?
—Claro que sí.
La joven avanzó unos pasos al costado de la otra, posando la mano encima de su hombro —Déjalo entonces. Amiga, mírate en un espejo. Eres atractiva para la mayoría de los hombres, cualquiera desearía estar en los pies de ese imbécil presumido. Solo necesitas... soltarte.
—¿Soltarme? —cuestionó sin comprender el rumbo al que su extrovertida compañía ansía llevarla, pero el simple hecho de que fuese Ino, ya dictaba ideas cero precavidas—. Espera, no estarás sugiriendo que...
—Conozcas otros chicos, quizás si conversan un poco...
La doctora se levantó de su asiento y caminó a una pequeña mesa en busca de agua fresca, contemplando a la rubia de soslayo —Gracias pero no.
—¡Pero si aún no te he contado todo lo que tengo planeado!
—Cerda, agradezco que te preocupes por mí y me aconsejes, es muy lindo. Pero hay temas que preferiría no tocar.
Yamanaka cruza los brazos a la altura de su enorme busto, indignada —Imagino que seguirás mi recomendación de terminar con el idiota de tu novio.
A Haruno empezó a parecerle sospechoso tanta insistencia, y quiso salir de dudas —Jamás me pediste algo así, ¿porque ahora, eh? ¿Acaso te gusta Sasuke?
—Obvio que no, tonta. ¿Cómo crees esa infamia de mí? Estoy casada, ¡Ca-sa-da! —puntualizó, mostrando la argolla matrimonial que rodea su dedo anular—. ¿Qué te han trastornado el cerebro o qué?
Sin argumentos que defiendan su terquedad, no le quedó de otra que cambiar el debate de la charla —Aprovechando que sacas a relucir tu unión conyugal, cuéntame ¿qué tal vas con Shikamaru?
Ino redujo el tamaño de sus celestes orbes. —Ni intentes irte por la tangente, sabes que conmigo no funciona.
—¿Yo? —se apuntó a sí misma, riendo—. No sé de qué hablas, cerda.
—Oh sí, claro que lo sabes.
Sakura rodó sus ojos y la observó fastidiada —Argh, de verdad que eres necia.
—Mejor eso que morir soltera ¿no? —contraatacó en una pose que irradiaba superioridad—. Digo... por lo de...
—Ya, ya entendí. Ahorra tus sermones para después y comencemos a revisar los expedientes de heridos graves. —ordenó a sabiendas de que faltaban únicamente tres pacientes, pero comparado con los testamentos psicológicos que expresaba su rubia amiga, lo primero resulta tolerable.
—El herido del cuarto 105 presenta alucinaciones momentáneas, ansiedad y constantes pesadillas. —Informa de manera profesional a la médico que oyendo su explicación decide abandonar los demás casos, y enfocar su atención en uno específico.
—¿Segura? Yo recuerdo haberlo visitado ayer y parecía estable.
—Ayer, amiga. Hoy es distinto.
La de melena rosada se acercó a la superficie de la amplia mesa repleta de papeles ordenados, extrajo una hoja con datos del susodicho y lo sostiene delante de su colega. Mostrando la honestidad en su comentario —Lee, lo elaboré yo misma.
De un manotazo la rubia le arrebató el informe y comienza a leerlo, para cuando terminó, Sakura estaba sentada en frente suyo esperando su opinión. La cual no tardó en llegar.
—Comprendo que desees ser positiva y no alarmar a nadie, pero esto no fue lo que vi en la mañana. —confesó al extender el objeto, devolviéndolo. Ino siempre es directa.
—Debo verificar que estés en lo cierto, cerda. ¿Alguna otra dificultad?
La especialista recibió su trabajo y aguarda tranquila en su posición por la respuesta que segundos después, la intrigan demasiado.
—¿Un nombre? ¿Dices que nombra a alguien en sus sueños?
—Sí. —musitó la rubia, levantando su trasero del banquito que aguantó su alto peso y ahora deja vacío. La muchacha mordió la uña de su dedo índice un tanto indecisa, pensando en alternativas a la situación que afronta el mal herido paciente.
—¿Que pronuncia?
—Como es entre balbuceos y suspiros no logro descifrar bien —dedujo en recuerdos que aterrizan en su vagabunda imaginación, y persiste en armar. Varias veces lo escuchó hablar pero siempre acababa desconcertada, sin seguridad en lo en este segundo pretendía declarar—. Pero creo que es...
