Bueno, obviamente dedicado a ti Disturbed Nord, por ser la única persona interesada en la historia :) Gracias por eso!

Solo espero que no me asesines con el final, pero todavía nos quedan unos 2 o 3 capitulos más.


Le compte à rebours est commencé

Run, run, little girl. You can run but you can't hide.

.

Capitulo III: Lapsus

La lluvia me despierta, no sé si ya está anocheciendo o las gruesas nubes nos quitaron todo el sol. No recuerdo cuando me quedé dormida, ni si quiera cuando me acosté en el césped, pero los gemelos ya no están frente a mi

-Good morning!-me saluda Alfred con su sonrisa de siempre parado unos metros a mi derecha- O más bien, good afternoon, or good nigth? Como sea, estamos preparando la cena, tenemos hambre. Los frutos que trajiste se ven deliciosos, y hemos podido recolectar mucha agua.

-Oh, qué bueno-es lo único que puedo responder.

-Es una suerte que la vegetación sea lo suficiente densa para protegernos de la lluvia, nos ahorramos el problema de tener que construir un refugio-continua-oh, y la tormenta ha bajado la temperatura, lo cual es una suerte porque por más que me guste el calor tampoco me agrada estar todo el día transpirando. ¿A que este viento fresco es muy relajante, no crees, Mattie?

-Sure-le responde sin más, concentrándose en pelar unos frutos amarillos.

Puedo ver como la dinámica del grupo ha cambiado drásticamente. Yo sigo siendo la damisela en peligro, pero ahora Alfred tiene que hacer equilibrio entre ocuparse de su hermano quien pasa por seguramente la peor tragedia de su larga vida pero que debe seguir adelante, y al mismo tiempo asegurarse que yo esté cómoda y en pie, trabajo que antes hacía Matthew. Ahora me siento aún más como una molestia, si es eso posible. Quiero correr, despertar, negar, llorar. Pero lo único que puedo hacer es sentarme junto a Matthew a ayudarlo a preparar los frutos.

Si no puedo despertar de esta pesadilla al menos haré algo para ayudar.

-Cuando la tormenta termine, quisiera ir a pescar. El mar no está muy lejos, creería que a unos 600 o 700 metros-comenta Alfred cuando nos sentamos en círculo a comer los frutos.

-Puedo ayudarte si quieres-me ofrezco

-Oh, sería genial tener un poco de asesoramiento nativo. Pero ahora que lo pienso, será algo tarde, así que mejor sería ir en la mañana, ¿qué crees?

-Um, sí, tienes razón.

-Perfecto, ya está arreglado.

Nos quedamos en silencio por el resto de la comida. Esta noche es más fresca que la de ayer, pero trato en no pensar que ya no tengo mi calor extra. Tampoco duermo en medio. Soy la primera que se recuesta contra el tronco del árbol, luego Matthew se sienta a mi lado. Alfred no se coloca a mi otro lado, sino que se sienta junto a Matthew trayendo la manta consigo. Todo está húmedo por la lluvia, pero se siente bien el roce cálido de la tela. A pesar de que he dormido toda la tarde, concilio el sueño pronto. Cuando despierto unas horas después, noto que en algún momento durante la noche Matthew se ha deslizado un poco hacia el pecho de Alfred, y que Alfred ha pasado su brazo por los hombros de Matthew.

Por un momento me detengo a mirarlos, viéndolos respirar tranquilamente. En esos segundos me pasa por la mente levantarme y huir. No lo notarían, el stress, el cansancio, la sensación de que la invasión ha terminado, la necesidad de descansar, todo nos hizo a los tres dormir profundamente por fin. Quiero irme, entregarme a los invasores, alejarme de ellos. Dejarlos tranquilos, quitarles mi peso de encima.

Pero me quedo quieta en mi lugar. Más bien un segundo pensamiento me deja estática allí sentada.

Que la pelea de Arthur y Francis no se desperdicie. Que la muerte de Kumanjiro no sea en vano. Que el esfuerzo de Matthew no sea por nada.

Ya no quiero entregarme, me quiero quedar. Quiero luchar. Quiero ir a la guerra, quedarme con mi gente. Quiero recuperar mi soberanía.

Pero eso es algo que veré luego. Cuando Arthur y Francis estén de vuelta con nosotros, sanos y salvos.

Con ese último pensamiento me vuelvo a dormir, repitiéndolo una y otra vez porque tengo miedo que se me escape.

