Zuko la miró desconcertado.

- La ves que estábamos en Ba Sing Se te vi caminar sin ningún problema, ¿qué lo hace diferente ahora?

- Pues… que estamos sobre madera y yo no puedo ver si piso madera, en cambio veo si piso metal o tierra.

- Lo del metal-control yo ya lo sabía, pero no tenía ni idea de que veías por los pies.

- Sin la tierra no puedo hacer nada…

Habían abierto la puerta de la habitación, la verdad es que no era muy lujosa, después de todo estaban en una cárcel. Había un agujero en el suelo con agua fría (parecía ser la supuesta bañera).

- Zuko… ese hoyo no es profundo ¿verdad? –preguntó asustada.

- Pues… un poco, ¿Cuál es el problema?

- Yo… No me gustan los hoyos profundos… yo no sé… nadar –lo dijo con algo de vergüenza aunque a él le pareció bastante común que ella no supiera.

Zuko la tomó por la cintura y comenzó a subir la ropa de la muchacha que quedó completamente sonrojada.

- ¡Oye! ¿Pero quién te crees para hacer eso? ¡No te atrevas a ponerme un dedo encima, depravado! –gritó alejándose de él.

- Está bien, entonces desvístete tú misma y entra al agua, anda.

- ¡No lo haré contigo mirándome! ¿Qué te pasa, estás loco?

- Está bien, me largo –salió de la habitación y cerró la puerta.

Toph se sentía tan tonta en ese momento, tan débil. Recordaba que cuando necesitaba asearse mientras convivía con su grupo, era Katara quien la acompañaba hasta algún lago o algún pequeño hoyo en el suelo que contenía agua. Ella se desvestía sola y entraba allí, aunque Katara siempre debía estar presente por motivos obvios: el agua podía estar sucia o contener larvas, sapos y demás así que la limpiaba antes de que Toph ingresara en ella. Luego de su baño ella salía y Katara le quitaba toda el agua del cuerpo (no tenían toallas y demás) y ayudaba a vestir a Toph ya que ella no tenía ni idea de cómo vestirse, era como un bebé en ese sentido.

Toph se acercó a ese agujero y tocó el agua.

- ¡Zuko…está fría! –al gritar así el maestro fuego se apareció y metió su mano en el agua, en cuestión de segundos ésta ya estaba caliente.

- ¿Necesitas algo más?

Ella negó con la cabeza y él se retiró. Toph se quitó la ropa y para no caer de un patinazo se arrodilló en el suelo y comenzó a gatear hasta que encontró el vendito hoyo. Metió primero sus piernas y luego todo su cuerpo, y si: el agujero era profundo. Debió agarrarse de los bordes de la bañera para no ahogarse. Se limpió su cuerpo y su cabello, luego salió y no encontró con qué secarse, optó por ponerse su ropa pero se la puso toda al revés: no sabía cual era el agujero de la cabeza cual el de los brazos… era todo un lío. Ella no quería rebajarse a ese nivel, realmente no quería pero debió hacerlo por mucho que lo detestara:

- Zuko… -lo llamó con la voz quebrada.

El joven ingresó en la habitación y lo que vio le pareció algo conmovedor aunque también muy excitante: Toph estaba sentada en el suelo, con su cuerpo semidesnudo, tenía una sola pierna metida en su pantalón y el agujero del brazo lo tenía en la cabeza y al de la cabeza en el brazo mientras su cabello goteaba agua a lo loco. Le causó mucha gracia pero no se rió ya que ella estaba toda sonrojada de la pena y no quería humillarla.

- Déjame ayudarte –le dijo y cerró la puerta ya que unos guardias estaban queriendo ver a la muchacha, Toph no se había percatado de esto porque no los podía ver-. Levanta los brazos.

Ella se quedó inmóvil, ¿cómo se atrevía a pedirle eso?

- No…

- Anda… ¿cómo quieres que te ponga la blusa si no levantas los brazos?

- Pero… es que… Si lo hago, verás mis pechos –lo dijo de una manera tan ingenua y lagrimosa que Zuko debió contenerse para no hacerla suya allí mismo, en ese instante.

- Bueno, entonces… te daré un trapo para que te ates sobre tus pechos –le dijo mientras la joven ataba esa tela haciendo un nudo en su espalda para que no se cayera mientras tenía los brazos levantados.

Zuko le puso correctamente su blusa, ahora debía colocarle su pantalón.

- ¡No! ¡Esto si que no Zuko! ¡No te lo permitiré! –le dijo ofendida al ver que el muchacho intentaba quitarle el pantalón para poder ponérselo correctamente.

- ¿Por qué armas tanto escándalo? ¿Qué podrías mostrarme de esa zona que yo no haya visto antes? Solo tienes cabello allí, igual que todas las mujeres…

Lo dijo de una manera tan tranquila y firme que Toph debió contenerse para no darle una bofetada. Ella se cubrió a pesar de las palabras del príncipe y éste le colocó el pantalón aunque ella apretaba sus piernas duramente para asegurarse de que él no vería nada de nada. Luego de haber finalizado la ayudó a ponerse de pie y la llevó nuevamente hacia su celda.