Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


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Muchas gracias por sus mensajes, los aprecio mucho. Y aquí ya estoy con la actualización. Siento si me tardo en actualizar, pero trabajo en otras dos historias y escribo un poco en las tres, sin olvidar todas las nuevas ideas que me surgen. Sin más, les deseo buena lectura.


3. Amenaza del Pasado.

Inuyasha seguía pasmado, el tiempo se había vuelto de pronto muy lento, todo sonido desapareció, su corazón latía como loco y lo único que quería, era tomar a Kagome y llevársela lejos.

― ¡Me alegra que estés bien!― gritó eufórico Miroku, estaba feliz de verlo después tanto tiempo, al llegar a Shikon temió encontrarse con una persona ermitaña, pero no.― El cambio de ambiente te sentó de maravilla, hasta conociste a una linda...

― ¡¿Qué haces aquí?!― le cortó de golpe, no era para nada bueno que Miroku estuviera allí.― Sabes que no puedes estar aquí, si querías hablar ya sabes el protocolo.― continuó hablando más bajo.

― Tu novia nos está viendo.― dijo al sonreírle a la azabache que los observaba con extrañeza.― ¿Algún lugar donde hablar?.

Inuyasha suspiró para calmarse, Miroku tenían razón, debían ir a un lugar más privado. Se giró y encaró a la chica. Kagome observaba a ambos chicos detenidamente, intentando descubrir porque el ambiente se había vuelto tenso.

― Kag, debo atender esto.― dijo al tomarla de las manos.― ¿Puedes seguir cuidando la tienda y guardar lo que la anciana mandó?.― señaló la bolsa que había dejado caer.

― Claro ¿Todo bien?― preguntó al observar al amigo de su novio, él no le parecía una mala persona.

― Todo bien, es solo que... Te cuento cuando regrese.― prometió al no tener idea de que inventarle.

Kagome asintió no muy convencida, pero ese chico de nombre Miroku le daba confianza. Cogió la bolsa y regresó al interior de la tienda.

Inuyasha guío a Miroku al muelle y subieron a un bote. El ojidorado, remo hasta la mitad del lago, allí era un lugar perfecto para platicar, nadie los alcanzaría a escuchar.

― Aquí es seguro.― dijo Inuyasha al dejar de remar.

― Él escapó.― soltó sin más preámbulos, lo mejor era dar aquella noticia sin preámbulos.

― ¡¿Qué?! ¡Si es una broma no es buena!― Inuyasha gritó totalmente exaltado y entrando en pánico, al punto de casi ponerse de pie en el bote.

― No es broma.― contestó con pesar, que más quisiera que lo fuera.

Inuyasha se sujetó con ambas manos la cabeza por la preocupación. Lo que le acababa de decir Miroku debía ser mentira, era una pesadilla, en cualquier momento despertaría gritando, asustaría a Kagome y para calmarse le haría el amor. Esperó un momento y nada ocurría, no despertaba, si no despertaba quería decir que era la realidad.

― Calma, no sabe de tu paradero, solo tres personas lo sabemos y una de ellas está muerta, solo quedamos Koga y yo.

― ¿Myoga murió?― preguntó sorprendido y esperando no recibir otra mala noticia.

― No entres en pánico, murió por un ataque al corazón, la edad.― explicó para que Inuyasha no se pusiera más paranoico.

Al menos esa respuesta le quitó un peso de encima a Inuyasha, una muerte natural era aceptable. Suspiró hondo e intentó calmarse.

― ¿Ustedes siguen dentro?

― No, solo estuvimos un año más que tu, después Kouga partió a alguna parte de América y yo a Europa, volví hace dos.

― ¿Entonces qué haces aquí? ¿Ellos te mandaron?

― Me buscaron para que yo te diera la noticia, eso fue hace tres semanas.

― ¿Tres semanas desde que escapó?― una parte de él le decía que no le gustaría la respuesta.

― No, hace tres semanas me dieron la noticia, él escapó hace seis semanas.

― No puede ser, sabía que no debí ir.― oficialmente estaba desesperado, su mente comenzó a idear miles de planes que le mantuvieran a él y Kagome a salvo.

― ¿De qué hablas?― estaba intrigado y preocupado, no pensó que Inuyasha se tomaría la noticia tan mal.

― Hace un mes fui a la ciudad, pudo haberme visto, ya sabe donde estoy.

― Para antes que te de un ataque, no creo que ya te encontrase, ha estado matando al sur y centro.

― Es imposible que se enteré de mi ¿Verdad?.

― Saotome Rinne, fue un francotirador y agente en inteligencia, de madre japonesa y padre inglés, creció en un campo militar, toda su educación fue militar, el mejor de clase, un líder nato que murió en el cumplimiento de su deber. Por otro lado, Takahashi Inuyasha es un hombre ordinario, en su servicio militar resultó lesionado y le dieron de baja, nunca ha tenido una multa, su padre fue pescador y su madre hija de un comerciante, trabaja reparando techos, tuberías, pintando casas y administra la pequeña tienda de la familia, vive en un pequeño pueblo alejado de la era moderna, no tiene coche, solo una pequeña lancha.― dijo enumerando las diferencias entre los dos hombres.― Nadie se fijaría en ti, sin ofender, pero... Comparado con él, eres un perdedor.

