¡Hola! La verdad es que estoy sorprendida por la llegada de tantos reviews quiero dar las gracias a esas persona que dejaron su comentario respecto al fic, que les gustó y que gracias a mi idea puedan disfrutar un poco de esta magnífica pareja, muchísimas gracias

Agradecimientos a: LalaCleao(Siento no poner tu Nick entero pero si no, me lo borra -.-), Zadomenliz , Andyhaikufma, laura-eli89 y hina-hatake

Capítulo 2:

Sentía una fuerte presión en su cuello, el aire no parecía llegarle a los pulmones, era como si dos manos afiladas le agarraran intentando matarla, esas manos parecían clavarse en su piel de tal forma que la sangre se desbordaba por él, se removió en la cama intentando zafarse de ese agarre que le quitaba la vida poco a poco. Parecía estar soñando, notaba como su cuerpo caía por un pozo sin fondo sumido por la oscuridad, quería gritar para hacer reaccionar a su propia subconsciencia pero nada salió de su garganta, nada ni siquiera una sílaba.

Un gran estruendo le hizo abrir los ojos, se encontraba en el suelo, al parecer cada movimiento que había hecho la había llevado a caerse, suspiró aliviada abrazando con cierto temor a Black Hayate, debía recomponerse.

- Estoy bien – susurró ella, un sudor frío recorría su frente, incluso aquel pijama azul cielo que llevaba se encontraba pegado a su cuerpo, no podía volver, no , ese sentimiento de ser un simple objetivo con el que había que acabar. Alzó la mirada hacia su despertador, las cinco de la mañana, en breve debería volver a aquel lugar en el que era presa. Y por lo que podía intuir también tenía un carcelero que la observaba constantemente – Sólo ha sido una pesadilla.

Todas las noches vivía esa misma sensación, cada vez que intentaba descubrir algo para beneficiar a su coronel, o rebuscaba más de lo que debía, esas sombras le advertían que retrocediera, no tenía intención de avisárselo, después de su última conversación lo último que deseaba era escuchar un comentario inapropiado de su parte.

- Buenos días, señor – saludó Hawkeye al ver entrar al Fuhrer, le dirigió un leve asentimiento y se dirigió a su escritorio sin decir nada más al respecto.

La mañana pasaría como siempre, en un silencio perturbador, ella se encargaría de los informes referentes a todo lo que ocurría en Central, y el Fuhrer se encargaría de su deber y a las pocas horas se iría a hacer sus típicas visitas o iría a sitios de los cuales ella no estaba informada.

- Hawkeye encárgate de hacerme llegar los informes referentes a los hemanos Elric, me gustaría saber de su paradero.

- Por supuesto señor, ¿Dónde podré encontrarle? – alzó sus ojos rojizos hacia la mirada de Bradley que pareció mirarla seriamente por unos instantes.

- Llévelos a mi casa – dijo sin más saliendo por la puerta y dejándola sola en aquella gran oficina de la cual ella no formaba parte y nunca lo formaría.

Los informes del Oeste le dejaban más tranquilo, al parecer Fuery se encontraba bien, e incluso Breda parecía tener una mejor dieta que cuando se encontraba en la oficina, lo único que le preocupaba era Falman, gracias a la reina del hielo no había podido recibir ningún informe o carta referente de cómo le iban las cosas. Tras la última conversación con su teniente primera lo que más le había animado el día era aquella información, así que optó por tomarse la mañana libre y retirarse a la biblioteca.

- Buenos días, coronel Mustang

- Scieska , ¿Ha habido alguna novedad por aquí? – inquirió con gesto serio al ver como la clasificación de libros había cambiado.

- Ha sido orden del Fuhrer, señor, reclamó unos libros referentes a la piedra filosofal y los homúnculus, dijo que no era necesario tener esa información especialmente si no había incidencias de ello.

El moreno apretó los puños sin poder contener su propia rabia, ¿Qué no había incidencias?, si él era el primero que daba incidencia de ello e incluso había condenado su rutina con tal de que ello no saliese a la luz, en esos momentos le daban ciertos instintos de presentarse en su oficina y chasquear los dedos.

- ¿ S-Se encuentra bien?

- No es nada – gruñó él frunciendo el ceño, salió de la biblioteca sin decir nada más, había optado por dar su primer paso recopilando información de aquel lugar, después de todo Hughes estuvo allí investigando y por haber resuelto la mayoría de los enigmas de los que constaba Central había terminado asesinado por uno de ellos. Ya no quedaba nada, ni siquiera una mísera pista en el cuartel. Otra vez se le había adelantado Bradley.

