-Un forastero. #3
Había pasado una semana completa y nada se había sabido del peli rosa. Llego el anochecer y con ella un extraño, la gente rehuía a su mirada, sentían un gran miedo y no sabían porque, jamás un forastero había causado en ellos ese efecto, ¿quizá era el color de sus ojos, o su piel?, o quizá fuera su pelo, el cual le daba un aspecto salvaje. Este hombre llegó para buscar algo en particular, había agotado todos sus recursos hasta tener que llegar a ese, el que menos le gustaba, pues sabía que no era bueno entablando conversación. Se acerco a un lugareño con intención de preguntarle algo, pero este salió despavorido de ahí, pensando en, - ¿Por qué no me he ido antes a casa?-. Intento de nuevo y volvió a pasar lo mismo, hasta que se hartó, no dejaría que le hicieran lo mismo una tercera vez. Así, poso su mirada en una pequeña, la cual estaba algo alejada de donde él estaba, ella no se escaparía sin averiguar lo que quería.
Se acerco demasiado rápido asegurándose que nadie más lo veía, así que de unas cuantas zancadas estuvo al lado de la joven la cual se encontraba a unos trescientos metros de distancia, sin ser nada delicado tomo a la chica de la parte de atrás de su abrigo para levantarla del suelo, esto evitaría que ella escapara.
—¿Pero qué... ? — ¡estaba flotando!, giro su cabeza para mirar con ojos alarmados hacia lo que la había agarrado, por un momento había pensado en un oso, o quizá hasta un lobo, la nieve amortiguaba los pasos de cualquier ser. En su lugar se encontraba con un joven de rostro bastante indómito, se le quedaba mirando, sus ojos la habían atrapado por completo, jamás había visto unos ojos como aquellos, parecían dos rubíes centelleantes.
—Así no podrás escapar, ¿verdad niña? — Este esbozaba una amplia sonrisa mostrando sus puntiagudos dientes, otro aspecto extraño en aquel hombre. — Ahora contestaras mis preguntas, ¿Dónde se encuentra la curandera de este sucio lugar? —
De inmediato la chiquilla fruncía los labios, en primera, porque le había llamado "niña" y en segunda, porque había llamado a su comunidad como "sucio lugar".
—Hubiera respondido con gusto a tu cuestión si lo hubieras hecho educadamente, ¿me bajas por favor? — Lo seguía mirando a los ojos, su primera impresión seguía ahí, pero algo opacada por el comportamiento del hombre. El muchacho estaba sorprendido, nunca antes le habían sostenido así la mirada, y menos una niña, parecía una guerra de miradas. Ya no había sorpresa en los ojos cafés de esa pequeña, los cuales resaltaban en su piel blanca, tan blanca como la nieve misma, ahora lo miraba algo enfadada, ¿Cómo se atrevía a mirarlo así?, aunque estaba molesto por ello, sabía que no lograría nada si continuaba con ese carácter, o eso trataba de convencerse, porque el otro modo, era agarrarla a hostias, pero le podía marcar esa cara, solo por eso se contenía y la bajaba.
—Gracias. Por cierto, ¡no soy una niña! — Odiaba con todo su corazón que se refirieran así a ella, había pasado la etapa de la niñez hacía mucho, ahora era una adolescente a punto de convertirse en un adulto, ¿por qué se empeñaban en verla así?, a veces odiaba su cuerpo tan poco desarrollado.
¿Qué había sido eso?, ¿acaso ella había inflado las mejillas?, el joven se quedaba ahí parado, mientras observaba como la pequeña mujer levantaba lo que se le había caído al momento de haberla elevado.
Observaba atentamente la pila de viejos libros que levantaba de entre la nieve. ¿y como que no era una niña? Se preguntaba, si era bastante claro que lo era. Observaba como se iba alejando, no iba a donde estaban todas las casas del pueblo, por lo que suponía que ella debía de vivir a las afueras de la aldea. Sin pensarlo más la seguía, logrando interceptarla sin ningún problema en la puerta de la pequeña cabaña, dejando a la joven algo sorprendida nuevamente.