― Descuida, no me ofende, me preocuparía de ser lo contrario y espero tengas razón.

― Tu novia me agrada.― comentó al querer cambiar la conversación y levantarle el ánimo.

― ¿Quién te dijo que es mi novia?

― ¿Esposa?― eso no se lo espero.

― Aún no, pero vivimos juntos. Me refería a que si Kagome te habló de nosotros.

― No exactamente, mientras te esperaba llegó tu cuñado preguntando por su "hermano mayor", ese muchacho te admira.

― ¿Qué tan seguro es que ese hombre no consiga mi información?

― No hay registro en papel o informático que los vincule. ¿Qué sucede? No son normales esos nervios.― le conocía muy bien como para saber que otra cosa le perturbaba.

― Después de muchos años, logré rehacer mi vida, tengo a Kagome y no soportaría perderla, no ha ella.― dijo con la desesperación reflejada en sus ojos.― Ya bastante culpa tengo con mentirle sobre quien soy en realidad. No tienes idea de lo que sufro cada que ella debe ir a la ciudad, vivo pensando en que alguien del pasado se enterará de ella y un día no regrese, no puedo acompañarla a la ciudad porque no quiero que alguien me reconozca y el día que fui, no dejaba de sospechar de todos.― tanta razón tenía.― Me limito a acompañarla a la estación e ir por ella, ahora que sé que él está libre, quisiera impedirle a Kagome ir a la ciudad, pero ¿Qué explicación puedo decirle? No hay una excusa creíble que pueda darle.

― Te entiendo muy bien... Se nota que te ama y estoy seguro que si un día se llega a enterar, te entenderá, se va a enojar al inicio, pero una parte de ella sabrá que fue para protegerla... Me alegra que la encontraras.

― Deben atraparlo... Cuanto antes.

― Ese es el problema, solo tú lo conoces tan bien.

― No, no Miroku, no volveré a hacerlo, no ahora... Tal vez hace un año o varias semanas atrás, pero no ahora.― dijo al mirar a la tienda y alcanzar a ver a Kagome con Souta.

― ¿Qué cambió?

― Kagome está embarazada, tiene 14 semanas, si me involucro y ese bastardo se entera de ellos... Incluso si no lo estuviera, podría descubrir que es mi debilidad y terminar peor que...

― Comprendo.― interrumpió al entender de lo que hablaba.― Te entiendo a la perfección, volvamos a la tienda, ella ya se ha asomado tres veces. No preocupemos a la futura madre.

― ¿Tú no tienes miedo?

― No, nada. Sé que puede venir por mí, intentar que le diga tu paradero, tengo una esposa, dos niñas de dos años y un hijo de seis meses, pero no me preocupo.

― ¿Por qué?

― De venir por alguno de nosotros se delataría, te darías cuenta y huirías. Además, sabemos que no es su estilo, no le gustan las cosas fáciles, quiere demostrar que es mejor que tú.

― Lo debieron mandar a la silla cuando pudieron.― dijo con enojo.

― Pensamos igual.

...

Kagome vio la hora y luego a la lancha que estaba a la mitad del lago. Inuyasha y su amigo llevaban más de una hora platicando, comenzaba a preocuparse y estresarse. Suspiró cansada y bajó su mirada al mostrador, esté ya brillaba de tanto que lo estuvo limpiando.

― Hermana, puedo ver mi reflejo.― estaba por quitarle el trapo cuando ella paró sola.

― ¿De qué tanto hablan?― los volvió a ver y se mordió el labio preocupada.

― No se ven en años, es normal.

― Pero Inuyasha se molestó cuando lo vio.

― Mi cuñado es medio bruto, tal vez no tuvo el tacto para recibirlo o su amigo le debe dinero.― dio como excusa para calmarla.

― Tienes razón.

― ¿Ya sabes qué será el bebé?― preguntó para desviar los pensamientos de su hermana.

― No, quiero que sea sorpresa.

― Eso dices ahora, no aguantaras y lo preguntarás.

― No lo haré, ahora ayúdame a acomodar los pedidos para el lunes.

― ¿Para este lunes?― Kagome asintió.― Esta mal la fecha.

― No lo está.― dijo al revisar las hojas.

― Lo olvide, no he terminado de leer un libro, confundí las fechas.

― Corre, tienes tiempo.

Souta salió corriendo y Kagome se puso a terminar lo que hacían. Pero ahora que estaba sola, el tiempo le parecía eterno y la angustia volvió. Lo mejor era calmarse, puso ambas manos en su vientre y respiró profundo varias veces, su bebé no necesitaba toda esa preocupación. Se escucharon las campanillas y abrió los ojos, Inuyasha y su amigo estaban entrando.

― ¿Estas bien?― preguntó de inmediato Inuyasha, al verla sostener su vientre se preocupó.

― ¿Qué?― no había captado la pregunta, pero al percatarse a donde miraba su novio, lo supo.― ¡Eso! Todo bien, solo... Un pequeño mareo, nada grave.― mintió a medias, esperaba que le creyera.

Inuyasha la observó por un momento, Kagome sucia algo pálida y sabiendo que los mareos eran normales, acepto su excusa, pero sabía que también había sido porque estaba preocupada.

― Entonces siéntate.― le acomodó una silla y la obligó a tomar asiento.

Miroku observaba muy atento la escena, le recordaba a él mismo y sus nervios de padre primerizo. No podía sentirse más feliz por su amigo, se arrepentía de haber llegado con malas noticias, pero era necesario que Inuyasha lo supiera.

― Bueno, fue un gusto conocerla y felicidades.― dijo Miroku al mirarle el vientre, ahora que prestaba más atención podía ver que debajo del suéter holgado, había un vientre abultado.― Espero sigan bien, me retiro.

― Gracias.― contestó con una sonrisa la azabache.― Pero ¿Por qué se va tan pronto?

― Tengo otros asuntos que atender.

― Es una lástima, mi mamá preparo un poco más de comida para invitarle.

― Quédate esta noche.― pidió Inuyasha.― Debes reponerte del viaje y tenemos una habitación extra.

...

Inuyasha, Kagome y Miroku, comían amenamente y Miroku les contaba de su familia, de su esposa Sango que era solo tres años mayor que Kagome, en palabras del chico, su Sango era una mujer de carácter fuerte, atlética y de buen corazón. También habló de sus pequeñas adorablemente hiperactivas y su tranquilo pequeño bebé, quien fue un gran alivio, porque otro pequeño torbellino sería demasiado.

Kagome era la que estaba más atenta a todo lo que decía Miroku, pero en ese momento tenía la oportunidad para saber más del pasado de Inuyasha y aprovechando un largo silencio, se apresuró a hablar.

― ¿Desde cuándo se conocen? ¿Dónde se conocieron?

― Hace muchos años, en nuestro primer año de la universidad, Inuyasha estaba teniendo problemas en adaptarse a la ciudad y yo le ayude.

Inuyasha quiso golpear a Miroku, había metido la pata, miró a Kagome y ella le veía con fijamente, buscando una buena explicación.

― Espera ¿Fuiste a la universidad? Creí habías vivido en Tokio buscando un mejor trabajo.― habló molesta la azabache.― ¿Por qué no me lo dijiste?

― No la terminé, por eso, me avergüenza.― apretó sus manos en puño, odiaba mentirle a Kagome.― Tú tienes un profesión muy buena y yo, bueno, pudiste juntarte con alguien de tu mismo nivel.― sí tan solo ella conociera la verdad.

― No me avergüenzas, es solo que no comprendo ¿Por qué la dejaste?

― Es complicado.― la vio suspirar, eso quería decir que ya se estaba fastidiando de tantos secretos.

― Kagome, pido disculpas, no debí decir eso.― intentó arreglar las cosas Miroku.

― No es su culpa, e Inuyasha ¿También te avergüenza tener un amigo?― le reprochó al ojimiel.

― No creí volver a verlo.― en verdad que lo creía o tal vez, eso esperaba, en su interior sabía que si sus caminos se cruzaban de nuevo no sería por algo bueno.

― Eso no se hace, yo creí que toda tu vida fuiste un ermitaño.

― Inuyasha no me ha dicho mucho de ustedes.― habló Miroku.― Debo decir que fue una gran sorpresa enterarme de su relación, sobre todo del futuro bebé.

― De hecho, todo comenzó mal.― admitió Kagome.― Vine a pedirle que me ayudara a buscar a mi gato, Buyo se adentró al bosque y no había regresado, me dijeron que "el joven de la tienda en el lago" conocía muy bien el terreno. Vine hasta su casa y me cerró la puerta en las narices, dijo que no le molestara.― fulminó con la mirada a Inuyasha.

― Eran las once de la noche y tenía mucho sueño.― se defendió el chico.

― Como sea.― le restó importancia con un ademán de mano y prosiguió.― Me adentré sola en el bosque y creó le dio cargo de conciencia, porque me alcanzo. A los pocos minutos, lo encontramos atrapado en el hueco de un árbol.

― ¿Lo encontramos? Yo lo encontré.

― Yo iba contigo.

― ¿Qué más?― interrumpió Miroku, a cada palabra se intrigaba más.

― Cuando iba a la tienda, siempre me ponía mala cara, se desesperaba si me tardaba en hacer las compras.

Miroku vio a su amigo y este se cruzó de brazos para luego soltar un bufido.

― ¿Cuándo cambió su relación?

― Es suficiente.― cortó Inuyasha, no estaba dispuesto a seguir siendo el centro de atención.

― Claro que no, ahora quiero saberlo, ¿Cuándo fue?― preguntó a Kagome, ella sí que le explicaría.

― El día que una fuerte tormenta se desato.


19/03/2016