No tenía demasiadas ganas de volver a su oficina, preferiría salir del cuartel e irse al bar de Madame Christmas, quizás allí encontraría a alguna mujer y pasaría la noche con ella olvidándose de todos sus problemas.

"Espero que con él sea tan severo como conmigo, teniente, no me gustaría que tocara mi terreno"

Se llevó la mano a su cabello, esas palabras acababan en su mente, cada vez que no conseguía encontrar algo para centrar su atención. Su teniente debía estar maldiciéndole después de todo había conseguido con sus palabras hacerle cargar un peso más, es más había dudado de su fidelidad hacia él, no tenía derecho a juzgarla sobretodo cuando él había traicionado su fidelidad y salía con mujeres cuando lo necesitaba, tiró su chaqueta hacia el sofá, sin duda ya era hora de comer y su escritorio estaba lleno de informes atrasados más los que debía entregar aquel mismo día, se podría ahogar en ellos perfectamente. Sonrió irónicamente se la imaginaba delante de él reprimiéndole por el "arduo" trabajo que había presentado aquella mañana, cortando sus pensamientos decidió salir hacia el comedor, después de todo si realmente estuviera delante de él y viera su rostro, le habría disparado sin dudarlo.

Riza miró de reojo hacia la puerta, no le cuadraban demasiado las cosas, aquel militar que había entrado en la oficina era compañero de Maria Ross estaba segura de ello, ¿Qué relación tendría con el Fuhrer? Por más que le daba vueltas, estaba claro que no había relación. Recobrando su postura y su concentración en los informes que tenía delante de ella, escuchó rechinar la puerta, allí estaba de nuevo aquel soldado, tenía una sonrisa cínica y poco esperada en su rostro, después de todo Denny Brosh no destacaba por su ironía o cinismo.

- Buenas tardes, teniente Hawkeye, se ve más interesante que de costumbre – sonrió nuevamente con esa sonrisa más mordaz que anteriormente.

Las curvas de sus labios se alzaron hacia arriba, lo comprendió perfectamente, era aquella persona de la que Edward les había hablado, aquel homunculus que era capaz de transformarse.

- ¿Le resulta gracioso mi saludo? – inquirió con una ceja alzada, al ver la expresión de la rubia.

- No, sólo pensaba que las copias podían ser más perfectas – ensanchó más su sonrisa y cogió unos informes antes de levantarse – Me retiro a comer.

La vio irse, su mirada estaba clavada en su espalda, el rostro de Brosh se había endurecido e incluso se había cruzado de brazos contemplando como aquella mujer desaparecía de su vista.

- Ya veo, esa Hawkeye es demasiado astuta.

- Te has delatado tú mismo ante ella, Envy – gruñó Bradley detrás de él, sus manos estaban entrelazadas a su espalda, mirando hacia la misma dirección donde miraba aquel homunculus, aquel lugar donde ya no se encontraba su secretaria. – Después de todo, ese "Ojo de halcón" es capaz de ver cualquier cosa.

- ¿Por eso la estas reteniendo? – inquirió aquel falso Denny Brosh dirigiendo una mirada hacia su "hermano".

- Nos será muy útil sobretodo cuando meta las narices buscando información para Mustang.

- Interesante, estoy impaciente por ver tu plan, Wrath

La hora del almuerzo había sido una forma de escapar de aquella presión, había llegado a la conclusión que cuando estaba en algún lugar donde había poca luz, miles de ojos se clavaban en todas sus perspectivas, quizá se acostumbraría a aquel sentimiento, (o eso quería pensar). Puso sus informes debajo de su brazo y tomó una bandeja, echándose un poco de cada cosa, después de todo no tenía demasiado tiempo para tomar un almuerzo calmadamente ya que acabaría en una media hora. Caminó lentamente por los pasillos, buscando una mesa donde poder hacer ambas acciones, terminar los informes y comer lo necesario para enfrentar lo que quedaba de día, hasta que le vio levantado la mano en su dirección. Otro inconveniente: Lidiar con su coronel.

- Teniente – la llamó para que alzara la mirada hacia él, pero no obtuvo nada, ella hizo como si no le hubiese visto y siguió buscando un sitio donde poder sentarse, aun así había elegido la hora punta para ir a comer, todas las mesas estaban llenas, el balbuceo y ruido de sus compañeros de la milicia le hizo percatarse de que no podría huir mucho rato de él, suspiró.

- ¿Piensa huir mucho tiempo de mí? – inquirió saber al verla acercarse.

