Peticiones
Una mezcla de azul y rojo iluminaba la calle. Individuos en pijamas, algunos un poco ebrios, comentando entre sí. Las calles laterales estaban cerradas, todo el Sky Place estaba rodeado de ambulancias y patrullas policiales, que con sus ensordecedoras sirenas, rompían el silencio. En el piso 29, un par de paramédicos examinaban a una mujer que yacía sentada en un sillón color vino. Ren Akatsuki, revisaba de pies a cabeza la habitación, ya había pasado por cada uno de los apartados y ahora sólo quedaba la finísima sala, adornada con excesivas muestras de alguna cultura del medio oriente. Paredes, objetos, puertas… todo estaba en su lugar, sin muestra alguna de la aplicación de fuerza o algún descuido, típico de algún novato. Aún encuclillado, observaba con detenimiento los bordes de las ventanas de cristal. Suspiró y miró fijo a Hibiki, negando con la cabeza. Natsu notó el ademán y se acercó a su compañero.
— ¿Y? ¿Encontró algo, Lates?
—Nada— Hibiki mantenía una mano en el bolsillo de su pantalón y la otra en su frente—. No hay duda de que fue él.
—Ella— Corrigió el peli rosa—. Es una chica.
-Por favor, puede tratarse de un travesti o algún aficionado a los disfraces ¿no mencionaste su ropa extraña?
— ¿Te crees esa tontería que acabas de decir?
— ¿Crees que no es una posibilidad? ¡Demonios Dragneel! Tienes MI caso ¿y no aceptas otras hipótesis?
Natsu lo dejó con la pregunta en el aire. Tenía que aceptar la parte de razón que mantenía Hibiki en su "suposición". No era el momento para discutirlo, ni hoy ni nunca. Ya mañana escucharía los gritos de Gildarts sobre su rostro. Por ahora, volvió sobre sus pasos, esquivando copas rotas, globos, y confeti que adornaban de una manera grotesca el suelo de las escaleras, aumentando sobre el piso treinta. Empujó la puerta y entró mirando con sorna el desastre que yacía en el penthouse. Algunas mucamas limpiaban todo y más al fondo, un preocupado Gajeel verificaba que Levy estuviera completamente bien, bajo la penetrante mirada de sus hermanos. Soltó un silbido para llamar la atención y su hermano giró en seguida, señalándole con la cabeza una silla donde su esposa estaba sentada con lágrimas en los ojos.
— ¡Lisanna! — Corrió hacía ella, estrechándola en sus brazos.
— ¡Natsu! — ella enroscó sus dedos entre el cabello rosa del hombre—. Estuve tan preocupada
— ¿Pero dónde te has metido mi pequeña?
—Me quedé en el baño cuando oí los gritos de la gente. Tuve tanto miedo—. Las lágrimas de la mujer comenzaron a escurrir, terminando su vida en la camisa de Natsu.
Él la retuvo un momento más entre sus brazos, sintiendo los sollozos que se ahogaban en su pecho. Acariciaba con ternura su cabello para tranquilizarla, ya que sus nervios causaban estragos haciéndole temblar todo el cuerpo. Gajeel se acercó con cautela a ambos, evitando romper su momento, para apartar a Lissana.
— Natsu, alguien te busca en la puerta. — Le dijo Gajeel algo cerca del oído, tomando a Lisanna por los hombros mientras la alejaba. Natsu reparó en la mujer pelirroja que miraba con repulsión la debacle que se esparcía por toda la escena—. Me llevo a Lisanna para asegurarnos de que esté bien, atiende tus asuntos.
—Gracias Gajeel — Natsu caminó con las manos en los bolsillos del pantalón hasta la puerta, donde Erza Scarlet aún esquivaba parte del desastre.
—Esto es lo que sucede cuando no invitas a tus superiores a una fiesta— Dijo con tono irónico Erza—. Cuéntame qué fue exactamente lo que pasó, Dragneel.
Con lujo de detalles, Natsu relató como sucedieron las cosas, omitiendo el hecho de los tragos que tenía de más; aunque eso estaba implícito para Erza, notando el ineficaz desempeño del detective. Además, no ignoraba el hecho de que estaban en una fiesta y el robo los tomó desprevenidos.
— ¿Eve detectó qué se llevó esta vez?