—Hinata.
Yamanaka enarcó una ceja y miró estupefacta a su amiga —¿Que rayos...
Pronto la frase cayó de sus pintados labios al notar la silenciosa presencia de una joven parada bajo el marco de la puerta, y que atrayendo la absoluta atención de la pelirrosa, se abstuvo de ingresar en el interior de la adornada oficina principal.
—Hola, chicas. —saludó deprimida la mujer de ojos perlados y cabellera azul, rascando su antebrazo. Está apenada.
—H-hinata —repitió una vez más la fémina de orbes color esmeralda, que en cuanto supo de aquella visita apartó el tema del convaleciente a segundo plano. Colocó el sobre de documentos en la esquina del mesón, acudiendo al callado llamado de una joven que llora delante suyo y fingió que nada ocurría. Ino también lo notó—, ¿porque te pones así, eh? ¿Qué pasa?
Ambas la ayudan a tomar asiento.
—Dinos que ocurrió contigo, no sueles llegar en ese estado cuando tienes tres meses sin venir.
La Hyuuga observó a la rubia, y rompió de nuevo en lágrimas.
—¿Le sucedió algo a tu papá, o a Neji? —interrogó Sakura, su amiga compartió un gesto con ella, y las dos regresaron su mirada a la afligida muchacha.
—N-no, ellos están bien. —Extrajo de su mochila un pañuelo llevándolo a su cara para borrar las gotas que resbalan una a una por sus pómulos, sus confidentes esperaron que continuara pero no lo hizo, y eso las asusta.
—¿Entonces? —inquirió la doctora de abundante pelo amarillo al tomar la muñeca de Hinata, sirviendo de apoyo emocional—. Confiesa.
—Iba a casarme dentro de un mes, preparé la fiesta junto a mi mamá y todo hubiese quedado perfecto, de no ser por mi estupidez —inició el relato la afectada chica, apretando las manos que cogían las suyas—. Mi novio descubrió a Kiba-kun... besándome. Y desechó nuestro compromiso.
El asombro en ellas fue evidente, pero supieron esconderlo en el rostro de absoluta lástima y comprensión que adoptan. No saben que decir.
—Tranquila, amiga —murmuró, sobando la azulada melena de la Hyuuga—. Tal vez no sea tan grave, digo... él puede perdonarte y seguir con la relación.
—No, Ino. Y en el caso de que así fuese, ¿porque no me ha llamado? ¿porque otra razón se iría de su departamento y sin avisar a nadie?
Sakura abandonó su lugar al lado de la ojiperla, caminando en línea recta de una esquina a otra, meditando posiblemente. Yamanaka observa a la fémina sorber los mocos en la suave tela de algodón, y acomodar las largas hebras detrás de su mediana oreja, con un fuerte tono rojo en la nariz. Parecía que el sufrimiento no empezaba allí.
—¿No lo has visto desde entonces?
Hinata centró su cristalina mirada en la mujer que plantea la pregunta —No.
—¿Crees que esté de viaje?
—Es probable. Aunque...
La curiosidad poseyó a Ino —¿Qué?
—La señora encargada del alquiler tampoco sabe de él, desde que sucedió... no hemos vuelto a tener noticias.
—Qué raro. No pudo habérselo tragado la tierra.
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—¡Sakura! ¡Sakura!
Los gritos de una enfermera retumbaron en el pasillo de habitaciones, la aludida enseguida corre despavorida al sitio de encuentro y se sorprende de oír que el paciente Naruto entró en crisis. Ino y Hinata permanecieron en el despacho, conversando.
—¿Qué tiene?
—Necesita que le suministre medicamentos, y reanimación. Está muriendo. —notificó una de las asistentes que colabora en intervenciones de emergencia, entregando a su superiora la hoja con datos de lo poco que pudieron detectar.
La medico pelirrosada ignoró sin querer lo que le informaban y se lanza a la máquina de reanimación, activando los objetos contempla de reojo al accidentado y muerde sus labios nerviosa. No desea que fallezca. Un grupo de personas llegan en su ayuda y ella los reconoce como sus seguidores que atienden cada caso que controle. Luego de mirarlos, Haruno coloca los apretados guantes en sus manos y procede a agregar un líquido espeso (igual a una crema) en la parte plana de los desfibriladores.
—Su corazón late muy débil, Sakura. —comentó Tenten que presenciaba la escena a unos pasos detrás de ella, y mantiene los brazos cruzados a la altura del pecho.
—No dejare de intentar salvarlo. —susurró con la vista fija en el hombre que pierde pulso, y aguarda por alguien que lo haga revivir. Estando preparada, a la doctora no le importó que hubiese más testigos de lo que pensaba hacer, y montándose encima de la pelvis del muchacho le pidió a su compañera que sostuviera los aparatos mientras en un arranque de desesperación, rasga la camisa masculina. Después exigió que le regresaran lo que dio, e inicia el proceso de reanimación.
El cuerpo del paciente convulsiona repetidas veces bajo su terca angustia de no perderlo, el pitido del monitor cardiaco ya tenía sus temores a flor de piel y reanudando la actividad, persistió con mayor ahínco. Todos ven cautivados la devoción que demuestra en sus esfuerzos. Tenten se acerca a donde ocurre el evento y le asigna al chico una mascarilla que amarró a su cabeza de forma que no acabara en un área distinta, echó un vistazo a la fémina en un pequeño instante y vuelve a su puesto de espectadora. La única que podría conseguir devolverle la existencia al sujeto estaba abandonando la fe.
Cuando de pronto el corazón detuvo las palpitaciones... y el joven murió.
Sakura agrandó el tamaño de sus orbes, y un reciente recuerdo la golpea.
—N-naruto... m-mi nombre e-es... Naruto.
—Un placer, Naruto.
"Su nombre".
—Naruto, ¿me oyes? —consultó en una última opción de hacer que reaccionara, atrayendo la atención de quienes empiezan a dudar de su buen juicio. Para ninguno tenía sentido dialogar con un difunto—. Allí afuera hay un montón de cosas que debes disfrutar. Despierta, hazlo ahora.
Transcurrió treinta segundos...
—Jamás una persona se ha rendido en mis manos, así que no permitiré que seas tú el primero. ¡Levántate ya, vamos! —musitó furiosa, arrugando la tela del paciente entre sus sudadas palmas.
Un minuto...
La medico observó el monitor cardiaco que refleja una línea recta de inactividad, agobiada, deja caer su cuerpo encima de él terminando su frente en el pecho masculino y su antebrazos a cada costado. Derrotada, sollozó de indignación al hecho de no cumplir su objetivo como servidora a la salud, cuyo fin es tan sencillo y complicado que escapa de su manejo.
—Regresa, por favor... Naruto.
Repentinamente algo la golpeó.
Su mirada enseguida buscó el rostro cubierto de vendas que no produjo sonido alguno, pero sí empleó una mueca que no alcanza a percibir. Desciende al torso masculino en un presentimiento que carcome su cerebro, pega la oreja a donde cree provino el toque y una sonrisa en sus labios florece. El aparato comienza a emitir la secuencia cardiaca de un corazón que está volviendo a latir.
—¡Vivo! ¡Sigue vivo! —chillaron como niños cinco de los presentes, otros tres quedaron en total silencio pero emocionados del milagro que acontece ante sus ojos.
Sakura se reincorporó perpleja, y con un grado de confusión insospechado. Nunca pensó que mediante sus palabras alguien razonaría del modo que lo hizo aquel joven, ni que le fuese a interesar tanto la existencia de otro ser (al nivel que la que acaba de salvar). Erguida en su triunfante postura, la fémina de rosácea melena contempla embelesada la piel oculta tras el vendaje que cubre todas las facciones del susodicho, hasta que la castaña tomó la libertad de interrumpirla.
—Buen trabajo —alabó sin obstáculos, y riendo—. Ven, es hora de irnos. Que los demás estén a cargo de estabilizarlo.
La manada de enfermeros acató la orden y retomaron sus labores, no obstante, la doctora continúa ahí, viéndolo.
Tenten se detuvo en el marco de la puerta, y murmura —Sakura, ¿vendrás?
La aludida agita su cara de un lado a otro para huir de su letargo, y bajó de la camilla al suelo, sintiendo una sensación extraña que no conoce a ciencia cierta, pero que calienta la zona en medio de sus senos. Deseó tildarlo de regocijo y borró el asunto de su memoria (por el momento), mientras camina hacia la mujer de hebras marrones en dirección a la oficina que ocupan Ino y Hinata. Su imaginación divaga en el corto trayecto.
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—¿Que noticas hay, Kabuto?
Desde la otra línea, el mencionado ajusta sus anteojos en el fino puente de su nariz, y susurró -Orochimaru está satisfecho con el trabajo. Dice que la mercancía bastará para tres meses, luego te avisará el día que te querrá de regreso en Konoha.
—Hmp.
—Que genio...
El chico colgó antes de oír la culminación de la frase, andaba ofuscado y con suficiente razón. En el instante que optó por darse una ducha, Karin, su acompañante, lo persiguió hasta el cansancio articulando insinuaciones que no vienen al caso recordar. De manera poco cortés, y molesta, Sasuke gruño aventando la puerta, la dejó en el exterior del lugar y emprendió su camino al cubículo del baño. Le es desagradable ese tipo de proposiciones que estorban la fluidez de sus ejecutados planes. Debía poner toda su atención en conseguir lo que su superior exigía, no perder el juicio en faldas cortas de féminas alborotas.
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Ino inspecciona de forma visual la ausente mirada de su amiga, y un sentimiento de incertidumbre nació en su interior. No es costumbre que Sakura esté perdida en un punto fijo, en la nada.
—Frente, ¿sucedió algo que no me has contado?
La medico se sobresaltó aturdida y observa a la persona que apoya las palmas en el escritorio, delante suyo. Sentía una ligera presión en su pecho que más allá de provocar malestar, la llenaba de deliciosa calidez. Una nueva experiencia.
—N-no. Solo... es agotamiento. —murmuró, no teniendo claro que ocurre dentro de su alma. La causa de porque aún en sus manos está la tibieza de los guantes quirúrgicos, y el aroma a vendaje circulaba en el oscuro valle de sus fosas nasales, habiendo tantas veces participado en operaciones de alto riesgos. En el fondo sabe que todo aquello provenía de un breve suceso que aconteció dos horas atrás, en la habitación 105, pero que por algún motivo se resiste a admitir.
—En ese caso —tomó la palabra Yamanaka, y ella reaccionó de su profundo pensamiento— vete a reposar, yo me encargo de todo.
No reprimió un gemido de absoluta sorpresa que emiten sus brillosos labios, y ríe —¿De verdad?
—Crees que bromeo ¿no?
—No es común que me aconsejes una cosa así, cerda. Siempre me dejas el paquete a mí.
—Bueno... es que... —balbuceó. Sin entender porque la pelirrosa pasó de estar pensativa, a atacarla de aquella manera tan indirecta— ¡Sí, lo acepto! Pero lo importante es la intención de hoy ¿no?
La joven sonrió todavía más —Cierto, y te lo agradezco mucho.
—¿Pero?
—Prefiero cuidar de mis pacientes, en especial de... —En un acto impulsivo, sus hermosos orbes contemplaron los dedos que fueron víctimas de un calambre la primera ocasión que dialogó con Naruto, y ahora revivían la misma sensación. Yamanaka la pilló en su divagación, y quiso averiguar.
—¿De quién? ¿A qué enfermo, eh?
—El que ocupa el cuarto 105 sufrió hace horas una complicación y no deseo que se repita. Por eso debo quedarme aquí. —dijo en un hilo de voz que Ino casi no alcanzó a percibir, pero que generó en ella una curiosidad fuera de órbita y pronto inicia el interrogatorio.
—Me parece que te interesa más el bienestar de ese hombre, que el resto de tus demás convalecientes —comentó suspicaz, y tomando asiento en la silla delantera de la mesa—. ¿Hay un secreto que no conozco, Sakura?
La aludida tragó en seco y se levantó de su banquito color rojo, dirigiendo sus pasos hacia la ventana —No... En realidad, no lo sé. Supongo que el exceso de trabajo me hace imaginar tonterías —confesó, mientras la brisa menea su rosáceo cabello de un sitio a otro—. No tiene coherencia.
—La vida está repleta de incoherencias, frente.
—Puede que tengas razón. —le contestó, con su mirada adherida al sol que en medio de las montañas se elevaba hacia el anaranjado atardecer. El paisaje la atrapó enseguida y solo las zancadas de la rubia la obligan a reaccionar, cuando oyó el rechinar de la puerta, una idea recorrió su mente.
—Ino —llamó, haciendo que su amiga la voltease a ver. Y permaneciendo de espaldas, pide sin rodeos— ordena que le quiten el vendaje, yo iré en un rato a examinarlo.