- No estaba huyendo coronel.

- Nos conocemos demasiado, teniente – sonrió sarcásticamente, no podía mentirle después de todo como había intuido estaría enfadada con él, y tenía sus motivos después de todo, Riza Hawkeye no era propiedad de nadie, y aunque le doliera ni siquiera de él.

- Veo que tiene trabajo – comentó ella, ignorando sus últimas palabras, se sentó enfrente de él, dejando la bandeja aún lado y centrándose de terminar los informes que debía entregar.

- No tener subordinados es un poco duro.

- Ahora podrá darse cuenta de quien hacía realmente el papeleo – dijo ella, dirigiendo su mano izquierda hacia la bandeja y pellizcó un trozo de pan, llevándoselo a la boca.

- Me ofende teniente, yo siempre me encargo de mi trabajo.

- Siento discrepar, coronel – suspiró, en aquella incómoda conversación ni siquiera se había dignado a mirarle, podía sentir sus ojos negros clavados en su coronilla, aun así no alzó la mirada después de todo sabía que rumbo llevaría esa conversación.

- ¿Si me disculpara por mi pequeña frustración de la otra noche, me perdonaría?

- Llamar a alguien de su propiedad no lo llamaría frustración, señor, sino celos y particularmente hacia el Fuhrer. – estaba siendo seca y quizá dura en sus palabras pero después de todo no lo perdonaría con ese tono lastimero que estaba usando con ella, le conocía y al igual que en ocasiones él la presionaba, ella también era capaz de hacerlo.

- No tolero que me quiten a mis subordinados, especialmente a mi subordinada más leal.

- Debería tomarse las cosas con calma, después de todo esto nos llevará un tiempo – dio una suave mirada hacia el reloj del comedor, le quedaban sólo unos diez minutos para volver a retomar todo lo que le quedaba por hacer hasta que terminara su turno, suspiró nuevamente, llevándose un pequeño bocado a la boca, tenía el estómago cerrado no le apetecía digerir demasiado.

- Creo que eso es imposible, sólo espero que si ocurre algo no dude en llamarme.

- Coronel, ¿Debo recordarle que no soy una mujer en apuros? – le amonestó severamente ante sus palabras, no le gustaba demasiado que su superior la viera de aquella manera, después de todo, ella había decidido proteger su espalda, si fuera débil no sería capaz de llevar esa promesa hasta los extremos de seguirle al infierno.

- Lo siento, al parecer estoy complicando aún más las cosas.

- Debo volver al trabajo.

- Tenga cuidado – Roy la miró seriamente, podía verlo en sus ojos, estaba preocupado demasiado por su bienestar y debía ser al contrario, después de todo ella debía velar por él y debía empujarle poco a poco para alcanzar su meta.

- Lo tendré, pero no me miré así.

El moreno se llevó las manos a la cabeza cuando se marchó, ¿Cómo quería que ocultara aquella preocupación? Estaba en manos de nada más y nada menos que King Bradley, un homunculus, no era para estar demasiado relajado. Necesitaba una copa, o quizá dos…

No le quedaba demasiado tiempo para terminar todo lo que aún le faltaba, debía puntualizar los puntos más importantes de cada idea: De Ishbal, y también de las reformas en Lyor, además de incluir su firma como teniente primera para quitar trabajo a su coronel después de todo se ahorraría de tener que esperar su opinión y punto de vista al respecto, sabía con claridad que pensaba de cada cosa así que se encargaría de ello por sí misma.

Las cuatro

Las cinco

Las seis

Las siete…

A pesar de tener tanto trabajo las horas parecían estar en su contra cada cinco minutos tenía el impulso de mirar el reloj y ver si habría acabado, seguro que en su anterior puesto aquello no le pasaría. Estaba atardeciendo y nuevamente la oficina se tornó con oscuras siluetas alrededor de su escritorio, agradecía que sólo le quedaban tres informes por firmar y se iría para llevarle personalmente los informes a Bradley. Volvió a sentir como si alrededor de su cintura aquellas manos afiladas que aparecían en su sueño la aferraran, sintió un fuerte dolor, apretó los puños no podía permitirse gritar no estando en la realidad y no en una de sus pesadillas. La rubia se levantó rápidamente, cogió sus informes recogidos en una carpeta y con su otra mano tomó su chaqueta, debía salir de ahí cuanto antes, no, quería salir de ahí cuanto antes.

Sin duda las sombras estaban dándole a entender que estaba en su camino, y estaban dispuestas a quitarla de él…

Continuará: