Kaede me despertó de forma bastante cariñosa. Impidiéndome respirar con una almohada y con mis uñas clavadas en su brazo e intentando darle patadas. El amor entre hermanas es mítico.

Lo lleva haciendo desde que es pequeña, y no piensa cambiar con los años. Me la imagino ya vieja pelleja intentando asesinarme de forma dulce y tierna.

Cuando me libere de ella y entre sus risas sonoras me levante de la cama y me restregué los ojos. Pude ver como mi eyeliner tiño mis dedos de negro. Ella me llamo panda y se sentó en el borde de la cama, cruzada de piernas y con una mirada inquisitiva.

- ¿Me lo vas a contar ya o no?

- Eres una bruta y una abusona –le bufe intentando limpiarme la cara de restregones de maquillaje – Cállate y atiende.

Obedeció con una sonrisa de niña pequeña.

Comencé a contarle como me metí en la cabeza de Charles y vi los últimos diez años de forma resumida y especialmente dolora. Le conté como conoció a ese tal Erik, como recluto un pequeño equipo de mutantes excepcionales que se dispersó, como perdió sus piernas y a su hermana…. Mejor dicho, como quien el ha considerado hermana le abandono en una playa, quien sabe dónde y herido, lisiado y postrado a una silla de ruedas para el resto de sus días. Como intento ayudar a otros como el, convirtiendo eso en su única motivación tras tanta mierda, como fracaso y como el único que no le dio la espalda durante una década era Hank.

El dolor que le causa el suero, es hasta comparable al dolor que sintió al recibir el disparo que acabó con las terminaciones nerviosas de su columna. Pero no es solo el sentir un disparo o el entumecimiento de sus miembros lo que le duele, son las terribles migrañas que siente cuando sus poderes vuelven. Por eso intenta huir de ellos. Pero no es el camino, su dolor le ha hecho débil y su propio ser lo sabe. Es muy poderoso pero ese poder necesita de control, y cuando no hay control tu habilidad, aquella que debería de ayudarte a seguir como individuo, de destruya poco a poco.

También vi su intento de recomponer su vida, de adentrarse en la vida nocturna, de encontrarle el gustillo a los vicios. Alcohol, sexo, hasta alguna que otra droga… así durante años. Hank consiguió alejarle de ese mundillo oscuro, pero no pudo evitar que Charles se convierta en un erizo, encerrado en si mismo y pinchando a quienes pretendan acercarse a el.

Pero Hank… Hank siempre estuvo ahí. Y es la única persona que no acaba escaldada por la bilis de Charles. No le culpo, es demasiado para un solo hombre, cuya vida no es que haya sido un camino de rosas, pero tampoco veo justo pagar con los demás tus desgracias.

Tampoco pude evitar ver que sigue sintiendo algo por esa tal Moira McTaggert. Lleva años intentando buscar una sustituta que se le compare. No la encontró. Tener que hacer olvidar a alguien donde estas mientras esperas a que aparezca por la puerta y abrace tu dolor debe de ser la guinda al pastel.

Trague saliva y vi la cara de pena de Kaede. Sentía lastima por el.

- No sientas lastima.

- No me leas el pensamiento.

- Enserio, no sientas lastima. –repetí- Es fuerte, solo que no se da cuenta de su fortaleza. Algún día lo hará, probablemente… si no no sería quien Logan cree que es.

Luego, le conté lo que sucedió entre nosotros en su estudio. Kaede puso mala cara al decirle las cosas que me soltó y le pareció injusto, igual que a mi. El que haya sufrido no es una justificación para ser cruel, pero tampoco he tenido razón al meterme yo en su cabeza. Digamos que es un empate.

Cuando por fin vio su curiosidad satisfecha, me dio un abrazo y se fue a dormir. Ni me moleste en ponerme el pijama, me volví a tumbar y me quede frita enseguida.

Ser telepata es problemático. No es solo escuchar voces permanentemente, eso se puede ignorar y queda como un murmullo de fondo, como un ventilador en pleno verano en una habitación silenciosa, si no que es un don que se ha de mantener a raya.

Como mencione antes, una mínima alteración emocional es un problema. Y hoy estaba bastante alterada, así que me volvió a suceder algo que me sucedía en época de exámenes. Mi mente comenzó a comportarse como un espejo, mi subconsciente dejaba de proyectar mis pensamientos y proyectaba los sueños ajenos. Es decir, soñaba lo que soñaba quien fuera que tuviese más cerca.

Hoy le toco a Kaede.

Abrí los ojos de par en par e intente adaptarme a la intensa luz de aquel lugar. Cuando por fin conseguí distinguir las sombras y figuras, me encontré en una especie de pasillo de cristal.