En la mañana desayunamos los frutos que sobraron de anoche. De nuevo, todo es puro silencio, incluso la jungla matutina. Pero esta vez lo aprecio, porque me da la chance de hacer lo que hace tiempo quiero hacer. Así que junto valor y lanzo la pregunta

-¿Por qué no nos han buscando Francis y Arthur aún? Ya han pasado, ¿cuánto? ¿Dos días? Este es el tercero…

El silencio vuelve, solo que ahora los gemelos me miran fijo. Quizás intentando analizar si detrás de mi pregunta hay solo curiosidad, verdadera preocupación, o lágrimas.

-Debieron de haber tenido algunas complicaciones. Pronto nos encontrarán. O los buscaremos-comenta Alfred como si nada

-Tenemos órdenes explícitas de no volver a la ciudad-murmura Matthew.

-So what? Por más que me gusten unas lindas vacaciones en una isla paradisiaca, no podemos quedarnos aquí tanto tiempo. Soy una nación muy ocupada, sabes.

Matthew no responde, pero no lo culpo por seguir frio y distante como ayer. En cambio, me enfoco en Alfred. No puedo creer lo que escucho, pero a estas alturas ya debería estar acostumbrada. Estas no son vacaciones, no hemos visto más que jungla, muertos y sangre. Es un infierno, más que un paraíso.

O quizás para ellos no. Es tan típico de mí analizar la realidad de otros desde mi punto de vista. Pero ellos tienen otra vida.

Yo me he mantenido neutral. Completamente al margen de la guerra e ignorándola todo lo que pude. Pero ellos han estado allí desde el principio. Tal vez, esto comparado con lo que han visto y vivido en los últimos meses, desde el comienzo del conflicto, sea casi como unas vacaciones.

Ashh.

Y de nuevo estoy malinterpretando todo. Hemos perdido una vida aquí. Esto nunca será como unas vacaciones, ni si quiera en un siglo o dos podremos recordar este momento y considerarlo como un tiempo de ocio.

Y hay otra cosa que estoy pasando por encima. Una segunda mirada a los gemelos, a las marcas bajo sus ojos, a sus movimientos cansados, a sus intentos de hacer como si no pasara nada. En realidad, ellos piensan lo mismo que yo.

Desde la…pérdida, de Kumanjiro, nuestras perspectivas parecen haber cambiado. Cuando Arthur y Francis nos dijeron que huyéramos mientras ellos detenían al enemigo, nos pareció un plan suicida, pero tampoco tanto. En cambio, viendo a Kumanjiro…caer, tan fácilmente, nos hizo pensar en que el plan realmente pudiera ser suicida.

Y quiero decir, realmente suicida.

No quiero pensar en la posibilidad, y al igual que con la guerra trato de ignorarlo. Pero, también igual que la guerra, allí está. Tintineando en un rincón de mi mente, recordándome que no todo está bien como falsamente me intento hacer creer.

Nada está bien.

Todo va cuesta abajo.

A cada segundo, algo es perdido.

A cada momento una bomba cae sobre nosotros.

He-hey! ¡Dije que pronto nos buscarán! ¡No te preocupes, no tienes porque llorar!

Los ojos azul cielo de Alfred me devuelven a la realidad como un balde de agua fría. Recién ahora me doy cuenta de mis mejillas mojadas y de mi respiración agitada. Debo verme patética.

-Désolé. Solo fue…un momento, ya está. I'm sorry.

Me secó los ojos pero pronto vuelven a estar mojados. Me tapo la cara con las manos, no puedo quebrarme en un momento así, pero me conozco y sé que una vez que comienzo no puedo parar.

-I-it's ok, no-no llores, no…

Alfred no puede consolarme. No puede ocuparse de mí. No debe.

-Puedo… ¿puedo ir a caminar? Quiero tomar aire fresco.

Patética excusa siendo que llevamos en la selva dos noches seguidas, pero Alfred no hace ningún comentario. Claro que no, tiembla con solo verme dejar caer una pequeña lágrima.

-Sure, solo quédate cerca, ¿ok? Y llámanos ante cualquier problema, no importa si después es falsa alarma.

Me levanto de un salto, y antes de irme le doy una última mirada a Matthew que en ningún momento quitó los ojos del fruto que comía. Sé lo que estoy haciendo. Estoy huyendo. De la monotonía de Matthew, de la desesperación de Alfred, de la ausencia de Kumanjiro, de Arthur, de Francis.

Pero hay una cosa de la que no puedo escapar, y es de mi patético ser.

Sin embargo, vale la pena intentar.

Una, y otra, y otra vez.

Continuara...