Capítulo 3
Se acabó. Edward Cullen me había sacado de mis casillas. No le iba a hacer daño físico, por supuesto, ya dije que juré no dejarme llevar por los impulsos de nuevo. Tenía pensado plantarle cara y exigirle una explicación decente, pero no apareció. Al día siguiente tampoco se presentó. Pasaron más días y todo se volvió muy extraño.
Aquel día había nevado y Charlie se había tomado la molestia de colocar las cadenas a las ruedas de mi viejo Chevy.
Necesité de toda mi concentración para no matarme cuando caminé por la acera helada hacia mi coche. Era increíble como para unas cosas, como caminar (no soy capaz de andar sobre una superficie totalmente lisa y no tropezarme con algo) o correr, era una completa patosa, y para otras como, pegar a un tío con un bate o incendiar un local (si, lo hice, es una historia larga) era la gracilidad en persona.
¿No se supone que debería ser al revés…? En fin.
Mientras conducía, me pregunté si Edward Cullen se dignaría a aparecer hoy o si, por el contrario, se ausentaría un día más. ¿Dónde se había metido?
Cuando entré en la clase de Biología le vi. Mi corazón se paró durante una fracción de segundos y luego comenzó a latir desbocado. Edward había vuelto, estaba allí sentado en su sitio habitual. Una sonrisa se dibujó en mis labios, pero se congeló al instante.
¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué pensaba en él de esa manera? No era posible que me gustase, no. Él era la clase de personas a las que detestaba.
Agarré con fuerza mis cosas y me dirigí a mi asiento con la cabeza bien alta. Cuando me senté miré a Mike, en un intento por ignorar a mi compañero de pupitre, pero lo que vi fue algo chocante y revelador.
Mike Newton se había sentado con un chico de pelo castaño y ojos negros, musculoso y, aparentemente, más alto que él. Y… Dios, no se como decirlo… ¡¡¡Newton le había guiñado un ojo mientras se mordía el labio inferior!!! ¡¡¡Y el otro había soltado una risita!!!
Me di la vuelta rápidamente. Mi pregunta había sido respondida. ¿Mike Newton era gay? Si, clara y absolutamente, si.
Edward Cullen se rió por lo bajo y yo le miré perpleja.
-Hola, soy Edward Cullen, aunque seguro que ya te han hablado de mí ¿no?-dijo con una sonrisita de suficiencia
Le miré directamente a los ojos. Eran de un color dorado ¿Se había puesto lentillas? Juraría que la última vez que se dignó a aparecer por el instituto eran negros.
Me giré y me propuse ignorarle. No tenía ganas de tratar con imbéciles prepotentes. Era agotador.
-Tú debes de ser Bella Swan ¿verdad?-continuó como si nada
Le miré, no por ser insistente, sino porque me había llamado Bella y no Isabella como habían hecho TODOS, sin excepción, en aquel lugar. Su sonrisa seguía en su sitio, pero había tomado un tono menos escéptico y más sincero. Eso solo podía significar una cosa: quería pedirme algo. Todos los chicos, me cayesen bien o no, dibujaban una sonrisa sincera (o medianamente sincera) cuando querían pedirme algo, y este tío no iba a ser diferente.
-Si ¿quieres algo?-pregunté en tono mordaz
Edward soltó una risita ante mi tono y alzó una de sus perfectas cejas.
-…diseccionar una raíz de cebolla-dijo el señor Barnner dejando un microscopio en nuestra mesa
Edward, sin apartar la mirada de mí, me pasó el telescopio con una sonrisa extraña.
-Las damas primero-murmuró, y al ver que vacilaba añadió-. Pero si quieres que lo haga yo…
-No soy tonta-dije con voz firme, apartando su mano del microscopio
Puse el ojo en el objetivo del microscopio, bajo su atenta mirada. Me ponía de los nervios.
-Profase-dije mirándole con la misma sonrisa de suficiencia que él había mostrado segundos antes
-Te importa si…-dijo alargando su mano
Lo que nos faltada. El tío este dudaba de mi eficiencia. A que le pego.
Sin esperar a que respondiese, cogió el microscopio y miró por la lente. Una sonrisa asomó en sus labios durante un segundo.
-Profase.
-Lo que yo había dicho-murmuré entrecerrando los ojos
Me miró pensativo, como si fuera a decir algo, pero luego, cambiando de opinión fijó la vista en la puerta, con la mandíbula desencajada y los ojos como platos.
Entonces miré yo también hacia la puerta. Al principio pude comprobar que no ocurría nada anormal. Pero de pronto apareció Rosalie vestida con un vestido rojo sangre, muy ceñido a la cintura. Le llegaba por encima de las rodillas.
TODOS los hombres de la clase, por llamarlos de alguna manera, se quedaron mirándola embobados. Casi se les caía la baba.
-Sr. Barnner-dijo la rubia con tono seductor-, Edward tiene permiso para ausentarse de las clases el resto del día.
El Sr. Barnner se pasó una mano por la frente para secarse el sudor que se había apoderado de él y luego le hizo un gesto a Edward para que se levantase de su pupitre.
Mi primera reacción fue de tristeza. Cierta parte de mi no quería que él se marchase. Mi segunda reacción fue desconcierto. ¿A dónde demonios iba? Y mi tercera reacción fue ira. No era justo que él se pudiera ausentar de clase así porque sí. Malditos Cullen engreídos y superpopulares.
Le dirigí una mirada cargada de odio a mi compañero de clase y el me devolvió una mirada de culpabilidad.
Eso me desestabilizó. Se sentía culpable ¿Por qué?
Le seguí con la mirada por el pasillo (como todos los demás) y en la puerta me topé con la de Rosalie, que estaba cargada de prepotencia, odio y sarcasmo.
Fue la gota que colmó el vaso.
Me levanté de la silla y avancé hasta la puerta, donde aún estaban la rubia y Edward. Cogí la silla del Sr. Barnner y la alcé sobre mi cabeza, con el firme propósito de estampársela en la cabeza a Rosalie.
Rosalie me miró con una ceja alzaba y con una sonrisa divertida en los labios.
Iba a tirársela a la cabeza, pero Edward fue más rápido que yo y me cogió de los brazos, impidiéndome realizar la tarea a la que tan dispuesta estaba.
-Tranquila-me susurró con su voz aterciopelada
Entonces me di cuenta de lo que acababa de hacer. Miré a mí alrededor. Todos me miraban como si estuviese loca. La verdad, es que no les podía culpar. Acababa de intentar tirarle una silla a Rosalie Hale.
Inspiré hondo para calmarme y di media vuelta. Pero de caminó oí un bufido de la barbie-loca.
-Sabía que no sería capaz-murmuró
Me detuve un momento, pensándome muy bien si volver y aplastarle es su hueca y rubia cabecita la silla del profe. No, no era recomendable. No quería que el pensamiento de que yo era una loca psicópata acrecentase.
Continué hasta que llegué a mi asiento. Me senté haciendo un poco de ruido y luego vi como Edward, con una mirada que no supe interpretar, cerraba la puerta tras de sí.
PERDOOOOON POR EL RETRASOOOOOOOOO!
No se me ocurría como seguiir xD
Buenooo aquí os dejo el terceer capitulo y espero que os GUSTEEEEE!
P.D.: Dejadme Reviews PLEASEEE!