Suelo, techo y paredes hechas totalmente de cristal. Al otro lado, había agua. Hasta habían unos peces y infinitud de algas, hasta donde me alcanzaban la vista.

Nunca había estado en un sitio tan maravilloso. Podía sentir que estaba en casa, porque estaba en el corazón de lo que yo estaba hecha, agua.

Me acerque corriendo a una de las paredes y pegue ambas manos al cristal, para observar asombrada como nadaban y disfrutaban todo tipo de peces tropicales y de todo tipo de colores.

Una sombra entre las demás me llamo la atención. Espera, era un … hombre.

Pietro.

Estaba al otro lado del cristal, con los peces, pero el no hace mas que chapotear y retorcerse… SE ESTA AHOGANDO.

¡PIETRO! –intente golpear el cristal con todas mis fuerzas, para intentar salvarle, para sacarle de ahí antes de que sea demasiado tarde.

A pesar de los fuertes golpes que le propinaba al cristal, ni se rayaba. Mis nudillos comenzaron a sangrar cuando me di cuenta de que había alguien más en la sala. Y estaba detrás mía.

No puedes huir de ello.

Mi hermana estaba de pie, con expresión ausente y hablando con voz casi robótica. ¿Qué hace Anne aquí?

No puedes esconderte.

Volví a mirar a Pietro, quien había dejado de moverse y me entro el pánico. Creía que iba a estallar en llorar al verle sin vida y pálido. Quería destrozar el cristal e ir a por el. Aporree una última vez el grueso muro transparente antes de sentir mis huesos hacerse añicos.

Inútil. Vive dentro de ti.

Me desperté jadeando y falta de aire para oír la puerta de mi habitación abrirse de forma ruidosa. Vi la figura de Kaede acercándose a mi cama a toda prisa, y como seguía un poco grogui no me di cuenta de que estaba llorando hasta que me abrazo y me empapo el pijama de lágrimas de cocodrilo.

- Pietro está bien, tranquila.

- ¿Cómo sabes? –hasta que se dio cuenta de que he vuelto a soñar lo que ella- ¿Has intervenido?

- No… solo he sido una espectadora. –le acaricie el pelo suavemente, intentando ahogar sus sollozos en un abrazo cariñoso- Tranquila, es un sueño. Nada más que un sueño. Ve a dormir.

- Está bien –murmuro secándose las lágrimas- Que descanses –se levantó de mi cama y cerró la puerta, esta vez mas cuidadosamente.

- Suspire y volví a dormirme. Por suerte esta vez me concentre en un sueño propio.

A la mañana siguiente, me desperté temprano, mucho antes de lo que había planeado. Bostece, me estire y me levante de la cama. Me mire en el espejo del tocador para ver la horrible cara que traía.

Ojeras y legañas. Asqueroso. El pelo enredado desde las puntas hasta las raíces y una babilla colgando en el labio inferior. La imagen de la sofisticación.

Mientras me pasaba un precioso cepillo dorado por el pelo, intentando desenredar lo desenredable, pensé e intente encontrarle sentido al sueño de Kaede.

Primero, ese pasillo no tenía fin ni principio.

Segundo, agua. Era lógico que era un sueño sobre su mutación, no había que ser un genio.

Tercero, Pietro.

El tema de Pietro era obvio. Hoy aparte de ser el día en el que salvo la vida, es el día en el que mas recuerdos de Pietro le vinieron a la cabeza y de golpe, como dinamita.

Por alguna razón tiene miedo de que el idiota ese acabe mal, por eso ha soñado que se ahogaba.

¿Y si es que tiene miedo a que acabe haciéndole daño?

Kaede nunca ha hecho daño a nadie, a diferencia de mi, que voy provocando migrañas a diestro y siniestro cuando me pongo furiosa o estoy asustada de verdad.

No se podría decir que es la perfección en cuanto a control de sus poderes, porque a veces se le va de la mano y acaba haciéndose daño ella, pero aun así su contador de victimas que no sean ella misma está a cero, no entiendo porque le tendría miedo a su mutación.

El pasillo interminable… supongo que es su potencial. Ella sabe que puede hacer mas, pero no sabe cuánto es capaz de mejorar, ni es consciente del progreso que hizo desde que sus irises comenzaron a desteñir hasta el dia de hoy, que es capaz de congelar y hacer evaporar una piscina entera en un abrir y cerrar de ojos.

Lo que me pregunto yo, es… Suponiendo que el cambio de estado de la materia es rotura de enlaces intermoleculares de sustancias covalentes y que esa rotura o formación es debida a adición y sustracción de energía… ¿No será que Kaede controla esa energía, y no la sustancia en si? Eso no explicaría porque puede hacer levitar líquidos o hielo, ni a donde va ni de donde sale la energía… supongo que es algo digno de estudiar. Interesante.