—Pues, Hibiki se está haciendo cargo de eso, mañana checaremos el informe y…
—Para ti no existe el mañana Natsu, a menos que quieras perder tu empleo. Debes hacer ahora mismo ese informe o Gildarts te pateará el trasero.
—Tendré que comenzar a buscar empleo, porque no pienso hacer nada ahora.
—Me parece que no terminas de entender, acaban de allanar el domicilio de un diplomático y las probabilidades de que algún importante objeto haya desaparecido es altísima.
—La que no entiende eres tú, Erza— Disminuyó el espacio entre ellos, hablándole en un susurro amenazante —, mi esposa está teniendo una crisis nerviosa y no esperes que la deje en esas condiciones. Después de todo, no olvides que es la nieta del alcalde.
Erza resopló y cruzó los brazos sobre su pecho. Natsu retrocedió algunos pasos con aire triunfador.
—Entonces que el equipo de Hibiki entregue a primera hora un reporte de evidencias. Tú tendrás que explicarle a Gildarts tu versión de los hechos. Y Fullbuster —suspiró—, que llegue sobrio mañana.
Natsu lo buscó con la mirada. Hablaba entretenidamente con el barman, con ciertos estragos del alcohol en la voz.
—Ya que no tengo más que hacer aquí, me voy— Levantó la mano derecha a modo de despedida, llamando la atención de Gajeel—. ¡Feliz cumpleaños Gajeel! ¡Bonita fiesta!
El aludido soltó una carcajada desde el fondo de la habitación, correspondiendo con la cabeza a la felicitación de la Titania. El moreno estaba de pie en el balcón, mientras su peli azul novia hacía múltiples llamadas telefónicas, tratando de mantener la mayor tranquilidad posible con cada una de ellas. Natsu, mientras tanto, alejaba a Gray de la barra donde un hombre con notable rostro de molestia limpiaba vasos y recogía botellas vacías o rotas. Luego de lograrlo, cargó a Lisanna, que dormía del cansancio y bajó hasta su auto, dispuesto para irse a casa.
—Levy— Estaban solos en el balcón. Una leve llovizna, como escarcha, comenzaba a caer sobre la ciudad—; no quería que la fiesta terminara así. Lamento si eché a perder tus planes.
Ambos, Levy y Gajeel, permanecían recargados sobre la baranda, mirando los servicios de auxilio marcharse de a poco, luego del percance. Ella jugaba con el celular entre sus manos, con el cabello cayéndole en el rostro.
—Eso ya nos correspondía a nosotros. Te digo, Natsu atrae la mala suerte.
El comentario de su novia hizo que soltara una risa burlona.
—Tengo que lidiar con él, es mi hermano—la lió por la cintura con los brazos, clavando sus ojos carmesí en los grandes orbes castaños de la peli azul—, y si tu quieres lo que llevo en el bolsillo de mi pantalón, lo aceptarás también.
Hubo un silencio en el que Levy sonrió maliciosamente tratando de adivinar que era justamente lo que Gajeel le había ofrecido. Frunció el ceño de manera adorable, esperando conmover a su novio. Él acercó la mano hecha un puño al rostro de la chica y la abrió con gracia.
—No esperaba darte esto en esta manera. Sólo espero que estés dispuesta a aceptar a mi hermano para toda tu vida.
Levy sonrió enormemente, entre la estupefacción que sentía. Un anillo de oro blanco con brillante en el medio. Un anillo de compromiso y una petición.
— ¡Lucy! ¿Qué horas son estas para llegar?—Mark señalaba con un grueso cuchillo de cocina hacia un reloj empotrado en la pared, que marcaba las 12:30 de la noche.
—Lo lamento Mark, perdí más del tiempo que pensé. Sólo me cambio rápido para comenzar.
El regordete hombre soltó un gruñido y continuó en lo suyo, mientras Lucy iba hacia uno de los baños a cambiarse el vestido azul por su acostumbrado traje de maid. Sacó de su maleta el delantal y las medias, que se enredaron un poco entre algunas prendas de un pálido color rosa. Las empujó con fuerza hasta el fondo de la maleta, terminó de vestirse y salió, arreglando aún su cabello.
—Acuario—Lucy se dirigió a su peli azul compañera de trabajo, que tendía una mesa— ¿No ha llegado Loke aún?
—Ni rastro de él. Pensé que lo último que querías era verlo.
—Es cierto, no quiero verlo, pero ya sabes—bajó la mirada, sonrojándose un tanto—, de vez en cuando, lo necesito.
Acuario ladeó la cabeza con una mueca de burla.
—No deberías meterte con él. Será un buen chico, pero su sangre… Trata de ser una chica buena, ¿quieres? Se supone que te cuidamos.
Lucy le dedicó una sincera sonrisa. Dio media vuelta y recorrió con la vista el restaurante, notando una pareja que bebía vino sin moderación. Se acercó a ellos, les saludó y comenzó otra noche más de trabajo.
Gildarts recargaba su cabeza sobre dos de sus dedos que se posaban en sus sienes, leyendo con concentración el informe que Hibiki había escrito durante toda la noche. Natsu permanecía sentado al frente suyo, observando cada una de las expresiones de desagrado que su jefe hacía. La cara del peli rosa mostraba claro cansancio, justificado en la noche que tuvo que pasar cuidando de su esposa y controlando sus pesadillas. Los ojos se le iban cerrando, lo contralaba lo mejor que podía pero el sueño quería vencerlo. Eran las 7 de la mañana y él no pudo dormir nada.
El jefe de policía dejó caer el puño sobre el escritorio, despabilando a Natsu. Se quedó mirando el fajo de papeles frente a él por un instante, pensativo.
—Lates me dice que no quisiste tomar su hipótesis, según tú, porque el ladrón es en efecto, una chica.
—Te aseguro que lo es, no hay forma que sea un hombre disfrazado.
—Natsu—Gildarts suspiró y cruzó ambos brazos sobre el mueble de caoba—, mis años como detective me han abierto a todas las posibilidades. No puedes negarte de esa manera ante la propuesta de un hombre, cuyo trabajo, te está salvando el pellejo.
—Tú me diste el caso a mi, él no tendría porqué meterse en esto.
—Su equipo te resulta de mucha ayuda. Al menos más de la que Fullbuster pueda darte. Anoche, ese grupo de hombres que desprecias hicieron el informe que tú, como detective encargado bebiste haber hecho. Sin contar que desafiaste las órdenes de mi mano derecha e hiciste que cediera ante tus peticiones. Y por si fuera poco, dejaste escapar al—Gildarts meneó la cabeza, buscando la palabra adecuada—, sujeto más buscado por la policía. En tu posición, yo no me haría de enemistades.
— ¿Es todo lo que tenías que decirme?
La derrota se apoderó del rostro de Gildarts.
—Sí Dragneel, puedes irte—El peli rosa se puso de pie, dispuesto a salir; pero antes, Gildarts le habló—. ¿Cómo sigue Lisanna?
—Mejor, gracias— Sin mirarle a la cara, Natsu salió y cerró la puerta a su paso.
Con lágrimas de alegría en los ojos, ese lunes por la mañana, Levy relataba vivamente a Lucy los detalles del final de la fiesta y como fue que Gajeel le entregó el anillo que ahora portaba en su mano izquierda.
—No fue la mejor petición aunque ya está hecha. Y soy feliz con ello.
—Lo sé, se nota en tu rostro, y me alegro mucho por ti, Levy.
—Gracias, quería contarte desde ese instante—La voz de Levy tenía notas de exaltación—, me costó tanto esperar hasta hoy.
—Sí que me perdí de buena parte, sobre todo por aquello de movimiento policiaco.
—Fue algo ¡Sorprendente! De la nada todo, el mundo se volvió loco, se escucharon ruidos, todo terminó en desastre.
— ¿Y dices Natsu que perdió a su esposa?
—No realmente, pero ella se "encerró" en el baño. No sé, su supuesto ataque de pánico no me convence.
Lucy se ató el cabello en una coleta mientras escuchaba atentamente a Levy. Le dirigió una mirada de complicidad al notar el énfasis que la peli azul daba al accidente de Lisanna.
—Eso es porque tú no la tragas Levy, seguro que estaba mal. Además, Gajeel se cercioró que estuviera bien, ¿no es así?
—En eso tienes razón—hizo una mueca de inconformidad—, no creo que él haya mentido sobre su estado de salud.
Ambas miraron al hombre que entraba en el salón de clases, con varias carpetas en la mano y un maletín colgando del brazo. Los chicos que platicaban afuera, entraron de uno a uno, ocupando los asientos vacíos, dispuestos a tomar la clase. Lucy miró la mano de su amiga, quién lo notó y le otorgo una gran cara de felicidad.
—Felicidades— dijo en un susurro apenas audible a Levy.
