Seguía sin aparecer, sin volver a iluminar su vida. No aparecía, no había dejado rastro. Rin estaba completamente desaparecida. Y eso estaba matando por dentro a todos y cada uno de sus amigos. Pero el más afectado sin duda era Len.
Pasaba el día pensando en ella, en por qué se habría ido. A veces se le pasaba por la cabeza que quizás había huido con su novio y entonces le daban ataques de celos. Pero cuando se calmaba recordaba que su amiga no tenía novio.
Se estaba volviendo cada vez más loco.
Kaito tenía miedo de que su amigo hiciese alguna estupidez, estaba claro lo desesperado que estaba el rubio y justo por eso tenía miedo de perderle a él también. Le seguía a todos lados, incluso se quedaba a dormir en su casa.
Pero Len no protestaba. Él necesitaba a alguien a su lado. Sabía que en ese estado no era útil. Sabía que no podría vivir por más tiempo estando alejado de ella.
Era gracioso. Nunca te das cuenta de lo mucho que aprecias algo hasta que lo pierdes. Sin embargo, no iba a perderla. Iba a encontrarla, cueste lo que cueste.
No le importaba sacrificar su dinero ni su salud.
Le daba igual si esa búsqueda durase para el resto de su vida.
No iba a parar hasta encontrarla.
-Len… ¿Quieres que la busquemos directamente? Hasta ahora sólo hemos buscado información, puede que esté en algún hotel, o a lo mejor está paseando por las calles. Esto puede dar algo positivo.
Se le iluminó un poco la cara. Una nueva esperanza. Un nuevo enfoque. Hizo una sonrisa forzada e intentó llenarse con algo de positividad para no romper a llorar. Pero no servía. En ese momento sólo quería morir. Morir y encontrarla.
-En diez minutos sal a la puerta, voy a avisar a todos para buscarla en grupos-organizó su querido amigo, revolviéndole el pelo intentando animarle. Sin duda Kaito era el mejor.
Esos diez minutos fueron los más largos de su vida. Imprimió mapas y sacó algunos bolígrafos. Aquello iba en serio y debían estar bien organizados.
Un escalofrío le recorría la espalda cada segundo, causado por el descabellado pensamiento de que se le estaba acabando el tiempo, de que si no se daba prisa puede que ella lo dejase para siempre. No se refería a la muerte, pero tampoco se refería a que ella se marcharía. Eran tan solo ideas provocadas por su desesperado corazón, que golpeaba su pecho haciendo que soltase lágrimas y lágrimas, causándole un dolor inimaginable. Robándole todo pensamiento que no fuese rescatarla.
Él sentía que ella no había escapado por voluntad, su instinto le decía que ella estaba pidiendo ayuda.
Y como el instinto de un enamorado jamás se equivocaba, estaba cada vez más desesperado.
Salió a la puerta unos minutos antes de lo quedado. Al menos allí corría el aire. Vio a una chica con el pelo rubio. Su corazón voló y voló hacia lo más alto, pero cayó en picado medio segundo después. No era Rin, era su vecina, Neru.
-¡Hola Len!-saludó alegre.
-Hola…-estaba deseando que esa pesada le dejase en paz.
-¿Qué haces? ¿Estás pensando en Rin? Ella escapó de casa, ya lo sabes.
-Tienes razón-no tenía ganas de discutir con Neru, debía guardar fuerzas-. Pero aún así vamos a buscarla.
-Me gustaría ir con vosotros, pero mi madre va a venir a visitarme. No es que quiera que venga, porque acabaré peleando con ella, pero ya sabes cómo son los adultos. ¡Adiós!-se metió en la casa de al lado.
Neru vivía sola. Siempre que le veía se ponía a revolotear a su alrededor. La había visto un par de veces junto a Rin, ambas veces Rin estaba llorando. Era por eso que no la decía a Neru que le dejase en paz, porque era amiga de Rin y la consolaba… ¿verdad?
-¡Len-kun!-un rubio muy parecido a él se le acercó. El que faltaba.
-¿Vienes a ayudar, no Kuro?
-¡Oh, Len-kun llama me Neko-chan!
Aquel chico era un año mayor, pero le perseguía incansablemente en la escuela. Detrás de él apareció Miku y al poco tiempo llegaron Kaito (el cual se había ido un momento) y Meiko. Como habían avisado de repente, sólo habían podido ir unas pocas personas. A Len le resultaba mejor, pues ellos eran sus mejores amigos y los demás solo hubiesen estorbado; pero se lamentaba por no poder cubrir más territorio.
Oyeron gritos de la casa de al lado.
-Neru está peleando con su madre, no es nada-les aclaró el rubio.
Al final se dividieron en tres grupos; Kaito y Meiko, Miku y Neko, Len decidió ir sólo. Le habían dado una hora, luego tendría que volver al portal de su casa junto a los demás. Le querían mucho y ansiaban encontrar a su amiga, pero temían por Len. Sabían de sobra lo afectado que estaba y que en algún momento podría hacer una estupidez que resultase fatal.
El solitario rubio caminaba por las calles. Miraba con atención cada rincón, enseñaba la fotografía de Rin casa por casa, preguntando si la habían visto, pero todo eran negativas. Sumido en su pequeño mundo de depresión y tristeza, se resignó a volver. No quería preocupar a los demás. Ahora no era el momento de ser una carga.
Puede que ellos hubieran encontrado algo, alguna pista. Se auto-convenció de registrar en una última casa y luego regresar. Llamó al timbre. Salió un hombre joven, alto y esbelto, con el cabello castaño.
-¿Ha visto a esta chica?-fue al grano mostrándole la foto.
-…
-¿Mh?
-Me suena haberla visto junto a un hombre la semana pasada-soltó al final.
Len estaba en una nube. ¡Alguien la había visto! Era un gran paso.
-¿Cómo era ese hombre?-preguntó Len, serio.
-Era joven, de unos veinte. Tenía el pelo negro y los ojos verdes. Estaban discutiendo, pero poco después la susurró algo al oído y ella se entristeció; luego se marcharon.
-¿La estaba forzando?-esperaba una afirmativa, pero también quería una negativa.
-Al principio sí, luego no.
-Gracias…
Se alejó corriendo. Estaba deseando decírselo a los demás. Estaba con un hombre. ¡Estaba con un hombre! ¡Estaba secuestrada!
….
Se paró en seco. Se sentía desgarrado por dentro, la agonía, la ira, la desesperación. Todo junto.
¿Y si ese fuera su novio?