—Entendido.
"Ojala no hayan consecuencias del accidente".
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—¿Quién está ahí? —cuestionó el joven con un deje de incontrolables nervios, y moviendo su cubierto rostro de un lado a otro. El ruido de gente a su alrededor lo confunde—. Díganme ya, o grito.
Ella relamió sus labios y le coge de los hombros, en una suave caricia que lo calmó —Soy tu doctora, Naruto. Vine a saber de ti, de tu progreso.
Reconociendo la voz de su portadora, el chico relajó su tensa espalda y posa la palma abierta encima de la mano femenina, sonriendo —Gracias, no tengo como pagarle el que me haya salvado de morir.
De nuevo un repentino hormigueo acecha los poros de su piel, y surge la necesidad de apartarse a escasos cinco metros de distancia —¿Cómo... lo sabe?
—Su amiga Ino no es discreta. —susurró, sentado en la orilla de la camilla que sirvió de dormitorio por los días de su estadía allí, en el Hospital.
Haruno quedó inmóvil en su ubicación.
—¿Hay otra persona con usted?
—No. ¿Porque lo pregunta? —le interrogó. Naruto rascó la tela que cubría su mejilla, respirando agobiado. Y ella supo que debe cumplir el objetivo principal que la guió hasta él.
—Oigo murmullos. —Responde al cabo de dos minutos en los que reinó el silencio, y la escuchaba suspirar.
—No, Naruto. Solo somos nosotros.
El muchacho rió enérgico haciendo que la fémina quedase prendida enseguida, y viendo fijamente la zona que tapa su boca.
—¿Que es gracioso?
—Lo lamento —se disculpó al percibir un aura oscura que gobierna la silueta delante suyo—, es que me asombra el que usted recuerde mi nombre.
—¿Que con eso? —habló, cruzando los brazos al nivel de su pecho—. Cualquiera podría hacerlo.
Él vaciló unos momentos. —Sí, obvio. Eh, ¿será que me permite quitar esto? —consultó al tocar su vendaje, preocupado—. La verdad que fastidia.
La medico asintió, olvidando que su paciente no puede verla. Luego lo recordó —Sí, por eso vine.
—Gracias al cielo, ya no aguanto la oscuridad. —musitó. Aún carente de fuerzas y elasticidad de los músculos, el joven accidentado colocó la planta de sus pies en el frío suelo quedando de pie, mientras la pelirrosada elimina el espacio que los separa y sube los dedos a su moreno cuello.
Dispuesta a complacer la petición.
Debido a la diferencia de estatura, porque él le llevaba una cabeza, Sakura tuvo que ponerse de puntillas y desenredar la envoltura que iba cayendo a medida que le daba vueltas. Pronto la barbilla quedó al aire libre igual que los húmedos labios, esos que la forzaron a detener su movimiento por cinco largos segundos en los que el portador algo contrariado, los entreabrió e hizo el amago de pronunciar una silaba que nunca circuló. Ella negó frenética y continuó.
Una fina nariz salió a su encuentro, junto a unas marcas raras en cada mejilla del chico que ella no contuvo las ansias de palpar (imaginando que eran falsas), y el ultimo retazo de venda voló en el aire. Sakura retrocedió unos centímetros y analiza el bello rostro situado frente a sus expectantes esferas verdes, que recorren impacientes las facciones del hombre que de a poco subía sus parpados a la luz de la lámpara colgada en el centro del techo, y la iluminan.
El destello azul que resplandece en los ojos de Naruto... la cautivó al punto de no despegarle ni un minuto la vista.
—Doctora —invocó, pestañeando repetidas veces— encienda el interruptor eléctrico.
La fémina arrugó su entrecejo, desconcertada —El cuarto posee alumbrado, y están todas prendidas.
En un ataque de desesperación, el sujeto de rubio cabello refregó aquella zona que no respondía a su cerebro y se negaba a ofrecerle claridad, Sakura, sospechando el problema que acontece, lo insta a que retome su lugar en la camilla y permita una rápida revisión de sus sentidos. Luego de diez silenciosos minutos el diagnóstico fue confirmado.
—Lo siento, Naruto.
Un mar de gotas cristalinas brotó de sus lagrimales que empiezan a arder, y un suspiro de aflicción huye sin intentar retenerlo —Ciego... estoy ciego.
A Sakura se le rompió el corazón de verlo llorar.