Me sacudí la cabeza y me di un pequeño golpe en la mejilla para dejar de pensar como una empollona y concentrarme en parecer normal y calmada porque si salgo de esta habitación me encontrare con Charles si o si y tampoco me quiero recluir por su culpa.

Me cambie rápidamente y baje a la cocina a por algo de desayunar.

Para mi sorpresa, Kaede estaba ya despierta, arreglada y en un animada charla con Logan. Parece que lleve ahí un buen rato, pues había casi total complicidad entre ambos. Ella le contaba cosas sobre Pietro y su infancia, a lo que el intentaba no descojonarse, porque al parecer, conoce al Pietro adulto, y es igual o peor de lo que nosotras le recordamos.

Ver a Pietro de adulto me hizo querer indagar más en los recuerdos de Logan.

También había una niña y un niño. Ella, de pelo azul oscuro y grandes ojos verdes, una sonrisa encantadora y muy tranquila, casi como si fuese una estatua, sumergida en el profundo mundo de las aventuras literarias. El, un niño con hoyuelos, miraba a quien era Logan de aquel recuerdo con interés, como si entendiese lo que su padre hablaba con nuestro nuevo amigo.

Como estaba sentada al lado de Kaede y ambos habían dejado de hablar por la expresión vacía y sin vida que había puesto (la que pongo siempre que echó un vistazo en los recuerdos de la gente) , mi hermana me propino un violento codazo que me hizo salir a la fuerza de la cabeza de Logan, quien me seguía mirando, extrañado.

Me rasque el brazo tras el golpe y aguante la risa ahogada de Kaede ante mi expresión de mosqueo cuando Charles entro en la cocina, sin mirar a nadie y metiendo la cabeza dentro de la nevera.

Me quede callada y deje de maldecir a Kaede, quien saludo amablemente a Charles y quien fue saludada con la misma amabilidad y simpatía. Mire a Logan, este levanto las cejas y volvi a mirar a Charles, quien se servía una taza de café recién hecho de la cafetera y en la que acabo vertiendo el líquido de un pequeño recipiente de plástico blanco, lo que supuse que era crema.

Antes de salir de la enorme cocina, se paró en seco y murmuro algo de tal forma que pude oírlo.

- Anne, sígueme, hazme el favor –dijo, lo que casi me molesto, pero le hice caso, mire a Logan y Kaede y sin decir ni una palabra seguí a Charles, que caminaba tomándose el café que dejaba un olor hipnótico por todo el pasillo que conducía desde la cocina hasta el interior de la mansión.

Se detuvo ante una gran puerta muy similar a la mayoría de las que daban paso a lujosas habitaciones y que abundaban en casi todos los pasillos de la enorme casa y la abrió. Entrecerré los ojos pues una luz intensa y molesta se escapó por la puerta. Charles me invito a entrar y yo seguí sus pasos sin levantar la vista del suelo hasta que por fin mire la estancia en la que me había traído y abrí los ojos de par en par, como platos y casi pude sentir lágrimas de emoción en uno de ellos.

Era una enorme biblioteca. Las paredes estaban llenas de libros, pues eran estanterías en las que no cabían ni un alfiler. Había un enorme ventanal decorado con vidrieras de todos los colores, una pared que tenía hasta una chimenea y delante cuya habían muebles que parecían la mar de cómodos. Una mesita donde había un tablero de ajedrez, dos sofás y unos seis u ocho sillones. Charles se deleitaba con la cara de felicidad pura que había puesto nada más ver tanta maravilla junta.

No había estado nunca en un lugar así. No es por la cantidad de libros, es por el aire que se inspiraba en esa habitación. Era distinto, me traía felices recuerdos de mis raíces, de mis padres y como me enseñaron a amar la ciencia, de mis primeros años de universidad, de mi profesora favorita que me introdujo a la belleza de la biología. Tantas cosas en una sola habitación.

- Tu hermana, dijo que eras un poco rata de laboratorio –comenzó y deje de mirar alrededor para posar mi vista en sus ojos azules.

- Mi hermana llama rata de laboratorio a todos los que lleven una bata –le explique, suspirando profundamente.

- Kaede tuvo la consideración de responderme a varias preguntas sobre ti.

- ¿Ah sí? –levante las cejas, a modo de sorpresa- ¿Cómo qué?

- Como darme una idea para poder disculparme por lo que te dije ayer.

- Tranquilo, no importa… -no pude finalizar la frase porque me vi interrumpida.