—Muy bien jóvenes, es hora de comenzar con el examen de hoy, saquen una pluma de tinta azul y dejen sus identificaciones en la banquilla, pasaré a revisarlos y a dejar su prueba. Recuerden, nada de celulares.
Lucy se encogió en su asiento. Esta prueba era importante, no podía permitirse fallar. Si obtenía una mala nota, su beca sería retirada y a estas alturas de la carrera, eso significaría dejarlo todo. Soltó un largo suspiro pensando en Wendy y su futuro. Estaba lista para comenzar.
Martes por la noche. Las decididas pisadas se escuchaban sobre la calle húmeda, originadas por un par de botas blancas que llegaban hasta las rodillas de las largas piernas de su portadora. La falda roja, que dejaba muy poco a la imaginación, se sacudía por el constante movimiento de caderas de la chica, que llevaba una blusa blanca de estilo marinero. Sus ojos eran cubiertos por un delicado antifaz de encaje rojo, combinando a la perfección con su traje. Sobre sus caderas, se sacudía una talega que cargaba mil y un monerías e inutilidades para cualquier otro, pero que eran sus instrumentos de trabajo. Llegó a la entrada de un túnel del metro olvidado, bajó los siete escalones con suma cautela y pasó entre un montón de escombros, esquivando algunos; otros, saltándolos. Al estar frente a una pesada puerta de metal dio dos golpes con el puño, luego contó hasta tres en su mente y dio otros dos golpes más. Por dentro, se escucharon una serie de ruidos que indicaban la próxima apertura de la puerta. Un par de ojos marrones se asomaron antes de abrir completamente y examinaron de hito en hito el esbelto cuerpo de aquella mujer.
—Bonita ropa.
La mujer solo bufó, haciéndole una seña con la mano, para pedir que se apartara. Entró a un callejón oscuro y caminó en línea recta hasta topar con una puerta. Repitió el procedimiento de tocar, solo que esta vez dio cuatro golpes en lugar de dos. La puerta cedió, mostrando una habitación alumbrada en tonos verdosos, con música electrónica sonando por algún lugar. El hedor de cigarrillos y licor penetraba sus fosas nasales, que si fuera nueva por esos lares, la mataría. Llegó frente a un escritorio en el fondo de la habitación, con un asiento giratorio en frente. Por sobre la silla, salía una espesa fumarola, más no se podía ver a la persona sentada ahí, pues daba la espalda a la mujer.
—No encontré nada.
— ¿Segura que buscaste bien? — una voz se dirigió a la chica vestida de marinerito. Ella sacudió su melena negra atada en una coleta.
—Segura, sabes que no hago trabajos a medias.
La silla se giró un poco, ella pudo distinguir el perfil izquierdo de un hombre rubio con un habano entre los labios. El misterioso hombre le sonrió de lado.
—Tú no cometes errores.
—Te digo que no había nada, busqué muy bien— dijo ella con bastante molestia—; además, se apareció ese policía.
—Bueno, bueno, olvida eso muñeca— Volvió a darle la espalda a la morena—, tengo otro trabajito para ti.
—Dijiste que este era mi último trabajo.
—Pero no lo has cumplido. Recuerda que nadie sale tan fácil. Será este y ya.
Los grandes orbes de ella lo miraron sospechosamente, aún sin verle la cara. Con resignación, tomó el pergamino que estaba en el escritorio, donde sabría cuál era la misión. Pasó rápidamente la vista por el texto. No lo pudo creer.
Hola, hola :) Puede que odien este capítulo, pero es una transición, necesaria como la leche con cereal XD Además tuve exámenes finales y mucha tarea T.T sin contar que mi hermana estaba de parto (sí, soy tía de una preciosa muñeca :3) de una una u otra forma, aquí estoy subiendo, espero les guste.
Son bienvenidas sus críticas, recomendaciones, dudas, botellazos, etc.
Y como nota final... Leyendo otros fics, noté que hay cierto "odio" por lisanna. En lo personal, no me molesta, me es indiferente, pero... ¿Ella debería ser mala en esta historia? o ¿debería ser la mártir? es algo que me pasó por la cabeza y les estaría muy agradecida de que me dieran su opinión. Eso sí, pase lo que pase, Es un NaLu XD
No olviden dejar su reviews :) Esta humilde autora se los agradecerá enormemente :D Un beso, ¡Abur!