- No me hacen falta mis poderes para saber que te he herido los sentimientos de alguna forma, y lo siento de veras. –poso una de sus manos sobre mi hombro y aparto un mechón de pelo que lo cubría - No te metas en mi cabeza, es un lugar oscuro y lleno de resentimiento. Eres demasiado… frágil, como para tener que soportar eso.

- ¿Me estas llamando débil? –mi voz sonó desafiante.

- Te estoy llamando pura. No deberías mancillar tu precioso don con alguien como yo –ahora me sonrió torpemente y salió de la hermosa biblioteca sin decir nada más.

No me lo puedo creer, este tío ha conseguido hacerme enfadar dos veces en menos de veinticuatro horas, vale que no sea una telepata ejemplar y que de hecho no me gusta ser una telepata, pero de ahí a que me llame débil... no sabe de lo que soy capaz. No tiene derecho a opinar sobre mí. Odio que la gente me empiece a juzgar sin conocerme.

Y me pregunto que estaría haciendo Kaede, como maneja ella sus emociones

Kaede POV

Hacía rato que llevaba apoyada en la ventana de mi habitación observando los alrededores. No podía parar de pensar en la pesadilla que tuve. ¿Podría hacerse realidad todo aquello?. Sacudí la cabeza para sacarme aquella horrible idea de la cabeza. No poder salvar a alguien.

- Jamás le haría daño a nadie... Pero, ¿Y si me vuelvo loca o algo?.

Suspiré y me aparté de la ventana. Salí de la habitación en busca de Anne, que debería estar hablando con Charles. Entonces me la encontré por los pasillos.

Caminaba muy decidida, con los puños apretados y desprendía algo así como un aura oscura en llamas. Se paró en seco delante de mí.

- Kaede. - Me agarró de los hombros con fuerza. Levantó la vista y me miró a los ojos. - No quiero volver a ver a ese tío. ¿¡Qué se habrá creído!?

- Anne, tranquilizante. ¿Qué te ha dicho? Se suponía que iba a pedirte disculpas. - Dije agarrándole las manos para que no me clavara las uñas.

- Dijo que no me metiera más en su cabeza, que soy "demasiado frágil" - Dijo con retintín. - Y luego quiso arreglarlo diciendo que era demasiado pura. ¡Cuando en realidad me llamó débil en toda la cara! - Me zarandeó.

- No creo que eso sea...

- Cree que soy débil porque me afectó lo había en su cabeza. - Me soltó los hombros. - ¿Crees sinceramente que soy débil?

- No eres débil Anne, Charles no se refería a eso.

Me miró confusa. Suspiré.

- He estado hablando con él. Es un buen tío. Y tan sólo quería pedirte disculpas y decirte que no deberías meterte en su cabeza, no porque seas débil, si no porque no tienes porqué soportar todo lo que él ha pasado.

- ¿Eso te lo ha dicho él? - Dijo casi perpleja.

Se quedó callada, estaba rebuscando en mi mente. Se tapó la mano con la boca.

- Mierda, la he cagado.

Asentí encogida de hombros.

- Ahora te toca pedirle disculpas a él antes de que se vaya a buscar al tío ese. - Metí las manos en los bolsillos y suspiré. - ¿Sabes? Creo que sois tal para cual.

- ¿Q-Qué? - Se ruborizó y me pegó fuerte en el brazo.

Me reí. Le posé la mano sobre la cabeza y le broté el pelo.

- Pídele disculpas, estará en su despacho. Yo bajaré para despedir a los demás. ¡Te veo abajo!

Me escabullí de su mirada fulminante y bajé las escaleras. Me encantaba esta maldita mansión, a pesar de todo el polvo y objetos amarillentos por el tiempo, era encantadora. De madera oscura barnizada... Flores secas, lámparas de cristal... ¡Me encanta!

Logan y Hank estaban en la puerta vestidos cómo de turistas, menos Logan, que iba un poco más normal.

- Veo que de vestuario... No vais nada mal. - Les sonreí.

- Fingiremos ser turistas, y aprovecharemos para entrar en las instalaciones. - Me explicó Hank metiendo un artilugio extraño en su bolsillo.

- ¿Qué es eso? - Preguntó Logan.

- Es para interferir en la emisión de las cámaras de seguridad. - Asintió seguro.

Logan y yo lo miramos extrañado. ¿Cómo puede este chico tener inventos tan curiosos?. Arqueé una ceja y le sonreí.

- Mola. - Dije. - Seguro que os sale bien, me encantaría ir. Tener la oportunidad de entrar en el pentágono... Wow, tiene que ser una oportunidad única.

- No presiones, Kaede. Ya te he dicho que nos vas a venir. Tú y tu hermana os quedáis aquí, sin liarla. ¿De acuerdo?

- Sí, sí. Yo sólo lo comentaba... ¿Y Pietro también va? -Dije en un tono neutral.

- ¿Pietro? - Preguntó Hank.

- Quicksilver. - Aclaré metiendo las manos en los bolsillos.

- Si conseguimos que venga con nosotros, vendrá. - Dijo Logan, a lo que Hank asintió.

Me pregunto si Logan sabrá salgo sobre mi futuro. Y si estaría con Pietro. Me sonrojé.

- Seguro que va, ¿Quien rechazaría una oportunidad de ir al pentágono? - Dije con cierta emoción.

- Espero que el no. - Se rió Hank.

Me giré para observar cómo Charles bajaba la escalera con cierta prisa, y Anne iba detrás a unos metros de él. ¿Todo bien? - Le pregunté en su mente. Tenías razón, ya le he pedido disculpas. Así que todo bien. Le sonreí.

- Bueno, ya estamos todos. - Dijo satisfecho. - El coche nos está esperando fuera, rumbo a California.

Abrió la puerta y salió, no sin antes dirigir una mirada furtiva a Anne. La miré a ella y luego a Logan buscando un poco de apoyo.

- Bueno, no destrocéis más la mansión de lo que ya está.

- Oh tranquilo - Se rió Anne - Eso es físicamente imposible, lo único que vamos a hacer es limpiar un poco. Aquí hay polvo desde hace décadas.

- Y que lo digas, tengo miedo de ir al trastero también. Si es que esta mansión tiene de eso. - Dije. - Pero tranquilo, si nos ataca el monstruo del polvo y las pelusas mugrientas lo congelaré para poder ponerlo en medio de la mesa cuando cenemos.

Logan me dedicó una leve sonrisa.

- Nos vemos. - Se limitó a decir antes de salir.

- No toquéis mucho el despacho de Charles... No le gusta que le revuelvan sus cosas ¿De acuerdo? - Nos aconsejó en tono amable Hank.

- De acuerdo. - Dijimos Anne y yo al unísono. Cómplices.

Cerraron la puerta, nos miramos y escuchamos cómo el ruido del motor del coche se alejaba. Sonreíamos.

- ¿Qué vamos a limpiar primero? - Pregunté.

- El despacho de Charles. - Me contestó con una enorme sonrisa.

Nos reímos perversamente y salimos corriendo hasta su despacho. Nos pasamos la mañana limpiando exclusivamente su despacho, así que al medio día desistimos y nos ocupamos del resto de la casa. En mi vida había visto tal cantidad de mierda, por decirlo pronto y mal. Anne comenzó por los pisos de arriba, mientras que a mí me tocó la parte de abajo.

Por mucho que intentaba no pensar en Pietro, me era imposible. ¿Cómo alguien que no veo desde hace 10 años sigue influyendo en mí vida?. Le hecho tanto de menos... ¿Podré verle hoy? A lo mejor después de lo del pentágono se queda en la mansión. ¿Qué le digo?.

- ¡Hola Pietro! ¡Te he echado mucho de menos! - Susurré con voz adorable mientras limpiaba un tomo de libros. - Quiero decir, - Me aclaré la voz y me crucé de brazos. - cuanto tiempo.

Sí, algo así estaría bien. O mejor...

- ¡Vaya! ¡As crecido, enano! No no no... ya no somos niños. La última vez que lo vi éramos adolescentes. Espero que no te hayas pasado todos estos años sin hacer nada ¿Eh?.

Uf, eso tampoco. A lo mejor le molesta el tema. ¿Qué le puedo decir?

- Hola Pietro. - Dije.

Me acerqué a la ventana y comencé a limpiar los cristales, opacos por la suciedad.

- Hacía mucho que no nos veíamos... - Eché más espray limpiador en el trapo - Veo que no te han cambiado los ojos de color... ¿O sí? Nah, no importa. Te queda bien.

Limpié el marco de la ventana.

- ¿Sabes? Cuando éramos más pequeños, me gustabas mucho. Pero ya no, lo he superado. Podemos ser buenos amigos, a no ser que tú sientas algo... Entonces sentiré decirte que...

- Que te sigo queriendo. - Dijo la voz de Anne a mis espaldas.

Grité tirando el limpiador y el trapo por los aires y le miré jadeando con la mano en el pecho.

-¡Anne! - Le grité acusándole del infarto que me iba a dar. - ¿Me estabas escuchando?

- En mi cabeza también - Se rió y me estalló la calla en un color rojizo.

- Perdona Anne... Es que... -Negué con la cabeza mientras recogía lo que había tirado. - estoy preocupada.

- Lo sé.

Intenté mostrarme tranquila, lo importante era mantener la calma. Tranquila, tú puedes.

- No te fuerces Kaede, es normal ponerse nerviosa... Lo mejor será que te desahogues. Venga, yo te escucho.

- Pues, - Solté en un suspiro - no sé. Pensé que lo había olvidado. Que todo quedaría cómo un bonito recuerdo. Y sin embargo, ha vuelto a mi vida. Ni siquiera me acuerdo de cómo estábamos cuando nos fuimos hace 10 años. Me preocupa...

- ¿El qué te preocupa?

- Que no sienta lo mismo que yo siento. - Murmuré. - Y además esa horrible pesadilla, ¿Crees que yo podría...?

- KAEDE. - Dijo con los párpados por la mitad. - A veces eres estúpida.

- ¡Y tú una borde y nadie te lo dice! - Le sonreí - Esto es serio.

- Sé que nunca le harías daño a nadie. Confía en ti. Tú sólo... no te preocupes por él. No dejaré que la cagues, así que no te preocupes más. Pietro siempre ha sido poco avispado para darse cuenta de tus sentimientos hacía de él, así que no sospechará nada.

- Sí, no se daba cuenta de nada - Dije entre risas - ¿Te acuerdas cuando era nuestra graduación y me tiré cómo... 4 horas antes del evento arreglándome para él y cuando llegué a su casa estaba tirado el sofá?

- Me acuerdo. Mmmm... - Se quedó pensativa - Tienes que ver algo.

Todo el mundo iba a ir muy arreglado. Con corbata, traje de chaqueta... incluso algunos con pajarita. ¿Qué me pongo yo? ¿Qué vestido llevará Kaede? Sinceramente no me la imagino en vestido... pero estará preciosa.

- ¡Mamá! ¿Has visto mi corbata azul?

- ¡Tú nunca has tenido una corbata azul! ¡Mira en el desván, en el cajón ese!

En un abrir y cerrar de ojos ya tenía una corbata azul en la mano. Me la coloqué por el cuello.

- Hasta parezco alguien mayor. - Me admiré

Me eché el pelo para atrás. Kaede a veces me echa el pelo para atrás, será porqué le gusta más así. Maldita sea, tengo que estar a la altura. Volví a probarme todos los trajes de chaqueta que encontré por la casa; negro, azul marino, gris... Pero el que más me gustaba era el negro. ¿Le gustará a ella el negro?

Ay dios mío, ¿Y qué se supone que hablaremos en el camino de ida? ¿Y en el de vuelta? Es posible que no nos veamos más... Quiero decírselo antes de que se vaya. No puede irse sin saberlo, de ninguna manera.

En el baño me observé la cara, probé a echarme el pelo para atrás, y me lo peiné con agua. Sonreí. Sí, es exactamente como ella me lo pone, y a la primera. ¡Soy la hostia!

Apenas habían pasado 3 horas y aún seguía decidiendo qué zapatos ponerme. ¡Y la música! Nos gustan los mismos grupos, pero tengo que asegurarme de que suenen sus canciones favoritas, y la que sea más su favorita tiene que sonar justo antes de que se baje del coche. Sí, sería un momento genial.

- ¡PIETRO, KAEDE HA LLEGADO! - Gritó mi madre desde el sótano.

- Oh no.

Cundió el pánico. Me quité la ropa y me puse cualquier porquería, hice uso de mi mutación para no perder ni un segundo. Pasé por lado de mi madre y de Kaede, le sonreía a mi madre. Llevaba un vestido en un tono turquesa ajustado hasta la cintura, con unos tacones negros con un lazo y un pasador en el pelo. Tenía las pestañas y los ojos blancos remarcados en azul clarito. Quise pararme unos segundo más para admirar lo guapa que estaba, pero bajé hasta el sótano y me tiré en el sofá con un cómic en las manos.

- ¡Estoy en el sótano! - Le respondí.

Escuché cómo los tacones se Kaede resonaron con cada escalón que bajaba. Me incorporé del sillón sin darle a importancia y la observé. Ahora era ella quién iba a cámara lenta y con una adorable sonrisa.

- ¡Hey! - Me saludó un poco tímida - Qué raro que estés aquí abajo...

- Sí, es donde suelo estar - Me froté la nariz y me levanté. Me observó de arriba a abajo.

- Ojalá yo también pudiera ir a la graduación cómo tu, todavía estamos a tiempo. - Dijo mordiéndose el labio con ilusión.

- Sabes que podríamos hacerlo y quedaríamos cómo los más guays. Pero, tu tía, mi madre y sobretodo Anne, nos matarían. - Me reí.

- Es cierto - Hizo el gesto de meter las manos en los bolsillos pero su vestido no tenía. - Joder, no me gustan los vestidos. Si te soy sincera, me siento muy insegura. Parece que se me va a subir y se me va a ver todo...

- Eso alegraría la cara del señor Mitters. - Se rió.

- ¡Eres lo peor! - Me golpeó el brazo - Bueno, ya casi es la hora.

- Dame menos de un segundo.

Asintió con una sonrisa. Hice uso de mi mutación y salí corriendo hacía mi habitación. Me puse el traje el nuevo y me colgué la corbata del cuello. Entré en el cuarto de baño y me volví a peinar cómo antes. Cogí aire y lo solté despacio.

- Hoy es un gran día.

Bajé corriendo hasta el sótano y me quedé al pie de la escalera observando cómo Kaede ojeaba mi cómic entre risas. No puedo esperar, tengo que decírselo.

Aclaré la voz. Kaede alzó la mirada y dejó el cómic a un lado lentamente. Apartó la mirada sonrojada.

- V-Vaya... Quién me lo iba a decir...

Se levantó a trompicones y se dirigió hacia mí. Me miró a los ojos y me cortó la respiración.

- Estás muy guapa, Kaede.

Ahora fue a ella a quién se lo entrecortó la respiración. Me agarró la corbata y me la empezó a comer.

- No siempre voy a estar a su lado para atarte la corbata, señor Maximoff.

- Con su permiso, señorita Lovett, me gustaría que siempre lo estuviera.

Se rió. Pero yo lo decía totalmente en serio. Me entró una risa floja por las cosquillas que me hacía al rozarme el pecho para atarme la corbata. La ajusto y la admiró satisfecha mientras la metía por dentro de la chaqueta que posteriormente abrochó.

- Perfecto. - Sonrió - En marcha.

- En marcha.

Le ofrecí mi brazo para que se agarrara. Normalmente nos iríamos pegando por el camino, pero hoy era diferente. Hoy dábamos un paso adelante, nos graduábamos. Y ya éramos mayores. Subimos los escalones despacio, demasiado despacio.

- Lo siento, es que estos tacones son muy incómodos. ¿Quieres cambiarme los zapatos? - Me ofreció con una sonrisa oculta.

- ¡Ni de coña!

La cogí en brazos en un gesto rápido y utilicé mi mutación para correr hasta el coche. La bajé justo en la puerta del coche. Se arregló el pelo.

- Menos mal que estoy acostumbrada, si no, te habría matado.

- Lo sé - Me reí mientras le abría la puerta.

- No me mires el culo cuando entre, seguro que se me ven las bragas. No encontraba ninguna bonitas, así llevo una con conejitos de Anne.

- Qué sexy.

Cerré la puerta riéndome. Cómo es posible que siempre me saque una sonrisa. Cuando estoy con ella, es cuando más me río. Cuando estoy más feliz. Me metí en el coche y encendí la radio.

- ¡Oh! ¡Heart of glass! ¡De Blondie! - Dijo Kaede dándome golpecitos en la pierna mientras arrancaba el motor.

- Es mi coche sólo se escucha buena música.

- De eso no hay duda.

En el trayecto disfruté de oirla cantar y de contarme alguna que otra cosa de Anne. Cuando por fin llegamos, aparcamos y salimos del coche. La última canción que sonó en el trayecto fue Deam on de Aereosmith.

Se agarró de mi brazo para poder caminar mejor. Esta vez no podría hacer uso de mi mutación, tendríamos que ser personas normales. Entonces Kaede se paró en seco.

- Oh no. - Dijo descompuesta.

- ¿Qué ocurre, has visto a Lindsey y Tom besándonse? - Dije poniéndome enfrente suya.

-¿Qué? ¡No! -Dijo frustrada - Mis lentillas. Pietro, mis lentillas.

Le miré los ojos, tenía el iris de color blanco.

- No las llevo. Mierda - Se desesperó.- Tenemos que volver, ya, ahora. Por favor Pietro, llévame. No puedo ir por ahí con los ojos blancos.

- Kaede - Le agarré de los hombros con suavidad - Tranquila. Estás preciosa con esos ojos, nadie te va a decir nada, confía en mí. Es el último día que vas a venir aquí, no pasa nada.

Me miró a los ojos y suspiró.

- ¿Se nota mucho? Ya tengo bastante con el pelo...

- No se nota nada. Vamos.

Volvió a agarrarse de mi brazo, esta vez con más fuerza. Notaba su respiración agitada. Tiene que ser muy duro tener tantos cambios físicos. Seguimos caminando en silencio hasta que llegamos a la entrada donde había mucha más gente.

- Gracias Pietro... - Murmuró.

Le pegué un pellizco flojito en la mejilla y nos sonreímos.

- ¡Parejita! - Gritó la voz de Anne por encima de las demás. Se hizo paso entre la multitud y se acercó a nosotros. - ¡Habéis llegado muy lento, ehhhh! -Dijo para picarme.

- Si, todavía los coches no vuelan. Pero molaría, ¿verdad?

- Y qué lo digas. - Dijo Kaede. - Por cierto, Daniel. Más te vale tratar bien esta noche a mi hermana, te recuerdo que me llamaste rarita. Y por tanto, no os daré mi bendición ¿Lo pillas?

- Bueno, eso lo dije de broma. - Dijo riéndose nervioso.

- No hace ni puta gracia. - Me quedé serio mirándolo.

- Chicos... - Murmuró Anne.

Kaede y yo nos miramos y nos empezamos a partir el culo.

-¡Te lo has creído! - Nos reímos - ¡Pringado!

Ahora era él el que se partía el culo, puede que por puro alivio. Pasó la noche, mientras los delegados de las diversas clases daban un discurso conmovedor sobre el compañerismo y los bien que nos lo habíamos pasado durante el curso todos en pura felicidad.

- Tanta hipocresía me aburre. - Me susurró Kaede.

- Lo mismo digo, ¿Cuándo va a acabar esta mierda?

- Anne - Susurró Kaede a la fila de adelante - Haz que se desmaye alguien para hacerlo más interesante.

- Créeme, aunque me muera por hacerlo, no es ético.

Nos volvimos a echar en el respaldo del asiento y suspiramos a la vez. La chica que estaba leyendo el discurso al fin acabó. Era hora de entregar los diplomas, así que el director se dirigió al atril y comenzó a decir nombres.

De los primeros salieron Daniel Brethmon, junto a Anne. Aplaudimos hasta el punto que nos dolían las manos y Kaede no dejó de gritarle. Tras muchos nombres más, nos tocó a mí y a Kaede. La agarré de la mano y subimos por las escaleras, cada uno recogimos nuestro diploma y miramos a la cámara.

- Lo conseguimos - Le dije.

- Lo conseguimos - Me agarró de la mano.

Sonreí a la cámara y nos bajamos del escenario.

La noche discurrió deprisa, y sin darme cuenta, Kaede y yo estábamos bailando en la pista entre las luces de colores. Ella no paraba de mirarme mientras bailaba y se reía.

- ¡No te rías de mí! ¿Acaso tú sabes bailar?

- ¡Claro que sé! - Me agarró de las manos - Mira, Lindsey no para de mirarnos y reírse, ¿Por qué no le hacemos un baile especial?

- Eso ni dudarlo.

Nos pusimos enfrente de ella, que nos miraba con cara de asco. Kaede empezó ha hacerle muecas mientras movía los brazos cómo si estuvieran muertos y daba pequeños saltitos. Yo giraba sobre mi mismo mientra me agachaba y me levantaba moviendo la cabeza.

- Mira son el grupo de los raritos. - Dijo Tom agarrando de la cintura de Lindsey.

- Mira son el grupo de los gilipollas.

Nos reímos a la vez y nos fuimos de ahí en busca de Anne para reírnos más. No necesitaba nada más. Kaede era tan importante para mí que el mero hecho de estar a su lado me hacía plenamente feliz. Aunque fuera haciendo tonterías.

- Pietro... - Susurré. -Todo eso... ¿Pasó? A penas lo recordaba con tanta nitidez.

- Son los recuerdos de Pietro en aquel entonces. - Dijo Anne.

- Se estuvo arreglando antes de que yo fuera... y preparó música. Se colocó el pelo cómo a mí me gustaba... - Murmuré sonrojada estremeciéndome. - Éste Pietro... casi me había olvidado.

- Para eso estoy aquí, Kaede. No debes olvidar lo que de verdad de importa.

La abracé con todas mis fuerzas.

- Dime... ¿Crees que podrás enseñarme cualquier recuerdo de Pietro en la ducha? - Le susurré.

- ¡KAEDE! - Me apartó.

Me reí con ganas. Me sentía mucho mejor.

Pasamos el resto del día limpiando la casa, al siguiente, el jardín, y al otro la fachada. En aquella mansión parecía que nunca iba a acabarse la mierda para limpiar. Y aún peor, parecía que los demás nunca iban a volver. Hasta la tarde del tercer día, que un grito ahogado en la puerta de quien parecía ser Charles nos hizo despegarnos del sofá, de los libros y de la música.